amanita muscaria
Domingo pescadilla.
Y el Lunes segunda tarde, piscina. Y el martes tercera tarde, búsqueda de cestitas rovelloneras.

El miércoles comencé el día bien temprano buscando un cajero automático deshabitado, y fue casi una tarea imposible. Hasta el quinto pino tuve que ir, porque no deja de dar mal rollo entrar en uno y que encima el inquilino tenga mal despertar. Cosas de la vida de ciudad, peor lo tienen ellos.
Cuando me digné a aparecer con cestas para cinco en el lugar acordado, salimos de allí y llegamos a Vistabella antes de que los primeros bares abrieran. Y tras el café, barrechat (¿o será barrexat?), carajillo, o bombón en mi cándido caso, tomamos rumbo al lugar donde esperábamos (o no) encontrar gran cantidad de setas. En fin. Kilómetro y medio más tarde volví con tres pequeñas setas de olor a a cera en mi flamante cesta nueva. Y con alguna cosa tóxica también. Y con alguna seca...pues también.
Tras el almuerzo, continuamos el intento de recolección. Barranco arriba encontré un bonito rovellón y más tarde un rossinyol y algunas especies indefinidas que cogí para que nuestra micóloga al efecto nos explicara de qué se trataba. Cuando crucé el barranco (del avellanar) ya se me estaba olvidando el motivo de estar andando por allí con la cabeza gacha, y cuando vi que allá arriba había una casa, pudo definitivamente más mi yo-explorador. Bonita casa. Me dice mi topohispania que es la Masía Xiquetes. Di la vuelta por pista y seguí por el mismo lado del barranco hasta toparme de frente con tres compis que no parecían haber tenido mucha más suerte que yo. ¿donde está el coche? por allí hay un puente... Resultó curioso como habíamos cogido más amanita muscaria (para ver dragones) que nada comestible. Habrá que repetir en otra época.
4 kilómetros.
El jueves Racó de Farol. Desde que la Patry se fue a tierra extraña no sacaba de paseo los pies de gato. Pero a veces se alinean los astros y resulta que Oscar, mi primer compi cuerda, tiene libre la misma mañana que yo, y encima, también tiene ganas de escalar.
No salió del todo bien, por agravio comparativo podría decir que fue un desastre, pero mi optimismo natural y la habitual autocondescendencia no me dejan. Un IV+ repetido y numerosos intentos de otro que me dejaron los brazos petados.
Y mientras tanto, él subía en zapatillas....
El viernes, desierto. Ya tocaba. Y Rubens viene, como hace tiempo. El recorrido, el mismo que hice con la Veloz la semana pasada...o la otra. Plà de Muletes, bajada a Les santes y ¡¡la Balaguera!!. "te has perdido" dijo una voz a mi espalda. Y tenía casi razón, no me había perdido pero desde luego no estaba en el camino correcto. Retroceso y, ahora sí, tomamos la Balaguera. Creo que me costó lo mismo de la otra vez, pero en esta ocasión tuve fuerzas y ganas de trotar a tramos en el infernal final de cemento. Buena señal. Bajamos y Rubens decide que bajará por carretera para rodar un poco. Sola ante el peligro. Uso todos los métodos existentes para no pensar en que me voy a matar bajando, y llego finalmente abajo. Y hasta el final, trotamos alegres hacia el coche. 10 minutos más que la otra vez, 200 metros más. No parece una buena señal. 14300 metros.
Por cierto, el desierto sigue precioso.




