24 de enero de 2012

La tranquilidad de los días distintos

Estos dos meses (noviembre y diciembre) pasaron deprisa, con la calma de conocido, que no es monotonía sino tranquilidad. Continuaron las salidas de una hora los Martes, o los Jueves. Y las salidas en bicicleta por la costa, por caminos que poco a poco se van haciendo más familiares, como lo fueron siendo los caminos de Borriol, o los que conducen a la Magdalena: Enriera, Travesera, Caminás, Cami Vell de Barcelona...Ahora son el camino de la carretera vieja, con sus ardillas y el camino de la Tall. Y ese que indica "El Bolseral" y nos ahorra un trozo de carretera de Nacional y un dolor de espalda. Hubo días de paciencia, de "ya voy" y de "no me gusta andar". Hubo días en Las Palmas, de verano de diciembre que no acabó cuando regresé.


De Vanessa en la Caldera de los Marteles sobre el mar de nubes, de rodadas bajo el sol, por la carretera del Norte, o la autopista del sur.


Salieron kilómetros que no me sirvieron para ganar un almuerzo en ninguna apuesta, pero sí para ganar pagar un almuerzo, que ya es, porque cuando se almuerza siempre sale una ganando.
Hubo dos subidas a Penyagolosa, una en una salida no muy corta en la que no llegamos, por cosas del directo, a donde teníamos pensado. O quizá si llegamos, pero no desde donde debíamos llegar. La segunda subida en realidad fueron dos, primero por la Cambreta, y su fuente, y su masía, bajando por la pedrera y luego por la canal. Qué preciosa. Subía teniendo cuidado de no tirarle piedras a Oscar, y Roma subía como cabra ante mi mirada preocupada.


Pasaba diciembre y el mar seguía brillando más que en verano, y los días eran más y más claros, más fríos, más cortos. En Diciembre cada día de sol es una fiesta, y este diciembre hubo fiesta completa.

Fue el primer mes, desde que empecé a rodar en bici, en que llegué y pasé los 500 km. Que no es mucho. O sí. Depende.


Y al final, llegó el final. E hice la San Silvestre a su ritmo, con carrito, con amigos, con disfraz. Echándote de menos. Brindando por el fin del año como quien brinda el final de un secuestro.

Bienvenido 2012

29 de diciembre de 2011

El sitio de mi recreo

Y se anda acabando el año, lentamente, en unos claros días de viento que bien podría empujar un poco más rápido las horas. Para terminar antes. Que estos días ya huelen a usado.

Volví del Valle de Arán con una postal y un tarro de miel de castaño que no aún no he abierto. Las castañas me traen recuerdos borrosos que pinchan los dedos y más cosas. Como las castañas.

Hubo un par de salidas rodadoras, de montaña, por los sitios de siempre que no me cansan porque cada día son un poco diferentes. La pista de Les Santes la han arreglado. O no. Cuestión de gustos, lo cierto es que la han hormigonado.

Un lunes hicimos una preciosa salida en bicicleta, Oscar B, el Fugado, el Ciclista y yo misma. Xert, Canet, Rosell, Vallibona. Vallibana y el tramo de carretera nacional armando un bonito desfile de camiones. A estas alturas de año ya no recuerdo grandes cosas, más que la visita a una ermita con un perro extremadamente antipático y cobarde y unas pequeñas carreteras por la que disfruté muchísimo. Un etapa preciosa y tan dura como una quiera, o pueda. Fueron un poco más de 85 km.


Y se acabó Octubre. Y lo bueno fue que comenzó Noviembre.
Otra salida en bicicleta y de pronto era domingo y estaba apuntada a la Media Maratón de Castellón.
Como ya no sé si corro o no corro, pero a la vez cuando corro, si corro, siento que corro más, no sé exactamente qué debía hacer allí. Llevaba algunas semanas sin rodar mucho más de una hora y exactamente un mes sin hacerlo por asfalto. De todas maneras, tenía especial ilusión en participar. Y lo hice y me salió la mejor media maratón que he hecho nunca, a pesar de sentir que no podía más desde el kilómetro 18, donde me recogió un compañero que me llevó hasta meta, amable. Apenas había bajado el ritmo, pero a mi me parecía que llevaba un trote más que lastimero. 1:51 para una media con medio kilómetro de más. A la pequeña contrariedad inicial le siguió una alegría grande, no hay motivo para no estar contenta, a pesar de la desagradable cojera que apareció cuando me enfrié del todo. MMP. ¿Qué más quieres, nena?

La semana siguiente fue una típica de semanas, de desiertos y Oropesas en bicicleta, de rodada de Martes, o de Jueves. De mañanas, noches y tardes.


26 de diciembre de 2011

Setau Sageth (y III) Salardú-Vielha y el Lac Major de Colomers

Había llegado pronto a Salardú. Demasiado pronto. Hay quien prefiere, en estos asuntos ruteros, llegar cada día pronto a destino y tener el resto del día para descansar y ver alrededores. Yo no. Llego temprano al lugar de dormir y no sé en dónde rayos meterme. Allí ando entre mapas trazando la ruta del día siguiente, por trazarla, y pensando que podría haber seguido un rato más.
En los alrededores de Salardú no había más que oscuridad. En el bar me hace, una señora milenaria, el único plato de la carta: huevos fritos con bacon, Estaban buenos, oiga.
Me voy a la habitación y hablo con Julia, con Carmen... Para el día siguiente anuncian mal tiempo, lluvia y la cota de nieve que cae rodando. Uhm...por aquí, por allá....
Desde Salardú hay dos opciones para volver a Vielha. La original que marca la Setau Sageth recorre la ribera de Valartiés y las decenas de lagos de sus alrededores. Pasa por el Lac de Mar y el Lac de Rius. Sube algún collado de más de 2500msm y llega al refugio Conangles, cerrado en invierno. Desde allí se vuelve al GR y se va de la boca sur a la boca norte del túnel de Vielha. Una maravilla. Lástima el viento y la lluvia.
La opción fácil es tomar el Cami Riau hasta Vielha, unos 12 km llaneando por un sendero fluvial la mar de aburrido acondicionado.

Aburrida, miro por la ventana: -¿lloverá?. La mujer me mira: -no lo sé, ¿lloverá?- pregunta a un hombre que arruga la nariz escondido tras una pantalla y unas gafas más grandes que ésta. -Veamos, se acerca un frente muy activo que ya nos está dejando lluvias en Euskadi, lo estamos esperando para el mediodía. Pero también vamos a sentir la influencia de una borrasca atlántica procedente de.... [...].
Madre mía, este bar es de Paco Montesdeoca.
-Espera, que estamos siguiendo la situación en el Hierro.
¿estamos?
-Eco charlie 3....- y sigue hablando tras un cristal. -Uy...pues yo conozco a ...Echo Alfa 5 Delta Foxtrot ...
Y así comenzó una animada conversación en la que descubrí la utilidad de llevar una emisora por la montaña y además a utilizar la que hay en muchos refugios, guardados o no.
Y salí de allí con mi nuevo plan.
Bajo una fina lluvia tomé el camin Reiau y no lo abandoné hasta dos horas más tarde, cuando después de 11 km y 6 pueblos estaba de nuevo en el lugar del que había partido un par (o tres)de días antes
Conduje hasta Salardú y de allí me informó mi nuevo amigo de la trayectoria de los frentes amenazantes, y con esa información fui conduciendo hasta Banhos de tredòs, lugar al que hacía unos días había subido en bicicleta el señor Echo Alfa cinco todolodemás.
Aparqué donde me dejaron los caballos y comencé un precioso paseo bajo un lluvia fina y fría que poco a poco iba embarrando cada camino.


Estaba entrando en la zona periférica del Parque Nacional de Aigüestortes y estany de Sant Maurici, un paraíso lleno de lagos, más de ochenta, y de altas cimas que esa tarde apenas se veían, de cubiertas de niebla y nubes.
Mi sendero era puro barro, húmedo, a ratos encharcado, pero en muchos tramos los peores pasos se salvaban con puentes o caminos de troncos. Hacía muchísimo viento cuando llegué a Colomers, el lago estaba agitado y las cumbres tenían -más bien- mala pinta. Comenzó a nevar -aguanieve, a 2300m- y decidí que era momento de bajar.

Lástima los 79 lagos que me dejé allí. Volveremos a visitarlos.
25,700 km. Cinco tranquilas horas de paz bajo la lluvia.

30 de noviembre de 2011

Setau Sageth (II) Refugio Honeria- Salardú

Me levanté y entré en el bar del refugio, y a aquel hombre se le notaba que no se había acostado todavía, o que, si lo había hecho, había sido sobre la cocina o algo así....De todas maneras, me parece que no era una cosa que debiera importarme. La cosa era desayunar, y eso pude hacer bastante decentemente.
La etapa que se presentaba era la buena, la bonita, la dura. La que le daba a la ruta el puntito de alta (medio alta) montaña que le había faltado al día anterior.
A las 8:06 de la mañana salí por la puerta vestida de esquimal y tomé un sendero cubierto de hojas que subía por un lateral del refugio. El camino es muy húmedo y cerrado: avanza siguiendo el cauce del río Torán y atravesando un bosque de ensueño que mezcla abetos, hayas y abedules y sus colores de otoño, éstos verdes, éstos rojos, éstos cobre.


Entre los dos caminos a elegir, tomo el más evidente: Minas de Liat por Grauers. GR211

Tras haber estado subiendo un rato bastante largo, por la de veces que me paré a mirar plantitas, setitas, bichitos, florecitas y todo tipo de -itos e -itas, y no porque el camino fuera en modo alguno largo o exigente, de pronto levanté la vista y me encontré en mitad de un prado de alta montaña al que rodeaba un pequeño circo por el que caían decenas de pequeñas cascadas.


El sendero giró hacia la derecha, para comenzar a ascender con bastante rapidez por la vertiente norte. A mi izquierda quedaba una espectacular garganta más y más profunda: Gorges d'Emer.
El día era bueno, perfecto, pero sin embargo empecé a notar algo de frío. Vaya: 2020 metros. Bajo mis pies, una fina capa de hielo frágil. A medida que avanzo, la capa de hielo frágil se va tormando hielo duro, y más adelante, y más arriba ya no es hielo sino nieve. Y un poco más arriba la capa de nieve tiene unos cuantos centímetros de espesor y delante de mi se presenta un collado harto blanco, harto frío.
Pronto llego a la cabecera del valle, que resulta una linea divisoria real de la parte nevada y la verde.


Mi camino sigue, me parece, por la parte nevada. "Me parece" porque parece que se intuye que por allí hay un camino, y porque debo seguir dirección Minas de Liat.

Pronto encuentro los primeros restos de minas a los que siguen otros, trazando un camino bastante evidente. Vagonetas, raíles y toda suerte de carros, torres, viguetas y extraños engranajes van completando un paisaje extremadamente peculiar a 2300 metros de altitud. Las condiciones de trabajo allá arriba debían ser durísimas la mayor parte del año.

Frente a una bocamina de tantas, me encuentro con el refugio libre de Liat, perfectamente acondicionado para pasar una tranquila noche si fuera necesario. Bueno saberlo.

A estas alturas estoy un poco perdida, el GR se ha evaporado y se me hace algo complicado orientarme en un espacio tan amplio. Hasta que llego a las casas de Liat y todo se soluciona. De pronto aparece una pista perfecta en un trazado perfecto que decido tomar sin más dilación: es la pista de Liat.

Bajo silbando tranquila en absoluta soledad. Parece mentira que sea fin de semana. De pronto, a lo lejos diviso un todoterreno haciendo cabriolas pista arriba. El tipo que conduce lo va dejando parado en cualquier parte y va bajando rápidamente para sacar fotos suyas, de su entorno y del propio coche. Y para uno que me encuentro...

En el fondo del valle, el río Unhola serpentea caprichoso sobre su lecho cobrizo, a ratos teñido de rojo, que delata la presencia de algún mineral, quizá hierro, que explica la presencia de las minas que pasamos hace un rato.



Unos cuantos kilómetros más tarde la pista enlaza con el camí Reiau, y por él llego a Salardú: bonito y turístico pueblo que debe ser la bomba en invierno, a juzgar por los tropecientosmilmillones de hoteles que lo pueblan, pero que en esta extraña época interestacional es un solitario lugar con un único alojamiento disponible: el bar montanha.

28 km, 8 horazas entre pitos y flautas. ¡¡que estoy de paseo, señores!!

29 de noviembre de 2011

Setau Sageth (I) Vielha-Refugio Honeria.

Las 9 de la mañana y los bastones rotos. Rotos o desmontados. Esos bastones son una castaña. Esos de rosca, telescópicos. Claro, son más baratos que los otros, y debe ser por eso que llevo tres pares en cuatro años. Los próximos me los compro buenos. Estos, por ejemplo.
Pero eran las 9 de la mañana, o nueve y diez, y yo estaba en Vielha toda equipada y con la porquería de los bastones medio desmontados.
Respira-inspira.
¿me compro otros a las 10?
Respira - inspira.
Vaya, parece que encajan...
Vamos, antes de que vuelvan a romperse.
Empezamos. Somos cuatro: Bastón derecho, Bastón izquierdo, Mochila, y yo.

Salgo de Vielha con mi mapa y mis dos opciones: Camí Reiau siguiendo el río Garona hasta Bossost, o tomar el GR211 y subir a cada una de las pequeñas aldeas que salpican el Valle. Me gustó más esa segunda opción, tenía un noséqué más de aparente intrepidez.

Aunque el camino era más camino que sendero y dejaba poco a la aventura, era precioso subir a cada aldea y contemplar de allí en Macizo de la Maladeta. Mont, Montcorbau, Betlan, Aubert, Arròs, Pont d’Arròs, Begós, Vilamòs, Arres de Sus, Arres de Jos.
Paralela a la Nacional-230 seguí caminando tranquila y pronto llegué a Bossost, fin de la etapa del recorrido oficial, mitad de etapa de mi plan.


Bossost es uno de los últimos pueblos de este lado de la Frontera, pero parece más francés que español. En todo caso, parece muy aranés. Bocata y continúo.
Hasta Les continúo paralela a la carretera nacional, es una lástima tener que escuchar coches y motores tan lejos, pero debe ser que aún no estoy lo suficientemente lejos. Y eso sólo se soluciona andando.
El día está saliendo precioso, es finales de Octubre y no se intuye ni una sola nube. Sólo a la sombra, el aire algo fresco y las hojas que voy pisando durante todo el camino me recuerdan que no debo confiarme demasiado, estamos en otoño.
En Canejan cambia el paisaje. Canejan se construye a partir de las palabras CAstrum y JANua, casa y puerta en latín, y, en esta dirección, significa la puerta de entrada a la Val de Toran.
En San Juan de Toran una pareja me ofrece llevarme hasta el refugio, pero son sólo las seis, tengo tiempo y ganas de llegar a pie. ¡gracias chicos!

Antes de las siete llegué al Refugio de la Honeria.

¿te espero a ti?
pues ... espero que sí.
No recuerdo el nombre del guarda, pero seguro que fue la persona más carismática que encontré en la ruta. En el refugio no dormía nadie más, pero allí estaban tres parejas, tres perros y un gato tuerto al calor de la chimenea, contando historias y acabando con todo el vino y la cerveza que tenían cerca. Pasta, vino, butifarra, vino, ensalada, vino. Manzana, vino. Y Casís.: Licor de grosella negra.
En el momento en el que pude escaparme sin que ya nadie se diera cuenta de si estaba o no allí, hice mutis por el foro.
Buenas noche, Bona nit.
mmmmonammmmit , escuché, lejano.

39, 300 km. Ocho horas de marcha.