La maratón de los colores. (Quinto Espadán)
Y aunque parecía que este año viviríamos una eterna primavera, resultó que no. Resultó que cambió el tiempo, que se presagiaban nieves, vientos del norte, lluvias. Se presagiaba el invierno.
El domingo era un día robado al ciclo, un día de vacaciones que conseguí a cambio del puente de Octubre. Este maratón era lo más parecido a un objetivo que tenía desde hace tiempo, y llegaba con más ganas mentales que físicas, algo triste por el desastre de Benicassim pero animada porque la fecha me cuadraba perfectamente bien con los días buenos.
Hace frío en Segorbe, pero nos parece que otros años ha hecho más. No llueve por el momento y además nos han dado el dorsal aunque no llevamos carnet de identidad. No hay cola en el baño y el cortado estaba bueno. La vida nos sonríe. La que no sonreía era la Veloz. O sólo un poco.
¿Qué me pongo? chaleco con polar, maillot de manga larga, chubasquero desmontable, o sin desmontable, camiseta de manga larga, de manga corta...Si tuvieras un sola cosa no tendrías este problema. Todo lo que uno hace en la vida, se le puede volver en su contra.
Al final ganó la camiseta de manga corta, los manguitos y el chubasquero desmontable. El mismo que usé hace dos años.
Como llevaba el chubasquero, que es una cosa que una se quita o se pone, se abre o se cierra cuando le apetece, decidí ponerme el dorsal en la pierna. Y al pasar el control de dorsales: el dorsal debe ir en el pecho. -jejeje- rió él sin hacer ruido.
Julia, Txopete, Paco y yo comenzamos cerca, entre los setecientos que este año se decidieron a participar. "Los comienzos siempre son duros" me dijo un ingeniero de caminos el día que yo empezaba a trabajar en cierta UTE. Se nota que este señor había estudiado, porque tenía mucha razón. Sobretodo si en el comienzo hace frío y es ligeramente cuesta arriba.
En el km cinco ya habíamos pillado un atasquillo que nos dejó apreciar como íbamos subiendo y dejando Segorbe a un lado, hundida entre humo de chimeneas.
Primer control: Paco y yo nos reunimos con Julia y Txopete y cuando me dispongo a seguir tengo cinco trozos de membrillo en la boca. feguimos feguimos. Han pasado cuarentaypico minutos.
Esta gente va muy rápido para mi, Paco me contiene en algún momento de euforia y con poco más de hora y media llegamos a los 10 kilómetros y la Vall de Almonacid.
En el control saludo a Suerte, a falta de Cita, y a chica de Capucha Azul. Charlo con ellas, de pronto la cara de la chica de azul me resulta familiar. ¿que haces tú aquí tía?.
Paco sigue haciéndome tragar kilos de membrillo mientras yo me río. Seguimos. Parece ser que hace frío y chispea leve y constantemente, pero a mi me sobran las mangas y los maguitos. Suerte de cosas desmontables que llevo. Y cada vez me siento mejor.
A Julia y Txopete ya los hemos perdido de vista, nosotros vamos charlando. Charlando mucho.
Me gusta cuando callas...porque estás como ausente...
No te caerá esa breva.
La última vez que vemos a Txopete y Julia fue en el control del quince, justamente donde empieza la carrera, donde sufriremos,sonreiremos...Donde es más posible matarse de un resbalón.
Kilómetro 18: 3 horas 16 minutos. Ahora viene lo malo, con calma ¿vale?
Charlábamos de lo humano, lo divino y lo imposible cuando pequeños trocitos blancos empiezan a flotar en mi cara. ¡¡Está nevando!! -I'm dreaming of a white christmas....-canté yo. Mi compañero no parece estar demasiado navideño.
Por fin llegamos a ese soplo de esperanza que es cruzarte con los corredores que ya bajan del pico, señal de que por fin, estamos alcanzando la cumbre. Julia, Txopete, este señor de azul, este chico de amarillo. Besos y saludos sin parar de reir. Sui Iuris-Timoteo-Francisco. Diego, Ana...
En el pico, el helado fotógrafo y ¡¡el señor de Gandía!! marcándonos el dorsal. Me espero brevemente para una foto en condiciones, y nos vamos de allí. Tres bajo cero decían que había.
La bajada está mojada, embarrada, algo más peligrosa que lo que debiera, pero estoy contenta, quizá eufórica. Me gusta que haga frío, me gusta mojarme.
Paco se coloca delante como en cada bajadita y me echa una manita verbal en cada momento complicado. Y por fin: llegamos al Alto de la Mujer, comienza el final.
A mi compi le he visto mejor semblante en otras ocasiones, pero no quiere cambiarse, parece resignado a morir congelado. Comemos, charlamos, y nos vamos. Pedazo de vaso de leche condensada con café y algo de agua caliente me acabo de lanzar.
Bajamos controlando un poquito y llegamos a la senda que nos meterá en el barranco de Almanzor.
AAAAAAAAAAAAAAHHHHHHHH
Qué desastre, mi compi se estira la pierna con mala cara. tranqui, estira...
Cuando puede empezar a moverse nos ponemos a andar. Hace frío en este barranco. Vete.
No.
Con estúpida cara de impotencia miro a Paco. Hace frío. La verdad es que hace demasiado frío. Me empiezo a notar los guantes empapados, la ropa mojada. Lleva lloviendo todo el rato, no me había dado casi cuenta.
Me voy Paco...
Según él no tenía mucho sentido congelarnos los dos.
El resto del camino se me hizo corto, los kilómetros pasaban más rápido de lo que me esperaba que iba a ocurrir. Para algo era todo para abajo. Corro todo lo que puedo, pensando en alcanzar cada vez a las figuritas que más rápido o más despacio avanzan delante de mi. Y voy alcanzando, acompañando, dejando, a corredores que nos pasaron a la entrada del barranco, a algunos con los que me cruce en el pico, a otros que no había visto nunca. Me sentía bien.
7h7' y Rubens esperando en meta. Un ratico menos que el año pasado. Y que el anterior me parece que también. Y que el otro. 3 minutos más que en 2005.
Cosas varias:
- Con Paco me siento como en una prueba de Keirin.
- Debería dejar de aconsejar a los demás que se agarren a unas inestables hierbecitas para trepar un bancal.
- Que me dijeran que tenía a Txopete a tiro me dio un tirón extra para la entrada a Segorbe. Aunque al final me sacara 4 minutos.
- Los guantes de bicicleta para correr sin que importe a donde te agarras son un inventazo.
- Me gusta la lluvia.
- El maratón de Espadán se debe correr con frío.
- Este es el mejor recorrido de los cinco que he hecho.
- Gracias a miles a los que nos esperaron para comer y hacer de este postcarrera el colofón perfecto.




