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18 de febrero de 2013

Primera persona del plural

...del presente de indicativo. Sin condicionales. Sin subjuntivos.

La primera vez, subimos a Penyagolosa por la Cambreta buscando la canal entre la niebla. Y en el barranco de la Pegunta encontramos una fuente, y un lugar lleno de hojas amarillas del que ya no nos separamos.


 Luego subimos a Villafranca en un fin de semana en el que anunciaban lluvia y tormentas y no sé cuántas cosas más. Allí encontramos una ventana. O dos. Una,  de buen tiempo. Y una rambla llena, y una tierra húmeda. Y el Tamborero.


Llegó Noviembre.
Y una ruta a pie por Morella, hasta Xiva, recorriendo lugares  preciosos, bosques inesperados, amplitud, sendas, cuevas...
Y los dos días siguientes fueron de bici, donde hubo de todo: subidas, bajadas, carreteras que desaparecían, noches que llegaban. Pueblos a los que volvimos y en los que nos recordaban.



Pueblos rebautizados (lo siento por los habitantes de Cuevas de Cañart). Y pueblos a los que una sube pensando ¿quién rayos ha montado esto aquí?.


Cuando me falla la memoria no consigo hacer frases. Sólo puedo enumerar, porque en la cabeza sólo tengo imágenes y sensaciones que ya no sé describir. Quedan las fotos, las rutas grabadas. Algún dolor de espalda, o de rodilla. Algún arañazo. Quedas tú.

La ruta desde Jérica fue preciosa. Pero ¿dónde están las fotos? Novaliches, el Toro, Torás, Bejís...Y una carreterita que fue la sorpresa del día, hasta Pina de Montalgrao. Al día siguiente corrimos juntos en Castellnovo. La primera de muchas.

El Lunes siguiente Vicente se vistió de excursionista para evitar que Oscar G hiciera de las suyas. Xodos, Penyagolosa, Xodos. Nuestra salida anual de buscar la Banyadera. Andando, que es gerundio.





26 de diciembre de 2012

De Fredes a Paüls.

Ya estábamos listos por la mañana, no me acuerdo de la hora que era, pero era pronto. De pronto quiere decir de noche. Salimos en furgo hacia Fredes por ahorrarnos un par de kilómetros de carretera. Y de allí salimos, por el GR7, dirección Paüls.


Qué maravillosas fotos se sacan a esas horas. Juro que somos nosotros. O parte de nosotros.



Es escarpado el territorio: barrancos, cortados, farallones y piedra. Mucha piedra. A lo lejos, se intuye el Mont Caro.

El ritmo es tranquilo, entre bromas y risas y algún ¡ay!  y algún otro ¡uy!. El refugio del caro fue un buen sitio donde parar a comer. Recuerdo el lugar como una especie de punto de inflexión a partir del cual cambió el paisaje y el camino, tornándose lgo más hostil, algo más seco, si bien iba ya en franca bajada.


Cuevas también había. Y fotos a contraluz, también.
Llegamos a Paüls por fascículos:  Miguel en carrera continua, Vicente a su vera, Óscares y Piedra de paseo,  y Alfonso rodeado de ovejas.
Al final llegamos todos. Y aunque Vicente no apostaba un duro por nosotros, estábamos superlistos para la aventura del día siguiente.
Y el asunto del día habían sido cincuenta kilometrazos.

Fredes, Paüls. Mont Caro.

La vuelta a casa fue curiosa,  Ryan Air volvió a dejarme respirar.
Los dias pasaron, seguramente,  a la misma velocidad de siempre, sin embargo, a mi me parecía que cada día era casi un año, o casi una vida. Hubo subidas en grupo a Eslida, Bartolos, Martes, Jueves...días sin ton ni son.

Programamos la siguiente ruta pensando que en Diciembre se acabará en mundo. Y si no se acaba, como si se acabara.
Él y yo nos adelantamos un día, y llegamos a Fredes en furgo, con las bicis , y la ropa, y las ganas. Y cierto malestar mío, por las curvas,  que se pasó al poco de poner pie a tierra.
Salimos de la colonia Europa bastante tranquilos, con esa tranquilidad que da pensar que a una le quedan tres días perfectos por delante, de esos que empiezan tempranito y se acaban tarde, dejando charlas, vistas y experiencias en la bolsa. Boixar. Tras el Boixar, llegaba la subida a Coratxà, que en algún momento se hacía algo más difícil por la gravilla, pero que hicimos, para variar, sin parar de charlar. Y entre tanta charla salió aquello de que estaría bien sacarse una foto en cada cartel de cada pueblo de la provincia. Y quien dice pueblo, dice aldea, o pedanía. Y que quizá podíamos hacer una carrera. A ver quién pasa antes por todos los pueblos de la provincia.
Y nació la idea igual de fácil que nace cada plan que hacemos.
En Coratxà hacía fresco a la sombra. Pero incluso con el fresco disfrutamos con la ensalada templada y el plato de embutido. Y al rato, del sol de la plaza. Sol de mediodía de otoño.
En Fredes se celebraba algo, un cumpleaños, unas fiestas patronales, una excursión popular o quizá todo a la vez. Pero el pueblo estaba cortado y superpoblado de gente excesivamente abrigada. Nosotros, en nuestro escalón, casi nos dormimos al sol. Casi.

Y en la Colonia Europa nos enseñaron dónde dormiríamos. Al rato fueron llegando los demás, unos antes, otros más tarde. Otros más tarde aún. Estupenda cena, y a dormir, que mañana nos espera un camino largo, largo.


5 de noviembre de 2012

Tres días tres.


Tres días no son demasiados, pero sí suficientes para recargarse una de buen rollo, armonía y rollo zen. Será esto del zen porque nos conocimos y trabajamos en una empresa japonesa, y todo se pega. Digo.
Salimos el miércoles de Cantavieja,  ellos tres y nosotras dos. Ellos con sus bicis de montaña, nosotras con las de carretera, para no quedarnos atrás. Equipos definidos: el ciclista, su hija y yo, equipo azul (por ejemplo). Los dos Oscars (o se dice óscares) equipo ...¿blanco?. Pues blanco.Cuarto Pelao. Decía el ciclista que nos costaría una vida, y en cuarenta minutos ya lo habíamos subido y bajado. La maravilla de estos puertos está en sus pendientes prolongadas pero no excesivas, aéreos, abiertos, donde una se llena de luz y de altitud. Noelia subía genial, con el fugado, que está vez volvió a no fugarse sino a hacer equipo y preocuparse de que todos llegáramos a destino. A su marcha, Oscar iba coronando, y yo, a la mía, me sentía cada vez más y más feliz. Olvidándome de cualquier cosa q no fueran el paisaje, los compañeros, o la bicicleta. Quizá los Degollados es uno de los sitios con más carácter a los q he llegado en bicicleta. Tras este alto, Ejulve.  Y en Ejulve nuestra casa rural, a la que volví tras dos meses que parecieron dos años.



Pasadas la cena y la charla y el momento en el que se nos ocurrió una ruta entre Fredes y Paüls y el Caro en bicicleta...pasada la vista por la sima de San Pedro, nos fuimos a dormir. Y amanecimos bien, preparados para el segundo día.

Majalinos era el primer puerto del día, y de él nos habían contado terroríficas historias de ciclistas engullidos por siniestras rampas o devorados por espeluznantes curvas. Pero lo cierto es que nos lo tomamos con calma y en un rato estábamos arriba, entre los restos quemados de un pinar, admirando un paisaje duro, solitario.

En Miravete de la Sierra nunca pasa nada. Sin embargo, el día que a aquel hombre se le ocurrió poner mortero a la fuente de la plaza, pasaron cinco ciclistas sedientos, que, sin más miramientos, abrieron grifos y llaves, apoyaron manos y cascos y mojaron cabezas y pelos sobre aquel mortero nuevo, marrón oscuro. Precisamente ese día.

Y terminó la etapa en Alcalá de la Selva, buscando unos donuts para las chicas, que fueron imposibles de encontrar. Los Donuts vienen los Jueves. Pues vaya. 

Toda la noche se escuchaba soplar el viento. Me bajo al bar, quiero un café. Y comprobar si todo eso es viento. Malas noticias: no había café, y el viento era real. 
De todas maneras, había que salir. 
Valdelinares. Poco que decir. Si hubiera ido sola me hubiera pedido un taxi. Pero con ellos, y ella, todo es más fácil. Subíamos los dos. Él miraba de reojo, charlaba, sacaba fotos, me tapaba el viento, se esperaba o se adelantaba. Y yo iba simplemente subiendo. Y cuando ya no quedaba más que alguna curva y alguna rampa, él bajó a prestar ayuda más atrás y yo coroné el puerto helada de frío y pensando en cuanto iba  a disfrutar en la bajada: si poco, o si nada.
El ciclista dice que hay que ir despacito y por el centro, por si las rachas... Y así vamos bajando. El ciclista agarra a Noelia para que no salga volando y yo pienso que si a Él no lo tira el viento, que pesa menos que yo, yo no debería tener grandes problemas. Pero los tenía. Menos mal que la compañía siempre fue grata. Y que el maldito puerto se terminó y ya estábamos en un lugar mucho menos expuesto.


Aún así, desde nuestra mesa en el bar de Mosqueruela, no se veían sino ramas moviéndose como el pelo de Raffaella Carrá.
Salimos, buscamos el camino y reaparece el viento, y con él, mi momento de crisis. Hay un Oscar que no se encuentra bien. Y Noelia no sabe, no contesta. 
Ni quiero seguir hacia adelante, ni me apetece volver. Por mi me quedo en esa piedra..y si amaina... Noelia está de acuerdo. Así que, subdivididos en tres grupos, unos siguen raudos hacia Cantavieja, otro se vuelve con su malestar al bar, y nosotras nos sentamos en nuestro camino, charla que te charla, encontrando un refugio de pastores, esperando que el viento nos de un rato de tregua.
Y cuando nos la dio la aprovechamos, y, animadas, charlando tranquilas fuimos haciendo camino hacia Cantavieja, curva a curva y rampa a rampa. Porque se hace camino al andar. 
Genial fue el momento de encontrarnos con el feliz y orgulloso papá y con él, que sonreía sin parar. 
Nos podríamos haber subido al coche, pero nos propusieron terminar la ruta hasta Cantavieja y aceptamos. Era genial ir con Noelia, con un coche delante y otro detrás, a nuestro ritmo y sabiendo que íbamos a cumplir el plan propuesto.
Y llegamos. Todos. Y se terminaron los tres días encontrando por fin unos donuts. Y quién sabe cuántas cosas más encontré esos días.


25 de junio de 2012

Quebrantahuesos

Después de la 115 empezaba la cuenta atrás para el segundo objetivo del año: La quebrantahuesos, que se llama así por el pajarillo pirenáico que tiene por costumbre llevar huesos y carcasas hasta allá arriba en los cielos, para luego dejarlos caer y poder comerlos partiditos sin necesidad de cubiertos , y no porque sean 205 kilometrillos con tres puertos -puertazos- a los que pretenderemos sobrevivir sin demasiado quebranto.
Así que ese mes y medios sólo tenía salir en bicicleta. Tuviera o no tuviera ganas, y ciertamente no las tenía. A pesar de haberlas encontrado en Francia a principios de Junio, subiendo a mi ritmo Tourmalet y Luz Ardiden, las volvía a perder en cuanto volvía a asumir que había rampas imposibles para mi. La marcha de Gúdar sirvió para comprender que debía cambiar de desarrollo y pedir a Oscar T su bici con triple plato con carácter de urgencia. 50/39/30. Fue la mejor idea que he tenido en mucho tiempo. Gracias compi.

Allí estábamos los tres el día D. El dorsal fucsia del Fugado cantaba a kilómetros de distancia entre tanto primerizo. Parecía que se había perdido. Al Ciclista se le veía preocupado y me daba las últimas indicaciones. Y yo parecía que le hacía caso. Pero en realidad estaba preguntándome qué iba a salir de semejante empastre.
El día anterior había conocido a un chaval que salía en una ambulancia, y mi categoría extrañamente no estaba entre la A (damas 18-24) y la B (damas 35-44), sino que era la L. Y se me antojó que era la categoría L de lenta. Tonterías varias.
Por allí andaban los de Rodamón, unos de Carcaixent y otros cuantos de por aquí cerca.
Y suena el cohete, allá a lo lejos. Y poco a poco empieza a moverse el pelotón de 9000. 9000 bicicletas son muchas bicicletas. Muchísimas. Demasiadas para una a la que pone nerviosa llevar desconocidos demasiado cerca.

Pero no fue tan malo como se preveía. Salimos de Sabiñánigo y volvimos a entrar muy arropados por el público. Fue una sensación muy parecida a la de la salida del UTMB, sólo faltaba la musiquita característica.

Teníamos la autovía para nosotros, y la idea era no encantarnos al principio no fuera a ser que fuéramos a quedar en la cola de forma irrecuperable, así que rodando marchábamos. Rápido, muy rápido o menos rápido. Esquivando (huyendo) al de verde que hacía extraños, y mirando de reojo a las víctimas de los pinchazos por aquí y por allá. Hubo también caídas tempranas: Cataclon Clinc Clanc Clonc ¡la puta del que fue!.... se escuchó.
De esa escapamos locos: unos metros más a la derecha y hubiéramos terminado por los suelos. Menos mal que no habíamos seguido aquel plan de hacernos a la derecha todo el tiempo.

A la derecha me encuentro encerrada, y eso no me gusta..... Alegorías de la vida.

Pasamos Jaca, Castiello, Villanúa. Recuerdos del Camino de Santiago, en aquel 2008 durante la ola de frío siberiano...

Empieza el puerto, subiremos a Candanchú. Vamos frescos, recién empezamos y cogiendo altura el paisaje es cada vez más bonito, aunque parece que hay algo de niebla por allá arriba.
Paramos en el control de Candanchú, vamos bien y no parece que haya rastro de escobas ni ambulancias persecutorias ni cosas raras, sólo hay ciclistas por todas partes, bastante público y unos cuantos kilómetros por delante. Un par de kilómetros más y coronamos Somport.
¡Qué bonito!.... el mar de nubes.
¡Qué bonita!... la niebla.

Uy...pero si parece que la carretera baja hacia....
Uy...qué frío....

Y qué sueño. Y tiritando y bostezando llego abajo. Pequeño bajón, quizá por el frío repentino y quizá por algún efecto rebote.
km 93. Dentro de 10 estaremos en el alto del Marie Blanque... Ay Ay Ay....
Comienza el puerto, con su cartelito de puerto, y sus vaticinios de pendientes para el próximo kilómetro...
Uno, dos, tres. ¡Cuánta alegría! ¡Cuánta felicidad!....efímera.
Los últimos kilómetros son ...indescriptibles. No hay triple plato que valga, ni 30 dientes ni 25, ni nada. Yo eso no lo subo. Cada vez voy más y más lenta. Mas, de pronto, ¡uy! qué rápido voy, parece que el gel me ha hecho efecto... ah, no,... que es Oscar.... Más efectivo que ninguna otra cosa, subimos ante la mirada envidiosilla de más de uno. ¡¡eh, préstame a tu amigo!!

De todas maneras necesito, parar, andar, respirar... Andar mucho no, o se me subirá un gemelo en cualquier momento. Mira, otro tipo andando. Vamos chica, que ya queda poco. Vamos vamos guapa!. Ánimo preciosa. Pues subir, no podía, pero la moral te la sube esta gente, sí o sí. ¡¡Aúpa Neska!!!. Casi arriba del todo, recién recuperadas la bici y la dignidad, aquella chica pelirroja le hace caso al ciclista y se me coloca detrás y me empuja fuerte, fuerte, dejándome casi a punto de coronar el Marie Blanche. Gracias, gracias, preciosa.
Bueno, pues ya tenemos el segundo, y aquí estamos. Aquí seguimos. 4:32 de carrera, o de marcha. Lo que sea.
El siguiente será el Portalet, que me da mejores vibraciones que ésto que acabamos de subir, por mucho que sean 25km de puerto. Porque los diez primeros son suaves. Hasta kilómetros al 1% tiene.
Se me hace divertido pasar por los carteles de kilómetro. Cada vez que Oscar tapa uno, me echo a temblar: este debe ser bueno.
Descubro también el lado psicológico de los carteles durante un supuesto kilómetro al 1% que se me estaba haciendo duro...durísimo. De hecho no paré, ni me bajé, simplemente porque había leído que era al 1%. Pero realmente era al 11%. Si hubiera leído eso, probablemente hubiera puesto pie en tierra durante, al menos, unos segundos.
Casi era nuestro, cuando en un punto algo duro, menos que otros, a lo lejos, vemos a las Patris. Que alegría por favor. Paramos, hablamos, Patry corre delante mío sacando fotos: gracias cariño, muchas gracias por venir. Sigo muy contenta y llego arriba: BIENVENIDOS A ESPAÑA. Y siento como si llevara años de destierro, y unas ganas casi irrefrenables de besar al guardia civil que había junto al cartel. Esta marcha, definitivamente, tiene algo especial. Nunca había sentido deseos de besar a la Guardia Civil.
En el control llevamos 8 horas desde que empezamos, y quedan 50 kilómetros. Le pregunto a Oscar ¿2 horas?..."menos", dice él. Venga, vamos a por las 10 horas.

Y en unos instantes se lia parda: estrategia de equipo, que no cumpliremos, por lo menos yo no, no porque no quiera, sino simplemente porque no sé ir a rueda, no bajo bien y mucho menos subo siquiera dignamente. No obstante, toca darlo todo. Y allá voy.
Leo fugazmente la descripción de Hoz de Jaca. El puerto con el que no contaba... Dos kilómetros dos. 9,2% y 7,6%. ¿Qué es eso comparado con la inmensidad del océano? Eso es algo que se convierte en un infierno imposible de subir, por muchas manos -gracias, Ciclista- , brazos, gritos y empujones -gracias, hombre de la curva- que voy recibiendo. Fueron ellos los que subieron, yo simplemente llegué.

Y tras una bajada que me pareció peligrosísima, llegó el momento en que sólo había que terminar. Y siguiendo a unos y otros, preguntándome por qué rayos íbamos tan rápido, pero terriblemente contenta, llegamos los tres a Sabiñánigo, a una meta que seguramente ha sido la más emocionante de las que he cruzado, porque sola no sé si hubiera podido y eso le da aún más valor.

Gracias chicos.


9:35 . Habíamos calculado sobre 10. El año que viene, más y mejor. ¿verdad nena?


14 de mayo de 2012

Tres ...dos ...uno.... ¡doscientos!

Para variar no sé cómo empezar con ésto. Y no quiero obviar el mes de Marzo, cuando volvimos, mis compis y yo, a cruzar la provincia de Puerto a Puerto, este año sin trotar ni un kilómetro pero llegando los cuatro que salimos a nuestro objetivo. Asunto novedoso, por otra parte. Estos compis están muy fuertes y a mi se me atragantó más de un asunto. Santa paciencia. Por lo menos había nieve y estaba todo muy bonito. Santa perspectiva.

También me estrené en un asunto llamado... brevets. Aunque fue una brevet pequeñita, de 200 km sin demasiado desnivel en la que, apretando los dientes algunas veces y con unas misteriosas ráfagas de viento con nombres y apellidos otras, conseguí no despegarme demasiado de un pelotoncillo de unos tipos bastante más curtidos que yo. No despegarme hasta cierto momento. A partir del puertecito que llevaba a Gátova (¿algún día llegaré a ese pueblo usando un método de locomoción convencional? ) ...O por lo menos con motor...
A lo que iba, a partir del puertecito que llevaba a Gátova, si volví a ver a cualquier otro participante, a parte de a mis santos-santísimos acompañantes, fue en contra sentido cuando ya volvían de Pedralba. O por allí. Y JR de coche fúnebre. Mola. Al final llegamos la mar de contentos a Massamagrell pensando que nos quedaban fuerzas para volver a Castellón en bici. Pero nos dejamos de tonterías y decidimos comernos un estupendo plato de paella, mientras llegaba algún que otro participante. Porque, inexplicablemente ¡¡no entramos los últimos!!. Casi ocho horas de bicicleta de carretera. Dos meses para el suicidio deportivo de la temporada.

Y entonces empezó Abril, que era el mes de los meses. El primero antes de... los otros dos.

Y en Abril corrí un poco más, fui en bici un poco menos, y me hice una prueba de esfuerzo en la que me recomendaron hacer más fondo y menos series anaeróbicas. Y Cabanes, y la carrera de Puertomingalvo...

¡empieza lo bueno!

25 de marzo de 2012

Febrero

Febrero, aunque bisiesto, fue corto.
Hubo una salida con Rubens y su compañero, en la que estuvimos un rato atrapados en un recinto electrificado y en las que al final nos llovía y nos anochecía. Dora exploradora deseaba meterse a azafata o peluquera.
Tuvimos la salida pagadora de almuerzos, que hicimos a pie por Eslida, porque coincidió con días de frío y viento y más vale cobarde vivo y almorzado que valiente muerto en ayunas. Así que salimos los cuatro de Eslida y recuperamos la Volta a peu per les fonts de Eslida, que, esta vez sí, pude descubrir despacio, o no tanto, pero admirando sendas, caminos y fuentes como si fuera la primera vez que los veía. Porque en realidad lo había recorrido, pero no los había visto nunca. Que se llame de "las fuentes" , tiene su razón de ser, y aquí lo podemos escuchar.
Tras martes y jueves de rodadas y proyectos, llegó el día en que se organizaba un 10k en la ciudad, y formamos un equipo de empresa llamado UBE group team, que quedó primero en número de participantes y que además ganó una paletilla para celebrarlo. Espero que la celebración haya sido concurrida, porque ni unas, ni otros, supimos nada de aquello. Y sin embargo lo recuerdo con cierta alegría, porque fueron 48 minutos y medio. Y qué más da, me digo recordando cuánto deseaba poder bajar de 50 minutos. Qué importa 50 ó 45.

Tras algún martes, y algún jueves, algunos desiertos y algunas rutinas, pudimos quedar los 5 para unir ciertos caminos entre Borriol y Sant Joan de Moró. Y hasta Sant Joan llegaron ellos, y nosotros atajamos un rato más tarde, porque a veces pasa que me canso. Y las cosas pierden el sentido. Y al murciélago del track volvió a faltarle un ala.


Ese día me hubiera comido una docena de huevos fritos. Menos mal que me dio vergüenza pedirlos.

Quién sabe por qué me apunté a la media maratón de Benicassim. Me apunté por inercia, por ganas de correr, porque me gusta la playa, me gusta el ambiente. Me gusta usar así mis domingos por la mañana. Ojalá fueran todos así. A pesar de que fue nefasta. Salí rápido quizá, y a punto estuve de terminar más rápido aún, escabulléndome cobarde por algún callejón. Pero intenté buscar motivos y valores al sufrimiento, y, aunque no encontré ni una cosa ni la otra, llegué a meta en plena meditación: y entonces llegó la conclusión. Hay sufrimientos que son absolutamente inútiles. 1:54
Y, como siempre, todo se arregla saliendo en bicicleta.
El día 26 fue el Maratón de Espadán. Mi sexto Espadán. El mejor de los seis en tiempo. El mejor en sensaciones. Qué lejos quedan los otros. 2005, mi primera. 2006, la peor de todas. 2007. 2008. 2009. Quizá debería hacer una crónica para no olvidar caras, ni momentos. Este año será sólo un número: 6:33.
Y acabó el mes con otro martes de bicicleta compartido con esa rodada de cada martes.
Fue un mes corto, pese a ser más largo. Un mes si fotos.

27 de febrero de 2012

Enero

Volvieron a pasar dos meses. Dos meses con un febrero bisiesto de año olímpico. Meses de mudanza, como tantos Eneros, de cajas, como tantos Febreros.

Enero lo comencé encima de la bicicleta, subiendo al desierto en una marcha popular, muy popular, que organiza ciclos Domingo desde tiempo inmemoriales. Llegué tarde y desde atrás fui tranquila, a mi ritmo, saludando y pas(e)ando entre ciclistas y ciclistas. Arriba mistela y Pallares. Anna y dos premios: maillot y lucecita. Quizá tres premios: estar allá arriba una mañana de enero, con todo ese sol que me hace sentir en casa.

Acababa (por fin) la blanca Navidad y los Reyes Magos me trajeron excursiones por el desierto. Con ellos, con él y con quien quiso venir.
Seguía haciendo tanto sol que no parecía Enero, y se animó a salir -conmigo- en bicicleta, pese a que no le gusta. 100 km, subir a Eslida.

Rodadas de Martes, rodadas de Jueves. Cafés de Martes, cafés de Jueves.

De repente.... llegó el invierno, y empezó hacer demasiado frío incluso para ser invierno. Decidí comprar un radiador y estrenar los botines (¿se llaman botines?) para ir en bicicleta.
Y hubo también unos días en que decidí acompañar a Pistacho.


Pero el día marcado, a pesar del frío siberiano, cumplimos lo nuestro, y nos fuimos los inconscientes de siempre de excursión a Atzeneta. De Atzeneta a Xodos, pasando por Culla y Vistabella.
Por el camino (qué bonito, qué bonito) almorzamos, anduvimos, subimos, bajamos. Atravesamos la rambla una, dos, tres veces. Subimos de nuevo y encontramos el Plá de Vistabella más bello que nunca. Por lo menos más bello que mi nunca, porque nunca lo había visto así.


Había vuelto la primavera por unos días, y estaba todo tan claro, tan luminoso, que una no tenía ganas más que de andar y andar para seguir viendo y descubriendo.
Ni siquiera nos importaba que para fotografiar una puesta de sol debíamos dejar que se nos hiciera de noche.

Después llegaron días y días de soles y bicis. De playas y playas. De días tan claros y con tanta luz que seguía sin parecer invierno. Un día llegamos un poco más allá que de costumbre, y nos encontramos con un camino, un faro y una cala. Y una foto.
Ese día salieron 109 kilómetros, cuatro horas y media y un pequeño dolor de espalda. Qué más da el dolor de espalda...si nos ha tocado ir a la Quebrantahuesos este verano.

No acabó Enero sin que llegara, de nuevo, el frío que correspondía. Y llegó un año más la carrera de la Vilavella, y en la plaza del pueblo, junto a la Silvi, y al Xispes, y a Rubens, y a la Patry, me di cuenta de que han pasado 4 años desde la vez que estuvimos juntos en esa plaza y esa salida. Y por un momento me pareció que el tiempo había pasado injustamente rápido. Y terminé la carrera en 2:24, que es un buen rato menos de lo que me costó la última vez. Cosas inexplicables que pasan con el paso de los años. Con el paso de los Eneros.

30 de octubre de 2011

El sentido común

Esto de la bici no viene de nuevas, y tiene que ver con más cosas que con las ganas en si mismas de ir en bicicleta. Con muchas, que al final se resumen en una sola, que son varias: "las circunstancias".
Y las buenas-o malas- circunstancias, han terminado haciendo que las horas sobre la bici durante los últimos meses hayan duplicado a las horas que anduve corriendo o trotando.
Y de todas estas horas, muchas las he pasado con el Meditante, el Ciclista y el Fugado.
Para agradecerles la paciencia y pagarles los gratos ratos de interminable subida (aún me duele todo al pensar en aquella subida a Xodos o en la crisis de Zucaina... ) o vertiginosa bajada, había que organizar una venganza. ¿he dicho venganza? el subconsciente me delata, quizá. Quería decir una tranquila excursión.

Llamémosla "LA VENGANZA ANDARINA"

La idea original no era mala. El sitio ideal era Fondeguilla (Alfondeguilla), porque está en un extremo de la Sierra de Espadán, que no defrauda nunca en cuando a pinchos y desniveles -perdón, el subconsciente de nuevo- en cuanto a belleza e historia. Hablé con Ángel de lo que pretendía hacer, y se prestó enseguida a diseñarme una ruta para casi-todos los públicos, que salía del pueblo, subía a Pipa por las cuerdas y bajaba por la senda de las trincheras, pasaba por el acueducto romano en el barranc de les vinyes y volvía al pueblo, desde donde subiríamos a La Nevera por la senda dels Fornets, habiendo pasado antes por el barranc de l'Horteta y su horno de cal. De la Nevera, subida al Castillo de Castro y bajada por Cantallops, para ver las Minas y la Surera Mare.
O algo así.
Así que "La venganza andarina" quedada camuflada en una inocente "Ruta histórico-cultural por Fondeguilla". Lista para ser vendida y a punto de caramelo.


El día de antes, no obstante, temiendo que la subida a Pipa y, sobretodo, su consiguiente bajada iban a ser harto duras y complicadas y quizá con riesgo de perder el sendero, decidí que era una buena idea ir de avanzadilla a inspeccionar el terreno, y el Meditante, en adelante Jr (o Júnior) , para evitar acritudes, tuvo a bien acompañarme en la expedición.
Y la expedición fue divinamente, y, aunque el recorrido marcado por Àngel no nos hacía subir hasta el vértice mismo de Pipa, no podíamos bajar de allí sin coronarlo, tan cerca como lo teníamos y tan preciosas vistas como allí había.
En la bajada, ligera, vimos de pasada las trincheras y paramos un poco más en el curioso acueducto, que, de mimetizado parece invisible desde la carretera, a pesar de lo alto y de sus seis ojos seis.
Y la excursión terminó con 9 kilómetros y un buen rato que no debía ser el último, como, de hecho, no lo fue.

Al día siguiente O&O, es decir, dos Óscares, pasaron a buscarme y nos presentamos a la hora convenida en el sitio acordado. Quizá un poco más tarde.
Y a las 8:18 comenzábamos nuestra andadura: Ana y Carlos, el Ciclista, el Fugado, Oscar B, Miguelón, Cristian, Dani y yo misma. Jr ya había tenido bastante el día anterior.

Se hizo algo largo el paseo sobre la acequia que nos tenía que llevar a pie de senda, la que sube en un zig zag radical, trazado con escuadra y cartabón que coge altura sin piedad. Ritmo normal, ritmo de subir. Con tanta curva una no se entera de lo que va pasando detrás, pero lo cierto es que pronto hubo un extraño cambio de posiciones y el Ciclista y el Fugado no parecían ni enterarse de la primera emboscada del día. Al contrario, me parece a mi que la emboscada la estaban tendiendo ellos. Y al llegar al cruce que indica "alto de Pipa, 14 min" no sé qué pasa que de pronto Miguel y yo ya no andamos delante, sino detrás. Creo que eso ha sido un hachazo.... Nos machacan en nuestro terreno, Guelo...

La silueta de Pipa se distingue perfectamente desde la N-340. Y desde la autovía. Desde el alto puede verse la sierra de Espadán, La Calderona, La Vall D'Uixó. Son vistas privilegiadas, y debía ser atalaya en épocas antiguas de batallas y conquistas de todos los tipos. Y no me quedó claro si los turcos tiraban piedras, o eran los otros, o quien ganó o perdió en cada guerra. En todo caso, era hora de bajar.

Bajamos por la senda de las trincheras, que, como se puede imaginar, debe su nombre, si es que fuera éste, a las trincheras que que en ella se encuentran. Están perfectas, casi limpias, en continuo por el borde de la senda. Algo apartados de ella, encontramos unos agujeros excavados en la roca, rectos y bien acabados, que debían ser refugios para descansar, comer o conservar alimentos.
Tras algún desvío sin mucha importancia, entramos en el barranco en el cual está el Pont del aigua que, efectivamente, seguía teniendo los mismos seis ojos seis del día anterior, pero que esta vez además llevaba agua. De origen romano, aún se utiliza.
Por la carretera había un cartel, el de entrada al pueblo, y de pronto estos chicos se están mirando de reojo, meten codos, aprietan el paso....y me es imposible seguirlos para grabar el primer y único sprint de día. Qué barbaridad...
En un parque del pueblo paramos a almorzar tranquilamente. Bocatas por aquí, ensaimadas con nocilla por allá. Y carajillos. Los carajillos que no falten.
Y así, bien comidos y bebidos, reemprendimos la marcha de manera incierta siguiendo calle arriba y abajo un track que nos conducía complicadamente hasta la parte alta del pueblo. Me adelanto con el Fugado y, una vez estuve arriba, encontramos el camino buscado.
Era una pista fácil de seguir, tan fácil que más de una vez la seguimos sin tener que hacerlo y tuvimos que desandar lo andado, que a veces no ocasiona grandes problemas, pero que si lo que hay que desandar es un camino cerrado y lleno de coscoja y aliagas... produce a veces rabia, a veces ira, y siempre dolor y escozor de piel. Para aquellos entonces creo que ya habíamos, los listillos de piernas frescas, dejado de meternos aquellos que habían decidido venir de excursión con pantalón largo.
La Nevera al final la encontramos, tan perfecta como la última vez. Lo de reconstruirla quizá resta encanto, pero es así más fácil imaginar de qué manera se utilizaban estas neveras, situadas en zonas de umbría, donde "se almacenaba y prensaba la nieve recogida durante el invierno, para venderla en las zonas costeras en verano", según me cuentan y leo en un panfletillo editado por la Conselleria de infraestructuras, territorio y medio ambiente en la época en que la Generalitat tenía dinero para editar cosas y pagar a sus acreedores. Perdón, qué lapsus imperdonable.
Seguimos entonces, supuestamente, hacia la senda que nos debía llevar al Castillo, que se supone que estaba hacia allá. Pero por aquí y por allá no había más que pinchos, y se nos hacía tarde como para experimentos. Y siguiendo aquel camino, llegamos a aquel cruce en el que aquella vez Oscar T y yo abortamos la operación "volta al terme". Y como no estaba completamente "segura", sino simplemente " algo segura" de que yendo hacia la izquierda encontraríamos un camino que devuelve directo a Alfondeguilla, me dejé llevar por el sentido común y la orientación ajena y terminamos desandando lo andado por la misma pista por la que horas antes habíamos empezado. Ya lo dicen las instrucciones del GPS: que prevalezca siempre el sentido común ante un track confuso.

Y para cuando llegamos al pueblo, a falta de angelitos cantando el Al-leluya, encontramos una recepción brutal con santos, pendones, dulzaina y tamboril, ahí es nada.

Y aquí vemos en Azul lo que debería haber sido, en rosa algunas alternativas y en verde lo que al final fue.




27 kilómetros y siete horas y pico. Mucha charla, muchos pinchos y algunas prisas al final.

26 de septiembre de 2011

Cicloturista (gastronómica) de Cantavieja


Terminé muy cansada de la carrera de Soneja. Me encontraba absolutamente vacía y con las pulsaciones algo altas. Pero si se iba a salir en bicicleta, se sale. Total que salimos los tres, cada uno de su casa y nos encontramos en el Grao, y ponen ellos la directa rumbo a Oropesa, por las cuestas como no. Y de allí entramos a la Nacional, y veo como el ciclista y el otro ciclista se alejan más y más rápido y no puedo hacer nada para remediarlo, porque no llevo, arco, ni flechas, ni sogas ni nada.
Como son buena gente, cuando se dan cuenta de que mis camiones y yo andamos algunos (cientos de) metros más allá, me esperan.

Sigamos.

Ribera de Cabanes. Bueno, pues ni tanto era. Y almuerzo en Cabanes, como los profesionales. Y fue durante ese almuerzo que a no quién, a alguna inconsciente, se le ocurrió que era una buena idea bajar por la Cabanes - Oropesa antigua hasta el camino de la Font Tallá, y por allí llegar a la carretera del desierto, que podíamos subir o bajar según fuerzas y destino.
Pues oiga, que casi no llego, que aquella cuesta del final era para mi como una pirámide diabólica y que no tuve más remedio que pararme a respirar.

Menudos augurios para el Domingo y nuestra marcha cicloturista. Por eso, esos día opté por quedarme todo lo quieta que pude, descansando. Que una ya tiene una edad.

Nos quedamos a dormir en la Hospedería de La Iglesuela., por cosas fortuítas de Trivago. El sitio me rece una visita, aunque a mi tanto cuadro de santo en éxtasis y tanto rey mirándola a una comer, me incomoda ligeramente. Menos mal que en la habitación no había cuadro alguno. Menos mal.

La marcha salía de Cantavieja y yo nunca sé cuál de estos pueblos me gusta más.
UbeAdventure éramos 6: 5 de la empresa, supercorporativos de la muerte, y una invitada especial. Y esta pinta teníamos:

Monísimos oiga.

La marcha es eso, una marcha, así que no es competitiva más que en un trocito pequeño y opcional. Además tiene la particularidad de que se va parando en cada pueblo, y que hasta que no ha terminado todo el mundo de comer, porque a eso se para, no se mueve nadie de allí.

Cantavieja-La Iglesuela. Primer puertecito y tan bien que nos lo pasamos.
La Iglesuela- Portell
Portell-Cinctorres
Cinctorres-Forcall.
Forcall-La Mata
La Mata- Mirambel.

Había habido de todo y creo que estábamos todos bastante entretenidos: Oscar B y yo contentos porque seguíamos vivos y además no nos habíamos cargado a nadie. Y esquivé una caída y todo. Quizá me conformo con poca cosa, pero con eso me sobraba para andar con mi sonrisa de aquí para allá.

Entonces ocurrió: comenzó la parte competitiva. Y Alfonso y yo allá atrás en el quinto pino, por eso de que no me fio de ir en medio de mucha gente. Se da la salida y vemos en cabeza a dos de los nuestros. Ube abriendo y cerrando el pelotón, que así, poco a poco, podremos dominar el mundo.

Demasiado complicado para mi adelantar a nadie, aunque no tenía más que seguir la rueda de Alfonso, no estuve nada habilidosa. Cosa que es normal, porque si no soy habilidosa normalmente, no hay ninguna razón por la cual fuera a serlo ese día.
La cosa es que pensé que iba a poder subir el puerto infernal, que encima no tendrá ni nombre, que es la entrada a Cantavieja y después, de postre y por hacer la gracia, subir al Cuarto Pelao. Pero no. Alcanzamos a Oscar B y fuimos avanzando lentamente los tres, y me hundo cuando me pasa la chica que llevaba detrás. En realidad no es que llevara tampoco a muchas delante...
Total que le digo a Alfonso que sí, que no paramos en Cantavieja, que seguimos hacia arriba y que sea lo que Dios quiera.
Pero se ve que no quiso (Dios), porque antes de llegar a la ITV ya me estaba yo preguntando que si aquello era preciso, con lo que había disfrutado hasta ese momento.
Y no, no era preciso.
A sí que dimos media vuelta y nos volvimos a Cantavieja. Fin de los 76 kilómetros. Qué buena marcha y qué buena compañía.
Carmen también terminó en Cantavieja y nuestros cabeza de cartel quedaron 9º y 19º.

Alegría para hoy.


8 de julio de 2011

Yo me bajo en Atocha.

Y, para celebrar que continúa el verano, seguimos saliendo en bicicleta. Y voy saliendo tanto que hasta parece que me he cambiado de deporte. Pero sólo lo parece, porque mi deporte preferido no es otro que ir por ahí indagando y descubriendo lugares y rincones.
Y por eso me gusta eso de que organicen saliditas ciclistas donde cristo perdió el gorro y me dejen ir con ellos.
Aparcamos en Sueras, de Sueras a Veo, de Veo a Alcudia de Veo y el ciclista contándome historietas varias, creo que para que se me olviden las cuestecillas que se van presentando. Se nos une Meditante, que después de mucho meditar se decidió a salir de su pueblo. Algimia de Almonacid, allí creo que había una cuesta interesante y una fuente. También creo que era alllídonde había un panadero. Matet. Villamalur. Y se sabía el lugar exacto donde había una fantástica vista de Peñagolosa. Era justo en esa curva, en la que me pasé. Ni antes, ni después.
Más tarde, Sol. Gran Vía. Tribunal, como canta Sabina aquí

Y aquí

Pero no, no sol de Sol. No Sol la puerta, ni la parada de metro. Sol de verano.
De Villamalur a Artesa, casi. Y Tales. No Tales de Mileto, sino Tales el de la dulzaina. Y de Tales a Sueras. Y en Sueras comimos en el hotel de la otra vez, donde nos trataron tan estupendamente como entonces. O más, porque esta vez además se encargaron de custodiar durante unas horas el bolso que, cabeza de chorlito de mi, dejé abandonado en alguna silla.
Pero antes de eso habíamos estado andurrando por los alrededores, para intentar encontrar algo parecido a un castillo que sin embargo no pasó de loma con antenas. Y después nos iban a deleitar con una exhibición de peonza que casi acaba en tragedia, tal era la habilidad del Meditante. Y decía que la peonza no era reglamentaria. Excusas de mal pagador.
Como días más tarde me iba para Las Palmas en versión turístico-familiar, la última salida no la podía dejar escapar.
Grao, por el río hasta la Uji, por las rotondas desagradables hasta el carril bici de la CV10. Y subir hasta Borriol por esa horrible rampa que aquel señor subía esforzado, pero que finalmente subió. Yo creo que debía tener 100 años el caballero. O más. Y allí estaba, subiendo a Borriol con su bicicleta. Sumo la descripción de su imagen a la colección de mantras que acumulo para los ratos llamemos, complicados.
Como se me da a escoger, escojo: vamos por la autovía, que el carril hasta la Pobla tiene tres cuestas que me da la risa recordar. Mejor lo hacemos tendido. Y tendidamente llegamos a La Pobla, y de allí, hasta Cabanes. Y en la fuente ya habíamos, no sé si los dos, decidido que bajaríamos por el camino de Les Santes, con lo que evitaríamos la Nacional. Pero resulta que por evitar la nacional nos vimos bajando por esa carretera, que a mi me encanta hacer con la bici de montaña, pero que con ésta otra se convierte en un pequeño martirio. Pues tampoco pasaría nada si la asfaltaran ...
Marina d'horror, perdón, Marina d'or ciudad de vacaciones, vía verde, Benicassim y clarita con limón, la que nos quedó pendiente ayer.
Vivan las salidas en bicicleta.

1 de julio de 2011

Cinco miles y cincomiles.

Pues no me acuerdo del orden de los factores, en todo caso no importa, el resultado es el mismo: saliditas varias y desordenadas.

El cincomil del Grao empezó emotivo, con un minuto para la Veloz, y el pensamiento colectivo que se une al recuerdo que viene siempre conmigo. Y que vendrá.
Salimos disparados, para variar. Estos cincomiles o me matan, o me hacen más fuerte: miro el forerunner "cuatro noséqué". No sé lo que durará ésto. Miro el reloj de nuevo "cuatro nosécuánto" Menos mal que es corta. Pasamos de nuevo por la Avenida. "cuatro noséquémás". Ay mi madre.
Linea de Meta, miro de nuevo "5,100 km" Uhmm.

Final según mi crono: 5350 metros, 24:37. A cuatro treinta y seis el mil. Cuánto tiempo sin escribir estas cosas. Se nota que es verano.

Unos días antes había sido nuestro primer descanso, nuestro de nosotros tres, porque ellos dos debían trabajar por la noche. Sin embargo, los cinco nos fuimos a Torralba del Pinar con un objetivo no común pero parecido: Él quería averiguar a dónde conducían ciertos caminos y encontrar unas neveras, y nosotros pretendíamos subir a los cinco miles de Espadán, uno detrás de otro. Eso es, a las cinco montañas de más de mil metros que hay en la Sierra de Espadán. Para acometer semejante empresa cogimos un track un poco falso que creé a partir de uno de Jose Ramón y de otro del Centro excursionista de Villa Real.

Y la cosa quedó así de mona y apañada, aparentemente.


Todo empezaba bien, antes de subir el primer pico debíamos encontrar algunos cruces donde los primeros en pasar, nosotros o nuestro ciclista, dejaríamos unas señales visibles para dejar constancia de nuestro paso. Y así fuimos avanzando. El primer mil, el Pinar (1102 metros). Segunda: el Alto del Pinar. O similar, tengo mis dudas de haber llegado a lugar alguno, quizá algún día OscarG o Miguelón se decidan a pasarme el track del desastre.

A todas estas, nuestro invitado avanzaba con paso decidido, OscarG ponía el modo fustigador, Miguelón tiraba como siempre y yo perezoseaba sin demasiado ímpetu.

Pista hacia abajo: la afrontamos al trote, y ahora mismo no me acuerdo de la mayoría de lo que terminó ocurriendo, pero sé que nuestro invitado encontró al ciclista en coche y se largó con él, no sé si por eso del tobillo o porque se dio cuenta de que no teníamos ni la más remota idea de cuánto íbamos a andar ese día. Recuerdo que seguimos hasta el área recreativa de Villamalur donde había unos hombres que llevaban unos sacos con el mismo estampado que las camisetas que usamos cuando salimos en bici, de hecho, el mismo estampado que la camiseta del ciclista. Que seguimos por una pista que era el GR36 y de allí llegamos a varios cruces, el del Jinquer con la Nevera, el de alguna carretera con otra, y que por falta de tiempo, al llegar al cruce de la pista de la Íbola con la carretera de Alcudia de Veo, allí donde se toma el camino que debía conducirnos al Pico Espadán, allí decidimos tomar carretera (y no manta, que sólo eso nos faltaba con el calor que hacía) e irnos de paseo hacia Aín, donde debían estar esperando nuestros compañeros. Pero el destino había hecho que a nuestro ciclista le pasara lo mismo que a nosotros, y que hubiera decidido tomar la misma carretera a una hora similar, así que en ella nos alcanzó, llegando al bar de Alcudia de Veo. Y allí dimos por terminada la ruta, de la cual sólo guardo datos hasta el momento carretera, cuando el Fore, aburrido, decidió apagarse al ver que ya no seguiríamos su estela.
Así quedó el asunto:



Veinticuatro de recorrido, más 5 de carretera, en un montón de horas. Miles subidos: puede que uno, puede que dos, puede que tres.

10 de febrero de 2011

La ruta de los masos (o ...y si seguimos por allá? )

Él escribió: Que te parece subir a Xodos???esta ruta la he hecho siguiendo este recorrido mas o menos pero siempre es mejor fiarse del gps JEJE

Y ésto era:

Y ella contestó: Me parece perfecto!!! sitios nuevos Yupi!
Se lo contaron a Fulano, mengano y ciclano y de todos esos respondió en inconsciente de siempre, así que a las 9 (pasadas) ella se los encontró en el bar. Como no.
Ellos llevaban la ruta cargada en el fore, ahora mismo no sé muy bien para qué, pero el hecho es que la llevaban. Y empezaron. Hoy nadie lleva pantalón de excursionista. Reveladora circunstancia.
De Xodos a Granja San Cristòfol. Y seguimos por la pista, al trote cuando nos dejan las vacas y vaquitas.
"Mira, procesionarias". Miro y veo un montón de orugas, efectivamente, en procesión. Extraño asunto. Para mi, porque por lo visto de extraño no tiene nada. Definitivamente sigo siendo de ciudad. Resulta que salen de esas extrañas marañas blancas que cuelgan de las ramas de los pinos. Sorprendida con mi descubrimiento, seguimos al trote.
Masía Miravet y dos caminos. El de la derecha y de la izquierda. El de ida, y el de vuelta. En una elección al 50% la probabilidad de tomar el camino equivocado es del 100%.
Y así llegamos al Mas de Cabezo y de ahí al Mas Blau (masía azul), que estaba relucientemente blanca. Allí el track tenía una especie de rabo. Un caminito de ida y vuelta que conducía hasta Masía Els Colexals, pero, cuando llegamos a ella, estuvimos de acuerdo en hacer una inspección más allá, a ver qué podíamos encontrar, así que a la porra el track y a meternos por aquel camino, que nos llevó a dar alguna vuelta rara y a pasar por Masía Griva y Mas de Caixó. Y puede que por allí empezara la nieve. Bastante nieve, bastante dura, pero nieve. La primera del año para mi. Bolitas y bolazos, y mejor seguimos. Pero ¿por dónde?. Uno por aquí, otro por allá, buscando no sé bien qué, creo que una pista que podía conducirnos a la Banyadera, o algo así. Hace un año y una semana, más o menos, estuve perdida con estos dos y algunos más buscando la misma pista. Me parece que va a empezar a ser una tradición: cada año podemos salir de Xodos, irnos a cualquier sitio e intentar encontrar la Banyadera.
Continúo. Pues como no podía ser de otra manera, pronto andábamos bajando bancales. Y allá abajo se distinguía una masía de la que salía un hombre armado con un palo. Preocupante.
Al llegar a la masía nos recibió con los brazos abiertos un chico de cara amable ¡benvinguts al mas de Gargán! Soy el alcalde, el barman y lo que haga falta.

Al final habíamos vuelto a enlazar con nuestro maltrecho track: estábamos sólo un poco más arriba de donde debíamos estar, aunque no habíamos llegado por el camino marcado, porque sólo los peces muertos siguen la corriente del río. El problema es que el Mas de Gargán está encima de la muela de Gargán, y de nuestro camino nos separaba un precipicio de pinta poco agradable. Sin embargo, nuestro alcalde nos indicó dos caminos para bajar, tranquilizándonos diciendo: "las cabras bajan"
Pues destrepando y con la vista puesta en la pista a la que debíamos llegar, al cabo de un rato estábamos mirando hacia arriba preguntándonos cómo demonios habíamos podido bajar de allí.
La cosa es que ahora ya estaba todo claro y volvíamos a saber a dónde había que ir: Rumbo al Mas de Montoliú, cómodamente por una pista. Eran las 12:30 y llevábamos doce kilómetros y medio. Llegamos al mas de Montoliú justo cuando nuestro intrépido sherpa empezaba a poner cara de preocupación. Ya podíamos almorzar.
Y retomar el camino, que no era por la sumamente evidente pista que de ahí salía, ya que esa podía llevarnos, bien a Llucena, bien a la Banyadera. Pero ya era un poco tarde para eso, y además, nuestro track nos indicaba otro camino sin duda más atractivo y emocionante. La cosa es que con nieve, poca senda se veía. Y así fue como estuvimos un pues rato enterrados en la nieve subiendo y bajando unas blancas lomitas, y así fue como se nos congelaron los tobillos hasta el punto de no sentir nada. Pero todo entre risas.
Y de pronto estábamos de nuevo en el Mas de Montoliú, del cual decidimos alejarnos, por consenso, del mismo modo por el cuál habíamos llegado allí. Y así fue como aquel track se transformó en este otro:


Tan bonito, y tan nevado. Y sobretodo tan divertido. Para qué vamos a hacerlo fácil. A ver cómo le explica Miguelón a su suegro por dónde ha pasado.

Al día siguiente, hoy, hace un rato, vino la veloz al Grao City para hacer una rodadita por la playa, aprovechando que los días son fríos pero claros. Y nos salieron Diez kilómetros y pico, en cincuenta y cinco minutos, charra que te charra, blabla blabla blabla. Y yo que casi ni me acordaba del color de mis zapatillas de asfalto.


3 de febrero de 2011

Aunque los sueños, sueños sean

Acabo de encontrar objetivos para 2011. A ver lo que me dura la motivación.

Pasó la fascitis, que resultó que venía del Aquiles, que venía tenso del gemelo, que llevaba avisándome desde hacía tiempo. Es como esa historia del gallo Kiriko y la boda del tío Perico. Sí, hombre la de: Vaca ¡bebe el agua que no quiso apagar el fuego, que no quiso quemar al palo, que no quiso pegar al lobo, que no quiso comer la oveja, que no quiso comer la hierba, que no quiso limpiarme el pico para ir a la boda del tío Perico!
Pues lo mismo, pero versión fisioterapéutica.

Y un día de estos me llevó la Veloz a Tetuán 14, para desde allí comenzar una rutica que ella conocía y yo no, que nos iba a conducir, entre piedras y piedrecitas resbaladizas, a ciertas crestas y ciertas bajaditas cuyo objetivo es seguir profundizando en lo técnico de las bajadas. Con lo bien que bajamos por pista, y nosotras ahí, erre que erre a ver si nos vamos haciendo a ese tipo de terreno, que ya tenemos edad. Y en la parte de arriba de una loma, cuando por fín la veo de cerca, le susurro: "sádica", con cariño. En el fondo sé que lo hace por nuestro bien...
Once kilómetros la mar de divertidos.

El día siguiente empezaban los descansos, tres días tres para hacer lo que una no ha hecho los días pasados, más uno extra de vacaciones, porque yo lo valgo. Habíamos estado concretando quién, cómo, cuándo y dónde y al final pasó que en la Magdalena éramos seis unidades dispuestos a realizar en su totalidad el PR378, promovido, dicen por el Ayuntamiento de Castellón,y es que no todo va a ser Tram. De los seis, un neófito, el resto...pues no.
Salimos paralelos a la carretera, llegamos a la Saleta, tomamos la pista de los toros, visitamos la ermita de la Virgen de la Salud, que por cierto, resulta que podría ser un lugar muy bonito si a quien le corresponda se le ocurriera restaurarla un poquito, y seguimos hacia donde siempre, hacia la casa esa allá arriba a la que se llega subiendo unas piedras un tanto empinadas. El tramo peliagudo, dije.
Una vez superado dicho tramo, llegamos a la pista aquella del corral abandonado, pero en lugar de seguir hacia la subida a Raca, bajamos por la pista de cemento, recto recto sin abandonarla, y sin saber como enganchamos con la pista del azud, antes de saber que era la pista de azud. De frente venían los ciclistas en lo que debe ser una señal divina de algo, porque vaya manera casual de sincronizarnos. Y luego continuamos. Hasta la ermita de Sant Vicent, donde almorzamos amigablemente.
Cruzamos la vía de servicio y el río por donde nos indicaron los operarios que lo están ¿tapando? o vaciando, o que se yo. A la derecha, GR36, a la izquierda, nuestro PR. Sube la pista hasta una mina abandonada y sigue subiendo hasta un lugar por el cual pasamos el día de la UltraTeo, y en lugar de subir Raca, vista la hora y las circunstancias particulares de cada cual, descendimos entre piedras, siguiendo casi el PR, hasta enlazar con la pista con la que debíamos enlazar.
Dieciocho kilómetros, tres horas y pico de vuelta.


Y la comida posterior, en la que pudimos, por fin, ir poniendo fecha y nombre a próximas expediciones de UBE ADVENTURE.




8 de octubre de 2010

Excursionando: otra vez Sueras.

Domingo pescadilla. Las pescadillas de domingo son un auténtico rollazo. Pero más rollazo es estar los lunes al sol. Así que punto en boca.

Lunes, martes, dos tardes dos. Y poca actividad, a parte de unas prácticas contra incendios bastante entretenidas.

Miércoles: descanso número 1. La veloz se sube a Borriol para irnos a hacer un cochinito. Y me refiero a la rutita que me pasó el Kiyo hace un tiempo, no a que decidiéramos ir a zamparnos un cochinito o que, peor aún, nos diera por revolcarnos por algún estercolero. Aclarado este punto, paso a redactar. Y lo haré tan rápido como rápida fue la salida.
PUM.
Ya está. Nos desayunamos los 13 kilómetros en hora veintidós, que a mi me parece una cosa muy buena. Y sin callar la boca, que quiere decir que vamos a ritmo de rodaje. La mar de contenta.

Jueves, pues por cosas de esas tontas que a veces ocurren a la gente, me quedé sin excursión a pie por Xiva de Morella. Pero eso sí, me lo pasé estupendamente con mi coche viendo a los compañeros subir en bici el Coll de Ares. Y comprando flaons.

El Viernes tocaba salidita excursionista por la Sierra de Espadán. Era la única fecha posible antes de que acabara el año, así que se programó con cierta prisa, descuidando que algunos estarían de resaca y algunos otros arrastraban ciertas molestias. Y en Sueras empezamos, Alfonso, Ana, Cristian, Oscar M y yo misma, por riguroso orden alfabético, que no de aparición, porque en aquel banco llevaba Cristian ya un rato sentado.
Comenzamos subiendo por la senda que conduce a los órganos de Benitandús, esa bendita senda que parace que no, pero que sube trescientos metros en kilómetro y medio. Cuando llegamos arriba Oscar M nos esperaba tumbado, yo creo que lo despertamos nosotros. Unas fotos con los órganos al fondo más tarde, seguimos por el sendero marcado que continuaba subiendo sin piedad: acorto el paso y siento que no avanzo ¿pero ésto qué es?. Pues el final de la subida hasta el mirador. Desde el mirador se veía poca cosa, así que poco rato estuvimos por allí, seguimos por la señal de "no senda", en busca del camino que debía llevarnos al Xinquer, el poblado árabe aquel que visitamos a mitad de Agosto, aquel del aljibe y la senda que se perdía entre pinchos.
Esta vez he tenido un poco de cuidado en trazar la ruta, por si los bancales, y eso conlleva que los kilómetros de pista sean a lo mejor, un poco más de los deseados, de todas maneras, senda, haberla, habíala.
Al Xinquer llegamos por un sitio diferente al que yo imaginaba, saltamos el bancal de rigor y entramos al pueblo. Visita a la iglesia, o a lo que queda de ella: el altar y unas paredes semiderruídas. Ni rastro del techo. Aquí se mojarían ¿no? jejeje.
Buscamos el aljibe. Ni rastro, a mi me parece que estaba un poco antes de llegar al pueblo, viniendo por otra senda a la que no sé cómo llegar. Algo decepcionante el pueblo, nos sentamos en una calle y almorzamos.
Y continuamos la marcha, según Topohispania hay una fuente cerca llamada "font del Xinquer" y efecto encontramos cierto nacimiento de agua, debidamente cerrado, vallado y protegido del ataque de sedientos caminantes. Porque imagínese usted que problema hubiera sido dejar una fuente accesible para que bebiera agua todo el que pasara por allí. Con lo cara que va.
Nos adentramos en un camino algo perdido entre cultivos, y desde él divisamos una balsa de riego. Alfonso le pone ojitos desde arriba. Yo creo que estuvo a punto de tirarse a ella, pero guardó la compostura. Seguimos andando.... ¡¡aquí hay una manguera con un grifo!! ¡¡pues a por ella!!
Bajamos y montamos la fiesta del agua, estaba fresca, y salía en abundancia. Nuestro seco amigo cambia la cara. Reina la alegría.
Continúamos por la senda encontrada, mucho más evidente que antes, y llegamos a una pista que podía ser el GR36. Camino a un lado, al otro...estoy algo desorientada. Debe ser por allá.

Debe ser... me adelanto y vislumbro un cruce de senderos. ¡¡el mas de la campana!! corro y la hago sonar. ¡ya sé exactamente dónde estamos!.
Continuamos siguiendo el GR36 hacia Torralba del Pinar, allá lejos se divisa el Castillo de Mauz, lugar que avisé sería nuestra última parada antes de Sueras. Eso está muy arriba.
Nuestro camino baja y baja, así que el castillo está cada vez más y más arriba. En el fondo del barranco, el área recreativa, y en ella, el cruce de senderos: uno de ellos nos dejará en Sueras en una hora, pasando por el castillo, y el otro en cincuenta minutos. Por diez minutos, no vamos a perdernos el Castillo. Así que afrontamos el último repecho con cierta alegría, menos mal que era corto.
Al Castillo no supimos entrar, trepes y destrepes de nuestros intrépidos y nosotras abajo sin intención de ir hacia ninguna parte incierta. Cuando nos rendimos, comenzamos a bajar, y un rato más tarde, llegamos a Sueras, dejando atrás 23710 metros de camino y casi seis horas de alegre marcha.
Y no me puedo olvidar del hotel Verdià en Sueras, donde comimos genial, nos explicaron algunas cosas de los alrededores, nos dieron varios folletos informativos sobre rutas del término municipal y todo ello por 10 (diez) euros.


25 de septiembre de 2010

Vallibona, el Turmell, y la pérdida de señal de radio

Después de la media de Alcora continuaba el ciclo algo menos intenso de como había empezado: una noche, otra...el día que íbamos a escalar llovía. El miércoles salgo con la Veloz en nuestra nueva etapa de entrenamientos charlantes y borrioleros. Dice que está quemá, pero no me creo nada, me parece que es para despistar. La idea era hacer una horita sin grande complicaciones, así que tomamos una pista correcta tras una equivocada y la seguimos hasta un cruce que ahora ya sé a dónde conducía. Ochomil setecientos metros, una horeja, sesenta minutejos, y un chiste que por escrito no tiene ninguna gracia. Estas letras mudas...

¡Viernes! primer descanso y en el curro ya alguien organizó el correspondiente plan. Aún de noche pasan por Borriol y llegamos a Vallibona bien entrado el día, al ritmo de burros a los que dolía la garganta, deditos que decían sísí (y nono) y conejos que (ñam ñam) comían zanahorias.
El Sherpa de hoy era Cristian.
Salimos de Vallibona siguiendo una vereda junto al río Servol, cruzamos el barranc del codiná y pronto comenzamos a subir por una senda estrecha, bonita y bastante otoñal entre pinos y carrascas, que nos lleva hasta una pista por la podríamos haber llegado a una fuente a la que no pensábamos ir. Por eso, a los pocos metros, la abandonamos y tomamos una nueva senda a la izquierda, que, esa sí, un poco más cruelmente -preguntar a Fernando-, nos subió hasta los 1146 metros, donde enlazamos con la vereda del turmell o del la Talayola, y, que si hacemos caso a lo que dice la (santa) RAE acerca de lo que es o no es una vereda, debería llamarse, como máximo, camino de cemento del Turmell. No obstante, seguía siendo bonito.
Arriba el viento soplaba con alegría y nosotros, semiotoñales, almorzábamos en posición fetal. Precioso lugar y preciosas vistas sobre Vallibona, la Mola de Xert, más allá lo que deben ser el Montsiá y la Tinença, el Mediterráneo y la Sierra de Irta. Y más cosas que no sé qué eran. Todo de una.
Tras la foto en el vértice geodésico, volvemos por donde mismo, siguiendo la vereda un poco más alla, hasta que nos desviamos campo a través y, cresteando sin demasiado orden, llegamos a unas antenas que en algún momento había parecido que desaparecían del mapa y de nuestras vidas. Continuaba el camino por una pista a los lados de la cual cada vez se escuchaban más cencerros, de vacas que pastaban tranquilamente. Y parece que se adentraba en cierta ganadería de aspecto menos amable, así que obviamos ese paso y seguimos por carretera, por si las moscas y los toros.
Desde la carretera y en esa dirección, ya no éramos capaces de retomar el track, así que echamos manos del google earth y, unos kilómetros más tarde, tomamos un camino que parecía que debía llevarnos directamente a Vallibona. Lástima que desapareció de repente y que allí estábamos todos practicando mi deporte favorito: el salto de bancal. Creo que estoy cogiendo hasta técnica en ello.
Finalmente, por una ruta botánica que apareció de la nada, llegamos de nuevo al río, y de allí al bar. 22 kilómetros justitos, 890 metros de desnivel positivos según esto y 1282 según esto otro.

El sábado, lalala. ¿qué andarían haciendo estos de la Alfondeguilla-Javalambre?




26 de mayo de 2010

De Puerto a Puerto, un año más tarde.


Y precisamente ya era Jueves. Rubens nos dejó amablemente en el Grao, como el año pasado, y desde allí comenzamos la andadura Oscar G y yo. Me costó un ratito darme cuenta de que tanta insistencia para que tomáramos todos un café se debía a que era él quien quería un café, pero en cuanto lo supe, me pareció una estupenda idea. Para evitar tomarlo en un lugar que se me antojaba cutre, elegimos (o elegí) otro que resultó que no tenía luz ni agua en el baño. Que ojo tengo.
Esta vez no tomamos el camino de la depuradora, olores que nos ahorramos, sino que seguimos por el carril bici de Avenida del Mar hasta la faraónica obra del dichoso bus guiado, que sigue recorriendo un único kilómetro y cuyo trazado hasta este proyecto de estación es aún una gran incógnita. Eso sí, el desvío provisional a causa de las obras hace que ya todos sepamos donde está el Celebrity Lledó. Montaremos allí una gran fiesta cuando terminen las obras del trolebús.
Charlando de estas y otras cosas llegamos a Castalia y de allí seguimos hacia la cantera por el mismo, mismito camino del sábado pasado: el GR33, el sender de la lluna plena.
La noche está clara y despejada, así que nos las prometemos felices y tranquilos. Voy quizá algo despistada, menos mal que Oscar conoce bien el camino. Van pasando las horas y durante ellas me da tiempo de pensar, hablar e incluso de encontrar una suerte de motivación para lo que queda hasta verano. Eso se mereció una foto.
En Useres paramos a comer, tranquilos, en una parada de bus. Hemos llegado exactamente en el tiempo previsto. Y saliendo de Useres comienza a amanecer, que es sin duda una de las mejores cosas de estos paseos nocturnos.
Llegamos a San Miquel de les Torrecelles (km50) diez minutos más tarde de lo que debíamos, así que eran las 8:10 de la mañana, y allí estaba Germán de apoyo moral y el resto del equipo para seguir la ruta: Miguelón, Carlos, Ana y Fermín. Ya estamos los seis. Y todas las cosas de comer que les había pedido. ¡¡¡Cocacola!!!
Antes de subir la Lloma me encontraba con fuerzas, sin embargo, al poco de comenzarla...me voy. Me voy. Me quedo. Menos mal que no hay cuesta que cien años dure, y afortunadamente esta no es demasiado larga. En la bajada nos encontramos con una alambrada electrificada. Qué bien. Uno a uno fuimos dándonos calambrazos y de pronto aquella alambrada había saltado de su sitio y teníamos la obligación moral de colocarla como estaba. Y la tarea no era fácil por aquello de los chuchazos, y pronto tenemos a Miguel cogiendo el alambrito con unas ramas, y a Carlos haciendo equilibrios sobre un tronco, y a Oscar metiendo la mano y a todos colaborando mientras yo decido que me gusta la situación y que voy a grabar un video.
El castigo divino fue el mareo que me dio al levantarme. Menudo desastre está empezando a ser ésto. Suerte de glucosport en pastilla que me regalan y que en breve me permite recuperar un ritmo aceptable de marcha.
Llegando a Xodos para Miguel a saludar al mismo paisano del año pasado, que cuidaba las mismas vaquitas o unas parecidas. No me parece que sea necesario llegar hasta el pueblo, a fin de cuentas el año pasado no lo hicimos y pasamos por una fuente... Este año haremos lo mismo. Aunque no sé exactamente qué camino tomamos que no recordaba la fuente como lo que encontramos esta vez, que más que fuente era abrevadero. En fin, sea como sea, quien tenía que repostar, repostó.
Y atacamos el Marinet. Otra vez. Y otra vez se me tenía que atragantar. Por Dios, menos mal que no era la MiM ese día. Pero bueno, esta gente es comprensiva y me espera.
Llegamos a San Juan media horita más tarde de lo previsto, unos minutos antes de que también apareciera la última remesa. Me acoplo en un banco bajo los arcos y pienso que de ahí no debería moverme nunca más. Tampoco pasa nada si te retiras aquí, dice OscarB. Pues pasar pasar, no pasaría nada, pero tampoco es para tanto....

Así que, tras sacarnos alguna foto y despedirnos de Ana, Araceli y Oscar B, salimos los seis de antes más Rafa y Alfonso sin agua. Deben ser ambos de secano.
Se supone que quedan unos once o catorce kilómetros. Más o menos, y que la mayor parte es pista porque no sabemos el estado del PR que nos llevaría directos. Quizá era este: PR TE 31 .
Pista pista y más pista, me decido a trotar levemente cuesta abajo porque es muscularmente necesario. Tras la pista, el sendero con su bajada hasta el río y su posterior subida hasta el pueblo. Y luego, la llegada. La larga llegada. Un último escalón y ya lo tenemos, compi. Otra más.

Qué buena comida después, que a pesar de estar muerta de sueño, hace que me ría mucho. Gracias a todos, chicos. Sobretodo a las asistencias, por llevarnos comida a San Miquel, subir a vernos, trasladar a unos y otros... Qué equipazo. Otra para el Ube Adventure que ahora se va de ruta unos cuantos días.

Por cierto, 82 km, 16 horas y media. Creo. Ya me pasarás el track, compi. Y las fotos...