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6 de noviembre de 2009

amanita muscaria

Domingo pescadilla.
Y el Lunes segunda tarde, piscina. Y el martes tercera tarde, búsqueda de cestitas rovelloneras.

El miércoles comencé el día bien temprano buscando un cajero automático deshabitado, y fue casi una tarea imposible. Hasta el quinto pino tuve que ir, porque no deja de dar mal rollo entrar en uno y que encima el inquilino tenga mal despertar. Cosas de la vida de ciudad, peor lo tienen ellos.
Cuando me digné a aparecer con cestas para cinco en el lugar acordado, salimos de allí y llegamos a Vistabella antes de que los primeros bares abrieran. Y tras el café, barrechat (¿o será barrexat?), carajillo, o bombón en mi cándido caso, tomamos rumbo al lugar donde esperábamos (o no) encontrar gran cantidad de setas. En fin. Kilómetro y medio más tarde volví con tres pequeñas setas de olor a a cera en mi flamante cesta nueva. Y con alguna cosa tóxica también. Y con alguna seca...pues también.
Tras el almuerzo, continuamos el intento de recolección. Barranco arriba encontré un bonito rovellón y más tarde un rossinyol y algunas especies indefinidas que cogí para que nuestra micóloga al efecto nos explicara de qué se trataba. Cuando crucé el barranco (del avellanar) ya se me estaba olvidando el motivo de estar andando por allí con la cabeza gacha, y cuando vi que allá arriba había una casa, pudo definitivamente más mi yo-explorador. Bonita casa. Me dice mi topohispania que es la Masía Xiquetes. Di la vuelta por pista y seguí por el mismo lado del barranco hasta toparme de frente con tres compis que no parecían haber tenido mucha más suerte que yo. ¿donde está el coche? por allí hay un puente... Resultó curioso como habíamos cogido más amanita muscaria (para ver dragones) que nada comestible. Habrá que repetir en otra época.
4 kilómetros.
El jueves Racó de Farol. Desde que la Patry se fue a tierra extraña no sacaba de paseo los pies de gato. Pero a veces se alinean los astros y resulta que Oscar, mi primer compi cuerda, tiene libre la misma mañana que yo, y encima, también tiene ganas de escalar.
No salió del todo bien, por agravio comparativo podría decir que fue un desastre, pero mi optimismo natural y la habitual autocondescendencia no me dejan. Un IV+ repetido y numerosos intentos de otro que me dejaron los brazos petados.
Y mientras tanto, él subía en zapatillas....

El viernes, desierto. Ya tocaba. Y Rubens viene, como hace tiempo. El recorrido, el mismo que hice con la Veloz la semana pasada...o la otra. Plà de Muletes, bajada a Les santes y ¡¡la Balaguera!!. "te has perdido" dijo una voz a mi espalda. Y tenía casi razón, no me había perdido pero desde luego no estaba en el camino correcto. Retroceso y, ahora sí, tomamos la Balaguera. Creo que me costó lo mismo de la otra vez, pero en esta ocasión tuve fuerzas y ganas de trotar a tramos en el infernal final de cemento. Buena señal. Bajamos y Rubens decide que bajará por carretera para rodar un poco. Sola ante el peligro. Uso todos los métodos existentes para no pensar en que me voy a matar bajando, y llego finalmente abajo. Y hasta el final, trotamos alegres hacia el coche. 10 minutos más que la otra vez, 200 metros más. No parece una buena señal. 14300 metros.

Por cierto, el desierto sigue precioso.

17 de agosto de 2009

O sea

El viernes comenzaba el ciclo de nuevo. Primera mañana. Día de experimentos.
Rubens alquila una pista de pádel para dos en el Impala. ¿tú has jugado a algún deporte de raqueta?...si...al badminton en el instituto....(que negada que era).
El lugar en cuestión está llena de niñas monas y clónicas en faldita. Menos mal que Rubens me ha cogido la camiseta rosa a juego con los calcetines. Mimetizada.
En fin, que más que mal, se me da fatal esto. ¡Dale plano! ¿plano?. Qué poca fuerza tengo para sacar. Poca fuerza y poca gracia, todo hay que decirlo. Una hora estuvimos pseudojugando, para él no hicimos nada, pero yo llevo dos días con agujetas en el antebrazo derecho. Ver para creer.

El sábado, trofeo sant roc. La volta a peu a platja de Nules. La mala suerte de un crio que tuvo que ser atendido por la ambulancia salvó a los allí presentes de empezar la carrera a las 19:30, hora mortal. A las 20:00 se dio la salida, con algo menos de calor, si bien no quedaban ni los restos de lo poco que había calentado. Salgo con Isabel, algo por debajo de 5'00 min/km. Muy rápido para lo que estoy haciendo desde hace .... ¿? desde hace tiempo. A los 3500 metros ya voy con el gemelo derecho como una piedra y bastante en las últimas (en general). Pidiendo la hora, vamos. Pero aguantaremos. En el kilómetros 6 ya se me ha dormido completamente el pie derecho. Debe ser de las zapatillas, es la tercera vez que las uso. Meta en 40'40", llego con tal dolor en el pie dormido que no puedo quedarme ni a que me pasen el lector de código de barras, con lo que no salgo en la clasificación. Da igual. A 5'18" el mil. Mejor me olvido de a cuanto me salió hace dos años. Aunque esa vez hubo un kilómetro menos.

El domingo, de valientes, a la carrerita de Albocasser. De montaña, dicen. Ochomil y pico metros, con senda, y con caminos, y con asfalto. Con cuestas y con un avituallamiento. Llegamos tarde, no nos dejan apuntarnos y paso a ser Marc, un corredor inscrito que nunca apareció. Pues lo siento por él, pero esta carrera le va a salir mal, ya se lo digo.
La carrera empieza puntual y en falso llano, y cuando llevamos quizá medio kilóemtro un cartel anuncia el "comienzo del puerto"
uuuuuhhhhhhhh.
Pues sí, uuuuuhhhh. En pocos minutos ya tenía tan cargado en gemelo derecho que estaba pensando en dar media vuelta. Pero con eso de , va, un poco más, va un poco más, al final se acabó el puerto y estaba arriba del todo. Menos mal que la bajada por senda era entretenida, sobretodo llevando las zapatillas de asfalto. Pero no se me dio demasiado mal, y además el gemelo descansó lo suyo. Lástima que en el llano y en las pequeñas subidas siguientes volviera a resentirse y apenas pudiera recuperar, o alcanzar,unas pocas buenas sensaciones. Ochomil setecientos, hora dos. Qué barbaridad. Creo que eso también ha sido antimarca.

Hoy lunes aún me duele el gemelo. Y tengo un nuevo dolor en el talón. Así que voy a relajarme, a disfrutar de la vida contemplativa desde lo alto de alguna de pared. De alguna pared de Racó de Farol. La araña piraña, Fer, y yo misma. Una vía de tercero, o tercero más, o cuarto, para los tres. Para no perder la costumbre y para que mañana ya empecemos enfiladas.

Y ahora...¿gimnasio? ...¿piscina?....voy a meditarlo.

20 de julio de 2009

El efecto psicotrópico de la gravedad

El jueves, tras descubrir que nadar también era doloroso, visito a la fisio nuevamente que me despacha con unas kinesiotapings rosa en la cadera, diagnosticándome bursitis de cadera y diciéndome que me esté un poco quieta. En fin.

El viernes, la estatuas del museo de cera tenían más movimiento que yo. Por lo menos durante el día. La noche ya fue otro cantar, y además ya no era viernes sino sábado.
Ese mismo sábado que se adivinaba tranquilo y que de la manera más tonta se convirtió en un lío de escaleras y conversaciones cruzadas que apartaron mi resaca de
un bocinazo. La pierna se portó, ni sentirla. Lo que necesitaba era marcha. Como yo.

El domingo era mi primer descanso, y lo cumplí a rajatabla. lalala, lalala. lalala, lalala.

El lunes llegué un poco tarde pero llegué. A la una menos cuarto en el aeroclub para saltar de un avión. Si es que....
La charla técnica me la dio un tipo de enrevesado castellano. Desde luego una estaría más tranquila si la explicación se la dieran usando palabras en su idioma...Pero bueno, todo el mundo sí sí sí, pues sí sí sí. Ale, firmamos que si palmamos sólo es culpa del destino (por muy cobarde que sea la excusa) y a esperar tocan.
Como llegué tarde me tocó tirarme en el último turno, así que estuve presenciando los aterrizajes de los que por allí había, comentando la jugada con Rubens y Patrykinder y dejando especificadas mis últimas voluntades (os quiero chicos, snif)

Y bueno, llegó la hora. Al avión como quien va al matadero. La chica que solo speakeaba english (mejor para ella) y la piedrecilla inconsciente voladora. Y los cámaras y nuestros instructores. Mira por donde me tocó el guapo. Y argentino, que siempre da bonus.

La avioneta era angosta y amarilla, y los seis estábamos allí encajonados como piezas de tetris. Bromeaba la chica fotógrafa intentando comunicarse con aquella cándida inglesa mientras el piloto decía que su trabajo era aburrido y yo me dedicaba a mirar por la ventanilla como la tierra estaba cada vez más y más y más lejos. La tierra, el mar... ¡el suelo!. Observo como atan a mi compañera mientras me hago la inevitable pregunta ¿a mi me han atado?...

El piloto ordena abrir la puerta y grita ¡exit! y en unas décimas de segundo ya tengo las piernas colgadas fuera del avión, estoy mirando hacia arriba y luego...ya no es hacia arriba sino de lado sino del otro lado sino....aaaaaayyyyyyyyy. Definitivamente estamos en caida libre. Cierro los ojos, los abro, sonrio. Cuando me da la orden abro los brazos y me siento genial. Es curioso pero una no se siente caer, sólo se siente viento y viento. Cuesta mantener las piernas rectas y los brazos en cruz, muchísimo viento. Pero es increible. Al minuto escaso todo se para de golpe, se abre el paracaidas y sientes que asciendes, que ya no hay viento. Y aparece la calma más absoluta. Tanta calma que creo que a mi Yo Intangible no le ha dado tiempo de parar conmigo y se ha quedado volando a toda velocidad derechito al suelo. El leve mareo con lucecitas incluidas se pasa en cuanto mi instructor me suelta un poco el arnés del pecho. Ahora sí que sí. Genial. Genial. No sé decir otra cosa. Descendemos despacito, las vistas son espectaculares, más que las vistas, la perspectiva. Poco a poco nos acercamos al suelo. Irremediablemente, esto se acaba. ¡Levanta las piernas!
Y de pronto ya estoy de nuevo con los pies en el suelo. Pero, como siempre, sólo con los pies.