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8 de octubre de 2011

puertos y portazos.

La semana siguiente fue transcurriendo lentamente, qué ganas tenía de que llegara el viernes para irnos a Viella. Vielha e Mijaran, Viella i Mitjaran, Viella Mitg Arán.

El lunes kiyo-salida borriolenca por la Coma y alrededores. Mientras él hace cuestas, nosotras rodamos arriba y abajo. 9 kilómetros, una hora.
El martes me decidí tarde a salir, pero salí. Me lié con el desierto y la Font tallá, Oropesa y el espíritu Santo y me olvidé de que ya no es agosto y anochece temprano. Y de que desde Marina d'horror d'or a mi casa hay algo más que un momentito. Total que para evitar la noche pedaleé como nunca. 3 horitas, 68 kilómetros. Y a Rubens que siguen sin gustarle mis caminos.


Y luego, por fin: ¡¡tres días y medio libres!!. Así que salimos el viernes, y el sábado, tras algunos trámites sin importancia, salimos de Luchon con ánimo (él) y miedo (yo) de subir el Peyresourde.
60 veces de 98 ediciones se ha subido el puertecito en el Tour.
Pero se supone que no es de los difíciles. Pero lo fácil y lo difícil es relativo, depende mucho de las ganas, de las fuerzas y de lo idiota que esté una.
Total, que de repente estábamos en el kilómetro uno. Sin rodar y sin nada. Hasta sin aire, ya.
Pues sí que estamos bien.

Lo duro es al principio, blabla, bleble...

¿Dónde me he metido? Oye, que yo paso... que me doy la vuelta

Que no, que tal, que cual, que Pascual...

Y para arriba. 10. 9. 8. 7... Parece que el fore está haciendo una cuenta atrás para lanzar un cohete, pero no: es mi velocidad en regresión constante.

En las curvitas se suaviza.

En las curvitas en las curvitas... ¿dónde están las curvitas? Sigue tú...y ya veremos...

Y los cartelitos: altitude: no sé cuantos, sommet à: super lejos. Moyenne de la pente: 6,1%

En fin, nueva paradita, porque no puedo con mi alma. Tengo ganas de llorar.

Se va mi compi. Sigo. Y sigo. Y empiezan las curvitas. Parece que ahí arriba se acaba ésto... pues si he llegado hasta aquí...

Me paro de nuevo, me asomo. Pues que bonito ésto ¿no?, me digo. Bajan ciclistas. allez allez...

Sigo, me cruzo con el compi. ¿sigues? Hombre...ya que estoy aquí arriba... El espíritu de forrest Gump, versión ciclista.

Y se dio la vuelta para seguir conmigo, y llegué arriba con un enorme interrogante en la cara. ¿y ahora qué? Ahora para abajo que hace viento.

Y lo que me costó una eternidad subir... lo bajamos sin enterarnos, y al cabo de un rato todo había sido como un sueño confuso, del que guardo tres fotos.


Superbagneres lo subí en coche, que es una forma muy relajada de subir puertos.
Él lo subió en bici. Y todos contentos.

El domingo pasé olímpicamente de la bici y me fui a hacer una rodadita solitaria y tranquila por los alrededores del Saut deth Pish. Siete kilometrillos para que no se diga que una es una perezosa.


15 de septiembre de 2011

TMB y V: de Champex a Les Houches

Salimos de Champex casi huyendo de allí. Viva la Suiza neutral, como cantaba Aute en el 76.
En algunos supermercados de la suiza neutral ocurre lo siguiente:
Supongamos que una lata de atún marca, por ejemplo, "2".
¿2 qué? Pues DOS francos suizos o DOS Euros, lo que a usted mejor le venga. Dos francos suizos son 1,6 euros. Pero si usted no tiene francos suizos, y va a pagar con euros, pues para usted la lata de atún suizo costará 2 euros. Pero ocurre que no se aceptan monedas, con lo que, como mínimo, usted, y yo, deberemos pagar con un billete de 5 euros. Como ellos no tienen monedas sueltas de euro, le devolverán en francos suizos. ¿cuántos francos suizos? pues lógicamente 5-2= 3 francos suizos, que al cambio son 2,40 euros. Con lo que la dichosa lata de atún, bonito del norte en el mejor de los casos, termina costándole a usted, y a mi, 5-2,40=2,60 euros. O lo que es lo mismo, 3,15 Francos suizos.
Para todo lo demás, mastercard.

Lo primero que vimos al salir de Champex fue un estupendo y bonito refugio metido entre árboles. En fin, no estuvo tan mal el camping. Luego comenzaba la ascensión a Bovine, remontando un río, una cascada, en un duro zigzag que me pareció una de las partes más bonitas del Tour. Allí saqué la última foto del día. Adios a esas pilas, a las otras pilas, a la cámara del movil y al cargador. En los Alpes y sin sacar fotos.
En Bovine sí hay refugio. Refugio con camas, tartas de buena pinta y unas chicas poco amigables.
En La Forclaz intentamos comprar pilas, mas sólo vendían sanbernardos de peluche.
No sé en qué momento decidimos no subir Catogne, pero en lugar de eso decidimos rodear por el fondo del valle, y nos vimos de pronto andando por una carretera en la que, a ratos, aparecía alguna señal del UTMB o de la CCC. Echando una mirada al mapa tuvimos a bien buscar Les Esserts y la frontera con Francia. Y lo encontramos gracias a una señora amable con perro, que nos indicó amablemente el camino. De esta manera llegamos a Vallorcine, y de ahí, tras andar un poco más, al coll des Montets. A esas alturas ya sabíamos que no era apropiado, ni prudente, dedicarnos a subir Tête aux vents, así que bajaríamos a Agentiere, y allí tomaríamos un estupendo y cómodo tren hasta Les Houches.
Con esa idea en la cabeza reemprendía Oscar el camino, mientras yo contaba algunos pasos y sacaba algunas cuentas sin dejar de maldecir el no poder sacar ni una foto. Adiós a mi memoria.
En Argentiere había tren. Y supermercado. Y una oficina de turismo en la cual me aseguraron que existía un camino que conducía fácilmente hasta Chamonix.
El glaciar des Bossons se veía tan cerca, tanto. Era tan triste coger un tren a esas alturas, cuando estábamos tan cerca...
Óscar se levantó del banco de la estación de tren y se fue hacia el camino indicado.
Seguíamos.

El camino no era hacia abajo, pero tampoco era duro. Iba cerca de las vías del tren, unos metros más arriba, sumergido en un precioso bosque encantado, con sus árboles con musgo, sus piedras redondas, sus sombras y sus luces.

Llegamos a Chamonix descartando los mil caminos que conducían a La Flegère, cuando ya anochecía. Recorrimos brevemente el pueblo, que comenzaba a recogerse, y seguimos por el camino hacia Les Houches, ya con el frontal encendido.
Ya no hablábamos y Roma se había convertido en dos extraños puntos verdes que nos esperaban en cada curva.
Un rato más tarde, llegábamos al teleférico de Les Houches, y a la furgoneta. Y al final del Tour. De la penúltima piedra.

54,55 kilómetros, 13 horas 20 minutos. Y tanta, tanta belleza...


14 de septiembre de 2011

TMBIV: del Refugio Elena a Champex

El Rifugio Elena estaba a 2061 metros de altitud, cerca - cerquísima del Grand Col Ferret (2537 msnm), esto es, el paso que separa, o que une, como quiera usted pensarlo, Italia y Suiza. El cantón suizo de Valais, para ser más exactos.
Salimos con una mañana preciosa y clara que nos dejaba ver lo que nos esperaba sin ningún tapujo. Poco a poco fuimos todos abandonando el refugio y poniéndonos en marcha. Allá arriba andaban los ciclistas con sus bicis colgadas del cuello subiendo más rápido que nosotros, que nos íbamos encantando en cada paso y parando una y otra vez a quitarnos y ponernos ropa.
Coronamos, y entonces entendimos porqué los ciclistas andaban tan contentos aún con la bici al cuello: una perfecta pista bajaba rápida hasta el fondo del valle, donde no alcanzaba la vista
.
Mientras nosotros aún andábamos allá arriba con nuestros problemas de buffes, manguitos y cortavientos, aquellos debían estar ya tomando un carajillo (versión suiza- o sea, carísimo) en algún bonito (y carísimo) refugio suizo.
Desde allí, una tabla de orientación nos mostraba la dirección de Cervino


y Monte Rosa.

Esa no es la cara más conocida del Cervino (Matterhorn), aún así es un sueño estar tan cerca. Y tan lejos.

Bajamos por la pista por la que desaparecieron los ciclistas y, tras una larga bajada, llegamos a La Fouly, primer pueblo de la Val Ferret y tierra de San Bernardos.


Es de ensueño. De cuento.
Siguiendo el curso del río, avanzamos durante varias horas sin apenas tomar altura, atravesando pequeños pueblos que se andaban ya preparando para la llegada del invierno, con sus leñeras atestadas: Praz- de - Fort, Les Arlaches, Issert...

Nos separamos del río para adentrarnos en el Forêt Voutaz y seguir la senda de los Champiñones, sembrada de esculturas más o menos realistas de fauna y flora: ardillas de extrañas colas, marmotas con cubiertos, cabras y cabritas...

Tras una pequeña ascensión, llegamos a Champex-Lac. Enorme lago demasiado rodeado de construcciones. Demasiado Suiza.

En este punto estábamos algo desorientados, el próximo refugio lo indicaban muy lejos de allí, en el Col de La Balme. Podíamos arriesgarnos y seguir o... no hacerlo.
Y eso hicimos: no hacerlo. Así que quedó la etapa finalizada en un camping de Champex, a 31,45 km del punto de partida. +1357m, -1655m de desnivel.

12 de septiembre de 2011

TMBIII: del Refugio Elisabetta al Refugio Elena

Salimos del Refugio con una leve lluvia, y con Roma, vestida para la ocasión, siendo el centro de atención de todas las miradas. Desde la terraza, podía verse todo aquel valle que podía ser un resumen -algo austero- de lo que habíamos venido a buscar: montaña.
Amplitud, quizá. Comenzamos el descenso y, de pronto, nos dimos cuenta de
que quizá estuviéramos viendo algo que no volveríamos a ver nunca, y es que el arcoíris rodeaba el refugio, apareciendo entre las montañas, sobre el glaciar que se hacía cascada, entre la niebla. En ese momento una no tiene más remedio que parar y observar, y acto seguido fotografiar una y otra vez, para intentar compartirlo en ese mismo instante, o en otro. Aunque allí bien que lo compartíamos con los que, poco a poco, iban emprendiendo su marcha diaria. Uno tras otro se paraban y exclamaban lo que fuera en su idioma.

El Lac Combal me resulta algo decepcionante, no sé si está seco o es que es simplemente eso.
Luego, siguiendo primero una faja, y más tarde una pista, llegamos al Col Chécrouit, que resultó ser parte, por lo visto, de unas pistas de esquí con teleférico y todo. Allí discutimos si hacia allá o hacia acá y finalmente tomamos la senda que indicaba "Dolonne", ya que indicaba nuestro estupendo mapa ( consejo de Manoli, qué buena elección) que Dolonne estaba justo antes de Courmayeur.
El descenso fue rápido, en un zig zag bastante violento que bajaba una ladera muy empinada. De ahí que haya un teleférico para salvarla.
En Courmayeur conocimos a la versión italiana de mi vecina, la que habla con el gato y me asegura que mi gato no mira como gato sino como persona. Descanso tranquilo, y continuamos, que debemos remediar un poco el escaqueo de la etapa del día anterior.
La salida de Courmayeur me parece una cosa infernalmente dura, no me cabe en la cabeza tener que afrontar semejante subida por carretera en aquel punto del UTMB, y tampoco que sea el comienzo de una carrera de 98 km. En estos pensamientos estábamos cuando llegamos a la senda que nos desviaría al Refugio Bertone: hemos subido desde los 1350m a los 2000 en tres kilómetros, tres. A unos dos y pico kilómetros por hora, no puede decirse que nos estemos matando por recuperar el tiempo perdido. De hecho me parece que el tiempo por allá arriba nunca es perdido.
Tras el Bertone, seguimos por una faja que, sobre la misma curva de nivel, nos conduce hasta el Refugio Bonatti. Bonatti de Walter Bonatti, que lo inauguró y que fallecía este mismo septiembre.
Seguimos contentos, eufóricos por la maravillosa sensación que nos regala estar tanto tiempo andando a dosmil metros, con un cielo claro y azul, cruzando pequeñas cascadas por un sendero más cómodo de lo que una podía desear.

Creo que bajar allá, porque ese barranco es infranqueable.
No creo
Que sí
Que no creo
Pues era que sí, Arnouva estaba 200 metros más abajo, a un kilómetro de allí, lo que quería decir que teníamos que bajar para volver a subir hasta los 2000 metros en el kilómetro siguiente.
¡¡gruñ grun gruñ!! dijo ella.
¡¡GRUÑ GRUÑ GRUÑ!! respondió él, airado.
Y entre gruñidos alcanzamos de nuevo los dosmil metros, y con ellos, nuestro Refugio Elena y fin de etapa.

38,5 kilómetros. Casi once horas que incluye una larguísima parada en Courmayeur. +2333m, -2367m.

11 de septiembre de 2011

TMBII: del col de la Croix du Bonhomme al Refugio Elisabetta



Desde el refugio la vista era espectacular también por la mañana, o por lo menos pudimos apreciarla un poco más estando descansados y secos. Comenzamos la bajada cruzándonos con varios (muchos) trailers, corredores, que venían en sentido contrario: Bon Jour, Bon Jour.

Pronto habíamos llegado a Les Chapieux, lo que nos hizo pensar que quizá hubiera sido mejor haber continuado hasta allí el día anterior, pero, esas divagaciones, como tantas otras, ya no tenían sentido. Continuamos andando por una carretera a cierta altura sobre el fondo del valle, mientras Roma marmoteaba por aquí y por allá: marmotas arriba: perra arriba. Marmotas abajo: perra abajo. Y arriba y abajo a veces eran allá arriba y allá abajo. Saldo de marmotas capturadas: cero patatero.
Esa carretera, podría ser una bonita etapa para hacer en bicicleta (Por ejemplo, ésta), nos condujo cómodamente hasta la Ville des glaciers, conjunto de granjas en las que se fabrica queso Beaufort. Qué hambre. Parada a comer.
Comenzamos entonces la subida hacia el Col de la Seigne, frontera natural con Italia. Poco a poco la senda se endurece y, a medida que subimos, la niebla nos va engullendo hasta el punto de que Oscar y Roma sólo eran dos sombras frías delante de mi. Roma se moja, llora. Nosotros no lloramos, somos adultos consecuentes, pero bajamos sin demora intentando escapar de aquella nube. En mitad de la bajada encontramos un centro de interpretación y un abrigo para caminantes. Allí nos dejan entrar a los tres, y allí ellos se calientan y yo me enfrío. Al poco rato de salir me doy cuenta de que he agotado todo mi calor corporal, así que la bonita bajada se torna en la bajada de las narices.
Dos kilómetros más adelante, ya en el valle de Aosta, encontramos el Refugio Elisabetta (2195m)
Era la una y media. Hora de comer.
-¿paramos a comer?
-no sé...
-Un vinito
-vaya, o dos. Pero si paramos no seguiremos...

Un plato de polenta con embutido y un plato de embutidos y quesos variados. Y una jarra de vino. Y tras aquello yo pensaba que lo que más me apetecía era quedarme sentada frente a aquel vino viendo como crecían las flores de la ventana. No era día de seguir, así que eso hicimos: parar.

22km. 5Horas y media. +1080m - 1381m.



10 de septiembre de 2011

TMB I: De Les Houches a Le col de la croix du Bon homme

Un cargador de pilas, un cargador solar, un cargador eléctrico. Electro-dependencia. Sin electricidad no hay fotos. Sin fotos sólo queda el recuerdo trastocado por lo que hueles, por lo que notas en los pies, por el aire en la nuca, por el cansancio... No es el mismo Arco Iris sobre el glaciar, ni la misma puesta de sol. Ni el mismo Cervino asomando tras aquel circo. Aquellos que vi eran otros, y eran sólo míos. Los de las fotos son simples imitaciones, casi in-reflejos. No consigo captar nada más. Es imposible, hay que olerlo.
Y sin embargo, aún siendo tan poco fieles, necesito intentar guardarlos, compartirlos, contarlos.

Salimos los dos humanos y el perro (la perra) de Les Houches a las 8 de la mañana, no hemos empezado y ya llevamos dos horitas de retraso, no está mal. Comenzamos subiendo, subiendo bastante por pista hasta el Col de Voza y hasta ciertas pistas de esquí, donde recuerdo que el año pasado, durante el triste UTMB, paré a ponerme o quitarme el chubasquero por enésima vez. Esta vez no hace falta chubasquero: luce el sol y las ovejas y cerdos pastan despreocupados tras sus cercas. Por mi parte, nunca había visto cerdos pastar.
Bajada pronunciada por las pistas de esquí y pronto estamos en Sant Gervais, el pequeño pueblo donde el año pasado terminó El Sueño.
Desde Sant Gervais tomamos un precioso sendero fluvial por el que llegamos a Les Contamines, y desde el que emprendemos el camino hacia Nôtre Dame de la Gorge.
Nuestra Señora de la Garganta. Atravesamos un parque precioso, cuidado, donde el ayuntamiento, o quien sea, ha sabido aprovechar cada juego de la naturaleza para crear pequeños rincones donde practicar diferentes deportes: allá se escala, allá se pesca. Allá puede montarse a caballo y aquí delante practicar tiro con arco. Y el camino, el camino puedes hacerlo corriendo, o en bicicleta, esquiando o en raquetas. Al final, el destino es el mismo: Nôtre Dame de la Gorge.

Roma corre como loca, y por allí encontramos a varias decenas de personas de excursión. Abajo, un gran cartel de madera nos indica el estado de los refugios más próximos: La Balme, Les Mottes, Le Croix de Bonhomme.

Parece que en ese punto acaba una etapa, así me siento yo.
Además, comienza a chispear. Quizá empiece lo bueno.
Comenzamos a subir por un sendero de piedra que va remontando el río (le Bon Nant) y rápidamente vamos ganando altura. El terreno empieza a dejar de parecerme ciclable, va desapareciendo el precioso bosque donde habíamos estado metidos y aparece el espectáculo de la altura: pura piedra, niebla, valles profundos.
Llueve algo más intensamente cuando llegamos al Col du Bonhomme (2329m). Túmulos y montones de piedras, y nosotros, profanos, ni una canica dejamos a nuestro paso. Y es que allí, en el Plan de Les Dames, bajo aquella montaña de piedra, yacen enterradas una gran señora junto a su criada, que murieron de frío cuando volvían a Francia desde Italia, al verse, de improviso, envueltas en una niebla densa y fría. Casi como la que nos envolvía a nosotros, vamos.


La caseta del Col du Bonhomme nos llamaba como sirena. Un abrigo en mitad de la nada. Paramos y, tras comer algo, continuamos por un camino que continúa lo anterior, entre piedras y tierra, pequeñas cimas, colladitos. Hasta que llegamos al Refugio de la Col de la Croix du Bonhomme justo cuando empezaban a dar la cena. Afortunadamente había sitio y Roma también tendría un lugar caliente donde pasar la noche.
Cuando uno tiene frío se vuelve políglota. Al poco rato y sin cambiar estábamos ante un estupendo plato de polenta y unos vinos. Fríos a mi. O nieblas, o tempestades.
Y el queso. ¿ambulancia? Ambulancia no, hombre, Abundancia. Abondance.

40, 31 km. 11 horas con todo incluído. +2787 m, -1300 m.

4 de septiembre de 2010

De Alicias y Heidis. (evadiéndome)

Después de la depresión post-NO-UTMB, o bueno, más bien durante la depresión NO-UTMB (utembé, se pronuncia eso) , resultaba que seguíamos en Chamonix, compuestos y sin novio ni carrera que hacer, que es mucho más trágico. Desestimamos, por temas logísticos y cabreo monumental, la posibilidad de participar en la repesca que montó la organización al día siguiente, así que allí estaba yo, con mi habitual hiperactividad, mirando al cielo e intentando reorganizarme el viaje.

Y, de todas las cosas maravillosas que se podían hacer allí, lo único que se me ocurría era repetir los recorridos hechos en remonte mecánico, pero a pie.
Así que el domingo salí rumbo a la mer de glace. Bueno, realmente salí, a secas. Y salí sin agua ni mochila, con la idea de hacer una rodadita de una hora para eliminar tensiones y ganas de asesinar. En el parque de las ardillas encuentro varios carteles que indican varias direcciones: unos conducen a la mer de glace y otros llevan a otro lugar. Como esos lugares, cuyo nombre lamentablemente no recuerdo, no los conocía, decidí continuar hacia ellos. Y el sendero escogido me adentró en un precioso y húmedo bosque lleno de setas y raíces enredadas, musgo, hojas y olor a tierra. Tras algunos cruces de caminos, decidí dar la vuelta y tomar el camino de la mer de glace, que parecía estar bastante más marcado.
Y entonces me encuentro un nuevo cruce con dos vías para llegar al mismo lugar. Opto por el de arriba, por eso de que si va hacia arriba, dará menos vueltas. Vaya razonamientos que hago a veces. Troto por el camino, y pronto éste se hace senda, serpenteante y ascendente, en la cual coincidimos varias personas con cara de querer matar a alguien y con un correr bastante ansioso. Se nos va la vida en esta subida. Y de repente, un bar. O una casita-cafetería. Ahí en medio, en un cruce de caminos. Supongo que para que el caminante decida su destino ante un café au lait o unos crêpes dulces. Eso es Caillet. Dudo unos instante si continuar hasta "la mer de glace", investigar hacia "les bois" o regresar a Chamonix dando media vuelta, que, teniendo en cuenta que no había cogido comida ni agua, me pareció la opción más razonable. Y así terminó la investigación y comenzo el retorno a casa.
Quince kiómetros y algo, dos horas cinco, mil positivos.

El lunes 30 amanecía de nuevo lloviendo y con nieve nueva en las cumbre que rodean Chamonix. Con esa perspectiva tenía poco sentido llamar a la familia veloz para hacer cualquier cosa, así que me tomo la mañana con calma. A mediodía se estará más cómodo. Y salgo a las doce, esta vez equipada con agua, algo de comer, chubasquero bueno... Y esta vez tomo el camino que conduce a "Montenvers, mer de glace per les Mottets".
Se trata de una pista ascendente que bordea alegre una ladera que termina abajo en el valle, y que está señalizada con un punto rojo que puede que sea del Tour del Mont Blanc.
Setas por aquí, setas por allá. Setas de todo tipo. Lástima que sólo conozco el robellón y la amanita muscaria.
De pronto, una bandera Suiza que no quiere decir que estemos en Suiza. Se me ocurre que pueda ser algún tipo de reivindicación nacionalista, al estilo del Foreigner you are not in Spain, welcome to the Basque Country pero me temo que eso se me ha ocurrido por el poder de la costumbre.
Junto a la bandera, pasamanos y escalones, y, una vez superados, aparecía una curiosa cabaña de madera, con flores en las ventanas, jardineras colgantes y una inexplicable fuente... Me sentí, seguramente, como Alicia a través del espejo.
Frente a la casita, el Dru.

Ahí, magnífico y majestuoso, con la cima oculta entre nubes. Por esa cara es totalmente magnético.
Me despego de la visión y continúo el camino, que alguien ha equipado a tramos, supongo que para no complicar demasiado la vida a los caminantes invernales, así que se van sucediendo escalones (pedales) clavados en la roca, escaleras de mano, cadenas... Y llega un nuevo camino que elegir, podría ir directamente hasta mer de glace, o dar un rodeo y ver el viaducto del tren de Montenvers. Y eso me parece la mejor opción, todo por alargar esto todo lo posible.
A todas esto el tiempo estaba ideal, llovía a ratos y a esas alturas, sobre los 1800 msnm, se sentía algo de frío. Lo más sorprendente del viaducto era la pendiente, teniendo en cuenta que es un paso de ferrocarril, por más que éste sea un tren cremallera
.Y ya estoy en la estación de Mer de Glace. Me parece que voy a subir hasta Le Signal Forbes. El camino está muy bien marcado, es una senda que se va volviendo más y más pedregosa a medida que gana altura, y que termina en una cumbre, que por accesible ha sido relegada a mirador. 2204 metros. Las vistas son espectaculares a pesar de la niebla, y de pronto...nieve. Nieve que no termina de cuajar, pero nieve. No es un buen día para seguir hasta plan de l'aiguille, creo que el teleférico está cerrado por mal tiempo y debería volver por el mismo sitio, no tengo tanto rato, a fin de cuentas nos vamos hoy...
Bajo y regreso casi por mis pasos, a trote alegre bajo la lluvia. 23 kilómetros y pico, con unos 1200 positivos. Cuatro horitas.
Tengo que volver.

31 de agosto de 2010

Plantada en el altar (UTMB 2010)

Oye...pues al final no fue para tanto ¿no?

Llevábamos ya unos días en Chamonix descubriendo las maravillas del lugar: el mar de glace, la aiguille du midi (en teleférico para no cansarnos, que el viernes por la tarde empezaba el fregao), y los gin tonics rebajaditos. Muy rebajaditos, y no me refiero al precio.

Habían pasado dos días soleados y estupendos, quizá con demasiado calor... Pero la previsión para el fin de semana no era nada halagüeña: runners agolpados a todas horas en las farmacias leían preocupados la predicción de tiempo, actualizada a ratitos. Pintaba mal, así que, distribuídos por Chamonix, comenzamos la búsqueda de ponchos y cubremochilas. En Chamonix hace falta un chino. A esas horas estaba casi todo agotado, aún así, Rubens y yo conseguimos un par de cubremochilas (a plastic to put over the bag, for the rain - esto son años de escuela de idiomas-) un poco grandes.
Y a dormir.
Viernes 5:00AM . SMS de la organización:
Attention, conditions météos prévues durant la course : pluie, vent et froid.Prévoyez le matériel nécessaire.
Attention, weather conditions planned during the race: rain, wind and cold.Provide the necessary equipment.
Para los de la CCC, que salían un rato más tarde, esa información era útil. A los del UTMB, sin embargo, poco nos importaba conocer semejantes datos a semejantes horas, salíamos a las 18:30 y lo que debíamos estar haciendo a esas horas era dormir y descansar. Gracias, señora Poletti por crearme ansiedad innecesaria. Sumamente innecesaria, vistos los acontecimientos posteriores.

A las 9:00AM Xavier me daba los últimos consejos vía FB, y un rato más tarde salía a hacer algunas compras de última hora. El día estaba absolutamente gris y llovía con, a ratos, bastante intensidad. Algún rayo, algún trueno....algún participante de la CCC que no llegó a salir. Entonces encontré el "chino de montaña" : Technique Extreme. Allí pude conseguir ponchos para los veloces y para mi, unos guantes para tener unos secos en Courmayeur y otro plastic to put over de bag, éste, más pequeño.

Me estoy extendiendo en estas cosas porque la crónica de la carrera va a ser... más bien corta.

A las cuatro y pico me encuentro con Miguel en una calle abarrotada, que ya es casualidad: vamos a dejar las bolsas al poli. En ese momento no llueve, la predicción decía que llovería a las 18:00. Estamos Ximo, Irene, Miguel y yo. Nos unimos a Diego, Ana, Victoria. No he traido el poncho. ¿¿no has traido el poncho?? no ¿pero se te ha olvidado? no...lo vi...y dije ¿pa qué?.


Lo de la salida del UTMB es una cosa indescriptible, y no es por la cantidad de gente, que también, ni por nuestras caras. La música de Vangelis, nos anuncia que conquistaremos el paraíso. Pero antes los himnos, el italiano, el suizo, el francés...
Nos deseamos suerte, nos besamos. Todo un protocolo que hace que una ya tenga la piel de gallina. Empieza a llover, salimos. Un poncho en el suelo, Ximo me lo da. Hoy es mi día de suerte, seguro.


Vamos recorriendo las calles de Chamonix entre aplausos, gritos de ánimo, Venga esa española! Banderas por todas partes, suizas, italianas, portuguesas, españolas...
El primer problema que he de afrontar es llegar a tiempo al primer control de paso, situado el el km31. Es algo restrictivo y he de ponerme las pilas, me coloco junto a Victoria y vamos avanzando rápidamente. Llueve. Cada vez llueve más, no entiendo el mecanismo del poncho así que , tras mucho pensar, opto por parar y ponerme el chubasquero. Qué calor siento en un rato. Paso por Les Houches bien de tiempo, me encuentro con Irene y Miguel pero pronto los pierdo en el comienzo de la subida a Delevret. Tengo que parar a quitarme el chubasquero, me aso.
Subimos.
La verdad es que no me encuentro del todo bien, no me gusta demasiado la mochila que llevo y está empezando a llover de nuevo. Además me cuesta respirar. Podría ser la altura, sin embargo, el otro día en el Mer de Glace me sentía tan bien... No tengo más remedio que ir algo más despacio.
Anochece, paro a ponerme de nuevo el chubasquero y me mentalizo de que sea como sea debo llegar a tiempo a ese control. Esa es mi carrera. Pesadamente, llego al punto más alto y comienzo la bajada, es una lástima que esté tan embarrada, resbala bastante y no podré recuperar todo lo que podría. Aún así, adelanto a varios que me dejaron atrás en la subida.
De pronto, un hombre en mitad de un oscuro camino me dice: "c'est finie"
c'est finie qué? ¿cause... the time?.. miro la hora y bueno, hay margen, no estoy fuera de ningún control.
Una mujer a la que también habían parado indica "no, because the weather"
Miro al cielo, saco la mano...chispea. ¿the weather? ¿qué le pasa al weather? Estoy allí unos minutos algo aturdida y decido seguir, no vaya a ser que sea una bromita y yo ahí perdiendo el tiempo. Pero delante de mi hay ya mucha gente andando, gente que viene en sentido contrario. Caras raras.
En Saint Gervais todo el mundo habla por teléfono, o en corros. Es verdad que se ha acabado.
¿y ahora qué hago yo con este poncho?


Sólo nos queda llorar. Hemos hecho 21 kilómetros.
Al principio la explicación oficial era confusa: un desprendimiento en el km60, vientos huracanados, frío, barranco que se desbordaban allá por el final de la CCC. ¿no sería que se estaba acabando el mundo?. O quizá fue una confabulación con los fabricantes de ponchos...
A mi , de nuevo, sólo me queda llorar. Íbamos a intentar conquistar el paraiso, y no pescamos ni un resfriado.

Y no voy a hablar de un año perdido ni nada por el estilo, porque lo mucho o poco que he hecho este año lo hubiera hecho igual. Pero esta carrera tenía que ser especial, una especie de fin de etapa de algo, o de comienzo de otra cosa... Misticismos de fin de verano, de finales de tercera década.





Y estoy de esta musiquita hasta las narices...

5 de abril de 2010

/tul'us/ (y le canal du midi) O como ganar dos kilos en cuatro días.

La historia de este viaje empezó hace casi tres años, en la habitación de huéspedes más cara, más cutre y más inundada de todo el Puerto de Ibiza. Con las bicis candadas en la calle, la ropa medio mojada, y después de haber tratado con una serie de personas y personajes, al fin teníamos sitio para dormir. En la oscuridad, mi mano choca con un pequeño objeto que no sé de dónde ha caído.
Vaya, perece la luz de Patry... Patry, esto es tu lus?. Se hizo un silencio. ¿qué? Esta chica está sobada....que si ¿esto es tu lus? Otro silencio más terrible que el anterior.
Nere...¡¡esto es Ibiza!!

Desde luego no estábamos en Toulouse, aquello era su faro de la bici, y mi seseo nos dejó unas risas que se han prolongado por años.

El martes decidimos que el jueves estaríamos en Toulouse, que, siendo la Ciudad Rosa, es un lugar más que apropiado para pasar la Semana Santa. Siguiendo el hilo surrealista de la circunstancia.

El Jueves nos despertamos en un F1 de Pau, pero me parece que ni siquiera estábamos muy seguras de eso. De todas maneras, no era relevante, ya era de día. De día no importa donde esté una, al final siempre llega dónde quiere llegar. Y así fue.
La primera percepción que tuve de Toulouse fue más gris que rosada. Sería por el día, lluvioso. O por la aglomeración. Encontramos el Capitole, chapurreamos una mezcla de castellano, francés e ingles y finalmente decidimos que era tarde para empezar a pedalear y que nos iríamos a Carcasonne.
Porque, se me había olvidado comentar que, a pesar de que la finalidad de este viaje era, simplemente, conocer Toulouse, teníamos la idea de pedalear por el Canal du midi desde allí hasta la costa mediterránea, siguiendo la vía verde y los senderos que lo bordean.

En Carcasonne hicimos el descubrimiento del viaje. Resultó que todos los caminos llevaban a "La Cité" y resultó que la Cité era una ciudad medieval amurallada, patrimonio de la humanidad por la Unesco. "la Ciudadela de Carcasona". Y nosotras con nuestras bicis en el coche, allí plantadas ante semejante barbaridad.
Después tocaba buscar alojamiento, que estando en una ciudad tomada por españoles pascueros, parecía a priori complicado, pero no lo fue tanto.

El viernes ya tocaba hacer algo un poco más movidito, así que con alforjas (yo) y con mochila tamaño familiar (ella) comenzamos a pedalear. Nada más comenzar conocimos a tres alavesas ciclantes que tenían un plan parecido al nuestro, suponiendo que nosotras hubiéramos tenido un plan. Ni plan ni mapa. Ni certeza de cuántos kilómetros teníamos por delante.
El paisaje era idílico. El canal con sus barquitos de recreo, los árboles en cada orilla, las ramitas en el camino en constante llaneo... Era tan bonito que Patry decidió parar cada cinco kilómetros. Puede que no fuera por la belleza del paisaje, sino porque cada cinco kilómetros era necesario inflar de nuevo su rueda delantera, la cual, tres cámaras cambiadas más tarde, revisadas la llanta y la cubierta, nunca supimos arreglar. Momentos patrocinados por Rubens, dueño legítimo de nuestro único hinchador.
Pedaleando llegamos a Trebes. ¿almorzamos? faltaría más.
De Trebes a Marseillette. De Marseillette a Puichèric. ¿comemos? Faltaría más. Y también, un café avec un peu du lait. Prometo no hablar de la letrina que me encontré tras la puerta que rezaba "toilette".
De Puichèric a Homps. ¿merendamos? por supuesto.
De Homps a Argent Minevois.
De Argent Minevois a Lèzignan-Corbiéres.
Qué raro, es de día y ya tenemos sitio donde pasar la noche. Y donde cenar, por supuesto. Quatre crêpes, s'il vous plaît.
El sábado amaneció triste. Casi lluvioso, y la rueda, totalmente deshinchada. Decidimos llegar a Narbonne por carretera. Patry mete la directa, y allí llegamos. En total hemos pedaleado la friolera de 75 km. Estamos hechas unas cracks de la bicicleta. En fin...
Por la noche ya estábamos de vuelta en Toulouse, donde escribimos una nueva página del futuro libro "Trucos para disimular el glamour".
El domingo teníamos un plan. Otra vez. Operación diezmil. Habíamos visto un cartel de un diezmil pegado por la ciudad, y Rubens amablemente nos había buscado el punto de salida, que casualmente estaba cerca de nuestro F1. Hasta nos habíamos comprado un pantalón de correr la tarde de antes. Lástima que llovía a cántaros, pero, de todas maneras, iba a ser una buena formal de ver Toulouse en una hora...Si no fuera porque el circuito era a dos vueltas.
De todas maneras estuvo genial, diez kilómetros al ritmito (mío, claro está) con Patry por allí, desahogada, grabando momentazos, y al final 54 minutos con un montón de segundos, que hasta poco me parece para ir como íbamos. Y con una rosa nos recibieron en el estadio.
Qué lástima que el viaje haya sido tan corto. Seguiremos inventando.

Hoy es Lunes. Y mañana Martes. Y sigo de vacaciones.