17 de mayo de 2012
Castellón - Penyagolosa: la 115. (y II)
16 de mayo de 2012
Castellón - Penyagolosa: la 115. (I)

26 de mayo de 2010
De Puerto a Puerto, un año más tarde.

3 de mayo de 2010
de Riudoms, la mola y otras paredes.

Efectivamente poco tardo en perder la rueda de Julia y sus amigos, que era una cuestión presentida y acordada. Voy parando a respirar mientras dejo pasar a los que llevo detrás, educadamente. Y poco a poco llego a arriba. O a lo que yo pensaba que era arriba, porque detrás de esta subida, venía otra aún peor que sólo se veía cuando una ya estaba, hígado en mano, en el punto en que yo me encontraba.
No quedaba más remedio que subir, y ahora ya me pasan por ambos lados sin que ni siquiera tenga que parar (más), pero valió la pena el esfuerzo, porque desde allá arriba se tiene una preciosa panorámica, de mar y montaña, Mediterráneo, Montsant y Priorat.
Y comienza una nueva bajada, que enfilo optimista, porque eso es lo último que se pierde, después incluso que la esperanza, porque esperanza de reencontrar a Julia ya no tenía, pero seguía optimista para los veintipico kilómetros que aún quedaban....
Tras la bajada, como no, una nueva subida, hacia la ermita de la Virgen de la Roca. Y esta me recuerda terriblemente a la subida al Alto del Señor, en Alfondeguilla. Ese monte bajo, ese matorral, esa pendiente...Pero cuando una llega arriba, se olvida de todo lo malo, y anda sobre la piedra rodena y lisa rumbo al santuario, dejando lo de abajo tan lejos...Creo que es una especie de posesión, o que llevo un buen rato andando y las endorfinas me están haciendo una jugarreta. En todo caso, paso entre cuerdas y escaladores y bajo por la escalera tallada en roca alegremente. Y allá abajo me encuentro a Julia y sus amigos, que acaban de pegarse un almuerzo del quince, con café y todo. Continúan ellos su ruta y yo decido no entretenerme demasiado, que esas comidas copiosas a mitad de camino no suelen hacerme ningún favor, con lo que vuelvo a tomar cocacola, y sigo. Y al poco rato, ya estamos todos juntos.
La cosa es que el resto del camino era realmente horrible. Y llano. Y asfaltado. Y decidimos trotar a ratos, pero a ratos ni de eso teníamos ganas. El olor a cerdo nos dejó fritas un rato y otro rato estuve empeñada en que alguien debía bailar una sardana. Demasiado calor.
Y al final llegamos. 52 kilómetros, 1500 metros positivos, 1500 metros negativos. 8 horas y 46 minutos. Y muchas risas y algunos dolores.
Y el miércoles, otro racó de Farol.
9 de febrero de 2010
La vuelta (GR36-GR7-GR33) y IV"
6 de febrero de 2010
La vuelta (GR36-GR7-GR33) III
5 de febrero de 2010
La vuelta (GR36-GR7-GR33) II
4 de febrero de 2010
La vuelta (GR36-GR7-GR33) I
18 de enero de 2010
GR10-Xtrem. Donde cristo perdió el Gorro.

27 de septiembre de 2009
Alfondeguilla-Javalambre. cuerpo,mente,alma,sueño...

3 de agosto de 2009
Ultra trail del aneto. De escobas y tormentas.

Si algo puede salir mal, saldrá mal. Salvo excepciones. Esta es una de ellas.
Ultra trail del Aneto.
Al principio (y principio, en estos casos, son unos 10-12km) todo era normal, ocupaba mi posición natural y avanzaba tranquilamente. Luego vino la pajarilla: las lucecitas y el leve mareo que me costaron media horita entre unas cosas y otras. Entre eso y que no había quien bebiera de la bolsa de agua. Pero ambas cosas las solucioné sin darles demasiada importancia. A la presa de Llauset llegué de las últimas pero bien de tiempo y con buena cara. Allí me encontré con unos relajados Irene y Miguel, que, tras algunos contratiempos, también se tomaban la vida con filosofía.
Tocaba volver por el mismo camino, no parecía tener pérdida.
Pero el viento poca cosa buena auguraba, el grupito de tres de delante había desaparecido y los compañeros con los que iba haciendo la goma en la ida se habían quedado en su mayor parte, en el control. Yo seguía, de hito en hito, de piedra en piedra. El valle de Vallibierna es un enorme pedregal. Se iba oscureciendo el sol a medida que progresaba. No pasa nada.
Miraba al cielo, y a mi alrededor. Nadie. Absolutamente nadie. Aquellos a los que llevaba a vista habían desaparecido. Por un momento me arrepiento de meterme sola en estos fregaos. Llueve un poco. Avanzo por el valle trepando, destrepando y saltando. Me da la sensación de que se está haciendo de noche. Se escuchan truenos lejanos. Van creciendo el viento, la oscuridad y la sensación de estar sola en mitad de todo aquello. Se complica. Empieza a granizar. Otra vez. Otra vez no. Las manos heladas, otra vez. Pero esta vez las necesito para salir de allí, tengo que seguir trepando y destrepando (lo de saltar no es preciso) y no puedo mover los dedos. [modo tragedia griega ON] Se han acabado mis años de suerte. Quiero una manta. Me tengo que cambiar de ropa. Que escampe…que escampe ya…no puedo seguir… [modo tragedia griega OFF]
De pronto entra en acción mi yo inmortal, que grita, ¡¡tormentas a mi!! ( quizá fue un poco menos impetuoso, no estaba el horno para bollos…)….pero bueno, en todo caso decidimos (mi yo inmortal y yo) seguir avanzando y llegar lo antes posible al collado. Mientras, pienso que tal vez se hace de noche, y vuelve el viento, y graniza de nuevo. Y otra vez más.
En lo alto del collado encuentro, por fin, seres humanos bajo un toldito semi-improvisado. ¿estás bien? Estoy bien, sí. Eso parece. ¿cuánto quedará hasta Coronas? Pues…unas dos horas y media. ¿lo dejas allí? No, no…si para la tormenta y me seco, no. ¿puedes bajar? Sí, sí…
La suerte de todo esto es que la lluvia compactó la tierra suelta pero no hizo que las piedras resbalaran más que antes. Así que bajé aquella pedrera fácilmente, y llegué a una de las conclusiones de la jornada: “para que algo deje de darte miedo, sólo hace falta que ocurra a la vez que algo que te de más miedo”. Es la teoría del dolor aplicada al miedo.
Fue sorprendente como al perder altura, pasar un rato, y llegar hasta los Ibones de Vallibierna, descubrí que aún era de día. Y que además quedaban algunas horas de luz. Seguí andando pausadamente dándole vueltas a la idea de ponerme el polar que llevaba, tímido, en la mochila, quería estar segura de que no se iba a empezar a llover en cuanto lo sacara, como indican las leyes de Murphy. ¡Tranquila! ¡¡llevas gente detrás!!. Buenas noticias. ¿necesitas algo? Pues---no. ¿puedo seguir? Claro. Menuda pinta debo tener, o no, a las chicas siempre nos cuidan más. Aupa neska!, gritaban durante todo el recorrido. A los maromos de mi alrededor, ni mu. El chico se aleja trotando y al poco rato se para. ¿seguro que estás bien? Si, tengo un montón de frío…pero aparte de eso..voy bien. ¿pero te has cambiado? No… ¡¡tienes que cambiarte!! Te ayudo…y sorpresa, el polar seguía seco. El hombre me coloca los guantes. ¿mejor?...sí…seguimos andando juntos. Ha decidido seguir conmigo. Repito, menuda pinta debo llevar, aunque yo creo que ya estoy recuperando el color de ser humano.
He decidido terminar. ¿tú vas a terminar? Pues sí, ya no me pasa nada…pues seguimos juntos….Y así comenzó la segunda parte de este trail, con una nueva conclusión. La mejor manera de reafirmarte en la idea de continuar es que te lo propongan los ojos más azules del valle de Vallibierna (y alrededores).
Continuamos para bingo, dijimos en el control de Coronas. Y durante toda la pista siguiente fuimos charlando, y yo apretando un poco el paso. Al poco de empezar la segunda parte del recorrido nos cruzamos con Irene y Miguel, que tras haber vivido también su tormenta perfecta (irene dixit) y siendo esto sólo una prueba, habían tomado la sabia decisión de regresar por sus pasos a Benasque. Pista arriba pongo ritmo de crucero y mi acompañante, que hacía 10 km pensaba que nos quedaban unos 15 y al que saqué de su error con un….mira, yo creo que nos quedan más de 40…empezaba a quedarse atrás. No, si yo lo máximo que he corrido en mi vida son diez kilómetros. Siguiente conclusión. Los ojos más azules no necesariamente han de pertenecer al más consciente.
En Baños de Benasque me senté a esperarlo comiéndome mi ensalada. En eso apareció la escoba con otro participante. Y desde arriba seguían bajando corredores y corredores, todos iban ya camino a meta. La escoba me aclara que van unas tres horas por debajo de su tiempo y que querían contactar con nuestro grupo para que fuéramos tres. Y, a ratos con la escoba (de la que, por otra parte, me empeñaba en huir) a ratos sin ella, fuimos haciendo unos cuantos kilómetros por un GR bastante bien marcado y con la inestimable ayuda del forerruner.
La noche pasaba y pasaba, y nosotros sin avanzar apenas, muy lentos. Me adelanto, me espero, me adelanto, me espero…
Al llegar cerca del último control el recorrido está bastante difuso, el GPS me marca el camino, pero en el terreno no se ve huella ni sendero. Escombra llamando a Aigualluts. Hacednos una señal. Por lo menos una mitad de la escoba conoce algo el terreno. Hemos de buscar la cascada, sólo podemos hacerlo guiándonos por el sonido. Cuando llegamos a ella aparece el señor del control, que nos propone recoger entre todos y bajarnos juntos hasta el siguiente. Hace rato que esto me parece un coñazo. Es de noche, no se ve ni torta y quiero terminar de una vez, sólo nos quedan 18. Eh…chicos, yo me voy… Pues que uno la acompañe. Bueno, mejor que baje uno con ellos y el otro que se quede a desmontar. Y yo preguntándome por qué tenía que venir la escoba con nosotros. Inocente.
Bueno, que yo me voy. Sería conveniente que no te fueras. No debemos romper el grupo. Acabáramos. Voy delante, el camino no parece estar marcado y el señor escoba no se sabe el recorrido. Lo que le hace falta a mi amigo de los ojos azules, que va desde hace rato con un paso más que cansado y con dolores varios, es ir perdiéndose continuamente. Porque si yo me desviaba, ellos detrás. Fijarse en las señales...para qué.
Hasta el momento amanecer, cuando ya estoy harta de todo. Pierdo la señal de GR, y las ganas de buscarla. Nos metemos en el río, nos mojamos los pies. El tercero (Francesc) da vueltas y me pregunta por el track. Gruñido. El de los ojazos se resigna. Y la escoba da vueltas y vueltas, y más vueltas. ¿y por carretera se llega? Yo sé lo mismo que tú. No me cabe en la cabeza que la escoba no conozca el recorrido, que no lleve un GPS con mapa, o el camino dibujado en una servilleta, o una carta del SXII…algo. Me desespero. Pero de nada sirve. Al rato ratísimo, la escombra encuentra el GR, que no tiene pérdida. Y me voy. Salgo todo lo disparada que puedo hasta la Besurta, donde la otra media escoba (Xavi) me indica por donde he de seguir. Besos y abrazos. Enseguida me alcanza Francesc. Y agilizamos el paso, 12 kilómetros, sólo 12. En el control de Barrera se me saltan las lágrimas. Sólo seis. Sólo seis. Llegamos a meta. Trotamos.22:50. Veintidós cincuenta. Me da pena no entrar con Juan, pero ya eran demasiadas horas y demasiadas neuronas aplastadas.
Y de esta extraña historia me quedo con Juan, su fuerza de voluntad y su poco conocimiento. Con la cara del hombre escoba. Con los pensamientos durante la tormenta. Con que no me he sacado la espinita de Nùria, porque hay veces en que un clavo no saca a otro clavo. Con los preciosos paisajes que vi la mañana del domingo. Con el amanecer en Pirineos. Con la ovación clamorosa al último. Con el frío en las manos y la soledad del valle.
5 de julio de 2009
Nuria-Queralt.
A las cuatro menos, algo nos despedimos de Rubens y salimos. Jorge delante. Ximo se va. Empezamos al final, aquí no dan una salida oficial, la gente sale tras pasar el control de código de barras. Tampoco hay dorsal. No es competitiva. Sólo es larga.
Jorge, Javi y yo. En los primeros metros se escuchan los primeros truenos, caen las primeras gotas. Montaña. Estoy tan cansada y tan derrotada, ahora, que no soy capaz de hacer frases largas.
Al momento estamos subiendo en fila, el agua es cada vez más agua, hay que ponerse el chubasquero. Al momento ya no es agua, es agua y piedra, granizo. Y empieza el barro y los zapatos mojados. El correr bajo la lluvia con la ropa empapada por dentro y por fuera, con la mente mojada. Cruzamos riachuelos (gracias por la mano). Atravesamos prados con vacas de hondos mugidos. Barrizal, pastizal, lodazal. Mierdazal. Me revuelco por el barro que no es barro. Primer control y primeras caras de preocupación. Demasiada agua. Agua,niebla,barro,manos frías.Ropa mojada.
Aun así estoy llena de montaña. Pasamos al lado francés por el Pas dels lladres, en una subida tan pirenaica...aparentemente tendida pero dura. 2647 metros. A estas alturas quizá ya ha dejado de llover, sólo recuerdo no poder mover los brazos desde los codos hasta los pulgares, helados de frío. Vamos los tres. Cada uno con lo suyo en la cabeza. El Puigmal a un lado, la tossa del pas...El valle escondido bajo el mar de nubes. Bajamos tendidos, tranquilos, quizá demasiado, siguiendo a unos y otros, viendo marcas o sin verlas.
Poco a poco se nos ha ido secando la ropa, ya voy en manga corta. Charlamos a ratos. Después de cruzar el río por el lado equivocado, sabe dios por qué había flechas en tantos sitios, y remojarnos las zapatillas, llegamos, por fin, a La Molina, donde nos esperaba paciente Rubens con nuestras cosas. Llegamos al control sólo media hora por debajo del tiempo límite. No parece preocuparnos. Jorge se queda, no tiene el día, hace rato que lo sabe. Javi y yo seguimos. Sabiendo cómo vamos de tiempo, necesitamos recuperar. Se hace de noche. Así no vemos cómo estamos subiendo la estación de esquí de La Molina por una pista, sin piedad. Me quedo atrás, se me atraganta. Ese tramo de camino está tan oscuro en mi cabeza como lo estaba anoche. Sé que subíamos, bajábamos, seguíamos las señales con mucha atención, mirábamos el forerrunner, hablábamos, discutíamos, íbamos por carretera o pista o caminos. La gente aparecía o desaparecía, los perdíamos o se perdían. O nos perdíamos nosotros. No me gusta ir en grupos grandes, nunca me ha salido bien. Aunque a veces ayuda. La larga bajada estaba embarrada, 6 kilómetros para descender 800 metros a resbalones, en fila. A las 3:15 llegamos al control que cerraba a las 3:00. 15 minutos fuera de control. Aún así nos dejan pasar.
Hay que recuperar tiempo. Nos ponemos, sin hablar, sólo andar, andar muy rapido por pista. No trotamos. sólo andamos. Y llegamos al siguiente control de tiempo sólo 3 minutos tarde. Km51. Son las 4:18 de la madrugada.
Va pasando la noche, sólo quiero que se haga de día. Quizá vamos a menos, vamos estando cansados, quizá con dudas o desmotivados por lo ajustados que están los controles de paso. En estas cosas y con el tiempo en contra, una no puede dedicarse a tener dudas ni desanimarse, tiene que creérselo todo. Llega la mañana y con ella no mejoraron demasiado los ánimos. Los míos.
Siguiente subida importante. 650 metros en 8 kilómetros. Ya no me consta a qué hora llegamos a ese control. Sólo que llegamos tarde y nos dicen que por allí sólo han pasado la mitad de los que han salido. Continúamos un supuesto llaneo, que es más bien una sucesión de subidas y bajadas entre hayas o pinos, rodeando el macizo del Pedraforca, una de esas montañas magnéticas y preciosas. Estamos en el Parque Natural del Cadí-Moixeró. Vamos a llegar muy tarde al siguiente control, ya no confío en que nos dejen continuar, hace rato que no.
Sin embargo, cuando llegamos, nos dejan seguir. Efectivamente allí sólo ha llegado la mitad de los participantes. Seguimos aunque nos cueste 26 horas. Vale. Ni una duda, me alegra la mañana saber que nos dejan seguir. El estado físico que tenemos es diferente. Yo voy cansada pero no me ocurre nada especial. Javi no se queja, pero lleva muchas horas y muchos kilómetros con lo suyo. Pero sigue andando y andando...delante o detrás, firme.
22 de abril de 2009
Hoy puede ser un gran día (Castellón-Villafranca)
Lunes. sigo sin estar mejor, tengo flumil, unas plantas, otras plantas, un jarabe con más plantas....y la vana esperanza de que esto se pase en un día o unas horas. Y como me dicen que la sauna va bien...allá que me voy. A buenas horas, mangas verdes.
Martes. Pero martes de madrugada. A las doce y media aún no estaba segura de que ir fuera lo más conveniente (voces discordantes), y a la una y media tengo la camel llena de geles (no geles estupendos porque no conseguí encontrarlos), unas barritas, frontal. Remedios para la tos... lo típico de estos casos. Y a las 2:22 AM, después de ir, volver, y volver a ir por culpa de mi mala (pésima) cabeza, nos ponemos en marcha. Autofotito alegre de Oscar ex-fustigador, Miguel (el recien descubierto Miguelo) y la piedrecilla rodante de siempre. Ya nos hemos metido en otro fregao. A Villafranca que nos vamos, ilusionados, de subidón, ¿qué nos deparará el camino? Y no me acuerdo de qué narices hablábamos, pero la fiesta la íbamos montando por el archipateado GR33. Tras la comisaría Uich - ays Torcedura de tobillo de alguien. Seguimos al trote, o andando. Y en Borriol Miguel decide terminar su aventura: tobillo manda. Iros, Iros... Y con cara de pánfilos y tristes, lo dejamos en la oscuridad, con su decisión tomada y su tobillo pocho (y su medio de transporte conocido, no somos tan cabrones). La próxima soy yo eh... No las tengo todas conmigo, he salido con la casi decisión (mis decisiones rara vez son absolutas) de llegar solamente hasta Xodos. y encima desde ya me molesta el tobillo en cada bajada. ¿tú no estaba curado? responde un pinchazo bajo el maleolo. Pues nada...al andar se hace camino, como decía Machado, así que caminando seguimos, charlando, comentando, riendo. Andando. Trotando a ratos. Pedra de Borriol, carretera de Villafamés. El amanecer, La Basa y las botellas escondidas (¡gracias!)....las nubes, las piedras, los caminos, la charla incombustible. Y Useras. 5h59'. Más exactitud en los cálculos, imposible. Cocacolas y croasant impulsivo. 20 minutitos. Después de Useras nos han quitado una subida, o eso nos parece.
Hoy puede ser un gran día...plantéatelo así... Vamos a llegar a Xodos a la una porque es la hora justa, porque es a la que hemos quedado y porque a ese ritmo vamos. En San Miquel están arreglando la fuente. O intentándolo. Nosotros paramos, cominos algo y nos sacamos una foto. Lo que hay que hacer cuando uno o una llega a San Miquel.
De lo mío, bien gracias. El tobillo duele al bajar y entre piedras y la tos solo (o casisolo ¿eso existe?) viene cuando paro. Envio un sms de socorro a Miguel para que lleve una venda elástica a Xodos. Se acerca la llooooma (uuuuhh). Miedo me da, hace calor y los árboles de allá arriba parecen pintados de lo poco que se mueven. Ni gota de aire. Y la subimos.
Gritos....eeeeeh.... ¡¡los ciclistas!! Los cinco, con sus respectivas cinco bicicletas. Fotos y risas, estamos llegando a Xodos.
10 horas y 20 minutos. A la unas menos diez estamos en Xodos, y entramos a comer. Porque esta vez nos lo hemos montado de profesionales, con comida de personas y todo. Los ciclistas, los avitualladores, los almorzadores, el caminante lesionado, nuestro nuevo compañero de camino y los que acabamos de llegar. Ya estamos todos, podemos empezar a comernos los macarrones. Los que me entran. Una manzanilla por, favor...uhm..qué mal suena...un carajillo de coñac, por favor. ...y no dosifiques los placeres, si puedes, derróchalos. ...
A las dos y un poco salíamos los tres: Oscar, que definitivamente ha abandonado sus labores de fustigador, Dani, que parece estar algo preocupado, y la de siempre con su flamante vendita. Alfonso me explica el camino que debemos seguir, yo llevo uno marcado en el fore, pero vaya usted a saber. Y nuestro sherpa durante el tramo se ha escacharrado. Pero llevamos un as en la manga ¡¡¡el infalible mapa a boli!!! . Abandonamos Xodos por la pista principal y nos desviamos a la izquierda, y atentos a la derecha, tomamos una senda ascendente claramente señalizada con hitos, lo que nos habían contado. Y como no tengo ni idea de por donde hemos de ir, porque me oriento peor que mal, porque no sé de que lado cae Vistabella y porque estoy preocupada en no pisar muy mal, me limito a seguir a mis compis canturreando... hoy puede ser un gran día.
A todo esto, sobra decir que de la idea de dejar el camino en Xodos, ni siquiera me acordé.
Una valla de vacas, debemos pasar una valla de vacas. Tenemos a los ciclistas allá abajo en una pista. piiiiiiii piiiiiiii La mochila de Oscar lleva adosado un extraño silbatillo. eeeeoooo. No hay manera, no nos oyen. Seguimos.
Cuando estamos desviándonos para subir una montañita detrás de la cual estaría Vistabella nuestros bikers nos dan un grito y nos indican el camino más corto, que nunca viene mal. Y les hacemos caso. "Hoy puede ser un gran día", donde todo está por descubrir... En la fuente Araceli y Javier nos ofrecen barritas y dátiles y... ¿¿saben ustedes que lujazo de avitualladores?? Continuamos el camino atravesando por carretera todo el plà de Vistabella: 4 kilometrazos por asfalto que sin dudar hubiera hecho al trote si no fuera porque no puedo. Me duele el tobillo al correr. Así que, xino xano, andamos a 6 por hora. Y no recuerdo haber visto pasar más de un coche.
Al llegar a una balsa de riego nos desviamos a la izquierda y vamos andando entre caminos entre paredes de piedra que indican que Villafranca está cerca, muy cerca. Me gusta este camino. Seguimos una pista y ...parece que por aquí hemos de bajar. Todo recto. Barranco abajo. Sin piedad. La sección pedalizada o pedaleante está allá abajo, saliendo de La Estrella.
No me gusta esta bajada. No me gusta ninguna bajada, por una vez en mi vida prefiero que subamos. Pero, pelea por lo que quieres y no desesperes si algo no anda bien...
Y pasado un rato, ya estamos en la Estrella, charlando con Sinforosa y sacándonos fotos. Tomamos la pista que nos conduce a Villafranca y por allá viene el coche de Javier, con Araceli ¿¿qué haceis aquí!!!??¡¡¡a casa a ponernos el termo!!! Con lo que el pobre hombre se fue, tras 180 km conducidos, sin ver la Estrella ni conocer a Sinforosa.
Y nosotros haciendo camino, y yo con ganas de ir trotandito...a ese ritmo chulo que me encanta...y que me machaca el tobillo. Llega el momento atajo. ¡Por aquí! Y de pronto estamos sumergidos entre pinos, subiendo una rampa de la ostia (que mal vocabulario....¿infernal, está bien? ) "Hoy puede ser un gran día", duro con él... Bueno, me enchufo un gel y miro hacia abajo. Ya me parecía a mi que el camino había sido muy fácil. Oscar cada vez está más feliz. Va haciendo series a toda velocidad, con cualquier pendiente. Saca fotos y corre mientras Dani le tira piedras y yo le grito ¡¡sobrao!!. Hace el pino (y no es ninguna metáfora). Está verdaderamente como una moto, pero sólo verlo da unos ánimos increibles, y risa, y le recuerda a una que ya casi casi tenemos otra. Otra de las buenas.
Cientos de paredes de piedra nos indican que llegamos, disfruto del paisaje, de las sensaciones (toso y toso), sentimos el viento, el aire frío...Que todo cuanto te rodea lo han puesto para tí.. Esto sería otro momento Evax si no fuera porque el frío está comenzando a ser polar y mi tos insistente. Hay que decidir si ir entre paredes o por carretera. Entre paredes, a pesar de las piedras. Ya no llevo un buen ritmo, pero no por cansancio ni falta de fuerzas, en este terreno el tobillo sufre más que antes. A lo lejos la imagen de Villafranca nos saluda. ¡esto es Cuenca!. Bajamos a la Vega y ya vemos a Araceli y Javier esperando. Dani se anima a esprintar a Oscar en una entrada genial al pueblo y yo sigo con mi paso chungo y mi sonrisa de alegría absoluta. Miro el Fore. 81600. Oye..que nos va a salir más corta esta que la del Puerto... Pues habrá que darle una vuelta al pueblo... Y entre risas, damos una vuelta que nos deja el recorrido en 82110 metros. 16 horas 43 minutos. 4271 positivos. 3167 negativos. Increible, tenemos otra más. Y tenemos más ganas. Y más planes.
"Hoy puede ser un gran día" y mañana también...
Y miles de agradecimientos, al que tiene está ideas, a los que me las cuentan, a los que nos suben la mochila, a los que nos dejan dormir en su casa (calentita, con miles de mantas y el desayuno arriba), al que me hizo la entrevista y decidió contratarme...a los que no se enfadan cuando nos largamos 2 días de casa, a los que animan de tantas maneras...

