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5 de septiembre de 2012

De batallas



Pasaron un Tour y diecisiete etapas de la Vuelta. Y, justo después de la etapa 17, después de verla en diferido, porque, perdónenme los fieles, la hora del ciclismo es una hora muy mala, de mucho sueño y más calor, lo que hace que, en ocasiones, sea -casi- tan difícil verla como disputarla, justo después, me doy cuenta de que se acaba el verano, de que la luz de las tardes es azul y muy clara. De que el desierto está dibujado perfecto en el horizonte, contorneado con lápiz negro.
Es Septiembre.

Y yo con estos pelos, apenas he hecho nada de lo que pensaba hacer, si bien es cierto que realmente no había pensado hacer nada. Me quedé empachada con la 115 y empachada con la Quebrantahuesos. Así que decidí hacer no más de lo que me apeteciera. Y no más he hecho.

A finales de Junio me di un salto hasta Vielha con idea de hacer una travesía medio desconocida llamada Passaran, de la que ya casi no tengo recuerdos ni constancia porque las fotos se quedaron para siempre en un tarjeta micro-sd perdida en algún rincón del mundo. Recuerdo el refugio de Estany Llong, el port de Vielha. Port de Ratera, Saboredo. Caballos, vacas. Recuerdo la tormenta, Sant Maurici, Boi. El autobús, el coche. Saint-Lary. El pueblo del precioso lago. Los días en Vielha que no tendrían que haber terminado.
Me acuerdo, y no me acuerdo. Quizá no pasaron.
Los lagos de Colomers, el circo y el refugio del mismo nombre.
Quizá España ganó una Eurocopa, otra.

El regreso fue duro.

Y me dediqué a correr. A correr por sentirme corredora de verano, que ya es sentirse algo. Pero no me duró demasiado la emoción.
Y entonces volví a la bicicleta, y hubo días para todo.
Y volví a las salidas de martes y jueves, que no decepcionan.
Y pensé que debía volver a las carreras de verano, y lo hice.

Pero en cuanto pude salir a escape, lo hice, y estuvimos perdidas en la Font Calda, entre cabras y flautas. Y la bici, y la Patry, que siempre son buenas compañeras. Y nuestros teléfonos, hipercomunicadas, descansando cuando por fin no había cobertura. Ni 3G. Que tontas somos, con lo fácil que es apagar, bloquear, e incluso mandar a tomar Fanta. 66 kilómetros de túneles y cervezas. Olvidemos los túneles, y tomémonos otra cerveza. Vayan las claras por lo oscuro.

En Xodos hicimos un alto, y corrimos. Y estaban Jesús, y Miguel, y sus esposas. Y Silvia, y Tere, y la otra Silvia. Y corrí lo más rápido que pude, pero no fue suficiente.

Cuando volví fuimos a subir el Bartolo. Otro espejismo.

Y tras carreras rápidas y cortas, agónicas, ocurrió un día de largo por donde siempre, de cuando siempre era cada día. Y en la Font de Roc sigue lavando la ropa la misma señora de hace siete años. Y seguramente de hace veinte. Porque hay cosas que no cambian en veinte años, y otras que tardan veinte años en cambiar. Y otras, que de cambiadas, ni siquiera se parecen.

Y el siguiente descanso era fin de semana. Pirineos. Esperando un -merecido- homenaje de Repsol, Campsa o Petronor, conduzco hasta Sabiñánigo. Y de ahí nos vamos hacia Formigal.

Anduvimos tranquilas hasta Respomuso (o Respumoso) y nos dormimos temprano, otra vez sin móvil ni cobertura, ni 3G.


Intentamos la Gran Faxa, que además de grande fue ventosa. Llegamos hasta donde quisimos, y volvimos a echarnos una siesta en un prado cualquiera, frente a un lago cualquiera. Bajo un cielo que a medida que avanzaba la tarde era más y más azul.

Sin querer terminó el fin de semana, y sin querer comenzó otra semana.

Y Purito perdió el rojo, como casi todos esperaban desde hace días, pero cuando ya casi nadie lo esperaba. Y en este punto me pregunto cuándo está la batalla perdida.



25 de junio de 2012

Quebrantahuesos

Después de la 115 empezaba la cuenta atrás para el segundo objetivo del año: La quebrantahuesos, que se llama así por el pajarillo pirenáico que tiene por costumbre llevar huesos y carcasas hasta allá arriba en los cielos, para luego dejarlos caer y poder comerlos partiditos sin necesidad de cubiertos , y no porque sean 205 kilometrillos con tres puertos -puertazos- a los que pretenderemos sobrevivir sin demasiado quebranto.
Así que ese mes y medios sólo tenía salir en bicicleta. Tuviera o no tuviera ganas, y ciertamente no las tenía. A pesar de haberlas encontrado en Francia a principios de Junio, subiendo a mi ritmo Tourmalet y Luz Ardiden, las volvía a perder en cuanto volvía a asumir que había rampas imposibles para mi. La marcha de Gúdar sirvió para comprender que debía cambiar de desarrollo y pedir a Oscar T su bici con triple plato con carácter de urgencia. 50/39/30. Fue la mejor idea que he tenido en mucho tiempo. Gracias compi.

Allí estábamos los tres el día D. El dorsal fucsia del Fugado cantaba a kilómetros de distancia entre tanto primerizo. Parecía que se había perdido. Al Ciclista se le veía preocupado y me daba las últimas indicaciones. Y yo parecía que le hacía caso. Pero en realidad estaba preguntándome qué iba a salir de semejante empastre.
El día anterior había conocido a un chaval que salía en una ambulancia, y mi categoría extrañamente no estaba entre la A (damas 18-24) y la B (damas 35-44), sino que era la L. Y se me antojó que era la categoría L de lenta. Tonterías varias.
Por allí andaban los de Rodamón, unos de Carcaixent y otros cuantos de por aquí cerca.
Y suena el cohete, allá a lo lejos. Y poco a poco empieza a moverse el pelotón de 9000. 9000 bicicletas son muchas bicicletas. Muchísimas. Demasiadas para una a la que pone nerviosa llevar desconocidos demasiado cerca.

Pero no fue tan malo como se preveía. Salimos de Sabiñánigo y volvimos a entrar muy arropados por el público. Fue una sensación muy parecida a la de la salida del UTMB, sólo faltaba la musiquita característica.

Teníamos la autovía para nosotros, y la idea era no encantarnos al principio no fuera a ser que fuéramos a quedar en la cola de forma irrecuperable, así que rodando marchábamos. Rápido, muy rápido o menos rápido. Esquivando (huyendo) al de verde que hacía extraños, y mirando de reojo a las víctimas de los pinchazos por aquí y por allá. Hubo también caídas tempranas: Cataclon Clinc Clanc Clonc ¡la puta del que fue!.... se escuchó.
De esa escapamos locos: unos metros más a la derecha y hubiéramos terminado por los suelos. Menos mal que no habíamos seguido aquel plan de hacernos a la derecha todo el tiempo.

A la derecha me encuentro encerrada, y eso no me gusta..... Alegorías de la vida.

Pasamos Jaca, Castiello, Villanúa. Recuerdos del Camino de Santiago, en aquel 2008 durante la ola de frío siberiano...

Empieza el puerto, subiremos a Candanchú. Vamos frescos, recién empezamos y cogiendo altura el paisaje es cada vez más bonito, aunque parece que hay algo de niebla por allá arriba.
Paramos en el control de Candanchú, vamos bien y no parece que haya rastro de escobas ni ambulancias persecutorias ni cosas raras, sólo hay ciclistas por todas partes, bastante público y unos cuantos kilómetros por delante. Un par de kilómetros más y coronamos Somport.
¡Qué bonito!.... el mar de nubes.
¡Qué bonita!... la niebla.

Uy...pero si parece que la carretera baja hacia....
Uy...qué frío....

Y qué sueño. Y tiritando y bostezando llego abajo. Pequeño bajón, quizá por el frío repentino y quizá por algún efecto rebote.
km 93. Dentro de 10 estaremos en el alto del Marie Blanque... Ay Ay Ay....
Comienza el puerto, con su cartelito de puerto, y sus vaticinios de pendientes para el próximo kilómetro...
Uno, dos, tres. ¡Cuánta alegría! ¡Cuánta felicidad!....efímera.
Los últimos kilómetros son ...indescriptibles. No hay triple plato que valga, ni 30 dientes ni 25, ni nada. Yo eso no lo subo. Cada vez voy más y más lenta. Mas, de pronto, ¡uy! qué rápido voy, parece que el gel me ha hecho efecto... ah, no,... que es Oscar.... Más efectivo que ninguna otra cosa, subimos ante la mirada envidiosilla de más de uno. ¡¡eh, préstame a tu amigo!!

De todas maneras necesito, parar, andar, respirar... Andar mucho no, o se me subirá un gemelo en cualquier momento. Mira, otro tipo andando. Vamos chica, que ya queda poco. Vamos vamos guapa!. Ánimo preciosa. Pues subir, no podía, pero la moral te la sube esta gente, sí o sí. ¡¡Aúpa Neska!!!. Casi arriba del todo, recién recuperadas la bici y la dignidad, aquella chica pelirroja le hace caso al ciclista y se me coloca detrás y me empuja fuerte, fuerte, dejándome casi a punto de coronar el Marie Blanche. Gracias, gracias, preciosa.
Bueno, pues ya tenemos el segundo, y aquí estamos. Aquí seguimos. 4:32 de carrera, o de marcha. Lo que sea.
El siguiente será el Portalet, que me da mejores vibraciones que ésto que acabamos de subir, por mucho que sean 25km de puerto. Porque los diez primeros son suaves. Hasta kilómetros al 1% tiene.
Se me hace divertido pasar por los carteles de kilómetro. Cada vez que Oscar tapa uno, me echo a temblar: este debe ser bueno.
Descubro también el lado psicológico de los carteles durante un supuesto kilómetro al 1% que se me estaba haciendo duro...durísimo. De hecho no paré, ni me bajé, simplemente porque había leído que era al 1%. Pero realmente era al 11%. Si hubiera leído eso, probablemente hubiera puesto pie en tierra durante, al menos, unos segundos.
Casi era nuestro, cuando en un punto algo duro, menos que otros, a lo lejos, vemos a las Patris. Que alegría por favor. Paramos, hablamos, Patry corre delante mío sacando fotos: gracias cariño, muchas gracias por venir. Sigo muy contenta y llego arriba: BIENVENIDOS A ESPAÑA. Y siento como si llevara años de destierro, y unas ganas casi irrefrenables de besar al guardia civil que había junto al cartel. Esta marcha, definitivamente, tiene algo especial. Nunca había sentido deseos de besar a la Guardia Civil.
En el control llevamos 8 horas desde que empezamos, y quedan 50 kilómetros. Le pregunto a Oscar ¿2 horas?..."menos", dice él. Venga, vamos a por las 10 horas.

Y en unos instantes se lia parda: estrategia de equipo, que no cumpliremos, por lo menos yo no, no porque no quiera, sino simplemente porque no sé ir a rueda, no bajo bien y mucho menos subo siquiera dignamente. No obstante, toca darlo todo. Y allá voy.
Leo fugazmente la descripción de Hoz de Jaca. El puerto con el que no contaba... Dos kilómetros dos. 9,2% y 7,6%. ¿Qué es eso comparado con la inmensidad del océano? Eso es algo que se convierte en un infierno imposible de subir, por muchas manos -gracias, Ciclista- , brazos, gritos y empujones -gracias, hombre de la curva- que voy recibiendo. Fueron ellos los que subieron, yo simplemente llegué.

Y tras una bajada que me pareció peligrosísima, llegó el momento en que sólo había que terminar. Y siguiendo a unos y otros, preguntándome por qué rayos íbamos tan rápido, pero terriblemente contenta, llegamos los tres a Sabiñánigo, a una meta que seguramente ha sido la más emocionante de las que he cruzado, porque sola no sé si hubiera podido y eso le da aún más valor.

Gracias chicos.


9:35 . Habíamos calculado sobre 10. El año que viene, más y mejor. ¿verdad nena?


17 de mayo de 2012

Castellón - Penyagolosa: la 115. (y II)

Y salimos Vicente y yo contentos y felices hacia Atzeneta, bajo el sol abrasador y con la esperanza de que la tormenta prometida por Maldonado fuera cierta. Aunque yo ya he dicho muchas veces que soy más de Florenci, pero Florenci no se había pronunciado al respecto.
Nada más salir de Sant Miquel aparecía el desvío que nos separaba a MiMeros de CsPeros. Y por un momento pensé en el tremendo marrón que supondría ponerse a subir la Lloma Bernat con 30 grados. Y me alegré enormemente de haberme apuntado a "la larga", porque, si bien teníamos más kilómetros, las horas de calor las pasaríamos rodando por llano y no subiendo cuestas empinadísimas cara al sol. Y es que a mi eso de ir cara al sol nunca me ha gustado mucho, pero eso es otra historia.
Vicente no parecía tener intención de correr más rápido, le sobraba mi ritmo para ir cómodo y no tenía ganas de arriesgar. Y de pronto ¡una nube!. Una enorme y negra nube. Pronto empezará la tormenta.
A las 14:30 llegamos al control de Atzeneta, que debía ser en ese momento el pueblo más desierto y con menos ambiente del mundo. Cocacolas en el bar, rellenar líquido, y seguir. Próxima estación: Molins.
Poco a poco comienzan a caer pequeñas gotas del cielo, y a escucharse la tormenta que se ve allá hacia Culla, como una enorme torre blanca, preciosa.
Los siete kilómetros pasan rápido, pese a no ser un terreno precisamente bello. Vamos trotando y charlando, y, cuando comienza a apretar la lluvia, llegamos al control. A estas alturas ya voy al 100%. No está mal, sólo me ha costado 60 kilómetros. Saludo, como membrillo y naranjas, que es lo único que me apetece, bromeo un poco y salgo. Vicente me cogerá en breve.
Hasta Culla es precioso el camino. Incluso la terrible subida prometida lo es. Con los bastones y sin aquel sol, todo es más fácil. Con el gps desconectado, por si los rayos, avanzo rápida, por un terreno que para mi es favorable: una pista ancha y ligeramente ascendente por la que se puede caminar muy rápido. Tanto que se me pasa una señal y terminamos los tres con cara de bobos en mitad de la carretera. Genial. Menos mal que no fue una gran cosa.
Llego a Culla sola sin darme cuenta. Me cuenta un hombre que a Vicente se le había caído algo... Y ¡sorpresa! En el control me esperan Jr, Chispas, Chispes y Chispiño. ¡qué alegría!. Y me dan comida, y bebida, y charlamos, y me cambio de pantalón, me prestan un chubasquero y "qué calor me da ésto, mejor me lo quito" y "no te lo quites que hace frío" y "no te duele nada? y ¡come pasta!. Y voy de un lado a otro de la mesa sin terminar de coger nada, eligiendo al final, naranjas, cocacola y coca de manzana. Y membrillo, el membrillo que no falte. Vicente aparece listo para un masaje y se recupera atendido por Jr. Llevo una media hora en ese control, quizá sea el momento de salir. Pero primero ¡control de material! Y por supuesto me piden lo que más escondido estaba...

Fer me indica cómo se sale de allí, y enseguida recuerdo el punto en que nos desvíamos del recorrido aquel día de ensayo con los compañeros de trabajo. La pista es maravillosa y tiende hacia abajo, es aérea y limpia. Aún quedan unas dos horas y pico de luz, aprovecho para correr, justo después de quitarme el chubasquero. Prefiero mojarme, la lluvia es fina y agradable. Próximo destino: Sant Bertomeu.
Llego fresca y contenta, a ratos andando ligera, a ratos trotando tranquila. En el control Ayacucho y Laura lo tienen todo muy bien montado. Membrillo, cocacola. Y sales. Silvia anda cansada, pero sale tranquila rumbo a Vistabella. Llega también al control la chica de las polainas sexys que se me antojan tremendamente incómodas y calurosas. Me despido y salgo tras ellas.
Un poco después de anochecer, llego a Vistabella. Jr me conduce al control, y allí encuentro a Carmen y los Kiyos. Carmen a punto de salir, Kiya y Kiyo por allí de apoyo moral. Y Sofía. Y el Manager. Y yo con mi misma rutina: cocacola "no voy a pegar ojo en un mes" y membrillo. Dieta mediterránea. Y una cerveza. Que a mi no me gusta la cerveza, pero ésta me la pedía el cuerpo.
Al poco rato salgo del control. Unos diez para Xodos. Dos niñas se ofrecen para acompañarme a la salida del pueblo, y charlando llegamos a la fuente donde, según ellas, debo seguir por las montañas. Pues nada, a seguir por las montañas.
El frontal este es una castaña. Tiene un botoncito para cambiar la intensidad y apagarlo, pero este botoncito se ha roto. Ahora para apagarlo sólo puedo quitarle las pilas y tiene una única posición de intensidad, que, como no podía ser de otra manera, es la que menos alumbra. Genial.
Al rato me encuentro con Carmen, Jose y otras personas a las que no sé si conozco porque de noche todos los gatos son pardos. Y vamos haciendo la goma hasta Xodos. La bajada es muy muy pesada, con piedra suelta. Más piedra suelta. Este trail es el trail pedrada Xtrem. O Ultrapedregal.
Control de Xodos. Cocacola, membrillo... y nos quedan 20 kilómetros, mejor no nos encantemos.

A partir de ahí ya recuerdo más bien pocas cosas, porque nada veía: caminaba lo más rápido posible, cuesta arriba o cuesta abajo, intentando no perder las señales fluorescentes que colgaban de los árboles y hablaba levemente con quien fuera que tenía cerca. Juntos llegamos al control del Remolcador. ¿qué quereis? ¿una cocacola? Si no me sale una alergia hoy, ya no me saldrá. Tere estaba por allí para hacer el último tramo con una charla muy animada. Continúo hacia adelante andando intentando no desviarme y pronto me alcanzan Jose y su amigo, que saben que las chicas van bien y dándole al pico. Después del Remolcador hay otro control, matarile rile rile. Pista para arriba, pista para abajo, ramas por aquí, ramas por allá. Y venga piedras. Y de pronto musiquilla en mitad de la nada. Es el control del Club de Montaña Puertomingalvo. Carlos saluda y anima. ¡ya queda poco!. A mi menos que a ellos, a los que les queda una larga noche por delante en aquel lugar perdido, desconocido y oscuro. Muy oscuro. Saludos a los voluntarios.

Supuestamente nos quedan cinco kilómetros. Hablamos un poco, y andamos -creo que-rápidamente. Jose delante. Llegamos a un lugar conocido, por fin, la base de Penyagolosa. Y de ahí todo es bajar, creemos. No sin antes dar una o dos o tres vueltas. De pronto creo escuchar una vibración. Eso es un grupo. Tenemos que estar cerca.
¡habrá que correr ¿no?! ¡claro! Y llegamos a meta trotando, justo en uno de los momentos en los que el grupo fallaba y nos dejaba a oscuras. Veintiuna horas cuarenta y siete minutos de ratos para todo. Besos, abrazos, regalos, esperar a los demás, saludar a los que estaban. Gracias y más gracias.



Y cierto vacío. El de siempre. Un poco más.


16 de mayo de 2012

Castellón - Penyagolosa: la 115. (I)


Pues el primer fregao del año ya estaba cerca. Y yo sin poder atar los bastones a la mochila, porque la mochila es muy cómoda y estupenda pero no tiene cordoncitos para sujetar los bastones. Y la CsP es una carrera muy corredora al principio, donde a una los bastones la fastidian más que otra cosa.
Deseché la idea de la cinta americana, y con unas gomitas del pelo solucioné el problema con bastante gloria.
JR me recogía a la hora de los panaderos, y me dejaba en uno de los sitios que menos me gusta de esta ciudad. Su Universidad. Esta noche, sin embargo, me resulta diferente. Hay miles de personas por allí circulando. Sí, miles. Por lo menos 2. 2 miles.
Este año hay cajones de salida para intentar evitar aquello del señor con gorro de paja saliendo delante de Miguel Heras. Y no tengo nada contra el gorro de paja, ni contra el señor, pero en los cajones de salida, como en la vida, cada uno tenemos nuestro lugar.
Me coloco, me parece, que en el de 19:30, que equivale a las 10:30 de la MiM.

Vamos a traducir este tinglao de siglas para los despistados.
MiM: marató i mitja. Maratón y media. 14 ediciones, desde Castellón hasta Sant Joan de Penyagolosa, 63 kilómetros por el GR33. Participé en 2005, 2006, en 2007 fui voluntaria en meta, en 2008 me retiré en Useras, 2009 y 2010.
CsP-115. Invento de este año. 115 kilómetros desde Castellón hasta Sant joan de Penyagolosa, primero siguiendo el GR33 y más tarde dando un bonito rodeo por la provincia: Atzeneta, Culla, Vistabella...
Salimos todos a la vez desde el mismo sitio. Cada uno con su dorsal, sus ilusiones y sus cosas.


Continúo.
Razonamiento: no voy a llegar en 19:30, pero sí quiero llegar a Useres en menos de cinco horas, y esos son lo de sub10:30. Me parece que nunca había calculado tantos tiempos de paso para una carrera. El único pensamiento que me agobiaba era que no quería pasarme 24 horas por el campo. Demasiadas horas, no estaba preparaba mentalmente para ello. Ahora faltaba averiguar si estaba preparada físicamente para lo otro.
Karmele apareció justo a tiempo, y juntas empezamos a surcar la preciosa pista de atletismo de la UJI. Aún era de noche, rodábamos a buen ritmo por los caminos hacia Penyeta, charlábamos, nos escuchábamos... ¿haces la larga o la corta?. Una prueba con tanta épica como la Marató i Mitja había quedado reducida a ser simplemente "la corta". Qué cosa tan rara..
Control de la Pedra: 1:52. Eso es 4 minutos más rápido que la vez que más rápido he llegado durante una MiM. Eso me preocupa, a Carmen parece que no. A Pascual también le preocupa.
Control de Oronetes: 3:23. Nuevamente más rápido que mi mejor año en la MiM. Cesar también nos dice que quizá vamos muy rápido. Y Pepe Asins. Me sigo preocupando.
Comienza el calor, pero aún se lleva bien, el terreno es favorable pero aún así bajo el ritmo. No estoy segura de que a Carmen le parezca bien. Qué fuerte está. Llegamos juntas a Useras, con 4:48 o algo así. Pero esta parada será más larga. Jolisneo aquí y allá y termino dándome una ducha completa. Genial. Vicente también ha llegado, me parece que también piensa que vamos demasiado rápido. A mi siempre me dijeron que en la MiM, lo que va davant, va davant...Y esto es lo mismo, pero más largo, así que igual debe servir.
El plan cambiaba ligeramente al salir de Useras, el calor ya era importante y el terreno se complicaba bastante, así que saco los palos, que buena falta me harán. Desde la primera subida empezamos a ver gente con mala cara andando en sentido contrario. -¿y esa gente a donde va? - ¡¡huyen, querida!!-
No es para menos. Carmen sigue con ritmo alegre pero yo empiezo a sentirme muy muy cansada. Subo hasta el pozo que hay antes de Sant Miquel y me mojo con ese agua con olor a pies. A muchos pies. Y sin saber cómo se renovaba. Menos mal que ahora ya me lo ha explicado Pepe. A buenas horas, mangas verdes.
Carmen se adelanta, rauda y ro repto cuesta arriba. -Queda una subidita, una bajadita y otra subidita, -rezo. Más y más calor. La subida final que conduce Sant Miquel de les Torrocelles fue un calvario con cruces y todo. Un árbol=una sombra. Me paro. Una piedra=un escalón. Me paro de nuevo. Un tipo sentado=un desconocido. Me paro igualmente.

Y de esta manera llego por fin a la dichosa ermita, donde consigo mojarme y recuperar temperatura corporal de persona con el método de la lagartija: a la sombra. Y a eso ayudaron también Vicente y Àngel, que se dedicaron a darme bebidas varias que pasaron del agua, a la isotónica, la cocacola y la cerveza. Para cuando Vicente terminó su masaje yo ya estaba como una rosa, había conocido a la familia de Albero, me había despedido de Carmen y estaba preparada para la segunda parte de la fiesta.
Seguimos juntos, rumbo a Atzeneta. Llevamos casi casi, siete horas de carrera.

25 de marzo de 2012

Febrero

Febrero, aunque bisiesto, fue corto.
Hubo una salida con Rubens y su compañero, en la que estuvimos un rato atrapados en un recinto electrificado y en las que al final nos llovía y nos anochecía. Dora exploradora deseaba meterse a azafata o peluquera.
Tuvimos la salida pagadora de almuerzos, que hicimos a pie por Eslida, porque coincidió con días de frío y viento y más vale cobarde vivo y almorzado que valiente muerto en ayunas. Así que salimos los cuatro de Eslida y recuperamos la Volta a peu per les fonts de Eslida, que, esta vez sí, pude descubrir despacio, o no tanto, pero admirando sendas, caminos y fuentes como si fuera la primera vez que los veía. Porque en realidad lo había recorrido, pero no los había visto nunca. Que se llame de "las fuentes" , tiene su razón de ser, y aquí lo podemos escuchar.
Tras martes y jueves de rodadas y proyectos, llegó el día en que se organizaba un 10k en la ciudad, y formamos un equipo de empresa llamado UBE group team, que quedó primero en número de participantes y que además ganó una paletilla para celebrarlo. Espero que la celebración haya sido concurrida, porque ni unas, ni otros, supimos nada de aquello. Y sin embargo lo recuerdo con cierta alegría, porque fueron 48 minutos y medio. Y qué más da, me digo recordando cuánto deseaba poder bajar de 50 minutos. Qué importa 50 ó 45.

Tras algún martes, y algún jueves, algunos desiertos y algunas rutinas, pudimos quedar los 5 para unir ciertos caminos entre Borriol y Sant Joan de Moró. Y hasta Sant Joan llegaron ellos, y nosotros atajamos un rato más tarde, porque a veces pasa que me canso. Y las cosas pierden el sentido. Y al murciélago del track volvió a faltarle un ala.


Ese día me hubiera comido una docena de huevos fritos. Menos mal que me dio vergüenza pedirlos.

Quién sabe por qué me apunté a la media maratón de Benicassim. Me apunté por inercia, por ganas de correr, porque me gusta la playa, me gusta el ambiente. Me gusta usar así mis domingos por la mañana. Ojalá fueran todos así. A pesar de que fue nefasta. Salí rápido quizá, y a punto estuve de terminar más rápido aún, escabulléndome cobarde por algún callejón. Pero intenté buscar motivos y valores al sufrimiento, y, aunque no encontré ni una cosa ni la otra, llegué a meta en plena meditación: y entonces llegó la conclusión. Hay sufrimientos que son absolutamente inútiles. 1:54
Y, como siempre, todo se arregla saliendo en bicicleta.
El día 26 fue el Maratón de Espadán. Mi sexto Espadán. El mejor de los seis en tiempo. El mejor en sensaciones. Qué lejos quedan los otros. 2005, mi primera. 2006, la peor de todas. 2007. 2008. 2009. Quizá debería hacer una crónica para no olvidar caras, ni momentos. Este año será sólo un número: 6:33.
Y acabó el mes con otro martes de bicicleta compartido con esa rodada de cada martes.
Fue un mes corto, pese a ser más largo. Un mes si fotos.

27 de febrero de 2012

Enero

Volvieron a pasar dos meses. Dos meses con un febrero bisiesto de año olímpico. Meses de mudanza, como tantos Eneros, de cajas, como tantos Febreros.

Enero lo comencé encima de la bicicleta, subiendo al desierto en una marcha popular, muy popular, que organiza ciclos Domingo desde tiempo inmemoriales. Llegué tarde y desde atrás fui tranquila, a mi ritmo, saludando y pas(e)ando entre ciclistas y ciclistas. Arriba mistela y Pallares. Anna y dos premios: maillot y lucecita. Quizá tres premios: estar allá arriba una mañana de enero, con todo ese sol que me hace sentir en casa.

Acababa (por fin) la blanca Navidad y los Reyes Magos me trajeron excursiones por el desierto. Con ellos, con él y con quien quiso venir.
Seguía haciendo tanto sol que no parecía Enero, y se animó a salir -conmigo- en bicicleta, pese a que no le gusta. 100 km, subir a Eslida.

Rodadas de Martes, rodadas de Jueves. Cafés de Martes, cafés de Jueves.

De repente.... llegó el invierno, y empezó hacer demasiado frío incluso para ser invierno. Decidí comprar un radiador y estrenar los botines (¿se llaman botines?) para ir en bicicleta.
Y hubo también unos días en que decidí acompañar a Pistacho.


Pero el día marcado, a pesar del frío siberiano, cumplimos lo nuestro, y nos fuimos los inconscientes de siempre de excursión a Atzeneta. De Atzeneta a Xodos, pasando por Culla y Vistabella.
Por el camino (qué bonito, qué bonito) almorzamos, anduvimos, subimos, bajamos. Atravesamos la rambla una, dos, tres veces. Subimos de nuevo y encontramos el Plá de Vistabella más bello que nunca. Por lo menos más bello que mi nunca, porque nunca lo había visto así.


Había vuelto la primavera por unos días, y estaba todo tan claro, tan luminoso, que una no tenía ganas más que de andar y andar para seguir viendo y descubriendo.
Ni siquiera nos importaba que para fotografiar una puesta de sol debíamos dejar que se nos hiciera de noche.

Después llegaron días y días de soles y bicis. De playas y playas. De días tan claros y con tanta luz que seguía sin parecer invierno. Un día llegamos un poco más allá que de costumbre, y nos encontramos con un camino, un faro y una cala. Y una foto.
Ese día salieron 109 kilómetros, cuatro horas y media y un pequeño dolor de espalda. Qué más da el dolor de espalda...si nos ha tocado ir a la Quebrantahuesos este verano.

No acabó Enero sin que llegara, de nuevo, el frío que correspondía. Y llegó un año más la carrera de la Vilavella, y en la plaza del pueblo, junto a la Silvi, y al Xispes, y a Rubens, y a la Patry, me di cuenta de que han pasado 4 años desde la vez que estuvimos juntos en esa plaza y esa salida. Y por un momento me pareció que el tiempo había pasado injustamente rápido. Y terminé la carrera en 2:24, que es un buen rato menos de lo que me costó la última vez. Cosas inexplicables que pasan con el paso de los años. Con el paso de los Eneros.

24 de enero de 2012

La tranquilidad de los días distintos

Estos dos meses (noviembre y diciembre) pasaron deprisa, con la calma de conocido, que no es monotonía sino tranquilidad. Continuaron las salidas de una hora los Martes, o los Jueves. Y las salidas en bicicleta por la costa, por caminos que poco a poco se van haciendo más familiares, como lo fueron siendo los caminos de Borriol, o los que conducen a la Magdalena: Enriera, Travesera, Caminás, Cami Vell de Barcelona...Ahora son el camino de la carretera vieja, con sus ardillas y el camino de la Tall. Y ese que indica "El Bolseral" y nos ahorra un trozo de carretera de Nacional y un dolor de espalda. Hubo días de paciencia, de "ya voy" y de "no me gusta andar". Hubo días en Las Palmas, de verano de diciembre que no acabó cuando regresé.


De Vanessa en la Caldera de los Marteles sobre el mar de nubes, de rodadas bajo el sol, por la carretera del Norte, o la autopista del sur.


Salieron kilómetros que no me sirvieron para ganar un almuerzo en ninguna apuesta, pero sí para ganar pagar un almuerzo, que ya es, porque cuando se almuerza siempre sale una ganando.
Hubo dos subidas a Penyagolosa, una en una salida no muy corta en la que no llegamos, por cosas del directo, a donde teníamos pensado. O quizá si llegamos, pero no desde donde debíamos llegar. La segunda subida en realidad fueron dos, primero por la Cambreta, y su fuente, y su masía, bajando por la pedrera y luego por la canal. Qué preciosa. Subía teniendo cuidado de no tirarle piedras a Oscar, y Roma subía como cabra ante mi mirada preocupada.


Pasaba diciembre y el mar seguía brillando más que en verano, y los días eran más y más claros, más fríos, más cortos. En Diciembre cada día de sol es una fiesta, y este diciembre hubo fiesta completa.

Fue el primer mes, desde que empecé a rodar en bici, en que llegué y pasé los 500 km. Que no es mucho. O sí. Depende.


Y al final, llegó el final. E hice la San Silvestre a su ritmo, con carrito, con amigos, con disfraz. Echándote de menos. Brindando por el fin del año como quien brinda el final de un secuestro.

Bienvenido 2012

29 de diciembre de 2011

El sitio de mi recreo

Y se anda acabando el año, lentamente, en unos claros días de viento que bien podría empujar un poco más rápido las horas. Para terminar antes. Que estos días ya huelen a usado.

Volví del Valle de Arán con una postal y un tarro de miel de castaño que no aún no he abierto. Las castañas me traen recuerdos borrosos que pinchan los dedos y más cosas. Como las castañas.

Hubo un par de salidas rodadoras, de montaña, por los sitios de siempre que no me cansan porque cada día son un poco diferentes. La pista de Les Santes la han arreglado. O no. Cuestión de gustos, lo cierto es que la han hormigonado.

Un lunes hicimos una preciosa salida en bicicleta, Oscar B, el Fugado, el Ciclista y yo misma. Xert, Canet, Rosell, Vallibona. Vallibana y el tramo de carretera nacional armando un bonito desfile de camiones. A estas alturas de año ya no recuerdo grandes cosas, más que la visita a una ermita con un perro extremadamente antipático y cobarde y unas pequeñas carreteras por la que disfruté muchísimo. Un etapa preciosa y tan dura como una quiera, o pueda. Fueron un poco más de 85 km.


Y se acabó Octubre. Y lo bueno fue que comenzó Noviembre.
Otra salida en bicicleta y de pronto era domingo y estaba apuntada a la Media Maratón de Castellón.
Como ya no sé si corro o no corro, pero a la vez cuando corro, si corro, siento que corro más, no sé exactamente qué debía hacer allí. Llevaba algunas semanas sin rodar mucho más de una hora y exactamente un mes sin hacerlo por asfalto. De todas maneras, tenía especial ilusión en participar. Y lo hice y me salió la mejor media maratón que he hecho nunca, a pesar de sentir que no podía más desde el kilómetro 18, donde me recogió un compañero que me llevó hasta meta, amable. Apenas había bajado el ritmo, pero a mi me parecía que llevaba un trote más que lastimero. 1:51 para una media con medio kilómetro de más. A la pequeña contrariedad inicial le siguió una alegría grande, no hay motivo para no estar contenta, a pesar de la desagradable cojera que apareció cuando me enfrié del todo. MMP. ¿Qué más quieres, nena?

La semana siguiente fue una típica de semanas, de desiertos y Oropesas en bicicleta, de rodada de Martes, o de Jueves. De mañanas, noches y tardes.


14 de noviembre de 2011

Rápido. Como el tiempo.

Al diezmil de Onda fui entre motivada y confusa: no se puede pedir peras al olmo.

Sin embargo, me encontraba tan bien que pensé que de ese mes de Octubre no podía pasar aquel (casi)olvidado asunto de bajar de cincuenta minutos en un diezmil. Y salí con tanta cabeza que hasta a mi me extrañó, y regulando regulando llegué a meta con 50 minutos, 4 segundos para los 10.090 metros que me indicó el forerunner.
Eso quiere decir que, quizá, arriesgando un poco más, pueda, verdaderamente, rebasar la barrera psicológica (y física, y física) de los dichosos cincuenta minutos.

Pasé la semana sin pensar demasiado en ello: una excursión en compañía hasta el vértice de Raca; una mañana de bici fácil con el Ciclista; una rodada multitudinaria para celebrar el día de la Hispanidad donde estábamos casi todos; una rodada sola, la primera, por Borriol, en la que descubrí una mina y un camino que siempre estuvieron allí pero que nunca llegué a ver porque el entretenimiento entonces era charlar y charlar sin parar. Una tarde de nostalgia. Otra mañana de bicicleta, con el Ciclista y Karmelilla, en la que subimos, tentando a la lluvia, Eslida por Eslida y bajamos por Chóvar.
Y entonces llegó el día del diezmil de Almazora.
Y celebré su llegada con una excursión con la familia Xispas por el desierto de Las Palmas, cuál si no. Haciendo esa ruta preciosa que me enseñaron una mañana que ahora recuerdo en blanco y negro: Font de Sant Josep, Plà de Muletes. Alt de Colomer, bajar hacia Les Santes. Desvio en esa senda preciosa sin nombre, subida al Bartolo por la Balaguera y bajar por la carretera, como para volver uno en sí. Casi cuatro horas con almuerzo y paradas a fotografiar las mil arañas que cubrían los matorrales.


Por la tarde me acompañó Jr por las calles de su pueblo, y allí saludé a todo lo saludable, siendo saludable aquello a lo que es posible saludar: Junglys, Guelos, Joses... Y para variar no me coloqué detrás del todo. Salimos y tampoco quise hacer la tontería de darlo todo en un kilómetro absurdo y lleno de gente de todos los niveles. Así que puse mi ritmo ligeramente, sólo ligeramente por debajo de cinco, y esperé acontecimientos.
Lo primero que me pasó fue ver que iba más rápido de lo que debía, y aunque me encontraba estupendamente, me pareció que debía echar un poco el freno, porque todo el mundo sabe lo que pasa si uno se pasa. Qué pasa si sosa pasa, recitaba mi abuelo. Y no viene a cuento en absoluto, pero me acabo de acordar.
4:40, 4:39, 4:39, 4:47, 4:48, 4:53, 4:50, 4:55, 5:00, 4:52. Es lo más uniforme de lo que he hecho nunca: hay que tener en cuenta que los res primeros pican hacia abajo lo mismo que los tres últimos pican hacia arriba. Aún así: moraleja: no tengo ni idea de mantener el ritmo. Y a pesar de todo terminé en 48':28" para los -otra vez-10.090 metros, y con la mayor sonrisa de los últimos tiempos.

18 de septiembre de 2011

El alto Palancia y mis 32


A la semana siguiente ya estaba yo bastante ansiosa por seguir aprovechando el buen tiempo.
Vueltas al Sitjar un día. El color de ese embalse es un azul profundo que hipnotiza.


Otro día salida con Carmen desde Betxí.
Betxí-Artana- Eslida-Alcudia de Veo-Tales-Onda y vuelta a Betxí por no sé qué camino que nunca sabré encontrar de nuevo. Y el Bar Paquita cerrado.

Y eso fueron las últimas dos cosas que hice con 31 años, porque el sábado cumplí los 32 y pasé a ser un poco mayor.
Para celebrarlo, me había apuntado al gran fondo de Soneja, que es una carrera a pie de esas que tanto me gustan: cuestas y asfalto. 15 kilómetros.
Qué bien me encontraba, oiga. Qué bien. Rubens no se escapaba y miraba el reloj y era consciente de que quizá había salido demasiado rápido, y seguía demasiado rápido. Pero quise arriesgar y averiguar hasta dónde podía llegar de esa manera.
Desde luego no fue a meta: los kilómetros de vuelta, que tendían hacia abajo, me salían tan rápidos, o tan lentos, como los que acababa de hacer cuesta arriba. Los siete males. Me estaban empezando a entrar los siete males cuando por fin acabó la carrera. Qué suplicio. Hora 22. 15 km. A 5'33" el mil.

16 de agosto de 2011

el Doble doblete

El martes siguiente me vi poseída por no sé qué clase de espíritu, ser, cuerpo o ultracuerpo, y se me ocurrió que era una buena idea hacer un doble desierto: subir por Castellón, bajar por Benicassim, y, de ahí, en vez de irme a mi casa como las personas normales que no son ciclistas de esos que van en bicicleta, volver a subir por Benicassim para bajar por Castellón.
Y eso hice, y oiga, para ser la primera vez ni se me dio tan mal, pero ha de tener en cuenta usted, para entenderlo correctamente, mi autocondescendencia, autocomplacencia y algunos otros autos similares que me impiden reconocer que tampoco me fue lo que se dice bien-bien.
En todo caso, disfrutar, disfruté, y además pude, mientras hacía la segunda subida, saludar con la cabeza a algunas personas a las que había adelantado en la primera. Y eso levanta la moral, a costa de la de otros, eso sí. Ya vendrá el de siempre a ponerme en mi sitio.

Como eso de la vigorexia agostina no es cosa de un día, además había quedado ese día para una rodadita suave por la vía verde con los tres magníficos, aunque esta vez sólo había dos de ellos. Y lo vi claro antes de llegar al túnel: Bueno chicos, yo me doy la vuelta. Ocho kilómetros, cuarenta y cuatro minutos.

El miércoles iba de noche, pero no pude resistirme a subir un desierto por Castellón a última hora. Qué obsesión con el desierto, por favor, que alguien me saque de este bucle...

Jueves lalala y viernes a la pisci. Bonito kilómetro para cubrir el expediente.

El sábado, carrerita de Agosto. Eslida. Sierra de Espadán. Cortita como debe ser en esta época del año. Y antes de salir ya había perdido el ipod.
Me dice Alex que mejor salir rapidito para evitar el tapón que presumiblemente se formará pocos kilómetros más adelante, así que eso hago: salir como si nos fuera la vida en ello.
Al llegar al tapón me coloco de manera legal, mientras aquella chica que conozco de oídas me adelanta de la misma manera que en el mundo real. Como en la vida, ya no me importa. Y hago camino, como el caminante.
Se me hizo corta, muy corta, a pesar de que no fui capaz de bajar a un ritmo ni parecido a decente: torpe, rígida, pesada... Aún así llegué a meta contenta, por llegar antes de lo previsto. 1:54.

El domingo era la Volta al Clot, en un lugar llamado Clot de la Mare de Deu. En Burriana. Sería mi tercera Volta al Clot: 2007, 2008 y ahora 2011. Por cosas del destino ( y del apellido) llevo el dorsal 1. Que presión, qué presión. Una vez vistas las demás corredoras, la presión desaparece: no hay nada que hacer.
Primera vuelta, primeros 3000 metros, 14 minutos 17 segundos. Me encuentro bien, tranquila pero sin despistarme demasiado, que llevo a cuarta chica ahí delante, cerquita. Sobre el kilómetro 4 un hombre se me coloca al lado, se me ve el plumero a kilómetros: estoy intentando leerle la matrícula a la cuarta chica. Ven conmigo. Y yo con él.
Ponte detrás. Y yo detrás.
Aguanta. Y yo aguantando.
Adelántala cuando queden 150 metros. Y yo...la adelanté sin querer y perdí la referencia.ç
¡¡¡CORRE!! (desde atrás) y yo, que miro a la derecha y la veo venir, me pongo a correr como las locas para al final llegar justo justo, detrás de ella.
Y la bronca que me echó aquel hombre ¡mare de deu del lledó! De todas maneras, de ser quinta a ser cuarta... no sé, no sé...tampoco es para tanto. Porque ¿qué voy a decir yo?
6100 metros, 28':58".
Doblete de carreras de fin de semana. Como antes.

8 de agosto de 2011

Lugares de agua


Pues comenzó agosto, y yo, agostizada, que para mi es igual que hiperactiva, cojo el cochecillo y aparco un rato tarde en el Voramar. Y de allí salimos los cuatro disparados vía verde arriba. Y yo, sin control de velocidad porque el Forerunner definitivamente ha pasado a mejor vida, me pregunto si no vamos muy rápido. Aunque Teo, delicado, pregunta cómo voy y Miguel baja un poco el ritmo a trozos y Ximo se frena alegando estar aún cansado del maratón del Aneto. Menos mal que la vía verde no es la Vía augusta. Pronto termina y estamos ante unas formidables jarras de cerveze a la vora de la mar....Oncemil setecientos ochenta metros, hora ocho.
Al día siguiente, miércoles, ciclaba un desierto por Castellón para preparar la salida del día siguiente, jueves.

Y ese Jueves salimos el Meditante y yo de Catí, mosqueados para variar. Y cuando empezábamos, conseguíamos hablar con el Ciclista que ya había pinchado a aquellas alturas. La etapa de ellos era la anual Castellón-Villafranca. La nuestra eran cosas varias por carreteras más o menos transitadas.
Catí-Benassal. No sé que me había hecho pensar a mi que no era muy dura la subida, pero lo cierto es que no me sentía nada bien. Vaya usted a saber si era la tos, el calor o que ir con este hombre me hace tener que esforzarme más, para nada, pero llegué a Font d'En Segures con bastante mala pinta. "Parece que hubieras subido un puertaco..."
Me lo cargo.
Pero allá arriba se está bien, el agua de la fuente está fresca, el lugar es pintoresco y lo que viene ahora es hacia abajo. Felicidad completa.

Bajada hasta Culla, pasando por el Rivet, donde antes acampábamos alegremente.
De Culla a Torre d'Embessora, pasando por su carrasca. O su encina, que resulta que es lo mismo. 25 metros de altura y 7 de perímetro.
De la Torre hasta Vilar de Canes, y de ahí vuelta a Catí por esa tediosa carretera recta rectísima, donde desaparecen las curvas cuando vas llegando a ellas. Menos mal que Ripo nos aconsejó un buen sitio para comer, y eso hicimos en cuanto llegaron los tres intrépidos que buscaban Villafranca desde Castellón.
Para bajar la comida, subida a l'Avellà por su puertecito y su túnel. Allí de nuevo hay agua fresca, su agua también es conocida y también, como en Font d'en segures, hay un balneario.
Ellos siguen, nosotros nos volvemos.
Y, de nuevo en Catí, el Meditante sigue su ruta en bicicleta, que era mía. Y sube Ares, y a la Mare de Deu de la Font y a Sant Pere de Castellfort y, abriéndome paso entre rebaños de ovejas, unas horas más tarde ya hemos llegado todos a Villafranca. Incluso los intrépidos, que se han perdido sólo lo justo.

El sábado era la Media maratón de Navajas, en el Alto Palancia. De nuevo agua, y ahora también, aceite y miel.
Qué bien me habían hablado de esta carrera, con sus cuestas y sus piedras. Tan dura, tan de agosto.
El speaker habla con las niñas: "¿tú quieres ser corredora" "NO". "¿Y tú, niña?" "YO sí!!" "Pues vas a tener que adelgazar porque estás un poco gorda"
Toma ya.
Por allá anda Groucho, el práctico de las dos horas con su cartel. Pues bien, ya no tengo que pensar nada más, con él me voy.
Y con él estuve hasta el kilómetro 6 ó 7, cuando los pequeños repechos del principio se transforman en una subida larga y considerable. Se va, se va, se va....
Perdida la esperanza de las dos horas, mantengo mi ritmo toda la subida. Y de pronto acaba el asfalto y entramos en una pista algo rota que pica hacia arriba o hacia abajo según le de. Y más tarde pasamos por un puente del pantano del Regajo, en cuya superficie se reflejan unos rayos de sol cada vez más tenues. Por un rato me siento corredora. Hacía tiempo que no me pasaba.
Quedan pocos kilómetros y estamos en la vía verde Ojos negros (de Ojos negros a Torres Torres). El fore prestado me marca 18,8 kilómetros, y unos metros más adelante el punto kilométrico indica km18. Pardiez ¡un kilómetro de más!. Llegando a Navajas me encuentro con Groucho. Al final podré entrar con él en meta, aunque no era la idea entrar a esas horas.
Entro en meta con dos horas trece, que aunque a priori pueda parecer un tiempo desastroso para una media maratón, no lo es tanto, ya que era dura, dura. Y terminé fuerte y contenta, pensando que el año que viene vuelvo, seguro.

3 de agosto de 2011

De medias meditadas y desiertos compartidos

Los pájaros de mi persiana se reproducen sin que mi gato haga nada al respecto. Una no puede confiar en que su gato haga nada al respecto de cualquier cosa. Los gatos son gatos y en verano sólo son máquinas de formar pelusa. Pero de eliminar el nido o los pájaros, rien de rien.

El sábado siguiente era la media maratón de Rubielos de Mora, y a mi, que en esos pueblos de Teruel me perdería para el resto de mis días, me faltó tiempo para apuntarme. Aunque sí, ya lo sé, con la media de kilómetros mensuales más baja de los últimos
años, no sé cómo se me ocurrió. Pero no sé, la vi, y era tan fácil inscribirse....
Así que nos presentamos en Rubielos, yo para correr y él para salir en bicicleta, previa la meditación correspondiente. Nos despedimos, y me inmiscuyo en el pequeño grupo de corredores que se apelotona en la salida. Somos tres senior femenina: matemáticas básicas. Silvia Marimón, Laura Murcia y aquí, la piedrecilla pensante.
Paso el 10000 en cincuenta y dos minutos: entre que me encanta el terreno, suavemente ondulado, que hemos pasado un par de veces entre la gente y que el Meditante se anima a acompañarme con la bici, puede que haya empezado demasiado rápido. Pero ya está hecho, y me encuentro bien. A partir del kilómetro 10 el terreno se complica, subimos por la carretera de Fuentes hacia una cruz, y las cruces, como todos sabemos, no están colocadas precisamente en puntos bajos de las carreteras. Sin embargo, después de esta cruz, la carretera seguía subiendo levemente mientras nos cruzábamos con los compañeros que ya volvían. Lo bueno de los recorridos de ida y vuelta.
En Fuentes, JR me deja un ratito sola, y a la vuelta sigue conmigo. No voy a negar ciertas ganas -puntuales- de robarle la bicicleta, porque del 18 al 20 no podía con mi alma y quería terminar de una vez con aquello. De pronto miro el reloj y me doy cuenta de que puede que, quizá, a lo mejor, sea capaz de bajar de dos horas. Y ese pensamiento, y que la pendiente favorable, y algunos otros pensamientos que siempre me surgen en estos momentos, hacen que corra (trote) un poquito más rápido y me presente en meta con 1hora, cincuenta y nueve minutos, cuarenta y ocho segundos, contenta, muy contenta.

Después de un domingo de descanso pasivo, llegaron un lunes y un martes de piscina. En algún momento de mi vida me decidiré y entrenaré en el agua como es debido. Pero por ahora, me vale con no olvidar cómo se hace. La piscina de 50m se me hace eterna al principio. Qué duros son los comienzos. 1400 metros, 1450 metros.

El jueves fue, como el anterior, un día vigoréxico. Salimos Teo, Miguel y yo de la Magdalena, y en vez de tomar el PR donde siempre, nos metemos en una sendita que vaya usted a saber desde cuando está ahí y que nos ahorra un buen trozo de carretera. A lo mejor, hoy no subimos a Raca, pienso, ilusa de mi.
Empezamos a subir por un extraño camino, que después deja de ser camino, y que sube y sube sin parar entre coscoja y aliagas. La hermosa vegetación mediterránea. En un momento dado ocurrió que llegamos arriba, no podía ser de otra manera ya que en ningún momento dejamos de subir. Y una vez arriba, ya no teníamos otra cosa que hacer, más que bajar de nuevo. Y lo hicimos por los toboganes, por el mismo lugar de la semana anterior.

Y ahí quedan reflejados tres recorridos que puede una hacer desde la ermita de la Magdalena, que se pueden convertir en muchos más si se entremezclan. El cian (celestito de toda la vida) es el de la semana pasada. El amarillo, el que acabo de redactar. Ocho kilómetros, hora y veinte.
Y piscina, 1400 de piscina en 35 minutos.

Al día siguiente, que era viernes, tenía que ser un día ciclable. Me venía a buscar el Meditante con la idea (poco o nada meditada) de subir el desierto por Benicassim, que, aunque lo pueda parecer, no es lo mismo que subirlo por Castellón.
Vamos a explicar un poco de qué va esto de subir el Desierto.
A estas alturas de blog, igual queda raro explicar de qué hablo cuando hablo del Desierto. No obstante, lo voy a contar, que nunca está de más.
El Desierto al que me refiero no es un desierto de esos de dunas y arena, ni camellos ni beduinos. El Desierto de Las palmas es un parque Natural, que antes de Parque Natural era sólo sierra litoral. Y en ella, sobre el año 1700, construyeron un monasterio y se asentaron, unos monjes de la orden de los Carmelitas Descalzos. Estos monjes, a los lugares apartados destinados al retiro espiritual y la oración, los denomina "desiertos". Lo de las Palmas viene de la cantidad de palmitos que hay por allí. Aunque para mi, que de plantas sé poco y de monjes un poco más, el nombre correcto sería "desierto de la coscoja". Si bien entiendo que ese nombre es menos romántico que eso de " Las Palmas". Que nadie se rasgue las vestiduras.
Total, que allí se aposentaron los monjes hasta que se les inundó el chiringuito (con perdón) Entonces tuvieron ellos que buscarse una nueva ubicación para su monasterio, en un lugar que no fuera una hondonada, un valle ni un barranco. Y lo colocaron donde está en la actualidad.
Es, por lo tanto, el Desierto de las Palmas, un lugar de meditación -quizá esa obsesión de algún conocido por subirlo y bajarlo compulsivamente- salpicado de ermitas consagradas a distintos santos, imágenes y grutas para el retiro.
Pero no son sus santos ni su historia lo que tantas veces nos conduce a él, por lo menos no conscientemente. Es su belleza, sus sendas y su puerto de segunda categoría.


Aclaro que lo normal es no hacer esa subida completa, sino sólamente hasta el kilómetro 8, desde donde se enlaza con la otra vertiente: el desierto por castellón, quedando el asunto de esta manera:
Que este año, los señores profesionales del sector subieron y bajaron tres veces (tres) en los campeonatos de España.
Total, que después de tamaño tostón, que no me he inventado sino que lo he sacado de aquí, de aquí y de aquí, ya no me acuerdo de a santo (nunca mejor dicho) de qué venía todo esto.
Ah sí.
El Meditante quería que subiéramos el desierto por Benicassim, y bueno, no pude negarme y de pronto me vi pedaleando desierto arriba por unas curvas que no me hacían ni pizca de gracia. Sin embargo, me encantó la subida. Me encantó de verdad.
La bajada no.
Empezó a caer un formidable chaparrón que envió al traste toda mi seguridad.
Esto es ciclismo, Nereida.
¡Esto es una putada, colega!
Así y todo, llegamos abajo. una más.

30 de julio de 2011

para qué elegir

El día siguiente era 15 de Julio. Y ese día era el diezmil de la playa de Moncofa. Y ya no me acuerdo a santo de qué me apunté a semejante cosa, pero la realidad es que eran las 6 y algo de la tarde y estaba bajo el sol abrasador, vestida de corredora entre un montón de personas que parecían tener tanto calor como yo. Entre ellas Rubens.
Diezmil metros. Con lo que odio yo esa distancia, demasiado corta como para ir tranquila, demasiado larga para irse de rositas. Dan la salida y no tengo más remedio que ponerme a correr como alma que lleva el diablo, como si me fuera la vida en ello. Y tras esa salida lo único que pude hacer, ya que desafortunadamente no soy de las que tiene un dios a quien encomendarse, fue entrecerrar los ojos y dejar que pasaran los kilómetros uno a uno. Y cuando quise darme cuenta estaba entrando en meta con 50'40", que es mi segunda mejor marca de diezmil de todos los tiempos, cosa que me hace pensar en tres cosas:
1-Tengo una marca de diezmil horrorosa.
2- No sé correr diez kilómetros.
3- Mientras menos me preparo una carrera, mejor me sale.

Conclusión final: No saques conclusiones.

Pasaron algunos días más, y se me ocurrió la brillante idea de subir el desierto en bicicleta. Subir por Castellón, bajar por Benicassim. Con Rubens, que está ciclista perdido. Que si yo subo más rápido que tú, que si no, que si por aquí, que si por allá. Por la boca muere el pez.
Nos turnábamos en la subida hasta que aquel tipejo en bici de montaña se me colocó detrás bien acoplado y Rubens decidió que no iba a ser adelantado. Mientras yo intentaba sin éxito dejarlo atrás, el fulano se coloca a mi lado, me mira, se despide y se pierde. Y yo estaba demasiado cansada hasta para echarle siquiera una triste mirada de odio.
Al final Rubens me sacó un minuto. Y poco fue. 34 km.

Al día siguiente me quedé totalmente dormida y me despertó la llamada perdida del ciclista anunciando que ya estaba en mi puerta. mierda-mierda-mierda-¡joder!
El casco, la ropa, las gafas, dinero...zapatillas...¿qué me falta? ¡la bici! joder, la bici. Y una barrita, o dos. De estas mismas. Y de estas. Y el fore, me falta el fore.
¡Ya estoy! anuncio como si fuera temprano.
Y comenzamos: destino Benicassim. En Torre Bellver descubro que las cuestas de Oropesa, no es lo mismo que Oropesa por la costa. Y que las cuestas de Oropesa, son menos cuestas que las cuestas de Oropesa por la costa. ¡Rayos y truenos! ¡ectoplasmas!¡bachi-bozuk de los Cárpatos! ¿qué repámpanos he estado haciendo yo yendo a Oropesa por las infernales cuestas de la costa, existiendo las cuestas de Oropesa?
Total que llegamos a Oropesa charla por aquí, charla por allá. Me pregunta el Ciclista si nos metemos por la nacional, y yo, que me fío de él, le digo que sí. Instrucciones y en un momento ya estamos desviándonos en la Ribera de Cabanes. Puertecito.
Habrá que tomárselo con calma, la carretera es ancha así que no hay problema para ir charlando en paralelo. Y quinto turno arriba, quinto turno abajo, de pronto habíamos llegado a Cabanes, a pesar de la pendiente y habiendo dejado atrás las pequeñas gotas de lluvia que nos habían caído un ratito antes. Pues ya hemos hecho más que el Greg Lemond, que me dicen que abandonó en esa subida durante una vuelta a la Comunidad Valenciana. Y estaría encantada de poner una reseña bibliográfica, pero esta información pertenece a mi rumorología. El que quiera más información, que me pida el número del Meditante.
Agua de la fuente y fartón, ya estamos listos para seguir adelante. Carril bici hasta La Pobla, autovía hasta Borriol. Y de Borriol a la playa. 70 kilómetros. Progresando.



Ese día debía tener yo un ataque de vigorexia, porque después de comer, descansar un rato y pensarme si ir o no al concierto de Calamaro en Valencia, acudí a la Magdalena donde un montón de amigos habían decidido comenzar una rodadita de las de siempre. De las de tantas y tantas veces. De las que echo de menos. Aunque no hubiera dudado en irme al bar si la Kiya me lo hubiera pedido, insinuado siquiera. Pero no, si se queda para rodar, hay que rodar. Y comenzamos por el PR 378, y nos desviamos a la izquierda, por uno de esos caminos de los que la Veloz me decía "todos los desvíos a la izquierda llevan a Raca". No me encuentro mal subiendo, para ir con el gancho y estar doblando. Es más: me atrevería a decir que me encuentro bien. ¡qué caña!
Pero bueno, esto del fondo es cuestión de tiempo, y las sensaciones van y vienen. Dice Ximo que hay un camino que baja por....


Quizá fuera por ahí. No lo sé. Y nunca lo supimos, porque dimos media vuelta y volvimos por...


Por ahí, que era más corto.
Ellos iban bajando y nosotras también, sólo que más despacio. "cuando lleguemos, les pedimos disculpas" Que buena chica. "¡cuando lleguemos lo que vamos a pedir va a ser una explicación!".
Allá abajo estaban, con caras de circunstancias. Mejor seguimos, si protestamos sólo de vicio.
Once kilómetros entre amigos, hora cuarenta y poco.

20 de julio de 2011

Estamos


Pimmm Pummmm Pammm.... Buenas tardes playas de Castellón. Les informamos que está terminantemente prohibido el baño, por estar puesta la bandera roja.
Pimmm Pummmm Pammm. Buenas tardes playas de Castellón. Les informamos de la desaparición de un niño llamado Pancho a la altura del planetario.
Aquí no dicen, como allá, aquello de "viste bañador color estampado y toalla al hombro derecho", como si la despistada madre tuviera que reconocer en este último dato la prueba irrefutable de que efectivamente es su hijo e
l que anda vagando por la playa. O "dice llamarse Pepito" como si el pobre niño perdido estuviera para tonterías de ir diciendo el nombre que no es.
En fin, que así va pasando el verano, disfrutando de la megafonía de la playa, de los vecinos de verano (ausentes, menos mal, en invierno) y de las niñas que juegan a la Nintendo apoyadas en mi puerta, cayendo de espaldas dentro de casa cuando la abro.

Hablando de espaldas, comienzo a contar, que, cuando aún me duraba la preocupación por el dolor de la mía, acudí una tarde a la piscina. Mil metros.

Al día siguiente podía participar en la carrerita de la Montalba. Otro año más en la Golden Ligue. Como en 2007 , en 2008 y en 2009. Vuelvo a entrar en el pueblo, y vuelvo a encontrarme allí a Adri, a Rafa y a Pipe. Incondicionales. ¿vas sola?.
Ya tengo compañía, que para estos asuntos nunca viene mal.
PUM
Y todos a correr. Cuatro no sé qué. Cuatro no sé cuántos. Pipe, Adri y yo. Empezamos a subir y de Adri nunca supe nada más. Pipe se queda conmigo. Pasamos el 5000 en 24:14. Iván que vuelve y Pipe que me entrega.
Pues a este chico no lo conozco mucho: será cosa de aguantar el tipo dignamente
Seguimos subiendo: Será cosa de aguantar el tipo...
Última cuesta: Será cosa de aguantar...

Y gracias a unas palabras de ánimo y unos cuantos pensamientos motivantes llego a meta con 31'43", Un minuto diecisiete segundos menos que el año que mejor me había ido, 2007. ¡MMP del circuito! Alegría, bocadillo, clara con limón. Gracias Pipe, gracias Iván.


Tras el sábado, llegó el domingo de Bartolo. Allí, como en cada sitio, lo importante era estar. De las -múltiples- frases que regalaba de vez en cuando la Veloz, me parece que ésta va a ser la que una más recordará. Aunque la de "agua clara, lo que cuenta son las piernas" en su momento me dejó marcada y aún lo llevo a rajatabla.
Tras las palabras emocionadas, emocionantes del speaker, se dio la salida, y empecé a correr todo lo que pude para evitar el primer tapón. Llevo liebre. O conejo, no sé bien. Hasta camiseta al efecto portaba. Jose. Y Adri, con él.
Me siento bastante bien, pero llevando 4 ó 5 kilómetros, malo sería lo contrario. Llegamos al primer control y sólo paro a reponer agua, no tengo hambre. Jose anda por allá hablando por los codos... a verrrr el del conejo en la camiseta, nos vemos arriba. Ni caso. Jose, ¡¡que nos vamos!!.
Para cuando Jose quiso darse cuenta Adri y yo ya estábamos alejándonos por aquella sendita, y entonces fue cuando echó a correr urdiendo en su maquiavélica mente ( o urdiendo maquiavélicamente) un castigo para nuestra actitud.
Total, que cuando más en mi mundo estaba, más absorta en mis pensamientos, salta la liebre, o el conejo, tras de unos matorrales gritando cual poseso. Y no sé por qué cuando más debe correr una más paralizada se queda. Y con cara de imbécil, que es lo peor. Ya tuvo risas la liebre para un buen rato.
En las crestas no me compliqué demasiado la vida, fui subiendo poco a poco siguiendo los pies del de delante. Me encontraba bien...tan bien....que llegué al paso de chip con 1:49. Eso son sólo dos minutos más que el año que conseguí 3:10. Curioso asunto.
Pero empezó la bajada, y debe ser porque esta estrategia de entrenar en bicicleta y participar en carreras a pie me deja fuerte(cilla) para las subidas e inútil en los descensos, resultó que mis piernas pasaron a ser dos palos gordos e inflexibles, y por donde antaño rodaba rápido ese día saltaba torpemente. En la Font Tallá me alegro de encontrar a Vicente y sus nenes, que apenas me deja parar "sigue sigue" y comienzo la subida a las Agujas de Santa Águeda bastante entera.
Luego vino la bajada, bajada que odio. Allí me salva Julia del tapón, ella adelanta y yo aprovecho la coyuntura, y bajo bajo y bajo persiguiéndola. Y cuando llego abajo se me han acabado las pilas. Pues, rayos y centellas, aún me quedan unos kilómetros de llanos, huertos y playa...
Adri y la liebre me esperan. Pacientes. Me anima ir con ellos. Vemos la playa. Y la meta. Y se la dedicamos. Esta también.
3:18.
Estuvimos.

1 de julio de 2011

Cinco miles y cincomiles.

Pues no me acuerdo del orden de los factores, en todo caso no importa, el resultado es el mismo: saliditas varias y desordenadas.

El cincomil del Grao empezó emotivo, con un minuto para la Veloz, y el pensamiento colectivo que se une al recuerdo que viene siempre conmigo. Y que vendrá.
Salimos disparados, para variar. Estos cincomiles o me matan, o me hacen más fuerte: miro el forerunner "cuatro noséqué". No sé lo que durará ésto. Miro el reloj de nuevo "cuatro nosécuánto" Menos mal que es corta. Pasamos de nuevo por la Avenida. "cuatro noséquémás". Ay mi madre.
Linea de Meta, miro de nuevo "5,100 km" Uhmm.

Final según mi crono: 5350 metros, 24:37. A cuatro treinta y seis el mil. Cuánto tiempo sin escribir estas cosas. Se nota que es verano.

Unos días antes había sido nuestro primer descanso, nuestro de nosotros tres, porque ellos dos debían trabajar por la noche. Sin embargo, los cinco nos fuimos a Torralba del Pinar con un objetivo no común pero parecido: Él quería averiguar a dónde conducían ciertos caminos y encontrar unas neveras, y nosotros pretendíamos subir a los cinco miles de Espadán, uno detrás de otro. Eso es, a las cinco montañas de más de mil metros que hay en la Sierra de Espadán. Para acometer semejante empresa cogimos un track un poco falso que creé a partir de uno de Jose Ramón y de otro del Centro excursionista de Villa Real.

Y la cosa quedó así de mona y apañada, aparentemente.


Todo empezaba bien, antes de subir el primer pico debíamos encontrar algunos cruces donde los primeros en pasar, nosotros o nuestro ciclista, dejaríamos unas señales visibles para dejar constancia de nuestro paso. Y así fuimos avanzando. El primer mil, el Pinar (1102 metros). Segunda: el Alto del Pinar. O similar, tengo mis dudas de haber llegado a lugar alguno, quizá algún día OscarG o Miguelón se decidan a pasarme el track del desastre.

A todas estas, nuestro invitado avanzaba con paso decidido, OscarG ponía el modo fustigador, Miguelón tiraba como siempre y yo perezoseaba sin demasiado ímpetu.

Pista hacia abajo: la afrontamos al trote, y ahora mismo no me acuerdo de la mayoría de lo que terminó ocurriendo, pero sé que nuestro invitado encontró al ciclista en coche y se largó con él, no sé si por eso del tobillo o porque se dio cuenta de que no teníamos ni la más remota idea de cuánto íbamos a andar ese día. Recuerdo que seguimos hasta el área recreativa de Villamalur donde había unos hombres que llevaban unos sacos con el mismo estampado que las camisetas que usamos cuando salimos en bici, de hecho, el mismo estampado que la camiseta del ciclista. Que seguimos por una pista que era el GR36 y de allí llegamos a varios cruces, el del Jinquer con la Nevera, el de alguna carretera con otra, y que por falta de tiempo, al llegar al cruce de la pista de la Íbola con la carretera de Alcudia de Veo, allí donde se toma el camino que debía conducirnos al Pico Espadán, allí decidimos tomar carretera (y no manta, que sólo eso nos faltaba con el calor que hacía) e irnos de paseo hacia Aín, donde debían estar esperando nuestros compañeros. Pero el destino había hecho que a nuestro ciclista le pasara lo mismo que a nosotros, y que hubiera decidido tomar la misma carretera a una hora similar, así que en ella nos alcanzó, llegando al bar de Alcudia de Veo. Y allí dimos por terminada la ruta, de la cual sólo guardo datos hasta el momento carretera, cuando el Fore, aburrido, decidió apagarse al ver que ya no seguiríamos su estela.
Así quedó el asunto:



Veinticuatro de recorrido, más 5 de carretera, en un montón de horas. Miles subidos: puede que uno, puede que dos, puede que tres.

29 de junio de 2011

Escobares y Becquers


Y siguen los días de bici. Porque ya se sabe que las bicicletas son para el verano, aunque no lo sean y el libro en cuestión tenga poco que ver, en realidad, con verano y bicicletas.

En verano también hay tráfico, y según donde, incluso más que en invierno, pero todo es cuestión de buscar una ruta adecuada en un mensaje de correo electrónico guardado , y de allí sacar una excursión de un montón de kilómetros por el Maestrazgo turolense, que siempre es un lugar recurrente.
La gente que va en bicicleta es capaz de enumerar los pueblos de la provincia (y de la contigua) por orden de aparición en cualquier carretera con un margen de error bas
tante corto. Dicen, por ejemplo: "Villafranca- La Iglesuela, La Iglesuela-Cantavieja, Cantavieja-Mirambel..." mientras señalan cada pueblo en un mapa imaginario. Son capaces también de decir a dónde llevan los diferentes cruces y describir curvas con bastante exactitud. Sin embargo, a la hora de diferenciar "puerto", "puertecito" y "un par de rampas", suele haber algunas discordancias que no sé si más tienen que ver con el estado anímico o con el físico.
En todo caso, tomé aquella ruta y le hice la variación que se me ocurrió, más por kilometraje que por interés paisajístico, y así fue como nos vimos subiendo el puerto de Cantavieja, y luego bajando y bajando hasta Mirambel, donde tuvimos a bien parar a tomar un algo, para luego, mientras nos preguntábamos si, quizá, no estábamos bajando demasiado, subir levemente hasta La Cuba, pueblo natal de algún ascendiente de Manolo Escobar, según me contaron. En este punto comenzó el calor abrasador, justo cuando el camino comenzó a subir,
que es algo que, después de veinte kilómetros de bajada, se veía venir. De la Cuba a Portell de Morella la carretera serpenteaba y subía sin dar demasiada tregua, o esa sensación me dio a aquellas alturas. En Portell cogimos agua bajo una repentina nube negra, y tras una breve deliberación tras la charla con Alfonso, decidimos tomar la carretera que conduce directamente a Villafranca. "un par de rampas". La relatividad del número 2.
Siete u ocho rampas más tarde, llegábamos a Villafranca tan contentas. Setenta y dos kilometrazos para la primera salida larga en bici de carretera de
Patrykinder.

Tras otro día de bici, llegó la tarde del cincomil del grao. Y ahora recuerdo que no sé bien que día, una semana antes, corrí también una carrera en Les Alqueries / Alquerías del Niño Perdido, donde parece ser que nunca se perdió nadie, sino que "adquiere su actual denominación a raíz de la construcción, por los frailes agustinos, de un oratorio en sus propiedades de Bonretorn, y que en 1683 entronizan la imagen de la Virgen del Niño Perdido" (extraído del "REGLAMENTO DE PROTOCOLO Y CEREMONIAL DEL ILMO. AYUNTAMIENTO DE ALQUERÍAS DEL NIÑO PERDIDO") , para que luego me digan que no me curro las entradas, che.
Total, que de la carrera solamente recuerdo que no me salió del todo mal y que durante tres kilómetros me recitaba aquel señor: "me gusta cuando callas porque estás como ausente".... "¿qué es poesía?, ¿y tú me lo preguntas...?"... mientras miraba de reojo y preguntaba al viento dónde estaba si no me veía exactamente a su lado. "Quiero hacer desaparecer este abismo que nos separa..." -no te jode,- pensaba yo- pues no corras tanto.

Y con tanta lírica llegué bastante divertida a meta. Simpático señor.

Lo del Grao, para otra ocasión.