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19 de febrero de 2011

Diversifica chica, diversifica

Después de surcar el carril bici con la Veloz a toda velocidad, llegó un día en que me pareció buena idea subirme a la bici y volver a hacer una rutita de esas fáciles. Lo malo es que hacía tanto que no iba en bicicleta que hasta lo fácil se me vino a atragantar en las piernas, colocándose a modo de músculo incómodo. Ni las subidas las quería hacer como podía, no creo que pudiera hacerlas como quería. En todo caso, de casa a Borriol, y de Borriol a La Pobla, y de La Pobla a Cabanes, y de Cabanes a Oropesa, y de Oropesa a Benicassim. Y de Benicassim a casa. Y eso son setenta kilómetros para el primer día, que casi se convierte en último.

La cosa es que al día siguiente era domingo y estaba apuntada a la Marxa de Castro, de Alfondeguilla. O Fondeguilla, qué se yo. Y resulta que esa es una marcha que históricamente se me da más bien peor, porque tiene alguna subida de importante desnivel y alguna bajada conflictiva. Sin embargo, me motivaba hacerla. Y el objetivo, como en Tales y Tombatossals, volvía a ser llegar antes de que dieran las tres horas en el crono de meta.
Como sé que si una no sale deprisa en esta carrera, se arriesga a encontrarse todo tipo de tapones a lo largo del camino, decido salir todo lo rápido que puedo, que no es mucho pero es suficiente. Allá arriba, efectivamente, encuentro el primer tapón, que me viene de maravilla para respirar con tranquilidad. Pronto toca seguir subiendo, y eso hago, con Bad Religion susurrándome al oído algo acerca de un chico digital del siglo XX. Madre mía, creo que debería hacerle caso a algún amigo y comenzar a escuchar música de nuestra era. Para cuando me doy cuenta ya estoy bajando por una senda conocida y pisando los talones de una chica que hacía caso omiso a nuestras peticiones de paso. Pero omiso,omiso. Como quien oye llover. Y tan contenta.
Pues no pasa nada, ajo y agua, me digo. Haber corrido más en la subida.

En la siguiente subida más de lo mismo, y en la bajada, otra vez igual. Pero esta vez el acoso a las chicas reptantes, que vuelven a estar delante por problemas del directo, es mayor, crece la hostilidad y al final no tienen más remedio que esperar pacientes sobre una piedra. Pues no pasa nada, que a mi también me ha pasado.
Sumida en mis pensamientos, sigo avanzando, y tras una torcedura y un clavamiento de pedrusco, llego a meta. 2:49. Estupendo.



Los siguientes días quería descansar, algo me dolía y por otra parte, tampoco tenía demasiadas ganas de grandes cosas. Por lo tanto, lalala.
Pero luego retomé la actividad donde la había dejado, y aparqué en la Fon
t de Sant Josep para hacer la vuelta al Bartolo por la Balaguera. Y me sentí genial, porque el día estaba claro, y los -treinta y siete- almendros, florecidos, y el aire, frío y las sendas, humedas. Y el Bartolo, alto, y La Plana, plana. Y el mar en calma, y las Columbretes a lo lejos. Y Peñagolosa aún nevado. Y yo respirando...

Al día siguiente ya era Jueves, y la Veloz ya estaba curada, pero había que probar poco a poco. Y que mejor para eso que salir a rodar por la Vía Verde de Oropesa, al sol y al viento, tranquilamente. Aunque puede que a mi me faltaran uno o dos cafés y a ella le sobraran ganas de correr. Once kilómetros de llano, que tan bien nos vienen de vez en cuando.

Por la tarde sesión de plafón, allá donde se supone que iremos cuando la lluvia o el sol abrasador no nos dejen salir a la roca. Y allí estuvimos cambiando manos y piernas, y tanto cambio de manos me sirvió para que casi tuviera que cambiarlas literalmente.

Y luego ya fue viernes, y ese día fue el escogido para ir al Castellet a intentar encadenar algo, y fue un día muy raro en el que no me salió casi nada, más que algunos recuerdos poco buenos y algunas ganas de que se me pasaran. Covetes y covetes. Eternamente Covetes.


6 de febrero de 2011

Peces de ciudad

Los viernes de febrero no son tan fieros como los pintan. Cuando hace sol el mar brilla como una plancha de papel de aluminio y la gente nos da por pasear por la playa como si nos fuera la vida en ello: feroces ciclistas, tranquilos caminantes, intrépidos patinadores, corredores que vuelan. Y yo con mi bici y sin casco. Por el mero hecho de salir, por sentir el aire cortándome el cuello y para que me lloren los ojos con razón.

Y luego a Vallat. A escalar. Para que me sangren las manos.

Y el sábado a las plaquitas. Para ver las Columbretes desde el punto donde acaba la Plana. Para pasar otro día de febrero con el sol y las rocas quemándonos la espalda. Para que el dolor sea cierto. Para subir tres quintos y atar un algarrobo a un palmito, preparándolo para el verano.

Y el domingo a recordar un camino que ya había hecho, para encontrar el camino de regreso. Hora veinticinco.



Pues me ha quedado algo inquietante la entradita...igual me dedico a ésto

12 de enero de 2011

Como iba diciendo

A los Reyes (magos) los vi pasar en cisterna por el Serrallo, y tal fue la conmoción que ese día no tuve otro remedio que pasarlo viendo películas de dibujos animados y comiendo natillas. Mis excusas son cada vez más malas.Pescadilla al día siguiente, segunda tarde al otro: días de escaleras, y nisiquiera muchas.
Para el domingo me había apuntada a la marchita de Tales. Tales, donde el dolçainer,allá en un extremo muy bien aprovechado de la Sierra de Espadán. Empezaba a las 9:00 y tenía previsto terminarla en unas tres horas, por prever algo. Empezó a la hora anunciada, cuesta arriba como había advertido el speaker al efecto. Tras unos pequeños repechos, llegaron algunos un poco menos pequeños, y enseguida estaba colocada donde me parecía que debía estar: Este por aquí, estos por allá, esos otros por allí... Era el sitio correcto y decidí conservarlo. El problemilla surgió con la primera bajada que no era exactamente fácil, y donde me pasó y dejé pasar a alguno y alguna de aquellos. En los llanos fui recuperando posiciones y cuando llegué al segundo cartel de "avituallamiento a 200m", y me di cuenta que los 200 metros debían ser de desnivel positivo o de mala leche del amigo que puso el cartel, allí supe que quizá no iba tan bien ni tan alegre.
De todas maneras, una vez superado el bache pude continuar sin más pensamientos negativos. La última bajada, donde me alcanzó Julia, me pareció un coñazo, aunque bonita. Ya no tenía demasiadas ganas de saltar. Y al final llegamos a meta, unos pocos minutos antes de que se cumplieran las tres horas de carrera.
La charla de después, esa que se hago normalmente con una cocacola en la mano y que esta vez tuvo que ser con cerveza, sirvió para hacer el plan del día siguiente: Karmele, Villavieja y sus sendas.
Así que a la hora convenida estábamos las tres en el campo de fútbol del pueblo, mirando pasar a aquella señora tan campante con sus rulos. Y justamente en ese momento había dejado de chispear. Creo que el dolor de rodilla que llevaba desde anoche tenía que deberse a la humedad. Mi cuerpo acierta más que el Maldonado ese. La vuelta a seguir tenía que ser aproximadamente suave, para estirar piernas y tal. Y nos lleva la Karmele montaña arriba mientras a mi me daba la risa, por una senda que, sin exagerar a mi recordaba a una que subí en Cavalls de Vent este verano. Clavada, oiga, pero un poco más corta, que tampoco hay que exagerar. El entorno, precioso: fuente, aljibe, el terreno blandito y húmedo...una maravilla. Y a la izquierda se puede ir a unas cuevas, pero no da tiempo, pero si seguimos por aquí llegamos al Puntal. Qué cosas, yo estuve por esta senda hace dos veranos. Recuerdo ese cruce. Me vuelve a parecer, como el otro día por el desierto, que los caminos son casi eternos.
Subimos al Puntal por las cuerdas, porque para qué vamos a andarnos con tonterías. Y luego la bajada es una tranquila pista que surcamos veloces (más o menos) sin parar de charlar. Doce kilómetros y pico, y ganas de volver. Mucho por inspeccionar.

Llegó el Martes y con él la excursión a Villafranca, porque ¿por qué no?.
Aprovecho un track de Raccca y a subir el Tamborero me voy.

Desde la La Pobleta de San Miguel o de La Pobla de Bellestar, que nunca sabré el nombre del pueblecito limítrofe en cuestión, salgo por pista rumbo a no sé bien dónde, y en cierto cruce tomo la pista ascendente y de allí ya no vuelvo a bajar hasta pasado mucho rato. Aunque la intención era seguir el recorrido de la antigua Carrera de Villafranca,
aquella de la cabra, el albergue y el Tamborero, me parece que este track hace algo diferente, en todo caso esta subida me pareció más tendida y menos sufrida que la original. Al llegar arriba me encuentro bastante desorientada, no recuerdo ese refugio, ni ese vértice geodésico. Casi tampoco recuerdo la torre de vigilancia. No obstante, allí arriba estoy, con el Penyagolosa enfrente y tratando de averiguar si aquello de allá podría ser la sierra de Javalambre. Y que viento frío, gélido.
Sólo quedaba bajar, al trote, de regreso. 18 kilómetros más.

Hoy tocaba descansar, o escalar. Escalar. Sin embargo tenía sueño, estoy cansada. Así que me bastó con un par de vías. Otro día más. Hay que tener ganas.



5 de diciembre de 2010

Turismo (in)activo

Hoy ya es día 5 de diciembre. Ya andamos sobre el puente de los que lo tienen. Este año no me puedo quejar, tengo más puente que otras veces. Y como no me he comprado un billete de avión, pues nadie me lo ha fastidiado. Eso sí, llegan los controladores a armar todo este lío unos días antes y me quedo con los padres en casa unos días más. Y con este frío nos hubiéramos empezado a poner violetas ellos, y negra yo. Me pregunto si hubiera podido presentar alguna reclamación.
A estas alturas de lectura, uno ya puede intuir lo que es un hecho: "esta tipa no ha entrenado un pimiento". Y es una afirmación del todo cierta, si bien lo es también que en este momento tengo colocadas las mallas, las zapatillas y el cortavientos para salir a dar una vueltecita por los alrededores. Lo que pasa es que he asomado la nariz, y no hay más que frío allá fuera.

Como no hay mucha cosa deportiva que contar, con permiso del dichoso (dichoso de feliz) 5-0, pues voy a dedicarme a divagar sobre lo entretenida que he estado esta última semana...

Un día llegué a Madrid, otra vez. Con la maleta con casi las mismas cosa que hacía dos semanas, ropa de rodar incluida. Y en Madrid dimos unas vueltas p
arecidas a las de siempre: Gran Vía arriba, Gran Vía abajo. Carretas, Preciados, Callao... Prado y Retiro. Cibeles. Chueca, Huertas. Fuencarral y Hortaleza. Sol. Campo de las Naciones. Atocha...
Y Chamartín. Y en Chamartín conocimos a un bloguero amigo de mi madre al que le recomendaba el blog de Abbish, por eso de los viajes. Tenemos nuestro propio mundo paralelo que vamos creando a base de entradas.


Tengo las manos frías, sin embargo mi gato está caliente. Voy a tocarlo un rato. Para eso tiene una un gato y va limpiando pelos continuamente...
Eso es otra cosa que pronto va a cambiar, y es que voy a dejar de tener esa preciosa escalera negra. Me cambio de casa. Por enésima vez. Se alquila casita en Borriol. Razón, a mi.

Salimos de Madrid en Alaris, y llegamos a Castellón vía Valencia, que al final no salió tan bien de tiempo por retraso en el enlace hasta Castellón. Los retrasos inesperados no suelen traer nada bueno, pero, por lo menos, se supone que Renfe nos devolverá parte de lo invertido en los billetes. Política de puntualidad, se llama eso. Desde luego si a mi me hicieran pagar por cada minuto que llego tarde a un encuentro...no quiero ni pensarlo.

Y estuvimos en Peñíscola. Hubiera preferido ir a Morella, que me
parece más buque insignia de la provincia, a mi que soy dada a buscar lugares alejados y gélidos. Pero dado que lo de gélido no les iba bien a mis cálidos progenitores, y barajando que toda esa historia del Papa Luna y los templarios podría hacer más gracia a mi padre que las singulares mantas morellanas, en Peñíscola pasamos la tarde.

La Ciudad de las Artes y las Ciencias es un buen lugar que visitar, no en vano alberga el mayor acuario de Europa, digan lo que digan todos aquellos que opinan que el de Barcelona es mejor y que el de Lisboa es la caña con anzuelo. Yo sólo he visto el de Valencia, y me parece grande. Es más: me parece muy grande. Lo cual no quiere decir que sea mejor, ni peor. Lo que también es, es más caro, pero siempre más barato que un viaje a la
Patagonia a ver pingüinos o leones marinos o belugas. Claro que yo preferiría irme de puente a la Antártida, pero estando como está el espacio aéreo, mejor me quedo en el Oceanogràfic.
También puede una ver mantas, angelotes y sepias. Y caballitos de mar. Incluso hay un lugar para ocultarse una y escuchar una ola desde dentro....Artificios para soñar desde una burbuja.


Y no podían irse sin ir a la Albufera, porque estuve dudando entre el Delta del Ebro y La Albufera de Valencia. Humedal por humedal. Arroz por Arroz. Y ganó ese asunto del Cañas y Barro, que llevo 10 años viviendo en la Comunidad Valenciana, aunque a ratos una no sepa bien donde está ni a quién pertenece, y sobretodo, que ese día lo terminábamos en Manises. El all i pebre también tuvo algo que ver en la elección. Y la paella, y la paella. Porque patos, son patos aquí y en el Perú. Lástima de lluvia que nos dejó sin paseo en barca.


Y después de todo esto, volví a quedarme sola en casa, así que volví a intentar quedar con El rubio y Cia para subirnos a unas plaquitas en el sitio aquel de los naranjos, pero llovía y nos tuvimos que conformar con el rocódromo de Nules, que a mi me sigue pareciendo infernalmente difícil.

Y al día siguiente la Veloz y yo volvimos a nuestra salida semanal por la ruta del Cochinito, versión nuestra, por la que rodamos felices y en unos cuantos minutos menos que la última vez, como debe ser. Y que siga. Aunque puede que llegue el momento de ampliarla y hacernos la ruta del Cochinazo.

23 de noviembre de 2010

Nuevos mundos (acuérdate de la buganvilla)

La cosa es que aquella media (maratón) y sobretodo, aquellas agujetas, me bajaron al suelo toda aquella moral. Me parece que habrá que empezar de nuevo a algo para llegar de nuevo a lo mismo. O a un poquito más, para no perder la motivación.

Así que piernas a la obra, y quedo con la veloz para velocear por Borriol, que es un sitio estupendo para ello. La ruta del Cochinito no la llevo marcada, pero me parece que algo podremos hacer aún sin GPS. Y efectivamente no nos perdemos, salvo en un apícola desvío sin mayor importancia. No me siento muy allá, tengo el pecho como unas maracas, creo que debería empezar a tomar algo para la tos. Nos salieron 12 km en hora veintipico.

El jueves por fin pudimos el Rubio y Cia y yo, quedar con los Kiyos para hacernos unos quintillos. O cuartillos, no sé bien qué eran, en un lugar desconocido para nosotros. Tras aprendernos la aproximación (el puente, la autopista, la buganvilla, que también viene de Brasil-el lector no es consciente de lo que aprendo yo escribiendo este blog- , la puerta..) llegamos a las paredes que tienen aspecto de poco gastadas y que son una caña en potencia. Subo un IV+ de nombre que no recuerdo, fácil y segura. Me gusta. Plaquita. Y suben el Rubio y Cia mientras Kiyo y Kiya hacen lo propio un poco a la izquierda. La de al lado te gustará más, dijo él con sonrisa cabrona. Qué miedo, pensé yo.
Y allá que me fui, escaqueándome hasta que: coge ya la placa hombre ya. Vaya, se ha notado.
Subir en bavaresa un pequeño trozo y plca pura y dura más arriba. Bonita. Muy divertida. Yo subo y Julia baja de la reunión de al lado. Buf... Pero sí, la verdad es que era bonita. La última que subí, cortesía de la cuerda de los Kiyos, debía ser del mismo grado que la primera, y resultó también bastante entretenida, con lo que, pasada la tarde, concluyo que fue productiva e interesante, así que espero que tengamos más jueves de éstos.

Después de tanta alegría y felicidad llegó la pescadilla, y después las tardes, y con ellas los días en blanco. Afortunadamente después una se encuentra con unos cuantos días libres que la devuelven a donde quiere estar. Y el primer descanso ya quedé de nuevo con La Veloz para hacer la misma ruta de la semana anterior, y, pese a que me sentía peor y pensé que andábamos más, resultó que tardamos 4 minutos menos. Todo suma, dice ella, sabia.

16 de noviembre de 2010

Ideas de bombero













Se me olvida, se me olvida lo que hago...

El caso es que tampoco ha sido gran cosa. No obstante, lo cuento, por no terminar de olvidar, aunque alguna cosa sea, efectivamente, para el olvido.

No lo fue la tardecita de escalada ligera que tuve con el Rubio y el otro compañero que, para variar no se llama Oscar. No-Oscar, le llamaremos, para preservar su intimidad. Poco hice, pero lo poco que fue, me supo a gloria por la tranquilidad con que lo hice.

Por otra parte, resultó que unos días después del camino me había dado por salir a rodar por carril bici, por eso de ir haciendo algo sin terminar de jorobarme los gemelos que los tengo fritos de poco cuidármelos. Y debió darme demasiado el sol, o quizá ingerí demasiada agua de golpe, que no se me ocurrió otra idea más feliz que la de apuntarme a la Media de Xirivella. Media de "media maratón". Media maratón de asfalto, para ser más concretos. Una corre a ritmo tortuguilla durante un rato por un carril bici, y ya se cree la versión morena (y alta, con perdón) de la Marta Domínguez.
Total, que me presenté en Xirivella con Paco, al que había liado para que corriese un rato por las calles del pueblo en cuestión. Y cuando estaba de pie allí plantada, en esos minutos de apretujamiento justo antes de que se diera la salida, me dio por pensar que 21 kilómetros era muchísimo y que yo hacía una barbaridad de tiempo que no corría tanto por llano. Y empecé a preocuparme.
Los auriculares del Ipod shuffle se me volvieron a espachurrar, y llevo 3, a 30 euros por cada uno... me hubiera dado para comprar un Ipod Touch.
Y qué bien me siento y cuánta alegría despido. Supongo, por otra parte, que ese qué y esa cuánta siguen llevando su preciosa tilde diacrítica.
4 kilómetros y alegre voy por las, llamemos "concurridas", calles de Xirivella. Por sus huertos y su polígono industrial.
A 5'20", 5'15", 5'18" minutos los kilómetros. 5, 6, 7 kilómetros y mi alegría no tiene fin. Cuando paso el diezmil en 53 minutos comprendo que, irremediablemente, me queda poco de vida. Y lo peor es que ya no hay vuelta atrás. Por el kilómetro 12 andaba yo ya buscando a Paco con la vista, a ver si eso de llevar compañía me devolvía algo de la alegría derrochada. Pero no, pese a sus incombustibles ánimos, yo andaba (trotaba) más muerta que viva y deseaba que de una vez acabara semejante suplicio.
Y qué calor.
Antimarca de todos los tiempos: 2 horas 2 minutos que no quedan reflejadas en ninguna parte porque corrí con el dorsal que me regaló Charly, que tenía compromisos en Villena-Gracias Charly- y porque, por eso mismo, no pasé por el lector de código de barras. La cosa es que entré muy acompañada, no sólo por Paco, sino por más gente que también tiene a bien correr medias en dos horas. O más
Y al día siguiente apareció aquella de la que me había olvidado: "LA AGUJETA"
Ni para arriba, ni para abajo: sin darme cuenta, estaba naciendo el "Modo Petete".

Y con el Modo Petete ON, me fui para Madrid, como cantan los de El Barrio, sin remordimientos, a hacer un curso de protección contra incendios que resultó bastante entretenido, llamas por aquí, llamas por allá. De salir por el Retiro, esta vez nada de nada, que nos dio por ir a ver el Musical de los 40 y no había tiempo para todo.

Y ahora estoy en fase de andar con planes, entre pitos y flautas: rodaditas, escaladitas, bicicletitas... quién da más.


3 de octubre de 2010

Benitandús (tendinitis cerebral)

El sábado por la noche me andaba preguntando si los veloces me adoptarían en una salidita mañanera y dominical, y como son unas personas la mar de simpáticas pues sí, me adoptan. Sería una salida conjunta con los Kiyos, que es algo que no hace, de ninguna manera, que yo me tranquilice. En fin, me grabaré el track por si tengo que, en algún momento, hacer mutis por el foro, salirme por la tangente, o huir despavorida.
Salimos los borriolencs adoptivos del lugar donde habíamos quedado, y bajamos por cierta senda que ya había pisado alguna vez, y a los diez minutos ya hemos llegado al lugar donde debían aparecer los Veloces, que a mi me parece que es un cruce de caminos en mitad de la nada. Pero se ve que no, se ve que es un cruce de caminos con principio y fin bien definidos y de fácil acceso en coche.
Empezamos: rumbo a la cantera para encontrarnos el recorrido de la Tombatossals, que no sabemos ninguno si la haremos o no, pero que además de variadito, está bien cerca. Por aquí. Por allí. Bancales. Qué raro, por lo menos no me pasa a mi sola. Es que me cortais el ritmo, che. Cachonda que es una.
La diferencia entre ellos y yo, es que yo al final nunca encuentro el recorrido adecuado, y ellos rápidamente salieron del atolladero, y pudimos continuar la salida tranquilamente, escuchando el palike de aquellos y cediéndonos el paso educadamente unas a otras en cada bajada.

En la subida al Tossal casi pierdo el hígado o los pulmones, no sé bien qué, afortunadamente era corta. Y además la última. Quince kilómetros y algo, dos horitas y poco.
Menos tiempo del que estuvimos con las cañitas y los limones.

El lunes a nadar a Castalia. Una calle por persona, o una persona por calle, escojo una que me parece adecuada y al poco rato, cuando nos encontramos en la pared, resulta que es Miguel en su faceta piscinante. Ochocientos metros, oiga. Que los comienzos siguen siendo duros. Y eternos.

Martes lalala y Miércoles lalala general. O casi. El tema es que el Rubio y yo nos fuimos a encaramarnos al Castellet, que nos pareció un buen sitio por eso de que no hay que pegarse la sudada del quince para llegar. Y allí fuimos, y como no, cogimos las vías más agradecidas, repetidas y bonitas del mundo mundial (puede que no sea objetiva) : Covetes(V), Covetes II(V) y Variante(V+), a las que puede que yo les rebaje un poquito el grado al hacer la salida como y por donde me da la gana. Que para eso las piernas son mías y me las parto donde quiero. Y allí no quiero.
Y las hicimos las 3, tan ricamente y tan bien que estaba saliendo todo, hasta que al aterrizar al terminar Variante, me doy cuenta de que algo está enganchado y de que no puedo mover la pierna normalmente. Ya la hemos liado ¿y ahora qué?
Pues ahora Ibuprofeno y reposo deportivo, dijo el médico el jueves, tras mirarme el punto que señalaba sin demasiado entusiasmo. Tendinitis del adductor mediano. ¿una tendinitis en 5 minutos? ... sí.
Pues nada. Ni bici ni escalar. Yupi.
Total que se me fastidió el viernes escalador.

El sábado salidita andadora, por eso de no pasarme. Con la Juli, que tampoco puede pasarse. Para variar un poco, y con bastante afán investigador por mi parte, aparcamos en Sueras y comenzamos a andar siguiendo un track que debía conducirnos a lo alto de los Órganos de Benitandús. Salimos por el Camino de Matet, que pronto va a encontrarse con el PR-CV-161,
que si quisiéramos nos llevaría dando una larguísima vuelta por lo más bonito de la Plana Baixa, cuando está casi lindando con el Alto Mijares y es ya Sierra de Espadán.
A los dos o tres kilómetros empieza lo bueno para nosotras, la subida se va endureciendo poco a poco, o no tan poco a poco. Suerte que se trata de una bonita senda entre pinos y alcornoques que nos tapan tanto el sol como lo que nos resta de ascenso, que es una manera de no agobiarse una.
De repente estábamos en lo alto de los órganos, podíamos crestear, bajar, subir...lástima que no teníamos demasiado tiempo para hacer nada de eso y que, tras la foto de rigor, tocó salir de allí echando chiribitas. Bajando por una senda perfectamente definida llegamos al cruce con el GR36, y lo tomamos con dirección a Torralba del pinar. Y de pronto estábamos frente al Mas de la Campana, a donde a mitad de Agosto había llegado casualmente con Paco el día que buscábamos el poblado del Xinquer. Lo que me hace pensar que ya tengo verdaderamente definido ese camino que nos llevará desde Almedijar o Aín hasta los orgános de Benitandús, y el Xinquer, pasando por un montón de esos preciosos rincones que huella a huella nos va regalando la Sierra de Espadán. Sólo hace falta escoger el descanso adecuado.
Toca la Juli la Campana y seguimos pista abajo a paso ligero, hasta llegar a un merendero del cual partía el camino que habíamos de tomar para llegar al Castell de Mauz. También ese sendero está perfectamente definido, y yo no dejo de extrañarme por no haberme metido aún en ningún bancal ni campo de cultivo de ningún tipo. Ni siquiera he tenido que destrepar nada. Tiempo al tiempo, time to time.
Cuando ya tenemos el Castillo justo encima, separamos los caminos, y, antes lo pienso, y antes estoy encucuruchando un murete que conducía a unas piedras que estaban en un camino que llevaba a unas plantas que, para variar, tenían pinchos por todas sus caras.
¿dónde estás? aquí ¿y ahí hay camino? no...
Bueno, pues tampoco vamos a poder subir ahí, lo dejamos pendiente, que ya se hace tarde y yo voy de noches. Volvemos por senda, camino y azagador hasta Sueras, en donde entramos por el suroeste, sólo queda encontrar el punto de partida. Quince kilómetros, tres horas cuarenta y cuatro minutos, y tan dignas nosotras.



19 de septiembre de 2010

La media de Alcora y el HTML de las letras de colores


Pasó el queso. Y pasó la semana posterior a Catí con dos días de escalada y algún día de escaleras-escaleras-escaleras.
El primer día de escalada fue en Racó de Farol, y salió más mal que bien. El segundo día fue en el plafón de Nules, por eso de ir buscando un sitio donde guarecernos en el otoño - invierno que se va aproximando. La calificación de la experiencia, la voy a dejar en "interesante". Sin embargo, al rubio lo veo más suelto en estos sitios que en otras canales...

Media maratón de Alcora. En 2006 estuve allí, en su primera edición bajo la lluvia y siendo el primer día de un doblete : L'alcora - Estivella. En 2007 consta en mi blog que me retiré por dolores. Y este año podía inscribirme y estrenar mis 31 en un evento festivo de estos.
La salida fue rápida, estrepitosa: km 5, 28 minutos. Carrera por pista ondulante, un poco arriba, otro poco abajo. Kilómetro 10:1h8'. Qué barbaridad.
En poco comienza una bajada algo más larga y un poquito técnica que me hace perder mucho el ritmo, la paciencia y al tipo de delante. Sin embargo las chicas del trote asombrosamente constante siguen ahí cerquita.
Subida, y desastre. Cuesta la cuesta.
Y bajada.
Y comienza el kilómetro vertical y estoy que no quepo en mi, y eso que el kilómetro era lineal y lo que se subían eran 400 inofensivos metros. Al llegar arriba sólo digo dime que se ha acabado...
Lo que sigue alterna el terreno ondulado, con alguna pista, con alguna senda. Desde luego el recorrido tiene de todo para todos.
Meta con 2 horazas y 48 minutazos para 20600 metros. Y desnivel positivo...pues más o menos mucho. Poco al principio, algo más al final. Y que preciosas las vistas sobre el pantano.
Perdona...¿sabes dónde hay como un entrador...con un poste con tres señales de tres caminos de esos de andar, uno de ellos indicando a una ermita que no me acuerdo cómo se llama, y además tiene un cartel que dice algo de un ecoparque? E increiblemente y contra todo pronóstico, tras esa pregunta pude encontrar el coche y volver a casa. Si es que me explico como un libro abierto.

12 de septiembre de 2010

Qué es eso: Eso es queso.

Septiembre siempre me ha parecido un buen mes para empezar cosas. De hecho, la primera cosa que decidí en la vida la decidí en Septiembre, y fue sacar la cabeza a este mundo -a veces- estupendo.
Y también era Septiembre cuando empecé una vida nueva a unos 2274 (dosmil doscientos setenta y cuatro) kilómetros de mi casa.
Y ahora vuelve a ser Septiembre, así que es momento de empezar un curso, una colección por fascículos de Planeta de Agostini y un plan de entrenamiento.
También ha sido el momento de cambiar de piscina, así que he abandonado la provincial y me he comprado un estupendo bono de diez baños para las municipales: bonitas a la par de baratas.
Septiembre siempre trae cosas buenas, la luz es diferente y los días más cortos.
El problema es que Septiembre sólo dura un mes. Y hay que aprovecharlo.

Tras unos cuantos días de desorientación deportiva, un lunes de estos quedé con Paco para comenzar de nuevo a explorar la sierra de Espadán. Salimos desde Almedíjar hacia la carbonera (que no la Carbonero, lo siento Paco) y desde allí anduvimos o trotamos por el barranco de Almanzor. Nos las prometíamos felices hasta que de pronto había que subir a Cerro Gordo y resultaba que las aliagas y los pinchos de diversa índole se habían apropiado absolutamente del camino. Así que la travesía fue una sucesión de ayes cuyo resultado fue el de los dos intrépidos con las piernas como salidas de una peli de Mel Gibson. Afortunadamente creo recordar que finalmente mejoró el camino, aunque por la pista de la Íbola yo sentía las piernas como prestadas, blanditas, vacías, qué sé yo...
Con lo que lo mejor fue llegar, buscar un bar, tomarnos unas claras y buscar la quesería. El paraíso, oiga. El queso Peña Blanca me ha llegado al alma. Y la mermelada de tomate también. Y el membrillo....ays.
Quince kilómetros, ¿tres horas y media? Paco, deberíamos entrenar más.

Unos días más tarde recomenzamos una nueva temporada escaladora en Racó de Farol. Me quedé dormida, así que al Rubio le tocó despertarme, pero bueno, en poco tiempo ya estaba en el lugar de salida. Y subimos a Racó, y nos ponemos a ello. Primero él, suelto y estupendo, y luego yo. Y teniendo en cuenta que es una vía que, a pesar de no tener grado alguno (IV+), a mi históricamente siempre me ha costado horrores encadenar, pues el resultado no fue tan malo. La lastima es que me sigue doliendo el dedo gordo del pie.

Y el sábado me surgió un día inesperado de vacaciones, así que aproveché para apuntarme a una carrerita de la que siempre me habían hablado muy bien: la volta de muntanya de Catí. Para no abandonar esto de los asuntos queseros.
Una vez hube averiguado cómo se llegaba al pueblo, el proceso fue el de siempre: llegar, aparcar, coger el dorsal, calentar brevemente, saludar más brevemente aún y echar a correr. Y no sé qué contar del recorrido, aparte de que me encantó.
La primera subida era algo dura, pero al estar tan al principio e ir aún todos tan juntos, lo único que se podía hacer era seguir la rueda del de delante y que este nos llevara hasta arriba. Una vez ahí, era otro cantar: nos anunciaban bajada técnica y además cada uno podía, dentro de cierto orden, bajar por donde le parecía más oportuno.
La siguiente subida era la reina, trescientos metros en dos kilómetros en una subida directa en la que si a una se le ocurría darse la vuelta a contemplar, como fue el caso, corría el riesgo de quedarse embelasada con el paisaje.
Desde allá arriba hasta abajo podíamos trotar, saltar y tener cuidado, todo a la vez. A ratos se complicaba y a ratos se convertía en una preciosa senda tapizada de hojas. Luego llegó el barranco y las piedras, con lo que no me quedó más remedio que bajar un poquito el ritmo, por eso que comentaba del dolor en el dedo y los golpes repetitivos en él. Una lástima porque perdí un tiempo que no iba a poder recuperar en la siguiente subida.
Antes de empezarla encontramos el cartel "benvinguts a l'infern". Vaya moral.
Realmente aquella subida era corta pero infernal, y allí tuve un pequeño momento de tristeza física.
Pero pronto estábamos en una pista tan ancha, tan cómoda, que desembocó en una carretera aún más ancha y aún más cómoda que nos llevó finalmente a la meta. Ventiún kilómetros, tres horas dieciseis minutos.

30 de junio de 2010

3 fuentes y un destino (incierto)

El tiempo vuela cuando una, de pronto, echa la vista atrás y se da cuenta de que hace 9 meses que cumplió los treinta. Las cosas se han ido sucediendo a cámara rápida, aunque la sensación habitual fuera la de estar ausente. Y ahora estamos en verano, cuando los días son tan largos y tan claros que pasan aún más rápido que los de invierno. A pesar del calor.
Y sólo queda optimizar, progresar y esperar.
Y no perder la fe en lo que quiera que sea que la tengas.

Esto viene a cuento de que quedan dos meses para el UTMB y no me encuentro ni por asomo preparada, si bien es cierto que ahora, por lo menos, sí tengo ganas de entrenar. Y eso sí ha sido, al contrario que lo de la escalada, más cuestión de soma que de psique.
El sábado recogí a Julia donde siempre y aparcamos en una efímera sombra frente al monasterio nuevo.
Salimos en busca de la pista de La Pobla, por donde transcurre la marcha de verano. Adelantamos a tres simpáticos señores y a su microperro asesino. Crestas: por aquí, no es. Sino por aquí.
Y recto hacia arriba en esa subida tan conocida. Se encuentra de todo uno por el monte... Roberto comienza la frase y yo la continúo medio sonriente, que la subida no da para mucho más. Entrenando Bartolo. Vamos juntos hasta casi las antenas y allí nos despedimos. Él sigue el recorrido de la marxa de verano, nosotras la de invierno, que así podremos repostar agua en Les Santes. No me gusta el agua de les santes.... ¡acabáramos!.
Bajamos la Balaguera, en la vida habíamos hecho semejante cosa ninguna de las dos, así sí parece algo corredora, y no al revés como pretendía la Veloz. Yo sí bebo en les Santes, tengo el día raro, me siento muy bien pero estoy bebo más de lo habitual. No sé si será bueno o malo, pero la cosa es que así es.
Que si por aquí o si por allá, la picha hecha un lío y Julia que lo tiene claro. Pues para allá, no sin antes andar y desandar por territorios más o menos inescrutados.
Pista arriba parece que el sol pega más. Sol y más sol. Bajo una sombra paramos y comemos algo, mientras, el sol sigue brillando amenazante tras esas ramas. Ya verás que risa en Agosto.
Font Tallá o Font de Sant Josep. Pues hoy Font Tallá. Bajamos por la senda que nos deja en la carretera, y seguimos bajando, y luego nos desviamos y llegamos a la Fuente. Nos hemos tenido que salir algo del recorrido, pero desde luego ha valido la pena, mi reino por agua fresca.
Volvemos.
Y llega el punto confictivo. Kms vs. llegar a comer. Gana llegar a comer, que he quedado. Así que nos perdemos el final del recorrido, y sin embargo, ganamos otro: subimos hasta la Font de San Josep y de ahí trotamos por carretera hasta el (incandescente) coche.
23 kilómetros y medio en 4 tranquilas horas. Que para algo deben servir.

El domingo, para ser domingo, no había nadie en el Castellet. Llegué con demasiado sueño para ser las horas que eran. Y así salió. Nuevamente poca cosa, vía y media. Que es mejor que nada pero peor que todo lo demás.

El lunes había pensado estrenar la vuelta del Cochinito, que es una cuyo nombre me ha gustado y que me la pasó el Kiyo cuando supo que me había venido a vivir a este pueblo. Pero no sé en qué estaba pensando que salí de casa y en la calle me di cuenta de que no la había cargado. Bueno, pues, a experimentar tocan. Largo trozo de carril bici, desvío, subidita, bajadita...Y se me hace la hora de ir a trabajar tan rápido que nisiquiera me doy cuenta.

El martes pescadilla, y el miércoles lalala. Mañana será otro día.

27 de junio de 2010

Un ala de menos (no te las cortes)

¿será verdad que se ha casi solucionado mi formidable lío con vodafone? no cantaré victoria aún, que me temo que es pronto todavía....

El domingo me había entretenido con el Mapsource durante un buen rato. Efectos secundarios de no tener internet. El resultado de ese rato, entre otros, fue un gracioso recorrido de 42 kilómetros-señal divina- y no me acuerdo cuánto desnivel que surgía de unir ciertos caminos de Borriol con la Petjada de San Joan de Moró. -Qué bonito, qué bonito-pienso, emocionada. Y además tiene forma de ángel o demonio. O murciélago tal vez. Juzgue usted mismo.




El lunes salimos a probarlo. Al principio recorríamos una parte de la marxa a peu de Borriol, y al llegar a cierto punto nos desviábamos por un camino en el que pronto empezamos a encontrar señales inequívocas de la petjada. Una trozo de cinta aquí, otro allá. Aquí una marca, allí más cintas. Me da la sensación de que ni una sola cinta han quitado entera. Bordeamos cierta cantera de ruido ensordecedor que al principio me hizo pensar que nos aproximábamos a una versión autóctona de Jurassic Park. Pero no, no eran más que retroexcavadoras. Lástima.
Llegamos a Sant Joan y decidimos no entrar al pueblo. Vamos a ponerle un poco de riesgo a ésto. ¿Para qué entrar a repostar agua si podemos ir secos bajo el sol abrasador durante algunas horas? Saliendo de Sant Joan encontramos una -quizá- pedanía en la que no había fuente pero sí unas personas muy simpáticas que nos ofrecieron una botella de agua.
Tras eso, continuamos el camino hacia arriba, como pequeño aperitivo de lo que encontraríamos más tarde: El tozal del Mollet y su senda de subida, con su senda de bajada, porque, por muy bonito que fuera el sitio, no era plan de quedarse allí para siempre.
En un tris estuvimos de escaquearnos de subirlo, pero no encontramos el atajo y no hubo más remedio que ponerse manos a las piernas y tirar para arriba con más o menos alegría.
Y llegamos arriba. Y por lo tanto tocaba bajar. Y en la bajada encontramos la ermita de Sant Vicent, con sus banquitos y su fuente de agua fresca. Afortunados somos. Un poco más tarde estábamos de nuevo subiendo a alguna parte, rumbo a Borriol. Y enseguida llegamos al punto aquel que descubrí por primera vez con la Veloz unos días antes y que fue la fuente de inspiración para montar este tinglado. Bien, si seguimos por aquí han de quedar unos 12 kilómetros. Por aquí queda menos...
Rubens hizo la elección correcta, así llegamos a Borriol a una hora aún decente para comer. 30 kilómetros. 5 horas 50. Y el angel, o demonio, o murciélago perdió un ala. Y así quedó, de manco:


El martes nos íbamos a Vallat. A escalar, claro. Pero qué calor. Buscamos un sector desconocido para ambos y que estuviera a la sombra. Y eso era "la bajada". Desde luego no puede decirse que se me diera especialmente bien. Realmente incluso podría comentar que se me dio especialmente mal, si no fuera porque días más tarde se repetía la misma sensación, una y otra vez.

El miércoles, lalala. Tardes tórridas de verano.

El jueves seguía haciendo un calor abrasador, pero qué más da. Es verano. Yo llegaba tarde, para variar, después de una intensa y surrealista conversación internacional con Vodafone. Y hay días que pasa de todo, así que era el día perfecto para que el Rubio encallara el coche en el parking del Castellet. Menos mal que no todo el mundo pasa de largo. Para mi todo son señales de mal fario, y ya llegué a la base de Alice Proyect pensando que tal vez no era una buena idea. Pero la sube él sin dificultad y yo me animo a intentarlo, pero no hay manera.Y lo peor es que empiezo a creer que hay más de psique que de soma.

Viernes. Rodadita por las cercanías. Desde casa a la Botalaria, de la Botalaria a la Pedra, de la Pedra a casa. A horas de calor, que sin duda son las mejores. O será que yo sigo con mi sobredosis de hierro. O será que me gusta rodar, y me estoy dando cuenta de nuevo. O será el verano. 11100 metros.

20 de junio de 2010

De piedra en piedra.

Lo cierto es que contar cosas varias en el blog es algo así como una terapia. Parecido. Y hasta ahora me resultaba bastante barata. Hasta ahora porque ahora ha sido cuando he cambiado mi banda ancha de ONO por una tarifa plana de Vodafone, que se llama contigo (es decir, conmigo) y que es ilimitada. Lo que yo no pensaba es que lo que iba a resultar ilimitada era la factura, porque la conexión es más bien limitadilla. Otra cosa ilimitada es la caradura de la compañía que durante 5 días no ha sabido explicarme en concepto de qué cosa pretendían cobrarme 600(#seiscientos#) eurillos de nada.
La cosa es que con estas tarifas a mi me empieza a salir más barato ir al psicólogo, volviendo a eso de la terapia, que seguir contando esta cantidad de tonterías en el blog.
Espero que finalmente Vodafone solucione sus problemas, que son los míos, y volvamos a tener esa relación entrañable que dura ya diez años. De hecho, y ahora que me da por pensar en ello, me doy cuenta de que es la relación más larga que he tenido con ninguna cosa ajena a mis papis y a ciertos amigos lejanos...Me temo que es la hora de cambiar.

El viernes pasado empezaba el ciclo de nuevo, primera mañana. Y ya no me acuerdo de si tal vez fue ese día cuando volvimos al Racó de Farol a hacer de las nuestras. Me temo que sí. Y ambos estrenando pies de gato, que es tan bonito como incómodo. En todo caso, lo que recuerdo del evento es un enorme dolor de pies.

El sábado también iba de mañanas, así que no había podido inscribirme al megaultratrail del maestrat que habían montado los del club de Montaña Desnivell. Lo único que podía hacer era ir a ver a la cantidad de gente conocida que se había metido en el ajo. Lástima de tomenta y de lluvia y de frío que convirtió la lista de abandonos en una buena escabechina. Y lo divertido que es conducir mientras dos orugas doradas te dicen que tu coche consume demasiado, que es que va en segunda, que que sepas que por aquí vamos a Castellón, que tendrías que haberte desviado hacia Villafranca. Hombres....

El Domingo volvimos a Racó de Farol. De nuevo con nuestros gatos asesinos. Y bien, poco a poco va cundiendo y progresamos adecuadamente. Al Rubio se le ve más y más suelto.

El lunes había pensado hacer un largo por montaña, pero a última hora cambié de planes y de paso lié un poco a la Veloz, que venía de cumpleañera y con ganas de no hacer más de una horita. Pero una cosa llevó a la otra, Sí, ahora es por aquí.... y ahora es por allá..... y la horita se convirtió en dos y un poco, dando una vuelta por la Sierra de Borriol. Me gustó el ratito, de charla como siempre. Y por supuesto, subimos a la Piedra. 15400 metros.

El martes íbamos a escalar, y a correr....pero se complicó la tarde meteorológicamente hablando y nos quedamos sin salir. lalala.

El miércoles también íbamos a escalar. Y también se fastidió la cosa con las lluvias de la tarde. Pero bueno, por lo menos se podía salir a rodar. Salí por la pista de Pitarch, y de ahí me desvié por cierta senda que me condujo a un barranco, y remontándolo un poco llegué a la carretera, y de ahí a la Fuente de la Botalaria, donde pensé que no había estado nunca, pero que reconocí como lugar visitado en cuanto la tuve enfrente. Desde allí, como no podía ser de otra manera, subí por enésima vez a la Piedra. De piedra en piedra. O ni eso, porque la piedra siempre es la misma: una piedra bastante grande, coronada por una cruz y metida en un parterre. Algún día me enteraré de más cosas acerca de esa piedra. Por ahora, seguiré subiendo, sin más. 12500 metros.

El jueves pescadilla. Y el viernes, otra pescadilla más. Y dormir. Dormir y dormir. Y entre dormir y dormir, ir llamando a Vodafone a ver si me iban resolviendo el asuntillo. Mejor hubiera seguido durmiendo.

El sábado, más piedra. Salí a mediodía, que es la hora que históricamente mejor me sienta. Parece como si llevara corriendo toda la vida. Pero sí, es una buena hora para mi: las dos de la tarde. Repetición de la salida del lunes: por el GR33 hacia la Piedra y volver por donde venía la marxa a peu. O por donde va. Amaral de fondo y yo sintiéndome genial. Qué buenas sensaciones, que día... 15400 metros, 2 horitas justas. +840 metros.

El domingo, amanecí acordándome del vino que probamos (y volvimos a probar, tipo los peces en el río) el sábado para cenar. Estaba tan formidable como el dolor de cabeza que tenía al levantarme. Un remedio infalible para la resaca es salir en bicicleta, pero, ¡cáspita! sólo pensarlo me ponía los pelos como escarpias....mejor me duermo otro rato.

A una hora más razonable, a esa en la que ya sólo quedan tres horas de sol, me puse en marcha y, como no, después de la llamada de rigor a Vodafone, salí de la pista de Pitarch rumbo a la Piedra. Es tan buena hora que incluso ha parado de soplar en viento que se llevaba oyendo todo el día. Y con las gafas de sol de cristal rosa la luz es clara y los verdes son más verdes. Estoy en un momento absolutamente Evax, escuchando a murfila, y a Amaral, y al Isma, Y a Calamaro en una suerte de lista de reproducción aleatoria y sin demasiada coherencia. De pronto me doy cuenta de que estoy sola allí en medio y que quizá no se escuchara nada. Así que paro la música y paro yo: es cierto, no se oye nada y eso es increiblemente perfecto. Y raro. Sigo trotando sin música, subiendo y bajando por los mismos sitios de los últimos días, pero mucho más atenta. Es ahora cuando me doy cuenta de que las vistas que son preciosas. Y estoy de un exultante que da asco. Incluso parece químico. Puede que sea sobredosis de tardyferon. O alegría estival, simple y llana. 13 kilómetros, hora cincuenta y pico. + 780m.

Y hasta la música que descubrí por el camino es difícil de interpretar.

6 de junio de 2010

Pasa la vida....

El domingo un buen día para escalar, mi primera mañana de ciclo. Racó de Farol, y estoy empezando a perder la cuenta de las vías que intentamos, o que hacemos... supongo que aquel, como la mayoría, también fue una buena tarde. Lo cierto es que para ser domingo, no había demasiada gente por allí...

El lunes, En Racó: sobredosis de psicosis (6b) para OscarT. Alguna de esas vías mías repetidas y más tarde 100anys a l'ombra (6a) para él, y cierto intento mío que, como cabía esperar, se quedó en un pequeño pegue y una pequeña pataleta.

El martes, Jérica. Me encanta Jérica, a lo mejor incluso me gusta más que Montanejos. Pero me parece que es una percepción particular, fue un sitio en el que escalé mucho por un corto tiempo. Llegamos y me dediqué a recordar por donde andaban los sectores: Pared del Castillo y Pared de Enfrente. Sol y sombra, como en los toros. Y el Palancia con agua a raudales.
Sectores: Horta Vertical, Mestre melodies, Can volador...Pisuke está llena de quintos y sextos a. ¡Ah! pues ahí vamos ¿no? ¡claro!.

Oscar T llega mientras el rubio encadena la primera garra pa tu-garrapateo (V). Primero él, luego yo. Y luego él. Al lado tenemos una vía de dos largos que tiene buena pinta Trompera Matinera (V/V+). El Rubio la sube y sobre la marcha decidimos que la subiré yo también, y que desde allá arriba le aseguraré para que haga el segundo largo. Y más o menos, aproximadamente, eso hacemos, mientras Oscar T se aburre abajo soberanamente. Slabilandia(6a+) para uno, y para otro. Y alegría para todos. Entonces empezó a sonar aquella música que anunciaba aquel bando...

El miércoles salí de casa rumbo al parquing del Voramar, que, a pesar de estar donde siempre, a mi me costó algo encontrar. Así que para cuando llegué La Velñoz ya estaba más que preparada para iniciar nuestra rodadita por la Vía Verde de Oropesa. Y para allá nos fuimos, al trote habitual: 11340 metros, a 5'40" el mil. Y no sé ni cuánto tiempo hacía que no rodaba a ritmo constante. Sin duda mucho, mucho...

El jueves quise salir a mediodía, porque me gusta el sol. No hay nada que no pueda evitarse con una gorra y una botella de agua. Salí de casa y tomé dirección la Pedra. Y allá llegué a pesar de sentirme cansada como si me hubiera pasado la noche arando. Y un rato más tarde estaba en Racó de Farol, subiendo la cuesta con el Rubio y mirando ambos recelosos al cielo. Como no podía ser de otra manera, fue colocar la cuerda en el suelo y ponerse a llover suavemente. Y desde luego, no podía ocurrir más que que la lluvia cesara justamente cuando ya estábamos de regreso.

El viernes el día tenía mejor pinta. Canal negra (V), esta vez casi perfectamente. Para él, y para mi. Al lado encontramos la variante de la torre pedrera (6a), que nos pareció interesante a la par que asequible. En fin, que desde abajo la vida se ve de un color, y desde arriba, de otro un poco más oscuro. En todo caso, se prueba, se ensucia, y finalmente sale. Pero no creo que me merezca anotarme un 6a. A todo esto, después de todo este tiempo, parece que estoy llegando a dominar "tambéesfacil.es (IV+) . Lo mío me ha costado. Por otra parte, al compañero lo veo claramente introducido en el mundo de los sextos.

Sábado pescadilla y domingo lalala. Porque yo lo valgo y porque había tormenta. Y porque mañana será otro día.


29 de mayo de 2010

gaviotas cansadas

Había pasado el viernes sin que me enterara, amaneciendo de pie. Y el sábado estaba cansada, así que tranquilidad absoluta hasta la hora de currar.
El domingo había quedado con el Rubio para ir a escalar. Vallat. Probando Sexy boy y Sexy girl. Y alguna cosa más. Y fotos y tal...Y probar a asegurar desde la reunión. Prolegómenos del martes.

El lunes, pescadilla y lalala. Y el martes más.

El miércoles desde luego era necesario hacer algo aeróbico. Hay una actividad a la que antaño dediqué muchas horas y que tengo más bien abandonada. ¿cómo se llama? Trotar creo. Sí, trotar. Me reuní con la Veloz donde habíamos quedado y comenzamos desde allí mismo, camino a la Ermita de Sant Vicent, y de allí, por el PR marcado, tomamos el camino que habitualmente seguimos en coche para llegar a Racó de Farol. Y de allí tomamos no se qué camino equivocado que nos llevó a ciertos huertos y cierto barranco de difícil cruce. Así que media vuelta. Y entonces sí tomamos el buen camino, que es el que no está cerrado. Me siento francamente mal. Pesada, lenta...mal. Muy mal. Ni me imagino haciendo la Volta al Terme de este sábado. Negros presagios. Nos lo tomaremos con filosofía, ahora ya no hay remedio.
Por la tarde, Montanejos. Ernesto va a abrir de nuevo el refugio de escaladores, espero que sea la vez definitiva. No recordaba este escalón ni esta cadena para llegar a iniciación...ni tanta agua. Este invierno ha sido bueno y la Primavera lo agradece. Lástima los mosquitos.
Nos hacía gracia meternos en una vía de varios largos, en definitiva el objetivo de escalar no es otro sino llegar arriba. Y mientras más arriba, supongo que mejor. Eso para mi, que no soy especialmente técnica, ni tengo mucho grado ni nada de nada.
"Un día de Picnic" me pareció que era la vía que hace años subí con OscarT. La recordaba menos fácil de lo que tocaba para hoy. El "combinado comekakakas" tampoco me terminó de convencer. Me parece que lo bueno es "tercer ojo (IV+)"/"tercer coño(V)"/ (de cuyo nombre no me hago responsable) /+ "Don Quijote(IV+)". Preparamos material, probamos nuditos. ¿llevo agua? no sé...vale...
El Rubio comienza y en breves instantes está en la primera reunión. Ahora me toca a mi, subo de segunda de cuerda y me aseguro. Ya tenemos el primer largo. Y sin despeinarnos.
Siguiente largo y más de lo mismo. Sin despeinarse. Me toca. Pequeña trampa....¡¡eh que te veo!! Y me sale Malú por la boca: "me has enseñado túuuu".... Las tiras con veneno eeh... Cantando cantando, volvemos a estar en la misma reunión.
AAAAAAAhhhhhhhhhhhh voy petado petado. Parece que tenemos compañía en la pared de enfrente. Los gritos se oyen por todo el barranco. Con su sonido de fondo, se lanza a por el tercer largo, que, como más que largo, nos pareció corto, continuó un poquito más a la izquierda y poquito más arriba, una , dos y tres reuniones más lejos. Y sigo yo. El problema fue llegar arriba y darnos cuenta de que el sitio no era cómodo del todo. Pero que vistas. No estaríamos a mas de 40 metros del suelo, pero qué vistas. Toca bajar.

El Jueves lalala

Y el viernes celebrábamos el cumple de OscarT subiendo a Racó de Farol. Ahí voy subiendo esa vía que se me atraviesa desde el principio de los tiempos con mi pulsera-placebo. Y la encadené bien tras una pequeña bronca de Oscar. Y no sé si habrá sido por la bronca, por la pulsera o porque esta es la vez tropecientas que la subo. Las siguientes fueron novedades para él, y más tarde estuve yo intentando encaramarme, sin éxito, a un 6a imposible. Seguiremos intentándolo.

Y el sábado la Volta al terme. Y yo con estos pelos.

Y la cancioncita no viene a cuento, pero qué más da.


22 de mayo de 2010

tranquilos los días


El domingo resultó un día de relax, arroces y panteras rosas.

El lunes Oscar T me propuso una salida en bicicleta, ese vehículo sin motor y de dos ruedas que descansa en mi suerte de cochera o trastero venido a más desde hace algún tiempo.
¡No me lleves por sitios chungos!
Esa era mi máxima preocupación. Estúpida, por otra parte, porque de sobras sabe Oscar T lo que soy o no soy capaz de hacer. Salimos de Borriol hacia la ermita de San Vicent, y continuamos por la vía de servicio hasta tomar cierto camino a la derecha. Ese camino se convirtió en pista. Y blablabla blebleble blablabla ZAS. Y no ZAS de zona acusticamente saturada, sino ZAS de ostias in the flowers. ZAS de resbalón de la rueda delantera. Y tras intentar sacar una enseñanza positiva de tan tonta caída, seguimos por la misma pista, subiendo cada vez más hacia no sé bien donde.
Supero una fuerte pendiente en curva a pie y enseguida vuelvo a la bici. Bajamos hasta la CV10, investigamos un camino y volvemos sobre nuestras ruedas hasta la pista del Bruno, que subimos con calma y tranquilidad mientras resolvemos los grandes problemas de la humanidad. Bajamos el desierto por Castellón y subimos pesadamente la Coma. Menos mal que la salida de hoy era facilita, porque creo que hemos subido y bajado todo lo subible y bajable de los alrededores. Pero me ha gustado. Otro día, más y mejor.

Martes. Racó de Farol. creo.
Miércoles. Castellet Norte. Casi se van notando los días seguidos de escalada, parece que vamos cogiendo ritmo. Al Rubio se le ve cada vez más suelto. Pero lástima de aproximación y de hierbas crecidas a tutiplén con tanta agua caída este invierno. Terminamos con las piernas hechas unos zorros antes de empezar. El rubio prueba un V sin nombre que también encadena Oscar T. Y yo me decanto por una esquinita de la roca que parece tener menos dificultad. Sin embargo me cuesta Dios y ayuda terminarla. Me parece que la única que sufre la pared soy yo, así que los pico un poco para que se meta cada uno en algo un poquito más grande. Y así es como termina el Rubio encadenando -tembloroso, pero encadenando- un 6a y Oscar T intentando un 6b. Una vez hemos expiado nuestras culpas todos en la pared, podemos recoger e irnos. Esto marcha.

Para el Jueves se estaba liando parda. Era un día de esos que a una le hacen ilusión. Salidita (espero que anual) con Ube Adventure. De Puerto a Puerto. Del Grao de Castellón a Puertomingalvo (Teruel). Esta vez sólo dos vamos a intentar completar el camino. Oscar G y aquí la de las piedras. Es un camino largo, que, como siempre que una hace lo que le apetece, se hace corto como una noche de verano. O no tanto, pero casi. Mañana lo cuento.


13 de mayo de 2010

Fácil es.

El sábado mi cara de bollo redondo y yo nos levantamos de la cama, nos miramos al espejo, y pensamos que esa no era manera de salir a la calle. Sin embargo no tenía fiebre ni malestar, sólo unos levemente incordiantes picores y las orejas algo separadas del cuerpo. Cuando Oscar T me vió aparecer, estuvo de acuerdo en que no deberíamos alejarnos del pueblo, por si las moscas y los procesos alérgicos de origen desconocido. Y así fue como nuestra magnífica incursión por el UTP de Sendallarga se transformó en una pequeña y discreta subida al Castillo de Borriol, empezándola por un barranco que encontramos en la parte de arriba del pueblo. Y arriba y abajo, eso hicimos tranquilamente, apreciando vistas y paisajes y rezando (yo) para que a Roma no le diera un ataque de efusividad en el borde de ninguna parte. Lúdica salida.

El domingo era imprescindible (indispensable) salir un buen rato a rodar. Mi cara había vuelto a su dimensión habitual y ya no me quedaban demasiadas excusas, con lo que, a la tardecita, Rubens se presenta en Borriol y empezamos. Rumbo a la vía Augusta, para de ahí tomar el GR33 y revisar, por lo menos, los primeros kilómetros de la bendita Marató i Mitja. Y nos pusimo a ello y por unas cosas u otras, por hache o por be, no comenzamos a subir por el sitio correcto sino por donde nos dio la gana, con lo que terminamos llegando a la Pedra, y por lo tanto, subiendo a la Serra, por la carretera. Desde allí algo mejor conocíamos el recorrido, sin embargo, nosotros, cumplidores de la ley de Murphi, ante dos caminos tomamos siempre el equivocado y además, pudiendo no llover, llovió y tronó. Y nuevamente la salida de 3 horas se transformó en una de hora tres cuartos.


El lunes, Racó de Farol. No sé si alguna vez he comentado lo pesadita que es la aproximacion a las vías. Si no lo he hecho, ahora es el momento. ¡¡la aproximación es una auténtica jodienda!!.
Por lo menos la escuela aún está nuevecita y bien equipada, así que, definitivamente compensa. Pero mientras uno está subiendo sólo piensa en la sudada monumental que está padeciendo.
El Sr M, el rubio, mira a la pared, me mira a mi ¿qué hacemos? Y los ojos se le van para esa a la que el último día prometí volver. Pues no puedo quedar mal... Tambesfacil.es (IV+) Tiene, tras las tres primeras chapas, un pasito tonto que me cuesta horrores. Unas veces me quedo encajonada y medio agachada, otras me he desplazado demasiado a la derecha, otras me quedo como petrificada en dos agarres cómodos que soy incapaz de soltar. En definitiva, me complico la vida. En esta última tesitura me encontraba, cuando de pronto me acordé de como el Rubio se dice a sí mismo vamos p'arriba, y algo así más o menos hice, pudiendo chapar la cuarta y quedándome bastante más tranquila. Muchas veces, Todo está en la cabeza. De ahí para arriba fue casi coser y cantar.
El rubio la encadena tranquilamente y vamos a por la próxima. Acaba de llegar Oscar T, y decidimos probar Canal Negra (V), que negros son los recuerdos que tiene el rubio de ella. Sube Oscar T con aires de lagartija, luego el rubio y al final parece que me toca a mi. Me quedo bloqueada donde se sabía que ocurriría y lo resuelvo. Un quinto para mi.
La siguiente para ellos es Esta vía estaba (V), y que, como seguirá estando, decido no intentarla e ir haciendo camino de vuelta, que hoy voy de noches.
Martes, contra todo pronóstico...lalala.
Y miércoles pescadilla....zzzzzzzzzzzzzzz zzzzzzzzzzzzzzzzzzzz

7 de mayo de 2010

Alergia.


Le voy a echar la culpa a la eterna mudanza y a la astenia primaveral, a la lluvia, a las tormentas...le voy a echar la culpa a cualquier cosa que pueda tenerla con tal de no reconocer que, realmente, estoy menos que poco motivada.

Y mira que había planes. Por haberlos...

El lunes, primer descanso. lalala, y lluvia y viento. Se me antojaba desagradable salir. Y mira que me consta que la lluvia es agradable.
El martes el plan era subir en coche a Morella y bajar en bicicleta, ellos con las de carretera, rápidamente y yo con la de montaña, más bien despacio. Pero con Florenci anunciando lluvia y nieve para el interior y la ventolera del lunes por la tarde, se abortó la operación.
Para el miércoles también existía un plan, pero, abortado el del martes, el del miércoles desaparecía. Así que, tras hablar con Oscar T, decidimos que sería un buen día para ir a andar la Volta al Terme de Alfondeguilla. Menuda idea peregrina. Pero, ya ves que, para tener ideas, con un par de neuronas es suficiente. A las once de la mañana salíamos de la plaza de (Al)Fondeguilla dirección La Vall d'uixó para comenzar la subidita al muro. Y tan tranquilos, sin ninguna prisa, ni tiempos de corte, ni calor excesivo. Que subida tan dura, menos mal que es la primera. Roma avanza rápidamente mientras Oscar observa el paisaje por una vez y yo me concentro en mover las piernas sobre las piedras e intentar subir aquello. En este recorrido una aún no ha terminado de asumir la subida que ya está inmersa en un problema más gordo que el anterior. Aunque con esto de ir tan tranquilos, ni me pareció tan dura aquella bajada hasta la pista. Otra cosa que pasa en este recorrido es que la pista la ves, y a los dos minutos, ya no la ves. Y de nuevo estás subiendo algún zigzag imposible.
Creo que voy a empezar a comer lo mismo que Roma, la perra está más que en forma. Va, viene, y aún tiene ganas de perseguir alguna cosa.
Nunca había visto tan bonita esa zona, estaba húmeda y de un verde oscuro, raro. Parecía menos agresiva que de costumbre. Y he dicho agresiva y podría haber dicho agreste. Y ambas cosas serían.
Y haciendo camino íbamos tranquilos, y en el cruce del GR7 nos paramos a almorzar. Y allí además de almorzar, también decidimos tomar una bonita senda a la izquierda que sabíamos que nos devolvería al pueblo unos kilómetros más adelante.

Y así nos salieron 21 kilómetros con 1750 metros de desnivel positivos y otros tantos de desnivel negativo según el garmin training y 1200 según el wikiloc. Que cuando se hacen andando con tranquilidad, y charlando, hasta se hacen agradables.


El jueves quedé a las 4 con el Sr M, en el apeadero. Y yo llegué medio dormida pero lista para subirme por alguna pared. Vallat. A Vallat fuimos con los Kiyos hace algunos meses y allí estuvimos bastante entretenidos hasta que nos interrumpió la lluvia. Pero recuerdo la escuela interesante, y si encima me dice Oscar T que la roca se parece a la de Montesa...
Tras investigar un poco y hacernos un lío con la forma poco convencional que tengo de imprimir reseñas, nos colocamos en el sector Espinete y nos marcamos el mismo cuarto (IV) (Psicochapas) cada uno. Primero él, después yo.
Tan bien salimos de allí que nos lanzamos a la vía de al lado. La Sandra (V). Que desde abajo siempre parece fácil, aunque cuando una (y uno) llega arriba se encuentra con que las chapas siempre están más lejos de lo que uno pensaba, el paso es un poco más vertical y los agujeros son algo más pequeños. Aún así, Sr M salva algún momento de tensión y llega dignamente a la reunión. Ahora te toca a ti. Y yo creo que vi maldad en su cara. Y me costó. Allí estaba encajonada con la chapa demasiado a la derecha y ciertos tembleques. Vete llamando a la guardia Civil...
Pero aprovechando un momento de lucidez, hago una maniobra un tanto rara y al poco ya estoy arriba. ¡reunión!
La santa vía era más complicada de desmontar que de subir.
A nuestra izquierda, discreta, se levantaba un V+ de nombre "todo grado en Belgrado". Y se veía tan fácil...que, tras animar (o picar, o empujar al abismo) a mi compañero, allá arriba que se va dispuesto, si saber que se estaba metiendo en un buen berenjenal que le costó algún esfuerzo de más pero que finalmente consiguió encadenar. Lo malo es que después me tocaba a mi. Me dejan intentarla en top, que es una cosa que se agradece infinitamente, y allí estoy un rato quemándome los brazos hasta que me convenzo totalmente de que eso es demasiado para mi. La dejaré para cuando sea mayor.
A todo esto en mi cuerpo se andaba librando una extraña batalla de la que yo era casi absolutamente ajena. Y el viernes andaba con fiebre, picores y la cara hinchada. Y en ello estoy.

3 de mayo de 2010

de Riudoms, la mola y otras paredes.


Mientras decido si Vodafone, Yoigo o ya.com.... siguen pasando los días y las semanas. Espero que no pasen meses...

El domingo teníamos marcha de resistencia, de la Feec, de la copa catalana. Una de esas que me encantan porque la gente va más bien tranquila y los avituallamientos emanan felicidad y coca cola. Lola y lola-lover nos habían acogido en su casa y además nos habían enseñado a salir de ella y llegar a Riudoms. Y eso fue lo que hicimos bien temprano por la mañana. Bien temprano, pero no tanto como para que a la hora que debíamos estar en la plaza, dispuestas para salir, lo estuviéramos. PUM ¿eso es la salida? pues claro, dijo resignada.... y yo pensando que Julia tenía demasiada prisa...y resulta que se salía media hora antes de lo que yo pensaba, y....me he dejado el Fore en el coche y.... ¡¡corre Julia, corre!! De todas maneras aún se veía gente por acá y por allá, corriendo hacia la linea de salida.
Nos dedicamos a perseguir a un grupito que salía andando, y al ratito ya teníamos a vista al grueso del personal. Esto nos pasa en Castellón, donde la gente sale a escape, y nos perdemos para siempre.
Como estábamos al final del todo, trotábamos y adelantábamos gente a diestro y siniestro, entretenidas. Cinco kilómetros así. Primer avituallamiento, estupendas.
Hasta este momento habíamos ido pasando por algunas carreteras y caminos, mucho llano y pocas nueces. Pero pronto cambió el paisaje y nos metimos entre ciertos pinares de agradable paseo y pequeñas subidas. Y me parece que a estas alturas ya se nos había unido un señor al que llameremos el pecuario.
Y a estas alturas ya necesito ayuda para recordar el recorrido, así que voy a relatar lo que recuerdo, omitiendo nombres y desniveles y seguramente desordenando algunos puntos de paso. Incluso podría comenzar, a partir de ahora, diciendo...Érase que se era.....

... La subida al castell d’Escornalbou y el pantano de Riudacanyes, preciosos ambos. Y aquí ya me voy quedando atrás, en una senda que subía, verde y húmeda, hasta allá arriba. En cuanto me pongo en llano troto y alcanzo a Julia, al pecuario y a Tomás, que andaban animadamente por una pista. Bajamos de nuevo, así que ella pone el modo cabra hasta que se lo permite el pequeño tapón de delante y avanzamos hacia la muela. La Mola de Coldejou. Que se levanta repentinamente y se ve alta y amenazante y a la que incluso le veo dos cuernecillos de de demonio en lo alto.
Efectivamente poco tardo en perder la rueda de Julia y sus amigos, que era una cuestión presentida y acordada. Voy parando a respirar mientras dejo pasar a los que llevo detrás, educadamente. Y poco a poco llego a arriba. O a lo que yo pensaba que era arriba, porque detrás de esta subida, venía otra aún peor que sólo se veía cuando una ya estaba, hígado en mano, en el punto en que yo me encontraba.
No quedaba más remedio que subir, y ahora ya me pasan por ambos lados sin que ni siquiera tenga que parar (más), pero valió la pena el esfuerzo, porque desde allá arriba se tiene una preciosa panorámica, de mar y montaña, Mediterráneo, Montsant y Priorat.
Y comienza una nueva bajada, que enfilo optimista, porque eso es lo último que se pierde, después incluso que la esperanza, porque esperanza de reencontrar a Julia ya no tenía, pero seguía optimista para los veintipico kilómetros que aún quedaban....
Tras la bajada, como no, una nueva subida, hacia la ermita de la Virgen de la Roca. Y esta me recuerda terriblemente a la subida al Alto del Señor, en Alfondeguilla. Ese monte bajo, ese matorral, esa pendiente...Pero cuando una llega arriba, se olvida de todo lo malo, y anda sobre la piedra rodena y lisa rumbo al santuario, dejando lo de abajo tan lejos...Creo que es una especie de posesión, o que llevo un buen rato andando y las endorfinas me están haciendo una jugarreta. En todo caso, paso entre cuerdas y escaladores y bajo por la escalera tallada en roca alegremente. Y allá abajo me encuentro a Julia y sus amigos, que acaban de pegarse un almuerzo del quince, con café y todo. Continúan ellos su ruta y yo decido no entretenerme demasiado, que esas comidas copiosas a mitad de camino no suelen hacerme ningún favor, con lo que vuelvo a tomar cocacola, y sigo. Y al poco rato, ya estamos todos juntos.
La cosa es que el resto del camino era realmente horrible. Y llano. Y asfaltado. Y decidimos trotar a ratos, pero a ratos ni de eso teníamos ganas. El olor a cerdo nos dejó fritas un rato y otro rato estuve empeñada en que alguien debía bailar una sardana. Demasiado calor.
Y al final llegamos. 52 kilómetros, 1500 metros positivos, 1500 metros negativos. 8 horas y 46 minutos. Y muchas risas y algunos dolores.

El lunes, querido lunes, comenzaba una nueva etapa de la piedra escaladora, que, encomendémonos a alguien, espero que dure. Lo bueno de trabajar en un sitio con tanta gente, es que hay gente para todo, y si ya había encontrado con quien ir a hacer barbaridades, o salidas cortas, o montañas más altas, o salidas en bici, sólo faltaba alguien que saliera a escalar. Y ahí aparece el Sr M, al que no llamo por su nombre porque ya tenemos demasiado óscares, y este no es Óscar T, ni Óscar G, ni Óscar B, ni ÓscarM.
Racó de Farol. Algo subimos, aunque no recuerdo bien qué. Seguro que Sampabollos (IV), esa siempre cae.
El martes lalala.
Y el miércoles, otro racó de Farol.
Y el jueves, más lalala, con algo más de sentimiento de culpa.
Pero el viernes, un Castellet. Y la vuelta a Covetes II (V). Como brillan esas rocas. Y cómo me frustró no poder encadenerla a la primera. Sin embargo, a la segunda salió bien. Pero preferí no meterme en Bavaresa irme contenta. Eso sí, mientras el Sr M la subía, me fijaba en donde ponía exactamente el pie para salir de allí de forma digna. A la próxima la intento.
Sábado y domingo...pescadilla y lalala.