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14 de mayo de 2012

Tres ...dos ...uno.... ¡doscientos!

Para variar no sé cómo empezar con ésto. Y no quiero obviar el mes de Marzo, cuando volvimos, mis compis y yo, a cruzar la provincia de Puerto a Puerto, este año sin trotar ni un kilómetro pero llegando los cuatro que salimos a nuestro objetivo. Asunto novedoso, por otra parte. Estos compis están muy fuertes y a mi se me atragantó más de un asunto. Santa paciencia. Por lo menos había nieve y estaba todo muy bonito. Santa perspectiva.

También me estrené en un asunto llamado... brevets. Aunque fue una brevet pequeñita, de 200 km sin demasiado desnivel en la que, apretando los dientes algunas veces y con unas misteriosas ráfagas de viento con nombres y apellidos otras, conseguí no despegarme demasiado de un pelotoncillo de unos tipos bastante más curtidos que yo. No despegarme hasta cierto momento. A partir del puertecito que llevaba a Gátova (¿algún día llegaré a ese pueblo usando un método de locomoción convencional? ) ...O por lo menos con motor...
A lo que iba, a partir del puertecito que llevaba a Gátova, si volví a ver a cualquier otro participante, a parte de a mis santos-santísimos acompañantes, fue en contra sentido cuando ya volvían de Pedralba. O por allí. Y JR de coche fúnebre. Mola. Al final llegamos la mar de contentos a Massamagrell pensando que nos quedaban fuerzas para volver a Castellón en bici. Pero nos dejamos de tonterías y decidimos comernos un estupendo plato de paella, mientras llegaba algún que otro participante. Porque, inexplicablemente ¡¡no entramos los últimos!!. Casi ocho horas de bicicleta de carretera. Dos meses para el suicidio deportivo de la temporada.

Y entonces empezó Abril, que era el mes de los meses. El primero antes de... los otros dos.

Y en Abril corrí un poco más, fui en bici un poco menos, y me hice una prueba de esfuerzo en la que me recomendaron hacer más fondo y menos series anaeróbicas. Y Cabanes, y la carrera de Puertomingalvo...

¡empieza lo bueno!

25 de marzo de 2012

Febrero

Febrero, aunque bisiesto, fue corto.
Hubo una salida con Rubens y su compañero, en la que estuvimos un rato atrapados en un recinto electrificado y en las que al final nos llovía y nos anochecía. Dora exploradora deseaba meterse a azafata o peluquera.
Tuvimos la salida pagadora de almuerzos, que hicimos a pie por Eslida, porque coincidió con días de frío y viento y más vale cobarde vivo y almorzado que valiente muerto en ayunas. Así que salimos los cuatro de Eslida y recuperamos la Volta a peu per les fonts de Eslida, que, esta vez sí, pude descubrir despacio, o no tanto, pero admirando sendas, caminos y fuentes como si fuera la primera vez que los veía. Porque en realidad lo había recorrido, pero no los había visto nunca. Que se llame de "las fuentes" , tiene su razón de ser, y aquí lo podemos escuchar.
Tras martes y jueves de rodadas y proyectos, llegó el día en que se organizaba un 10k en la ciudad, y formamos un equipo de empresa llamado UBE group team, que quedó primero en número de participantes y que además ganó una paletilla para celebrarlo. Espero que la celebración haya sido concurrida, porque ni unas, ni otros, supimos nada de aquello. Y sin embargo lo recuerdo con cierta alegría, porque fueron 48 minutos y medio. Y qué más da, me digo recordando cuánto deseaba poder bajar de 50 minutos. Qué importa 50 ó 45.

Tras algún martes, y algún jueves, algunos desiertos y algunas rutinas, pudimos quedar los 5 para unir ciertos caminos entre Borriol y Sant Joan de Moró. Y hasta Sant Joan llegaron ellos, y nosotros atajamos un rato más tarde, porque a veces pasa que me canso. Y las cosas pierden el sentido. Y al murciélago del track volvió a faltarle un ala.


Ese día me hubiera comido una docena de huevos fritos. Menos mal que me dio vergüenza pedirlos.

Quién sabe por qué me apunté a la media maratón de Benicassim. Me apunté por inercia, por ganas de correr, porque me gusta la playa, me gusta el ambiente. Me gusta usar así mis domingos por la mañana. Ojalá fueran todos así. A pesar de que fue nefasta. Salí rápido quizá, y a punto estuve de terminar más rápido aún, escabulléndome cobarde por algún callejón. Pero intenté buscar motivos y valores al sufrimiento, y, aunque no encontré ni una cosa ni la otra, llegué a meta en plena meditación: y entonces llegó la conclusión. Hay sufrimientos que son absolutamente inútiles. 1:54
Y, como siempre, todo se arregla saliendo en bicicleta.
El día 26 fue el Maratón de Espadán. Mi sexto Espadán. El mejor de los seis en tiempo. El mejor en sensaciones. Qué lejos quedan los otros. 2005, mi primera. 2006, la peor de todas. 2007. 2008. 2009. Quizá debería hacer una crónica para no olvidar caras, ni momentos. Este año será sólo un número: 6:33.
Y acabó el mes con otro martes de bicicleta compartido con esa rodada de cada martes.
Fue un mes corto, pese a ser más largo. Un mes si fotos.

27 de febrero de 2012

Enero

Volvieron a pasar dos meses. Dos meses con un febrero bisiesto de año olímpico. Meses de mudanza, como tantos Eneros, de cajas, como tantos Febreros.

Enero lo comencé encima de la bicicleta, subiendo al desierto en una marcha popular, muy popular, que organiza ciclos Domingo desde tiempo inmemoriales. Llegué tarde y desde atrás fui tranquila, a mi ritmo, saludando y pas(e)ando entre ciclistas y ciclistas. Arriba mistela y Pallares. Anna y dos premios: maillot y lucecita. Quizá tres premios: estar allá arriba una mañana de enero, con todo ese sol que me hace sentir en casa.

Acababa (por fin) la blanca Navidad y los Reyes Magos me trajeron excursiones por el desierto. Con ellos, con él y con quien quiso venir.
Seguía haciendo tanto sol que no parecía Enero, y se animó a salir -conmigo- en bicicleta, pese a que no le gusta. 100 km, subir a Eslida.

Rodadas de Martes, rodadas de Jueves. Cafés de Martes, cafés de Jueves.

De repente.... llegó el invierno, y empezó hacer demasiado frío incluso para ser invierno. Decidí comprar un radiador y estrenar los botines (¿se llaman botines?) para ir en bicicleta.
Y hubo también unos días en que decidí acompañar a Pistacho.


Pero el día marcado, a pesar del frío siberiano, cumplimos lo nuestro, y nos fuimos los inconscientes de siempre de excursión a Atzeneta. De Atzeneta a Xodos, pasando por Culla y Vistabella.
Por el camino (qué bonito, qué bonito) almorzamos, anduvimos, subimos, bajamos. Atravesamos la rambla una, dos, tres veces. Subimos de nuevo y encontramos el Plá de Vistabella más bello que nunca. Por lo menos más bello que mi nunca, porque nunca lo había visto así.


Había vuelto la primavera por unos días, y estaba todo tan claro, tan luminoso, que una no tenía ganas más que de andar y andar para seguir viendo y descubriendo.
Ni siquiera nos importaba que para fotografiar una puesta de sol debíamos dejar que se nos hiciera de noche.

Después llegaron días y días de soles y bicis. De playas y playas. De días tan claros y con tanta luz que seguía sin parecer invierno. Un día llegamos un poco más allá que de costumbre, y nos encontramos con un camino, un faro y una cala. Y una foto.
Ese día salieron 109 kilómetros, cuatro horas y media y un pequeño dolor de espalda. Qué más da el dolor de espalda...si nos ha tocado ir a la Quebrantahuesos este verano.

No acabó Enero sin que llegara, de nuevo, el frío que correspondía. Y llegó un año más la carrera de la Vilavella, y en la plaza del pueblo, junto a la Silvi, y al Xispes, y a Rubens, y a la Patry, me di cuenta de que han pasado 4 años desde la vez que estuvimos juntos en esa plaza y esa salida. Y por un momento me pareció que el tiempo había pasado injustamente rápido. Y terminé la carrera en 2:24, que es un buen rato menos de lo que me costó la última vez. Cosas inexplicables que pasan con el paso de los años. Con el paso de los Eneros.

24 de enero de 2012

La tranquilidad de los días distintos

Estos dos meses (noviembre y diciembre) pasaron deprisa, con la calma de conocido, que no es monotonía sino tranquilidad. Continuaron las salidas de una hora los Martes, o los Jueves. Y las salidas en bicicleta por la costa, por caminos que poco a poco se van haciendo más familiares, como lo fueron siendo los caminos de Borriol, o los que conducen a la Magdalena: Enriera, Travesera, Caminás, Cami Vell de Barcelona...Ahora son el camino de la carretera vieja, con sus ardillas y el camino de la Tall. Y ese que indica "El Bolseral" y nos ahorra un trozo de carretera de Nacional y un dolor de espalda. Hubo días de paciencia, de "ya voy" y de "no me gusta andar". Hubo días en Las Palmas, de verano de diciembre que no acabó cuando regresé.


De Vanessa en la Caldera de los Marteles sobre el mar de nubes, de rodadas bajo el sol, por la carretera del Norte, o la autopista del sur.


Salieron kilómetros que no me sirvieron para ganar un almuerzo en ninguna apuesta, pero sí para ganar pagar un almuerzo, que ya es, porque cuando se almuerza siempre sale una ganando.
Hubo dos subidas a Penyagolosa, una en una salida no muy corta en la que no llegamos, por cosas del directo, a donde teníamos pensado. O quizá si llegamos, pero no desde donde debíamos llegar. La segunda subida en realidad fueron dos, primero por la Cambreta, y su fuente, y su masía, bajando por la pedrera y luego por la canal. Qué preciosa. Subía teniendo cuidado de no tirarle piedras a Oscar, y Roma subía como cabra ante mi mirada preocupada.


Pasaba diciembre y el mar seguía brillando más que en verano, y los días eran más y más claros, más fríos, más cortos. En Diciembre cada día de sol es una fiesta, y este diciembre hubo fiesta completa.

Fue el primer mes, desde que empecé a rodar en bici, en que llegué y pasé los 500 km. Que no es mucho. O sí. Depende.


Y al final, llegó el final. E hice la San Silvestre a su ritmo, con carrito, con amigos, con disfraz. Echándote de menos. Brindando por el fin del año como quien brinda el final de un secuestro.

Bienvenido 2012

29 de diciembre de 2011

El sitio de mi recreo

Y se anda acabando el año, lentamente, en unos claros días de viento que bien podría empujar un poco más rápido las horas. Para terminar antes. Que estos días ya huelen a usado.

Volví del Valle de Arán con una postal y un tarro de miel de castaño que no aún no he abierto. Las castañas me traen recuerdos borrosos que pinchan los dedos y más cosas. Como las castañas.

Hubo un par de salidas rodadoras, de montaña, por los sitios de siempre que no me cansan porque cada día son un poco diferentes. La pista de Les Santes la han arreglado. O no. Cuestión de gustos, lo cierto es que la han hormigonado.

Un lunes hicimos una preciosa salida en bicicleta, Oscar B, el Fugado, el Ciclista y yo misma. Xert, Canet, Rosell, Vallibona. Vallibana y el tramo de carretera nacional armando un bonito desfile de camiones. A estas alturas de año ya no recuerdo grandes cosas, más que la visita a una ermita con un perro extremadamente antipático y cobarde y unas pequeñas carreteras por la que disfruté muchísimo. Un etapa preciosa y tan dura como una quiera, o pueda. Fueron un poco más de 85 km.


Y se acabó Octubre. Y lo bueno fue que comenzó Noviembre.
Otra salida en bicicleta y de pronto era domingo y estaba apuntada a la Media Maratón de Castellón.
Como ya no sé si corro o no corro, pero a la vez cuando corro, si corro, siento que corro más, no sé exactamente qué debía hacer allí. Llevaba algunas semanas sin rodar mucho más de una hora y exactamente un mes sin hacerlo por asfalto. De todas maneras, tenía especial ilusión en participar. Y lo hice y me salió la mejor media maratón que he hecho nunca, a pesar de sentir que no podía más desde el kilómetro 18, donde me recogió un compañero que me llevó hasta meta, amable. Apenas había bajado el ritmo, pero a mi me parecía que llevaba un trote más que lastimero. 1:51 para una media con medio kilómetro de más. A la pequeña contrariedad inicial le siguió una alegría grande, no hay motivo para no estar contenta, a pesar de la desagradable cojera que apareció cuando me enfrié del todo. MMP. ¿Qué más quieres, nena?

La semana siguiente fue una típica de semanas, de desiertos y Oropesas en bicicleta, de rodada de Martes, o de Jueves. De mañanas, noches y tardes.


19 de noviembre de 2011

Contentilla

El diezmil de Almazora me dejo la moral por las nubes, aquí la menda se sentía como el Hussain Bolt ese, pero versión bajita. Y la moral suele hacer que me meta en asuntos poco comprensibles. Como el martes que me dio por pillar la bicicleta y subir el desierto, y de ahí subir a Oropesa, y de ahí subir a Cabanes desde la Ribera, y de ahí bajar (por fin) hasta el camino Miravet, y de ahí subir (otra vez) hasta el desierto. Y allí pensé subir (grrr) hasta el monasterio nuevo, pero el sentido común me hizo bajar (bien) para coger la pista de los toros y subirla (¿qué si no?). 76 km, a menos de 20km/h.
Luego fue Jueves, y ese Jueves la Kiya estaba disponible, así que estuvimos los tres dando una vuelta a pie por el desierto, contando batallitas varias y explicando las diferencias entre una caña y un sorbete.
Y el sábado andaba por Vielha, preparadísima para empezar a andar la Setau Sageth.
Estaba en el séptimo cielo.



14 de noviembre de 2011

Rápido. Como el tiempo.

Al diezmil de Onda fui entre motivada y confusa: no se puede pedir peras al olmo.

Sin embargo, me encontraba tan bien que pensé que de ese mes de Octubre no podía pasar aquel (casi)olvidado asunto de bajar de cincuenta minutos en un diezmil. Y salí con tanta cabeza que hasta a mi me extrañó, y regulando regulando llegué a meta con 50 minutos, 4 segundos para los 10.090 metros que me indicó el forerunner.
Eso quiere decir que, quizá, arriesgando un poco más, pueda, verdaderamente, rebasar la barrera psicológica (y física, y física) de los dichosos cincuenta minutos.

Pasé la semana sin pensar demasiado en ello: una excursión en compañía hasta el vértice de Raca; una mañana de bici fácil con el Ciclista; una rodada multitudinaria para celebrar el día de la Hispanidad donde estábamos casi todos; una rodada sola, la primera, por Borriol, en la que descubrí una mina y un camino que siempre estuvieron allí pero que nunca llegué a ver porque el entretenimiento entonces era charlar y charlar sin parar. Una tarde de nostalgia. Otra mañana de bicicleta, con el Ciclista y Karmelilla, en la que subimos, tentando a la lluvia, Eslida por Eslida y bajamos por Chóvar.
Y entonces llegó el día del diezmil de Almazora.
Y celebré su llegada con una excursión con la familia Xispas por el desierto de Las Palmas, cuál si no. Haciendo esa ruta preciosa que me enseñaron una mañana que ahora recuerdo en blanco y negro: Font de Sant Josep, Plà de Muletes. Alt de Colomer, bajar hacia Les Santes. Desvio en esa senda preciosa sin nombre, subida al Bartolo por la Balaguera y bajar por la carretera, como para volver uno en sí. Casi cuatro horas con almuerzo y paradas a fotografiar las mil arañas que cubrían los matorrales.


Por la tarde me acompañó Jr por las calles de su pueblo, y allí saludé a todo lo saludable, siendo saludable aquello a lo que es posible saludar: Junglys, Guelos, Joses... Y para variar no me coloqué detrás del todo. Salimos y tampoco quise hacer la tontería de darlo todo en un kilómetro absurdo y lleno de gente de todos los niveles. Así que puse mi ritmo ligeramente, sólo ligeramente por debajo de cinco, y esperé acontecimientos.
Lo primero que me pasó fue ver que iba más rápido de lo que debía, y aunque me encontraba estupendamente, me pareció que debía echar un poco el freno, porque todo el mundo sabe lo que pasa si uno se pasa. Qué pasa si sosa pasa, recitaba mi abuelo. Y no viene a cuento en absoluto, pero me acabo de acordar.
4:40, 4:39, 4:39, 4:47, 4:48, 4:53, 4:50, 4:55, 5:00, 4:52. Es lo más uniforme de lo que he hecho nunca: hay que tener en cuenta que los res primeros pican hacia abajo lo mismo que los tres últimos pican hacia arriba. Aún así: moraleja: no tengo ni idea de mantener el ritmo. Y a pesar de todo terminé en 48':28" para los -otra vez-10.090 metros, y con la mayor sonrisa de los últimos tiempos.

8 de octubre de 2011

puertos y portazos.

La semana siguiente fue transcurriendo lentamente, qué ganas tenía de que llegara el viernes para irnos a Viella. Vielha e Mijaran, Viella i Mitjaran, Viella Mitg Arán.

El lunes kiyo-salida borriolenca por la Coma y alrededores. Mientras él hace cuestas, nosotras rodamos arriba y abajo. 9 kilómetros, una hora.
El martes me decidí tarde a salir, pero salí. Me lié con el desierto y la Font tallá, Oropesa y el espíritu Santo y me olvidé de que ya no es agosto y anochece temprano. Y de que desde Marina d'horror d'or a mi casa hay algo más que un momentito. Total que para evitar la noche pedaleé como nunca. 3 horitas, 68 kilómetros. Y a Rubens que siguen sin gustarle mis caminos.


Y luego, por fin: ¡¡tres días y medio libres!!. Así que salimos el viernes, y el sábado, tras algunos trámites sin importancia, salimos de Luchon con ánimo (él) y miedo (yo) de subir el Peyresourde.
60 veces de 98 ediciones se ha subido el puertecito en el Tour.
Pero se supone que no es de los difíciles. Pero lo fácil y lo difícil es relativo, depende mucho de las ganas, de las fuerzas y de lo idiota que esté una.
Total, que de repente estábamos en el kilómetro uno. Sin rodar y sin nada. Hasta sin aire, ya.
Pues sí que estamos bien.

Lo duro es al principio, blabla, bleble...

¿Dónde me he metido? Oye, que yo paso... que me doy la vuelta

Que no, que tal, que cual, que Pascual...

Y para arriba. 10. 9. 8. 7... Parece que el fore está haciendo una cuenta atrás para lanzar un cohete, pero no: es mi velocidad en regresión constante.

En las curvitas se suaviza.

En las curvitas en las curvitas... ¿dónde están las curvitas? Sigue tú...y ya veremos...

Y los cartelitos: altitude: no sé cuantos, sommet à: super lejos. Moyenne de la pente: 6,1%

En fin, nueva paradita, porque no puedo con mi alma. Tengo ganas de llorar.

Se va mi compi. Sigo. Y sigo. Y empiezan las curvitas. Parece que ahí arriba se acaba ésto... pues si he llegado hasta aquí...

Me paro de nuevo, me asomo. Pues que bonito ésto ¿no?, me digo. Bajan ciclistas. allez allez...

Sigo, me cruzo con el compi. ¿sigues? Hombre...ya que estoy aquí arriba... El espíritu de forrest Gump, versión ciclista.

Y se dio la vuelta para seguir conmigo, y llegué arriba con un enorme interrogante en la cara. ¿y ahora qué? Ahora para abajo que hace viento.

Y lo que me costó una eternidad subir... lo bajamos sin enterarnos, y al cabo de un rato todo había sido como un sueño confuso, del que guardo tres fotos.


Superbagneres lo subí en coche, que es una forma muy relajada de subir puertos.
Él lo subió en bici. Y todos contentos.

El domingo pasé olímpicamente de la bici y me fui a hacer una rodadita solitaria y tranquila por los alrededores del Saut deth Pish. Siete kilometrillos para que no se diga que una es una perezosa.


1 de septiembre de 2011

Pasa agosto

Pasó Agosto, gracias a Dios.

Y pasó con el día en que descubrí que no me apetecía salir con la bici de montaña, y con el día de las fiestas en Villafranca, cuando al final salimos Meditante y yo juntos, después de haber meditado lo inmeditable y alcanzado soluciones no viables para problemas no existentes. Y pese a todo nos salieron 61 kilómetros con un poco de todo. Lo más duro, seguro, la subida a Sant Pere de Castellfort. Pero qué chulo me parece todo.

Al día siguiente le dimos dos vueltas y un pico al pantano del Sitjar. Como se pican, como se despistan ¡cómo se lo pasan!. Es cómodo, me gusta la vuelta.

Después empezó a hacer un calor que no había hecho en todo el verano, y me pasó el fin de semana con dos tristes salidas a pie por la playa a la que casi no sobrevivo. A quién se le ocurre.

Y después llegó una semana llena de turnos extraños y noches sin dormir, en la que, intentando salvarla, casi me ahogo en una nefasta subida al desierto por Benicassim. A pesar de ir de rosa chicle, el día salió más bien negro oscuro.

Y el mes lo quise acabar dignamente, subiendo desde Burriana a Eslida por Chóvar. Y me encantó, me encantó el puerto por ese lado. Quizá por el otro me resulte más difícil, pero ya lo intentaré. Ahora sólo quedaba prepararse una para la salidita del Año. Nos vamos de vacaciones. En la selva, en la playa o la ciudad, la tres me gustan igual.



8 de agosto de 2011

Lugares de agua


Pues comenzó agosto, y yo, agostizada, que para mi es igual que hiperactiva, cojo el cochecillo y aparco un rato tarde en el Voramar. Y de allí salimos los cuatro disparados vía verde arriba. Y yo, sin control de velocidad porque el Forerunner definitivamente ha pasado a mejor vida, me pregunto si no vamos muy rápido. Aunque Teo, delicado, pregunta cómo voy y Miguel baja un poco el ritmo a trozos y Ximo se frena alegando estar aún cansado del maratón del Aneto. Menos mal que la vía verde no es la Vía augusta. Pronto termina y estamos ante unas formidables jarras de cerveze a la vora de la mar....Oncemil setecientos ochenta metros, hora ocho.
Al día siguiente, miércoles, ciclaba un desierto por Castellón para preparar la salida del día siguiente, jueves.

Y ese Jueves salimos el Meditante y yo de Catí, mosqueados para variar. Y cuando empezábamos, conseguíamos hablar con el Ciclista que ya había pinchado a aquellas alturas. La etapa de ellos era la anual Castellón-Villafranca. La nuestra eran cosas varias por carreteras más o menos transitadas.
Catí-Benassal. No sé que me había hecho pensar a mi que no era muy dura la subida, pero lo cierto es que no me sentía nada bien. Vaya usted a saber si era la tos, el calor o que ir con este hombre me hace tener que esforzarme más, para nada, pero llegué a Font d'En Segures con bastante mala pinta. "Parece que hubieras subido un puertaco..."
Me lo cargo.
Pero allá arriba se está bien, el agua de la fuente está fresca, el lugar es pintoresco y lo que viene ahora es hacia abajo. Felicidad completa.

Bajada hasta Culla, pasando por el Rivet, donde antes acampábamos alegremente.
De Culla a Torre d'Embessora, pasando por su carrasca. O su encina, que resulta que es lo mismo. 25 metros de altura y 7 de perímetro.
De la Torre hasta Vilar de Canes, y de ahí vuelta a Catí por esa tediosa carretera recta rectísima, donde desaparecen las curvas cuando vas llegando a ellas. Menos mal que Ripo nos aconsejó un buen sitio para comer, y eso hicimos en cuanto llegaron los tres intrépidos que buscaban Villafranca desde Castellón.
Para bajar la comida, subida a l'Avellà por su puertecito y su túnel. Allí de nuevo hay agua fresca, su agua también es conocida y también, como en Font d'en segures, hay un balneario.
Ellos siguen, nosotros nos volvemos.
Y, de nuevo en Catí, el Meditante sigue su ruta en bicicleta, que era mía. Y sube Ares, y a la Mare de Deu de la Font y a Sant Pere de Castellfort y, abriéndome paso entre rebaños de ovejas, unas horas más tarde ya hemos llegado todos a Villafranca. Incluso los intrépidos, que se han perdido sólo lo justo.

El sábado era la Media maratón de Navajas, en el Alto Palancia. De nuevo agua, y ahora también, aceite y miel.
Qué bien me habían hablado de esta carrera, con sus cuestas y sus piedras. Tan dura, tan de agosto.
El speaker habla con las niñas: "¿tú quieres ser corredora" "NO". "¿Y tú, niña?" "YO sí!!" "Pues vas a tener que adelgazar porque estás un poco gorda"
Toma ya.
Por allá anda Groucho, el práctico de las dos horas con su cartel. Pues bien, ya no tengo que pensar nada más, con él me voy.
Y con él estuve hasta el kilómetro 6 ó 7, cuando los pequeños repechos del principio se transforman en una subida larga y considerable. Se va, se va, se va....
Perdida la esperanza de las dos horas, mantengo mi ritmo toda la subida. Y de pronto acaba el asfalto y entramos en una pista algo rota que pica hacia arriba o hacia abajo según le de. Y más tarde pasamos por un puente del pantano del Regajo, en cuya superficie se reflejan unos rayos de sol cada vez más tenues. Por un rato me siento corredora. Hacía tiempo que no me pasaba.
Quedan pocos kilómetros y estamos en la vía verde Ojos negros (de Ojos negros a Torres Torres). El fore prestado me marca 18,8 kilómetros, y unos metros más adelante el punto kilométrico indica km18. Pardiez ¡un kilómetro de más!. Llegando a Navajas me encuentro con Groucho. Al final podré entrar con él en meta, aunque no era la idea entrar a esas horas.
Entro en meta con dos horas trece, que aunque a priori pueda parecer un tiempo desastroso para una media maratón, no lo es tanto, ya que era dura, dura. Y terminé fuerte y contenta, pensando que el año que viene vuelvo, seguro.

3 de agosto de 2011

De medias meditadas y desiertos compartidos

Los pájaros de mi persiana se reproducen sin que mi gato haga nada al respecto. Una no puede confiar en que su gato haga nada al respecto de cualquier cosa. Los gatos son gatos y en verano sólo son máquinas de formar pelusa. Pero de eliminar el nido o los pájaros, rien de rien.

El sábado siguiente era la media maratón de Rubielos de Mora, y a mi, que en esos pueblos de Teruel me perdería para el resto de mis días, me faltó tiempo para apuntarme. Aunque sí, ya lo sé, con la media de kilómetros mensuales más baja de los últimos
años, no sé cómo se me ocurrió. Pero no sé, la vi, y era tan fácil inscribirse....
Así que nos presentamos en Rubielos, yo para correr y él para salir en bicicleta, previa la meditación correspondiente. Nos despedimos, y me inmiscuyo en el pequeño grupo de corredores que se apelotona en la salida. Somos tres senior femenina: matemáticas básicas. Silvia Marimón, Laura Murcia y aquí, la piedrecilla pensante.
Paso el 10000 en cincuenta y dos minutos: entre que me encanta el terreno, suavemente ondulado, que hemos pasado un par de veces entre la gente y que el Meditante se anima a acompañarme con la bici, puede que haya empezado demasiado rápido. Pero ya está hecho, y me encuentro bien. A partir del kilómetro 10 el terreno se complica, subimos por la carretera de Fuentes hacia una cruz, y las cruces, como todos sabemos, no están colocadas precisamente en puntos bajos de las carreteras. Sin embargo, después de esta cruz, la carretera seguía subiendo levemente mientras nos cruzábamos con los compañeros que ya volvían. Lo bueno de los recorridos de ida y vuelta.
En Fuentes, JR me deja un ratito sola, y a la vuelta sigue conmigo. No voy a negar ciertas ganas -puntuales- de robarle la bicicleta, porque del 18 al 20 no podía con mi alma y quería terminar de una vez con aquello. De pronto miro el reloj y me doy cuenta de que puede que, quizá, a lo mejor, sea capaz de bajar de dos horas. Y ese pensamiento, y que la pendiente favorable, y algunos otros pensamientos que siempre me surgen en estos momentos, hacen que corra (trote) un poquito más rápido y me presente en meta con 1hora, cincuenta y nueve minutos, cuarenta y ocho segundos, contenta, muy contenta.

Después de un domingo de descanso pasivo, llegaron un lunes y un martes de piscina. En algún momento de mi vida me decidiré y entrenaré en el agua como es debido. Pero por ahora, me vale con no olvidar cómo se hace. La piscina de 50m se me hace eterna al principio. Qué duros son los comienzos. 1400 metros, 1450 metros.

El jueves fue, como el anterior, un día vigoréxico. Salimos Teo, Miguel y yo de la Magdalena, y en vez de tomar el PR donde siempre, nos metemos en una sendita que vaya usted a saber desde cuando está ahí y que nos ahorra un buen trozo de carretera. A lo mejor, hoy no subimos a Raca, pienso, ilusa de mi.
Empezamos a subir por un extraño camino, que después deja de ser camino, y que sube y sube sin parar entre coscoja y aliagas. La hermosa vegetación mediterránea. En un momento dado ocurrió que llegamos arriba, no podía ser de otra manera ya que en ningún momento dejamos de subir. Y una vez arriba, ya no teníamos otra cosa que hacer, más que bajar de nuevo. Y lo hicimos por los toboganes, por el mismo lugar de la semana anterior.

Y ahí quedan reflejados tres recorridos que puede una hacer desde la ermita de la Magdalena, que se pueden convertir en muchos más si se entremezclan. El cian (celestito de toda la vida) es el de la semana pasada. El amarillo, el que acabo de redactar. Ocho kilómetros, hora y veinte.
Y piscina, 1400 de piscina en 35 minutos.

Al día siguiente, que era viernes, tenía que ser un día ciclable. Me venía a buscar el Meditante con la idea (poco o nada meditada) de subir el desierto por Benicassim, que, aunque lo pueda parecer, no es lo mismo que subirlo por Castellón.
Vamos a explicar un poco de qué va esto de subir el Desierto.
A estas alturas de blog, igual queda raro explicar de qué hablo cuando hablo del Desierto. No obstante, lo voy a contar, que nunca está de más.
El Desierto al que me refiero no es un desierto de esos de dunas y arena, ni camellos ni beduinos. El Desierto de Las palmas es un parque Natural, que antes de Parque Natural era sólo sierra litoral. Y en ella, sobre el año 1700, construyeron un monasterio y se asentaron, unos monjes de la orden de los Carmelitas Descalzos. Estos monjes, a los lugares apartados destinados al retiro espiritual y la oración, los denomina "desiertos". Lo de las Palmas viene de la cantidad de palmitos que hay por allí. Aunque para mi, que de plantas sé poco y de monjes un poco más, el nombre correcto sería "desierto de la coscoja". Si bien entiendo que ese nombre es menos romántico que eso de " Las Palmas". Que nadie se rasgue las vestiduras.
Total, que allí se aposentaron los monjes hasta que se les inundó el chiringuito (con perdón) Entonces tuvieron ellos que buscarse una nueva ubicación para su monasterio, en un lugar que no fuera una hondonada, un valle ni un barranco. Y lo colocaron donde está en la actualidad.
Es, por lo tanto, el Desierto de las Palmas, un lugar de meditación -quizá esa obsesión de algún conocido por subirlo y bajarlo compulsivamente- salpicado de ermitas consagradas a distintos santos, imágenes y grutas para el retiro.
Pero no son sus santos ni su historia lo que tantas veces nos conduce a él, por lo menos no conscientemente. Es su belleza, sus sendas y su puerto de segunda categoría.


Aclaro que lo normal es no hacer esa subida completa, sino sólamente hasta el kilómetro 8, desde donde se enlaza con la otra vertiente: el desierto por castellón, quedando el asunto de esta manera:
Que este año, los señores profesionales del sector subieron y bajaron tres veces (tres) en los campeonatos de España.
Total, que después de tamaño tostón, que no me he inventado sino que lo he sacado de aquí, de aquí y de aquí, ya no me acuerdo de a santo (nunca mejor dicho) de qué venía todo esto.
Ah sí.
El Meditante quería que subiéramos el desierto por Benicassim, y bueno, no pude negarme y de pronto me vi pedaleando desierto arriba por unas curvas que no me hacían ni pizca de gracia. Sin embargo, me encantó la subida. Me encantó de verdad.
La bajada no.
Empezó a caer un formidable chaparrón que envió al traste toda mi seguridad.
Esto es ciclismo, Nereida.
¡Esto es una putada, colega!
Así y todo, llegamos abajo. una más.

30 de julio de 2011

para qué elegir

El día siguiente era 15 de Julio. Y ese día era el diezmil de la playa de Moncofa. Y ya no me acuerdo a santo de qué me apunté a semejante cosa, pero la realidad es que eran las 6 y algo de la tarde y estaba bajo el sol abrasador, vestida de corredora entre un montón de personas que parecían tener tanto calor como yo. Entre ellas Rubens.
Diezmil metros. Con lo que odio yo esa distancia, demasiado corta como para ir tranquila, demasiado larga para irse de rositas. Dan la salida y no tengo más remedio que ponerme a correr como alma que lleva el diablo, como si me fuera la vida en ello. Y tras esa salida lo único que pude hacer, ya que desafortunadamente no soy de las que tiene un dios a quien encomendarse, fue entrecerrar los ojos y dejar que pasaran los kilómetros uno a uno. Y cuando quise darme cuenta estaba entrando en meta con 50'40", que es mi segunda mejor marca de diezmil de todos los tiempos, cosa que me hace pensar en tres cosas:
1-Tengo una marca de diezmil horrorosa.
2- No sé correr diez kilómetros.
3- Mientras menos me preparo una carrera, mejor me sale.

Conclusión final: No saques conclusiones.

Pasaron algunos días más, y se me ocurrió la brillante idea de subir el desierto en bicicleta. Subir por Castellón, bajar por Benicassim. Con Rubens, que está ciclista perdido. Que si yo subo más rápido que tú, que si no, que si por aquí, que si por allá. Por la boca muere el pez.
Nos turnábamos en la subida hasta que aquel tipejo en bici de montaña se me colocó detrás bien acoplado y Rubens decidió que no iba a ser adelantado. Mientras yo intentaba sin éxito dejarlo atrás, el fulano se coloca a mi lado, me mira, se despide y se pierde. Y yo estaba demasiado cansada hasta para echarle siquiera una triste mirada de odio.
Al final Rubens me sacó un minuto. Y poco fue. 34 km.

Al día siguiente me quedé totalmente dormida y me despertó la llamada perdida del ciclista anunciando que ya estaba en mi puerta. mierda-mierda-mierda-¡joder!
El casco, la ropa, las gafas, dinero...zapatillas...¿qué me falta? ¡la bici! joder, la bici. Y una barrita, o dos. De estas mismas. Y de estas. Y el fore, me falta el fore.
¡Ya estoy! anuncio como si fuera temprano.
Y comenzamos: destino Benicassim. En Torre Bellver descubro que las cuestas de Oropesa, no es lo mismo que Oropesa por la costa. Y que las cuestas de Oropesa, son menos cuestas que las cuestas de Oropesa por la costa. ¡Rayos y truenos! ¡ectoplasmas!¡bachi-bozuk de los Cárpatos! ¿qué repámpanos he estado haciendo yo yendo a Oropesa por las infernales cuestas de la costa, existiendo las cuestas de Oropesa?
Total que llegamos a Oropesa charla por aquí, charla por allá. Me pregunta el Ciclista si nos metemos por la nacional, y yo, que me fío de él, le digo que sí. Instrucciones y en un momento ya estamos desviándonos en la Ribera de Cabanes. Puertecito.
Habrá que tomárselo con calma, la carretera es ancha así que no hay problema para ir charlando en paralelo. Y quinto turno arriba, quinto turno abajo, de pronto habíamos llegado a Cabanes, a pesar de la pendiente y habiendo dejado atrás las pequeñas gotas de lluvia que nos habían caído un ratito antes. Pues ya hemos hecho más que el Greg Lemond, que me dicen que abandonó en esa subida durante una vuelta a la Comunidad Valenciana. Y estaría encantada de poner una reseña bibliográfica, pero esta información pertenece a mi rumorología. El que quiera más información, que me pida el número del Meditante.
Agua de la fuente y fartón, ya estamos listos para seguir adelante. Carril bici hasta La Pobla, autovía hasta Borriol. Y de Borriol a la playa. 70 kilómetros. Progresando.



Ese día debía tener yo un ataque de vigorexia, porque después de comer, descansar un rato y pensarme si ir o no al concierto de Calamaro en Valencia, acudí a la Magdalena donde un montón de amigos habían decidido comenzar una rodadita de las de siempre. De las de tantas y tantas veces. De las que echo de menos. Aunque no hubiera dudado en irme al bar si la Kiya me lo hubiera pedido, insinuado siquiera. Pero no, si se queda para rodar, hay que rodar. Y comenzamos por el PR 378, y nos desviamos a la izquierda, por uno de esos caminos de los que la Veloz me decía "todos los desvíos a la izquierda llevan a Raca". No me encuentro mal subiendo, para ir con el gancho y estar doblando. Es más: me atrevería a decir que me encuentro bien. ¡qué caña!
Pero bueno, esto del fondo es cuestión de tiempo, y las sensaciones van y vienen. Dice Ximo que hay un camino que baja por....


Quizá fuera por ahí. No lo sé. Y nunca lo supimos, porque dimos media vuelta y volvimos por...


Por ahí, que era más corto.
Ellos iban bajando y nosotras también, sólo que más despacio. "cuando lleguemos, les pedimos disculpas" Que buena chica. "¡cuando lleguemos lo que vamos a pedir va a ser una explicación!".
Allá abajo estaban, con caras de circunstancias. Mejor seguimos, si protestamos sólo de vicio.
Once kilómetros entre amigos, hora cuarenta y poco.

11 de julio de 2011

Subtropical de canarias.

Al día siguiente llegué a Las Palmas con la maleta llena de ropa para hacer deporte y ropa para ir a cenar los asiáticos de costumbre. Toda de tirantes. Craso error. En Las Palmas, en la capi, en Julio, no hace este calor. Hace otro calor. Uno que se soporta mejor, entre nubes y aire fresco y que a veces le obliga a una a colocarse una rebeca. Qué frío, repetía sin cesar. Y no, puede que no fuera para tanto.
Rodadas: 2. ¿por dónde? por la playa. ¿por qué? porque me dolía la espalda. La parte baja de la espalda, una cosa insoportable que no me dejaba sentarme cómodamente en los asiáticos ni estar de pie en cola en ningún lugar. Eso sí, corriendo no me dolía. Las dos salidas fueron similares: Nueve mil novecientos diez metros en cincuenta y cinco minutos cuarenta y nueve segundos. A cinco treinta y ocho el mil.
Nueve mil ochocientos metros, en cincuenta y cuatro minutos. A cinco treinta y uno el mil.

De kilómetros verticales, ni hablar. Coincidía el evento con el día que Ale tenía disponible para llevarme a margullar. Y a Sardina del norte fuimos. Allí me disfracé con gran esfuerzo (por eso de la talla) de foca, y allí estuvimos un buen rato viendo peces. Un calamar, unos salmonetes...un sargo ¿eso se come? ... Todo se come.
Pena de dolor de espalda y pena lo que me cuesta estrenarme en nuevas cosas. Precioso el mar.

Siete días más tarde, se había pasado la semana y me encontraba tumbada boca abajo en una camilla de Almazora. Voy a recolocarte la pelvis. Y las cervicales. Tienes ésto contracturado. No corras mucho, sal en bici por llano....y si no me haces caso...pues vuelves.

Asunto casi resuelto.

7 de mayo de 2011

Dos meses más tarde...

¡Hola! ¿Hay alguien? Por si acaso, yo sigo...

Han pasado dos meses dos. Sólo dos. Y yo de ferretera, quitándome las ganas de contar cosas a fuerza de hacer otras y haciendo desaparecer ciertos dolores introduciendo otros nuevos.

De Puerto a Puerto no pude ir, porque la bronquitis de cada año se dejó caer por casa durante esos días, y me conformé con acompañar a mis compañeros, valga la redundancia, desde Sant Miquel hasta el mismo Puertomingalvo, durante unas cuantas horas en las que me esmeraba en seguir a Oscar G y Miguelón, que para llevar 40 km más que yo tenían también una poca más de energía. Tanta que se empeñaron en ir a buscar la Sierra de la Batalla, que resultó ser la de la Batalla Perdida, porque nunca la llegamos a encontrar. Y eso que estaba allí al lado.
A los de las bicis, que la mitad tenían Óscar por nombre -curioso asunto a estudiar- les fue medio bien, porque el viento se encargó en fastidiarles la marcha y los ánimos. Aún así hasta Xodos llegaron, que ya está bastante lejos, dadas las circunstancias.

Como ando algo desubicada con esto de carecer del todo de objetivos algo motivadores, una tardecita de esas soleadas de primavera me dio por desempolvar la bici, la flaca, la de corredor. Esa cuyos suspiros de soledad se escuchan por toda la manzana. Y lo de desempolvarla fue literal, porque menuda capa de tierra le dejaron los individuos que, como topos, abrieron un enorme boquete en el suelo de mi trastero. La cuestión es que la primera en la frente: salgo camuflada por el carril bici y me cruzo con Óscar M, y yo, sin poder ocultar mi inestabilidad, pedaleo lo más dignamente que puedo.
Los días siguientes la cosa fue mejorando, y una playa se convirtió en dos playas, y luego en playa y carril, y luego en una vuelta al Sitjar, y más tarde en dejar de preocuparme de la bici para sólo pensar en pedalear y avanzar. De todas maneras me parece que no llegaré demasiado habilidosa al Triatlón de Castellón, que teniendo dos giros de 180º en diez kilómetros pueden dejarme la moral y el cuerpo por los suelos.

Y además de bicicletas también ha habido montañas. Más pequeñas que grandes, pero montañas. Bartolos andando sola y en compañía, mostrando que las carreteras no son para caminar, que existen mil caminos para llegar al mismo lugar y que sólo es necesario buscar un poco. Aunque una a veces se pierda y termine trepando bancales o esquivando coscojas. Al final una siempre llega a alguna parte. Y en todas las partes a las que una llega, una es capaz de aprender algo.

Subidas corriendo sin parar hasta las antenas, bajadas a trompicones por la senda de siempre.

Y un maratón. El de Valencia, en el que corrí todo lo que pude, y en el que pude hacerme una foto para la posteridad con la Veloz, aprovechando que ellos, ambos veloces, salían ese día de campo y playa, a sacarse fotos ante cascadas para que yo, por lo menos a posteriori, disfrutara del paisaje. Correr y más correr, y en el kilómetro treinta y seis, la figura del cortafuegos delante de mi cara me dejó un segundo sin respiración, pero no fue mucho más que eso, que una se pone y enseguida le vuelan los kilómetros y las piedras bajo las suelas. Porque el tiempo es relativo. En realidad casi todo lo es. Cinco horas cincuenta y un minutos.

Mientras todo eso va ocurriendo, mis inquilinos del cajón de la persiana evolucionan conmigo. Prrrri prrrri, cantan cuando tienen hambre, o frío o le pica que se yo qué. Y escucho como aletean dentro de mi pared, y veo como salen ramas y más ramas por el pequeño hueco que hay entre la puerta y el cajón. El pájaro negro y sus escandalosos - ¡dichosos!- pollos me están dando las mañanas.

A pesar de ello, no pierdo el sentido del humor. Sería gracioso sacar de ahí el nido y colocárselo, por ejemplo, al vecino.

Me apunté a la carrera de Los Molinos de Lucena del Cid por nostalgia de la antigua prueba y porque tenía el sábado libre. Así que allí me presenté, y cuando dieron la salida me puse a correr entre la multitud, y no paré hasta dos horas más tarde, después de haber hecho un circuito de 19 kilómetros digno de un gran fondo al más puro estilo Siete Aguas o de una media maratón de asfalto tipo Ribarroja. Qué bonito, y qué duro.

Lo de la escalada lo llevo mal. No por nada, porque yo querer, querer, quisiera llevarlo bien. Pero no doy. No doy a basto. Y quiero correr, y andar, y salir con la bici. E ir a almorzar y tener tiempo para quién me lo reclama. Pero no llego a todo, y hay cosas que una se deja sin querer. Y no siempre es lo que menos le llena a una. Depende de las circunstancias. Porque, al fin y al cabo, Yo soy yo y mi circunstancia, y si no la salvo a ella no me salvo yo.


A pesar de ello, lo sigo intentando, Y el Rubio, que cada vez escala más y mejor, sigue teniendo paciencia conmigo cuando protesto o tardo demasiado en encadenar esas vías tan fáciles en las que me meto. Porque no tengo ganas de sufrir. La vida no es un valle de lágrimas.

Lo de la carrera de la Iglesuela, lo cuento más adelante, para cuando se me hayan pasado los calambres de la planta del pie.

Encantada de hablaros. Lo echaba de menos.

19 de febrero de 2011

Diversifica chica, diversifica

Después de surcar el carril bici con la Veloz a toda velocidad, llegó un día en que me pareció buena idea subirme a la bici y volver a hacer una rutita de esas fáciles. Lo malo es que hacía tanto que no iba en bicicleta que hasta lo fácil se me vino a atragantar en las piernas, colocándose a modo de músculo incómodo. Ni las subidas las quería hacer como podía, no creo que pudiera hacerlas como quería. En todo caso, de casa a Borriol, y de Borriol a La Pobla, y de La Pobla a Cabanes, y de Cabanes a Oropesa, y de Oropesa a Benicassim. Y de Benicassim a casa. Y eso son setenta kilómetros para el primer día, que casi se convierte en último.

La cosa es que al día siguiente era domingo y estaba apuntada a la Marxa de Castro, de Alfondeguilla. O Fondeguilla, qué se yo. Y resulta que esa es una marcha que históricamente se me da más bien peor, porque tiene alguna subida de importante desnivel y alguna bajada conflictiva. Sin embargo, me motivaba hacerla. Y el objetivo, como en Tales y Tombatossals, volvía a ser llegar antes de que dieran las tres horas en el crono de meta.
Como sé que si una no sale deprisa en esta carrera, se arriesga a encontrarse todo tipo de tapones a lo largo del camino, decido salir todo lo rápido que puedo, que no es mucho pero es suficiente. Allá arriba, efectivamente, encuentro el primer tapón, que me viene de maravilla para respirar con tranquilidad. Pronto toca seguir subiendo, y eso hago, con Bad Religion susurrándome al oído algo acerca de un chico digital del siglo XX. Madre mía, creo que debería hacerle caso a algún amigo y comenzar a escuchar música de nuestra era. Para cuando me doy cuenta ya estoy bajando por una senda conocida y pisando los talones de una chica que hacía caso omiso a nuestras peticiones de paso. Pero omiso,omiso. Como quien oye llover. Y tan contenta.
Pues no pasa nada, ajo y agua, me digo. Haber corrido más en la subida.

En la siguiente subida más de lo mismo, y en la bajada, otra vez igual. Pero esta vez el acoso a las chicas reptantes, que vuelven a estar delante por problemas del directo, es mayor, crece la hostilidad y al final no tienen más remedio que esperar pacientes sobre una piedra. Pues no pasa nada, que a mi también me ha pasado.
Sumida en mis pensamientos, sigo avanzando, y tras una torcedura y un clavamiento de pedrusco, llego a meta. 2:49. Estupendo.



Los siguientes días quería descansar, algo me dolía y por otra parte, tampoco tenía demasiadas ganas de grandes cosas. Por lo tanto, lalala.
Pero luego retomé la actividad donde la había dejado, y aparqué en la Fon
t de Sant Josep para hacer la vuelta al Bartolo por la Balaguera. Y me sentí genial, porque el día estaba claro, y los -treinta y siete- almendros, florecidos, y el aire, frío y las sendas, humedas. Y el Bartolo, alto, y La Plana, plana. Y el mar en calma, y las Columbretes a lo lejos. Y Peñagolosa aún nevado. Y yo respirando...

Al día siguiente ya era Jueves, y la Veloz ya estaba curada, pero había que probar poco a poco. Y que mejor para eso que salir a rodar por la Vía Verde de Oropesa, al sol y al viento, tranquilamente. Aunque puede que a mi me faltaran uno o dos cafés y a ella le sobraran ganas de correr. Once kilómetros de llano, que tan bien nos vienen de vez en cuando.

Por la tarde sesión de plafón, allá donde se supone que iremos cuando la lluvia o el sol abrasador no nos dejen salir a la roca. Y allí estuvimos cambiando manos y piernas, y tanto cambio de manos me sirvió para que casi tuviera que cambiarlas literalmente.

Y luego ya fue viernes, y ese día fue el escogido para ir al Castellet a intentar encadenar algo, y fue un día muy raro en el que no me salió casi nada, más que algunos recuerdos poco buenos y algunas ganas de que se me pasaran. Covetes y covetes. Eternamente Covetes.


10 de febrero de 2011

La ruta de los masos (o ...y si seguimos por allá? )

Él escribió: Que te parece subir a Xodos???esta ruta la he hecho siguiendo este recorrido mas o menos pero siempre es mejor fiarse del gps JEJE

Y ésto era:

Y ella contestó: Me parece perfecto!!! sitios nuevos Yupi!
Se lo contaron a Fulano, mengano y ciclano y de todos esos respondió en inconsciente de siempre, así que a las 9 (pasadas) ella se los encontró en el bar. Como no.
Ellos llevaban la ruta cargada en el fore, ahora mismo no sé muy bien para qué, pero el hecho es que la llevaban. Y empezaron. Hoy nadie lleva pantalón de excursionista. Reveladora circunstancia.
De Xodos a Granja San Cristòfol. Y seguimos por la pista, al trote cuando nos dejan las vacas y vaquitas.
"Mira, procesionarias". Miro y veo un montón de orugas, efectivamente, en procesión. Extraño asunto. Para mi, porque por lo visto de extraño no tiene nada. Definitivamente sigo siendo de ciudad. Resulta que salen de esas extrañas marañas blancas que cuelgan de las ramas de los pinos. Sorprendida con mi descubrimiento, seguimos al trote.
Masía Miravet y dos caminos. El de la derecha y de la izquierda. El de ida, y el de vuelta. En una elección al 50% la probabilidad de tomar el camino equivocado es del 100%.
Y así llegamos al Mas de Cabezo y de ahí al Mas Blau (masía azul), que estaba relucientemente blanca. Allí el track tenía una especie de rabo. Un caminito de ida y vuelta que conducía hasta Masía Els Colexals, pero, cuando llegamos a ella, estuvimos de acuerdo en hacer una inspección más allá, a ver qué podíamos encontrar, así que a la porra el track y a meternos por aquel camino, que nos llevó a dar alguna vuelta rara y a pasar por Masía Griva y Mas de Caixó. Y puede que por allí empezara la nieve. Bastante nieve, bastante dura, pero nieve. La primera del año para mi. Bolitas y bolazos, y mejor seguimos. Pero ¿por dónde?. Uno por aquí, otro por allá, buscando no sé bien qué, creo que una pista que podía conducirnos a la Banyadera, o algo así. Hace un año y una semana, más o menos, estuve perdida con estos dos y algunos más buscando la misma pista. Me parece que va a empezar a ser una tradición: cada año podemos salir de Xodos, irnos a cualquier sitio e intentar encontrar la Banyadera.
Continúo. Pues como no podía ser de otra manera, pronto andábamos bajando bancales. Y allá abajo se distinguía una masía de la que salía un hombre armado con un palo. Preocupante.
Al llegar a la masía nos recibió con los brazos abiertos un chico de cara amable ¡benvinguts al mas de Gargán! Soy el alcalde, el barman y lo que haga falta.

Al final habíamos vuelto a enlazar con nuestro maltrecho track: estábamos sólo un poco más arriba de donde debíamos estar, aunque no habíamos llegado por el camino marcado, porque sólo los peces muertos siguen la corriente del río. El problema es que el Mas de Gargán está encima de la muela de Gargán, y de nuestro camino nos separaba un precipicio de pinta poco agradable. Sin embargo, nuestro alcalde nos indicó dos caminos para bajar, tranquilizándonos diciendo: "las cabras bajan"
Pues destrepando y con la vista puesta en la pista a la que debíamos llegar, al cabo de un rato estábamos mirando hacia arriba preguntándonos cómo demonios habíamos podido bajar de allí.
La cosa es que ahora ya estaba todo claro y volvíamos a saber a dónde había que ir: Rumbo al Mas de Montoliú, cómodamente por una pista. Eran las 12:30 y llevábamos doce kilómetros y medio. Llegamos al mas de Montoliú justo cuando nuestro intrépido sherpa empezaba a poner cara de preocupación. Ya podíamos almorzar.
Y retomar el camino, que no era por la sumamente evidente pista que de ahí salía, ya que esa podía llevarnos, bien a Llucena, bien a la Banyadera. Pero ya era un poco tarde para eso, y además, nuestro track nos indicaba otro camino sin duda más atractivo y emocionante. La cosa es que con nieve, poca senda se veía. Y así fue como estuvimos un pues rato enterrados en la nieve subiendo y bajando unas blancas lomitas, y así fue como se nos congelaron los tobillos hasta el punto de no sentir nada. Pero todo entre risas.
Y de pronto estábamos de nuevo en el Mas de Montoliú, del cual decidimos alejarnos, por consenso, del mismo modo por el cuál habíamos llegado allí. Y así fue como aquel track se transformó en este otro:


Tan bonito, y tan nevado. Y sobretodo tan divertido. Para qué vamos a hacerlo fácil. A ver cómo le explica Miguelón a su suegro por dónde ha pasado.

Al día siguiente, hoy, hace un rato, vino la veloz al Grao City para hacer una rodadita por la playa, aprovechando que los días son fríos pero claros. Y nos salieron Diez kilómetros y pico, en cincuenta y cinco minutos, charra que te charra, blabla blabla blabla. Y yo que casi ni me acordaba del color de mis zapatillas de asfalto.


6 de febrero de 2011

Peces de ciudad

Los viernes de febrero no son tan fieros como los pintan. Cuando hace sol el mar brilla como una plancha de papel de aluminio y la gente nos da por pasear por la playa como si nos fuera la vida en ello: feroces ciclistas, tranquilos caminantes, intrépidos patinadores, corredores que vuelan. Y yo con mi bici y sin casco. Por el mero hecho de salir, por sentir el aire cortándome el cuello y para que me lloren los ojos con razón.

Y luego a Vallat. A escalar. Para que me sangren las manos.

Y el sábado a las plaquitas. Para ver las Columbretes desde el punto donde acaba la Plana. Para pasar otro día de febrero con el sol y las rocas quemándonos la espalda. Para que el dolor sea cierto. Para subir tres quintos y atar un algarrobo a un palmito, preparándolo para el verano.

Y el domingo a recordar un camino que ya había hecho, para encontrar el camino de regreso. Hora veinticinco.



Pues me ha quedado algo inquietante la entradita...igual me dedico a ésto

3 de febrero de 2011

Aunque los sueños, sueños sean

Acabo de encontrar objetivos para 2011. A ver lo que me dura la motivación.

Pasó la fascitis, que resultó que venía del Aquiles, que venía tenso del gemelo, que llevaba avisándome desde hacía tiempo. Es como esa historia del gallo Kiriko y la boda del tío Perico. Sí, hombre la de: Vaca ¡bebe el agua que no quiso apagar el fuego, que no quiso quemar al palo, que no quiso pegar al lobo, que no quiso comer la oveja, que no quiso comer la hierba, que no quiso limpiarme el pico para ir a la boda del tío Perico!
Pues lo mismo, pero versión fisioterapéutica.

Y un día de estos me llevó la Veloz a Tetuán 14, para desde allí comenzar una rutica que ella conocía y yo no, que nos iba a conducir, entre piedras y piedrecitas resbaladizas, a ciertas crestas y ciertas bajaditas cuyo objetivo es seguir profundizando en lo técnico de las bajadas. Con lo bien que bajamos por pista, y nosotras ahí, erre que erre a ver si nos vamos haciendo a ese tipo de terreno, que ya tenemos edad. Y en la parte de arriba de una loma, cuando por fín la veo de cerca, le susurro: "sádica", con cariño. En el fondo sé que lo hace por nuestro bien...
Once kilómetros la mar de divertidos.

El día siguiente empezaban los descansos, tres días tres para hacer lo que una no ha hecho los días pasados, más uno extra de vacaciones, porque yo lo valgo. Habíamos estado concretando quién, cómo, cuándo y dónde y al final pasó que en la Magdalena éramos seis unidades dispuestos a realizar en su totalidad el PR378, promovido, dicen por el Ayuntamiento de Castellón,y es que no todo va a ser Tram. De los seis, un neófito, el resto...pues no.
Salimos paralelos a la carretera, llegamos a la Saleta, tomamos la pista de los toros, visitamos la ermita de la Virgen de la Salud, que por cierto, resulta que podría ser un lugar muy bonito si a quien le corresponda se le ocurriera restaurarla un poquito, y seguimos hacia donde siempre, hacia la casa esa allá arriba a la que se llega subiendo unas piedras un tanto empinadas. El tramo peliagudo, dije.
Una vez superado dicho tramo, llegamos a la pista aquella del corral abandonado, pero en lugar de seguir hacia la subida a Raca, bajamos por la pista de cemento, recto recto sin abandonarla, y sin saber como enganchamos con la pista del azud, antes de saber que era la pista de azud. De frente venían los ciclistas en lo que debe ser una señal divina de algo, porque vaya manera casual de sincronizarnos. Y luego continuamos. Hasta la ermita de Sant Vicent, donde almorzamos amigablemente.
Cruzamos la vía de servicio y el río por donde nos indicaron los operarios que lo están ¿tapando? o vaciando, o que se yo. A la derecha, GR36, a la izquierda, nuestro PR. Sube la pista hasta una mina abandonada y sigue subiendo hasta un lugar por el cual pasamos el día de la UltraTeo, y en lugar de subir Raca, vista la hora y las circunstancias particulares de cada cual, descendimos entre piedras, siguiendo casi el PR, hasta enlazar con la pista con la que debíamos enlazar.
Dieciocho kilómetros, tres horas y pico de vuelta.


Y la comida posterior, en la que pudimos, por fin, ir poniendo fecha y nombre a próximas expediciones de UBE ADVENTURE.




26 de enero de 2011

Lady B (de bajaditas)


Madre mía, con lo bien que había empezado ésto...

Continúa el mes de Enero, ahora más frío que antes. Bastante más frío, quiero decir. Y yo deseando que haya nieve por algún sitio, pero que para cuando llegue a mi se me haya pasado la fascitis y el gripazo recién pescado. Y me parece que voy a tener suerte, porque el pie apenas me molesta y la gripe no dura más de dos días.


Estuve la semana después de Tombatossals sin hacer casi nada, estirando los pies y moviendo los dedos compulsivamente. Me hacía ilusión poder ir este año a la UltraTeo de ida que se montan los compis, ya que esta vez me cuadraba perfectamente en el calendario.
Y aunque el sábado aún no lo tenía claro, el domingo me levanté y, por inercia, empecé a vestirme de ultrista. De invierno, porque había llegado ya el frío polar y ya tocaba sacar guantes, polares y gorros. Aunque al cabo del rato a una le sobre todo.

En el Hospital de la Magdalena habíamos quedado, nosotros y mil personas más, a juzgar por la cantidad de coches aparcados que allí había. Cuando estamos todos, nos vamos. Qué bueno que seamos tanta gente, no nos aburriremos.

Salimos hacia Borriol, y de allí empezamos a subir todas y cada una de las lomas que nos vamos encontrando. Unos más rápido, otros más despacio, poniéndonos al día de nuestra vida y milagros. Se almuerza en el collado del Mancebo y se continúa. Se sube Raca, se saca la foto y se continúa.
Que esto sea el recorrido del Maratón de Borriol me preocupa bastante, que sea al revés, no sé si me tranquiliza a tramos o me preocupa aún más.
El Morico lo subimos bien, me encanta esa subida, es preciosa, limpia y muy agradecida.
Lástima que no nos de tiempo de terminar el recorrido, es la segunda vez que me ocurre. Otro día cualquiera lo terminaré. Se buscan voluntarios.
Es una maravilla pasar un día tan bueno con tantos compañeros.

Al día siguiente me levanté temiendo por esa historia de la fascitis, pero apenas me molestaba, así que me fui a buscar a la veloz y nos fuimos al desierto, a hacer un trozo de ese Pr nuevo, pero con su atajo correspondiente. La vuelta que vino a salir fue una que comencé haciendo por allá en 2009 y que no me acuerdo como bauticé. Bajamos por los toboganes, maldiciendo en voz baja (o no tan baja). Estreno zapatillas, otras kalenji rodadoras.
Bueno, bonito y barato. La verdad es que me sorprende lo estables que son, y lo que agarra la suela. Agarra tanto que por momentos decido saltar en lugar de reptar. Poco a poco. Llegará el día en que baje por ahí veloz como el viento.
No me lo creo ni yo.
Pero bueno, la salida estuvo divertida, sirvió para no perder comba de las bajadas técnicas e ir haciéndonos la idea de lo que nos espera el Alfondeguilla...

12 de enero de 2011

Como iba diciendo

A los Reyes (magos) los vi pasar en cisterna por el Serrallo, y tal fue la conmoción que ese día no tuve otro remedio que pasarlo viendo películas de dibujos animados y comiendo natillas. Mis excusas son cada vez más malas.Pescadilla al día siguiente, segunda tarde al otro: días de escaleras, y nisiquiera muchas.
Para el domingo me había apuntada a la marchita de Tales. Tales, donde el dolçainer,allá en un extremo muy bien aprovechado de la Sierra de Espadán. Empezaba a las 9:00 y tenía previsto terminarla en unas tres horas, por prever algo. Empezó a la hora anunciada, cuesta arriba como había advertido el speaker al efecto. Tras unos pequeños repechos, llegaron algunos un poco menos pequeños, y enseguida estaba colocada donde me parecía que debía estar: Este por aquí, estos por allá, esos otros por allí... Era el sitio correcto y decidí conservarlo. El problemilla surgió con la primera bajada que no era exactamente fácil, y donde me pasó y dejé pasar a alguno y alguna de aquellos. En los llanos fui recuperando posiciones y cuando llegué al segundo cartel de "avituallamiento a 200m", y me di cuenta que los 200 metros debían ser de desnivel positivo o de mala leche del amigo que puso el cartel, allí supe que quizá no iba tan bien ni tan alegre.
De todas maneras, una vez superado el bache pude continuar sin más pensamientos negativos. La última bajada, donde me alcanzó Julia, me pareció un coñazo, aunque bonita. Ya no tenía demasiadas ganas de saltar. Y al final llegamos a meta, unos pocos minutos antes de que se cumplieran las tres horas de carrera.
La charla de después, esa que se hago normalmente con una cocacola en la mano y que esta vez tuvo que ser con cerveza, sirvió para hacer el plan del día siguiente: Karmele, Villavieja y sus sendas.
Así que a la hora convenida estábamos las tres en el campo de fútbol del pueblo, mirando pasar a aquella señora tan campante con sus rulos. Y justamente en ese momento había dejado de chispear. Creo que el dolor de rodilla que llevaba desde anoche tenía que deberse a la humedad. Mi cuerpo acierta más que el Maldonado ese. La vuelta a seguir tenía que ser aproximadamente suave, para estirar piernas y tal. Y nos lleva la Karmele montaña arriba mientras a mi me daba la risa, por una senda que, sin exagerar a mi recordaba a una que subí en Cavalls de Vent este verano. Clavada, oiga, pero un poco más corta, que tampoco hay que exagerar. El entorno, precioso: fuente, aljibe, el terreno blandito y húmedo...una maravilla. Y a la izquierda se puede ir a unas cuevas, pero no da tiempo, pero si seguimos por aquí llegamos al Puntal. Qué cosas, yo estuve por esta senda hace dos veranos. Recuerdo ese cruce. Me vuelve a parecer, como el otro día por el desierto, que los caminos son casi eternos.
Subimos al Puntal por las cuerdas, porque para qué vamos a andarnos con tonterías. Y luego la bajada es una tranquila pista que surcamos veloces (más o menos) sin parar de charlar. Doce kilómetros y pico, y ganas de volver. Mucho por inspeccionar.

Llegó el Martes y con él la excursión a Villafranca, porque ¿por qué no?.
Aprovecho un track de Raccca y a subir el Tamborero me voy.

Desde la La Pobleta de San Miguel o de La Pobla de Bellestar, que nunca sabré el nombre del pueblecito limítrofe en cuestión, salgo por pista rumbo a no sé bien dónde, y en cierto cruce tomo la pista ascendente y de allí ya no vuelvo a bajar hasta pasado mucho rato. Aunque la intención era seguir el recorrido de la antigua Carrera de Villafranca,
aquella de la cabra, el albergue y el Tamborero, me parece que este track hace algo diferente, en todo caso esta subida me pareció más tendida y menos sufrida que la original. Al llegar arriba me encuentro bastante desorientada, no recuerdo ese refugio, ni ese vértice geodésico. Casi tampoco recuerdo la torre de vigilancia. No obstante, allí arriba estoy, con el Penyagolosa enfrente y tratando de averiguar si aquello de allá podría ser la sierra de Javalambre. Y que viento frío, gélido.
Sólo quedaba bajar, al trote, de regreso. 18 kilómetros más.

Hoy tocaba descansar, o escalar. Escalar. Sin embargo tenía sueño, estoy cansada. Así que me bastó con un par de vías. Otro día más. Hay que tener ganas.