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19 de octubre de 2014

Casi cuarenta semanas


Parece que después de todo he logrado eliminar ese odioso banner de estadísticas gratis que impedía ver cualquier otra cosa en este -por otra parte- (casi) abandonado blog.
Y también parece ser que no me he olvidado del todo del uso de los signos de puntuación.  Abusemos pues.

Mi ombligo ha vuelto a aparecer, fue fácil porque nunca llegó a borrarse del todo: La nena decidió nacer un mes antes y no llegué a engordar lo que me faltaba para ello. Aunque ya estuvo bien.

De eso ya han pasado 5 meses y medio. 

La niña, estupenda, la madre, estupenda. El padre, estupendo. El gato no tanto, anda algo cabizbajo. Cosas de gatos.

En la última entrada contaba las aventuras de una embarazada por Andorra. De eso casi ha pasado un año durante el cual hemos seguido descubriendo lugares verdes y no tan verdes, más o menos cercanos, o más o menos lejanos.


Por ejemplo, El monasterio de Piedra. Lugar muy visitable cuando una anda más bien despacio. Muy bonito, mucha agua, muchas truchas.


En Gran Canaria el tiempo acompañó poco,  pero lo suficiente como para que pudiéramos seguir explorando las carreteras que nos dejamos pendientes meses atrás. La isla se merece una vuelta en bici. O dos.

Se nos ocurrió también ir a buscar una cascada al fondo del Barranco de Moya, pero no encontramos más que piedras y soledad. Y una caseta abandonada en la que paramos un rato a replantearnos nuestras vidas.


Y volvimos, y seguimos viendo cosas, que intercalábamos con bugaboos, papel de empapelar con osos o bailarinas, cunas y croozers.

En la provincia descubrimos los avellanos de Benassal y anduvimos por una ruta fácil, del Rivet a Font D'En Segures y la ermita de San Cristóbal en la cima del Moncàtil, que nos dejó ver Penyagolosa, el coll de ares y un cielo azul que creo que fue el primero del año.


Ese día nos dimos cuenta del tiempo que había pasado desde la última vez que habíamos estado andando por el interior. 

Volvíamos de Alcalá de Henares y decidimos dar un rodeo para llegar a casa.  Paramos en Sigüenza, donde no habíamos estado y que resultó ser un bonito lugar con una catedral románico-gótica que me resultó desproporcionada en relación al tamaño de la ciudad, pero que sin duda no lo está en relación a su historia.
Y conduce que te conduce, llegamos al rato a Beteta, donde están la Hoz de Beteta y el sendero de Mata Asnos. Y no sé si era o no mata asnos, pero por allí lo encontramos,  adentrándose primero en la Hoz y más tarde subiendo  a una y otra cueva, y  dejándote, al final de todo, en un inesperado -no porque no lo esperara con ansia (viva), sino porque rompía del todo con el paisaje que íbamos dejando atrás- prado verde, verdísimo, verdérrimo.


Llegaron unos poquitos días seguidos de libertad, y los aprovechamos para, conduce-que-te-conduce, otra vez, llegar al valle de Bujaruelo. ¡Oh Pirineo! 

La ocasión la pintaban calva para seguir el GR11 hasta el siguiente refugio no guardado, y visitar, de paso, el puente colgante de Burguill,  el cual descubrí por casualidad hace ya unos cuantos años, en mi primera o segunda visita al valle.
Subir el puerto de Bujaruelo para quedarnos allá arriba admirando las vistas era bastante innecesario, así que optamos por andar por el sendero durante un rato, hasta que consideramos (los tres) que ya estaba bien. Y bien estuvo. Nieve poca. Agua mucha.
Que nadie piense en tremendas caminatas pirenáicas, la cosa era tranquila, y corta.




Aún planeamos una última excursión, por el interior de Valencia, allá por donde se confunde y se mezcla con el interior de Teruel, y uno no sabría bien donde está si no fuera por el estado de la carretera. Cerca del cerro Calderón amanecimos nevados, y decidimos que no era país para viejos, ni cerro para preñadas, y escapamos de allí hasta Chulilla. Y disfrutamos del lago azul, y de un camino muy bien preparado, con sus puentes, que nos condujo un buen rato por las hoces del Río Turia.





Así que puedo resumir que el embarazo, además de todo lo que tiene un embarazo normal, tuvo puentes colgantes, cascadas, hoces y avellanos. 

5 de septiembre de 2013

Tantos meses

No nos quedamos perdidos durante 10 meses Villafranca. Volvimos de allí y seguimos andando por todos los sitios que nos dejaron. En Gran Canaria vimos la isla como nunca, de agua y de verde, completamente diferente al Septiembre pasado, cuando el marrón sólo terminaba donde empezaba el mar, o el cielo. Esta vez era verde, húmeda.


Desde Gran Canaria y su primavera, eterna como siempre,  volamos hasta Castellón (no literalmente, como es evidente dadas las circunstancias)  y de allí saltamos hasta Javalambre, donde pasamos nuestro primer final de Año. Hacía frío. Para ser exactos, hacía frío polar y había nieve para alicatar, por si es que a alguien se le fuera a ocurrir alicatar con nieve.


Tuvimos que volver, por eso de que el gato andaba solo en casa y por aquello de que el deber nos llamaba. Y los meses que siguieron hasta que llegaron las siguientes vacaciones estuvieron llenos de salidas en bicicleta y excursiones que fuimos preparando día a día en cada rato libre. Y llegaron las bicis de ciclocross y ya estábamos todos en casa.

Llegó la Semana Santa y como no somos muy de procesiones, decidimos salir hacia el norte, a ver el lugar donde los Pirineos se deshacen en el Mediterráneo. Y por allí anduvimos unos cuantos días, donde descubrimos tantos lugares hermosos que no pudimos dejar de pensar en todos los que nos quedaban por ver.
Cap de Creus


La Garrotxa


La Vall de Nùria


Andorra



La Ribagorza


La Vall de Boí.


 La Vall de Arán.


 Pinceladas de un cuadro enorme, infinito.

Pudimos volver al Norte unos cuantos ciclos más tarde, los tres como el año pasado, a otra marcha, como el año pasado. La Ribagorza. Y salió bien, pero no tan bien como para que me quieran llevar de nuevo. Tengo un año para hacerle cambiar de opinión.
Aprovechamos el viaje para visitar  a las amigas y batir un record mundial de pinchazos en un día.
Y nuevamente tuvimos que volver a volver,  con nuestro gato, a nuestra casa.

Por fin llegaba Junio, y nuestras siguientes vacaciones. Pirineos, Pirineos, Pirineos... No sé si alguna vez he contado por qué siempre Pirineos. No sé si lo he pensado. 

Empezamos en Vielha. Hicimos la primera etapa de Eth Setau Sageth, el séptimo cielo y caímos en el Refugio de la Honeria. El río Garona bajaba casi desbordándose, fuerte, rápido y con mucho lodo. A su paso por Bossost impresionaba lo cerca que estaba de alguna ventana en la que algún incauto osó tender unas sábanas. Dónde estarán ahora esas sábanas. Quizá llegaron a Les, aguas abajo, donde quedamos atrapados un día  y medio. Por lo menos estábamos bien, y al día siguiente también comprobamos que la furgo, Furgui, estaba aparcada exactamente en el mismo sitio donde la habíamos dejado, seca y a salvo de la riada que había arrasado el parquing de abajo, allá en Vielha. El Séptimo cielo se desplomaba a ratos, y la nieve se deshacía rápidamente allá arriba. Agua. Y más agua. 


Salimos de La Vall de Aran y seguimos recorriendo. 

Ordesa 


Andorra 


Y el Cadí - Moixeró. Cavalls de Vent. Que aún haciéndola en el mismo sentido contrario que hace tres años, me pareció diferente, donde lo más duro esta vez no lo era tanto y donde pasos olvidados se volvieron casi impracticables.


Y cuando acabó Junio comenzaron los meses más largos del año. Y aprovechamos para subir a la Penya Saganta, y al Garbí, y al Penyagolosa.
Y unas cuantas carreras más tarde, cuando empezamos a ser corredores, acabaron. 
Y empezó Septiembre, y en ello estamos.

21 de marzo de 2013

Villafranca-Sant joan- Villafranca

Continuaba Noviembre. Y tras algún martes, algún jueves y una huelga general, llegó otro fin de semana de vacaciones. Estamos que lo tiramos. Tres en un mes. Tiempos de mucho, vísperas de nada. Y precisamente por eso, cada rato libre, con el mismo horario lo aprovechamos como si nos fuera la vida en ello.

No me acuerdo bien cómo se nos ocurrió, pero enseguida estuvimos de acuerdo:
Sábado: Villafranca - Sant Joan de Penyagolosa. A pie, que daban vientos y lluvias y no sé cuántas cosas terribles más.
Salimos de Villafranca a las nueve de la mañana ¡¡qué temprano!!  En estos meses de invierno, y más allá arriba en la casiestepa,  a las nueve de la mañana hace un frío que pela.
De Villafranca anduvimos hacia La  Estrella, por una pista por la que a ratos trotamos, a ratos caminamos, uno más aprisa que otra. Qué perezosa....
En la Estrella, Sinforosa, Los gatos, el perro, y el marido. Y una maravillosa tranquilidad entre la neblina y  la lluvia fina que no molestaba. La tranquilidad terminó cuando El Marido soltó al perro y de allí salieron despavoridos la veintena de gatos, que saltaron, corrieron, se subieron a los árboles y hasta al motor del Santana entraron. Y yo preocupada por si mi gato se estresa si lo dejo una noche en la terraza...
Cruzamos la rambla por el puente, esta vez pasa agua, y no poca. Y comenzamos a subir por una senda de otoño de catálogo, si es que existen catálogos de Otoño. Con sus ocres, su humedad, sus verdes. Sus hojas secas en el suelo.
Para variar, y aunque mire el mapa, no recuerdo mucho del recorrido, así que resumiré contando que pasamos el Plà de Vistabella por carretera, donde llegamos a meternos en una suerte de refugio que no sé si era refugio, granero o búnquer, pero que allí está, subterráneo y con sus dos puertas. 

Después de perdernos un poco por algún camino traidor, llegamos a Sant Joan. 31 km.

Al día siguiente salimos por donde teníamos que salir y tomamos el camino correcto, mucho más interesante que el del día anterior.  Con su senda empedrada y todo. Óscar sigue andando igual de deprisa y yo me emparro (de emparrarse, o abstraerse)  contando sus pasos e intentando que los míos tengan la misma frecuencia. Abandono a los 30 pasos por imposibilidad mecánica y paso a la segunda estrategia, que es compensar frecuencia con amplitud. Fracaso absoluto. La tercera estrategia es empezar a protestar. ¡¡¡cómo puedes andar tan rápido!!! Menos mal que tiene paciencia.



Después de volver a cruzar el Plá de Vistabella, hoy en sentido contrario, encontramos una pista ancha, cómoda, por la que anduvimos largo rato. Qué bonito. Cuánta humedad. Mira, la pista baja hasta la rambla. Sí, ahora la cruzaremos.


Pardiez! La rambla no es río sino rambla, y esto es: "Lecho natural de las aguas pluviales cuando caen copiosamente". Y eso había pasado días antes. brrrr. qué frío. Mejor hacerlo cuanto antes.






.
Genial, ya está pasada. 

Más tarde seguimos por la misma pista, comimos en una caseta, o lugar donde alguien guarda paja. Y seguimos por la interminable pista que al final de los finales, tras muchos muchos kilómetros, nos deja de vuelta en Villafranca.  36 km.

Y otro fin de semana de fotos y rutas.


18 de febrero de 2013

Primera persona del plural

...del presente de indicativo. Sin condicionales. Sin subjuntivos.

La primera vez, subimos a Penyagolosa por la Cambreta buscando la canal entre la niebla. Y en el barranco de la Pegunta encontramos una fuente, y un lugar lleno de hojas amarillas del que ya no nos separamos.


 Luego subimos a Villafranca en un fin de semana en el que anunciaban lluvia y tormentas y no sé cuántas cosas más. Allí encontramos una ventana. O dos. Una,  de buen tiempo. Y una rambla llena, y una tierra húmeda. Y el Tamborero.


Llegó Noviembre.
Y una ruta a pie por Morella, hasta Xiva, recorriendo lugares  preciosos, bosques inesperados, amplitud, sendas, cuevas...
Y los dos días siguientes fueron de bici, donde hubo de todo: subidas, bajadas, carreteras que desaparecían, noches que llegaban. Pueblos a los que volvimos y en los que nos recordaban.



Pueblos rebautizados (lo siento por los habitantes de Cuevas de Cañart). Y pueblos a los que una sube pensando ¿quién rayos ha montado esto aquí?.


Cuando me falla la memoria no consigo hacer frases. Sólo puedo enumerar, porque en la cabeza sólo tengo imágenes y sensaciones que ya no sé describir. Quedan las fotos, las rutas grabadas. Algún dolor de espalda, o de rodilla. Algún arañazo. Quedas tú.

La ruta desde Jérica fue preciosa. Pero ¿dónde están las fotos? Novaliches, el Toro, Torás, Bejís...Y una carreterita que fue la sorpresa del día, hasta Pina de Montalgrao. Al día siguiente corrimos juntos en Castellnovo. La primera de muchas.

El Lunes siguiente Vicente se vistió de excursionista para evitar que Oscar G hiciera de las suyas. Xodos, Penyagolosa, Xodos. Nuestra salida anual de buscar la Banyadera. Andando, que es gerundio.





26 de diciembre de 2012

De Fredes a Paüls.

Ya estábamos listos por la mañana, no me acuerdo de la hora que era, pero era pronto. De pronto quiere decir de noche. Salimos en furgo hacia Fredes por ahorrarnos un par de kilómetros de carretera. Y de allí salimos, por el GR7, dirección Paüls.


Qué maravillosas fotos se sacan a esas horas. Juro que somos nosotros. O parte de nosotros.



Es escarpado el territorio: barrancos, cortados, farallones y piedra. Mucha piedra. A lo lejos, se intuye el Mont Caro.

El ritmo es tranquilo, entre bromas y risas y algún ¡ay!  y algún otro ¡uy!. El refugio del caro fue un buen sitio donde parar a comer. Recuerdo el lugar como una especie de punto de inflexión a partir del cual cambió el paisaje y el camino, tornándose lgo más hostil, algo más seco, si bien iba ya en franca bajada.


Cuevas también había. Y fotos a contraluz, también.
Llegamos a Paüls por fascículos:  Miguel en carrera continua, Vicente a su vera, Óscares y Piedra de paseo,  y Alfonso rodeado de ovejas.
Al final llegamos todos. Y aunque Vicente no apostaba un duro por nosotros, estábamos superlistos para la aventura del día siguiente.
Y el asunto del día habían sido cincuenta kilometrazos.

15 de noviembre de 2012

Tamadaba de Septiembre

Una de las cosas que había encontrado, o reencontrado, fue cierta paz mental. Y cierta certeza de que lo que te hace feliz no es siempre lo que crees que debe hacerte feliz y ni siquiera lo que debería hacerte feliz. Y que por lo tanto una, tal vez, debe abrir los ojos y mirar, para ver fuera. O tal vez cerrarlos, para ver dentro.

 Y con esa idea en la cabeza, llegó mi momento vacacional de Septiembre, tomé mi avión y me planté en Las Palmas antes de que al avión de Ryan Air se le acabara el combustible. Todo un éxito.

Y allí salí tres veces tres, porque últimamente las cosas buenas siempre vienen de tres de tres en tres. Un día sola por el norte, otro día con Ruy hacia Sur, con un batido de mango en juego, que perdí al sprint en la última farola.

El tercer día fue el de la Vane-Ruta. Tamadaba Trail Tour. El Pinar de Tamadaba me recuerda invariablemente a una pequeña amiga de la infancia cuyo abuelo recogía setas por allí cada año. Aquello de recoger setas me parecía, por aquel entonces,  un asunto bastante esotérico.

En todo caso, en el momento en que la Vane y yo aparecimos en San Pedro de Agaete, lo menos que esperábamos encontrar allí era ninguna seta, ya que tras dos años largos de sequía, las tuneras lucían arrugadas y la tierra, seca.
Sin embargo conseguimos sacar una foto engañosa, con el embalse al fondo, que pudimos hacer después de pasar andando sobre el muro de la presa, haciendo oídos sordos a la jauría de perros que se divertía ladrándonos desde allá abajo, auqnue no tan abajo como para que no nos preocuparan.


El recorrido consta de una preciosa subida por un pinar bastante cerrado, todo lo húmedo que se puede imaginar una en esta sequía, y con unas maravillosas vistas al mar, a la carreterilla de La Aldea... al mundo, a lo que cada una imagine que hay detrás del horizonte.
En cierto momento se acabó el agua y perdimos el camino, pero en una isla superpoblada es difícil estar mucho rato perdido, así que pronto encontramos a unos paisanos, que, con más o menos gloria, nos explicaron cómo debíamos salir del atolladero, y del pinar.


Bajamos por la senda de desierto más marrón y deshecha que nunca había podido imaginar, pero que, sin embargo,  paso a paso, nos regalaba una postal distinta sobre el mar.



Y aquel camino nos dejó casi en la puerta de aquel bar en el que la Vane corrigió con el dedo las faltas de ortografía de la pizarra. El bar donde nos tomamos una cerveza en la que llevábamos horas pensando.

Otro sitio espectacular que ver, y que enseñar.


5 de septiembre de 2012

De batallas



Pasaron un Tour y diecisiete etapas de la Vuelta. Y, justo después de la etapa 17, después de verla en diferido, porque, perdónenme los fieles, la hora del ciclismo es una hora muy mala, de mucho sueño y más calor, lo que hace que, en ocasiones, sea -casi- tan difícil verla como disputarla, justo después, me doy cuenta de que se acaba el verano, de que la luz de las tardes es azul y muy clara. De que el desierto está dibujado perfecto en el horizonte, contorneado con lápiz negro.
Es Septiembre.

Y yo con estos pelos, apenas he hecho nada de lo que pensaba hacer, si bien es cierto que realmente no había pensado hacer nada. Me quedé empachada con la 115 y empachada con la Quebrantahuesos. Así que decidí hacer no más de lo que me apeteciera. Y no más he hecho.

A finales de Junio me di un salto hasta Vielha con idea de hacer una travesía medio desconocida llamada Passaran, de la que ya casi no tengo recuerdos ni constancia porque las fotos se quedaron para siempre en un tarjeta micro-sd perdida en algún rincón del mundo. Recuerdo el refugio de Estany Llong, el port de Vielha. Port de Ratera, Saboredo. Caballos, vacas. Recuerdo la tormenta, Sant Maurici, Boi. El autobús, el coche. Saint-Lary. El pueblo del precioso lago. Los días en Vielha que no tendrían que haber terminado.
Me acuerdo, y no me acuerdo. Quizá no pasaron.
Los lagos de Colomers, el circo y el refugio del mismo nombre.
Quizá España ganó una Eurocopa, otra.

El regreso fue duro.

Y me dediqué a correr. A correr por sentirme corredora de verano, que ya es sentirse algo. Pero no me duró demasiado la emoción.
Y entonces volví a la bicicleta, y hubo días para todo.
Y volví a las salidas de martes y jueves, que no decepcionan.
Y pensé que debía volver a las carreras de verano, y lo hice.

Pero en cuanto pude salir a escape, lo hice, y estuvimos perdidas en la Font Calda, entre cabras y flautas. Y la bici, y la Patry, que siempre son buenas compañeras. Y nuestros teléfonos, hipercomunicadas, descansando cuando por fin no había cobertura. Ni 3G. Que tontas somos, con lo fácil que es apagar, bloquear, e incluso mandar a tomar Fanta. 66 kilómetros de túneles y cervezas. Olvidemos los túneles, y tomémonos otra cerveza. Vayan las claras por lo oscuro.

En Xodos hicimos un alto, y corrimos. Y estaban Jesús, y Miguel, y sus esposas. Y Silvia, y Tere, y la otra Silvia. Y corrí lo más rápido que pude, pero no fue suficiente.

Cuando volví fuimos a subir el Bartolo. Otro espejismo.

Y tras carreras rápidas y cortas, agónicas, ocurrió un día de largo por donde siempre, de cuando siempre era cada día. Y en la Font de Roc sigue lavando la ropa la misma señora de hace siete años. Y seguramente de hace veinte. Porque hay cosas que no cambian en veinte años, y otras que tardan veinte años en cambiar. Y otras, que de cambiadas, ni siquiera se parecen.

Y el siguiente descanso era fin de semana. Pirineos. Esperando un -merecido- homenaje de Repsol, Campsa o Petronor, conduzco hasta Sabiñánigo. Y de ahí nos vamos hacia Formigal.

Anduvimos tranquilas hasta Respomuso (o Respumoso) y nos dormimos temprano, otra vez sin móvil ni cobertura, ni 3G.


Intentamos la Gran Faxa, que además de grande fue ventosa. Llegamos hasta donde quisimos, y volvimos a echarnos una siesta en un prado cualquiera, frente a un lago cualquiera. Bajo un cielo que a medida que avanzaba la tarde era más y más azul.

Sin querer terminó el fin de semana, y sin querer comenzó otra semana.

Y Purito perdió el rojo, como casi todos esperaban desde hace días, pero cuando ya casi nadie lo esperaba. Y en este punto me pregunto cuándo está la batalla perdida.



14 de mayo de 2012

Tres ...dos ...uno.... ¡doscientos!

Para variar no sé cómo empezar con ésto. Y no quiero obviar el mes de Marzo, cuando volvimos, mis compis y yo, a cruzar la provincia de Puerto a Puerto, este año sin trotar ni un kilómetro pero llegando los cuatro que salimos a nuestro objetivo. Asunto novedoso, por otra parte. Estos compis están muy fuertes y a mi se me atragantó más de un asunto. Santa paciencia. Por lo menos había nieve y estaba todo muy bonito. Santa perspectiva.

También me estrené en un asunto llamado... brevets. Aunque fue una brevet pequeñita, de 200 km sin demasiado desnivel en la que, apretando los dientes algunas veces y con unas misteriosas ráfagas de viento con nombres y apellidos otras, conseguí no despegarme demasiado de un pelotoncillo de unos tipos bastante más curtidos que yo. No despegarme hasta cierto momento. A partir del puertecito que llevaba a Gátova (¿algún día llegaré a ese pueblo usando un método de locomoción convencional? ) ...O por lo menos con motor...
A lo que iba, a partir del puertecito que llevaba a Gátova, si volví a ver a cualquier otro participante, a parte de a mis santos-santísimos acompañantes, fue en contra sentido cuando ya volvían de Pedralba. O por allí. Y JR de coche fúnebre. Mola. Al final llegamos la mar de contentos a Massamagrell pensando que nos quedaban fuerzas para volver a Castellón en bici. Pero nos dejamos de tonterías y decidimos comernos un estupendo plato de paella, mientras llegaba algún que otro participante. Porque, inexplicablemente ¡¡no entramos los últimos!!. Casi ocho horas de bicicleta de carretera. Dos meses para el suicidio deportivo de la temporada.

Y entonces empezó Abril, que era el mes de los meses. El primero antes de... los otros dos.

Y en Abril corrí un poco más, fui en bici un poco menos, y me hice una prueba de esfuerzo en la que me recomendaron hacer más fondo y menos series anaeróbicas. Y Cabanes, y la carrera de Puertomingalvo...

¡empieza lo bueno!

25 de marzo de 2012

Febrero

Febrero, aunque bisiesto, fue corto.
Hubo una salida con Rubens y su compañero, en la que estuvimos un rato atrapados en un recinto electrificado y en las que al final nos llovía y nos anochecía. Dora exploradora deseaba meterse a azafata o peluquera.
Tuvimos la salida pagadora de almuerzos, que hicimos a pie por Eslida, porque coincidió con días de frío y viento y más vale cobarde vivo y almorzado que valiente muerto en ayunas. Así que salimos los cuatro de Eslida y recuperamos la Volta a peu per les fonts de Eslida, que, esta vez sí, pude descubrir despacio, o no tanto, pero admirando sendas, caminos y fuentes como si fuera la primera vez que los veía. Porque en realidad lo había recorrido, pero no los había visto nunca. Que se llame de "las fuentes" , tiene su razón de ser, y aquí lo podemos escuchar.
Tras martes y jueves de rodadas y proyectos, llegó el día en que se organizaba un 10k en la ciudad, y formamos un equipo de empresa llamado UBE group team, que quedó primero en número de participantes y que además ganó una paletilla para celebrarlo. Espero que la celebración haya sido concurrida, porque ni unas, ni otros, supimos nada de aquello. Y sin embargo lo recuerdo con cierta alegría, porque fueron 48 minutos y medio. Y qué más da, me digo recordando cuánto deseaba poder bajar de 50 minutos. Qué importa 50 ó 45.

Tras algún martes, y algún jueves, algunos desiertos y algunas rutinas, pudimos quedar los 5 para unir ciertos caminos entre Borriol y Sant Joan de Moró. Y hasta Sant Joan llegaron ellos, y nosotros atajamos un rato más tarde, porque a veces pasa que me canso. Y las cosas pierden el sentido. Y al murciélago del track volvió a faltarle un ala.


Ese día me hubiera comido una docena de huevos fritos. Menos mal que me dio vergüenza pedirlos.

Quién sabe por qué me apunté a la media maratón de Benicassim. Me apunté por inercia, por ganas de correr, porque me gusta la playa, me gusta el ambiente. Me gusta usar así mis domingos por la mañana. Ojalá fueran todos así. A pesar de que fue nefasta. Salí rápido quizá, y a punto estuve de terminar más rápido aún, escabulléndome cobarde por algún callejón. Pero intenté buscar motivos y valores al sufrimiento, y, aunque no encontré ni una cosa ni la otra, llegué a meta en plena meditación: y entonces llegó la conclusión. Hay sufrimientos que son absolutamente inútiles. 1:54
Y, como siempre, todo se arregla saliendo en bicicleta.
El día 26 fue el Maratón de Espadán. Mi sexto Espadán. El mejor de los seis en tiempo. El mejor en sensaciones. Qué lejos quedan los otros. 2005, mi primera. 2006, la peor de todas. 2007. 2008. 2009. Quizá debería hacer una crónica para no olvidar caras, ni momentos. Este año será sólo un número: 6:33.
Y acabó el mes con otro martes de bicicleta compartido con esa rodada de cada martes.
Fue un mes corto, pese a ser más largo. Un mes si fotos.

27 de febrero de 2012

Enero

Volvieron a pasar dos meses. Dos meses con un febrero bisiesto de año olímpico. Meses de mudanza, como tantos Eneros, de cajas, como tantos Febreros.

Enero lo comencé encima de la bicicleta, subiendo al desierto en una marcha popular, muy popular, que organiza ciclos Domingo desde tiempo inmemoriales. Llegué tarde y desde atrás fui tranquila, a mi ritmo, saludando y pas(e)ando entre ciclistas y ciclistas. Arriba mistela y Pallares. Anna y dos premios: maillot y lucecita. Quizá tres premios: estar allá arriba una mañana de enero, con todo ese sol que me hace sentir en casa.

Acababa (por fin) la blanca Navidad y los Reyes Magos me trajeron excursiones por el desierto. Con ellos, con él y con quien quiso venir.
Seguía haciendo tanto sol que no parecía Enero, y se animó a salir -conmigo- en bicicleta, pese a que no le gusta. 100 km, subir a Eslida.

Rodadas de Martes, rodadas de Jueves. Cafés de Martes, cafés de Jueves.

De repente.... llegó el invierno, y empezó hacer demasiado frío incluso para ser invierno. Decidí comprar un radiador y estrenar los botines (¿se llaman botines?) para ir en bicicleta.
Y hubo también unos días en que decidí acompañar a Pistacho.


Pero el día marcado, a pesar del frío siberiano, cumplimos lo nuestro, y nos fuimos los inconscientes de siempre de excursión a Atzeneta. De Atzeneta a Xodos, pasando por Culla y Vistabella.
Por el camino (qué bonito, qué bonito) almorzamos, anduvimos, subimos, bajamos. Atravesamos la rambla una, dos, tres veces. Subimos de nuevo y encontramos el Plá de Vistabella más bello que nunca. Por lo menos más bello que mi nunca, porque nunca lo había visto así.


Había vuelto la primavera por unos días, y estaba todo tan claro, tan luminoso, que una no tenía ganas más que de andar y andar para seguir viendo y descubriendo.
Ni siquiera nos importaba que para fotografiar una puesta de sol debíamos dejar que se nos hiciera de noche.

Después llegaron días y días de soles y bicis. De playas y playas. De días tan claros y con tanta luz que seguía sin parecer invierno. Un día llegamos un poco más allá que de costumbre, y nos encontramos con un camino, un faro y una cala. Y una foto.
Ese día salieron 109 kilómetros, cuatro horas y media y un pequeño dolor de espalda. Qué más da el dolor de espalda...si nos ha tocado ir a la Quebrantahuesos este verano.

No acabó Enero sin que llegara, de nuevo, el frío que correspondía. Y llegó un año más la carrera de la Vilavella, y en la plaza del pueblo, junto a la Silvi, y al Xispes, y a Rubens, y a la Patry, me di cuenta de que han pasado 4 años desde la vez que estuvimos juntos en esa plaza y esa salida. Y por un momento me pareció que el tiempo había pasado injustamente rápido. Y terminé la carrera en 2:24, que es un buen rato menos de lo que me costó la última vez. Cosas inexplicables que pasan con el paso de los años. Con el paso de los Eneros.

24 de enero de 2012

La tranquilidad de los días distintos

Estos dos meses (noviembre y diciembre) pasaron deprisa, con la calma de conocido, que no es monotonía sino tranquilidad. Continuaron las salidas de una hora los Martes, o los Jueves. Y las salidas en bicicleta por la costa, por caminos que poco a poco se van haciendo más familiares, como lo fueron siendo los caminos de Borriol, o los que conducen a la Magdalena: Enriera, Travesera, Caminás, Cami Vell de Barcelona...Ahora son el camino de la carretera vieja, con sus ardillas y el camino de la Tall. Y ese que indica "El Bolseral" y nos ahorra un trozo de carretera de Nacional y un dolor de espalda. Hubo días de paciencia, de "ya voy" y de "no me gusta andar". Hubo días en Las Palmas, de verano de diciembre que no acabó cuando regresé.


De Vanessa en la Caldera de los Marteles sobre el mar de nubes, de rodadas bajo el sol, por la carretera del Norte, o la autopista del sur.


Salieron kilómetros que no me sirvieron para ganar un almuerzo en ninguna apuesta, pero sí para ganar pagar un almuerzo, que ya es, porque cuando se almuerza siempre sale una ganando.
Hubo dos subidas a Penyagolosa, una en una salida no muy corta en la que no llegamos, por cosas del directo, a donde teníamos pensado. O quizá si llegamos, pero no desde donde debíamos llegar. La segunda subida en realidad fueron dos, primero por la Cambreta, y su fuente, y su masía, bajando por la pedrera y luego por la canal. Qué preciosa. Subía teniendo cuidado de no tirarle piedras a Oscar, y Roma subía como cabra ante mi mirada preocupada.


Pasaba diciembre y el mar seguía brillando más que en verano, y los días eran más y más claros, más fríos, más cortos. En Diciembre cada día de sol es una fiesta, y este diciembre hubo fiesta completa.

Fue el primer mes, desde que empecé a rodar en bici, en que llegué y pasé los 500 km. Que no es mucho. O sí. Depende.


Y al final, llegó el final. E hice la San Silvestre a su ritmo, con carrito, con amigos, con disfraz. Echándote de menos. Brindando por el fin del año como quien brinda el final de un secuestro.

Bienvenido 2012

26 de diciembre de 2011

Setau Sageth (y III) Salardú-Vielha y el Lac Major de Colomers

Había llegado pronto a Salardú. Demasiado pronto. Hay quien prefiere, en estos asuntos ruteros, llegar cada día pronto a destino y tener el resto del día para descansar y ver alrededores. Yo no. Llego temprano al lugar de dormir y no sé en dónde rayos meterme. Allí ando entre mapas trazando la ruta del día siguiente, por trazarla, y pensando que podría haber seguido un rato más.
En los alrededores de Salardú no había más que oscuridad. En el bar me hace, una señora milenaria, el único plato de la carta: huevos fritos con bacon, Estaban buenos, oiga.
Me voy a la habitación y hablo con Julia, con Carmen... Para el día siguiente anuncian mal tiempo, lluvia y la cota de nieve que cae rodando. Uhm...por aquí, por allá....
Desde Salardú hay dos opciones para volver a Vielha. La original que marca la Setau Sageth recorre la ribera de Valartiés y las decenas de lagos de sus alrededores. Pasa por el Lac de Mar y el Lac de Rius. Sube algún collado de más de 2500msm y llega al refugio Conangles, cerrado en invierno. Desde allí se vuelve al GR y se va de la boca sur a la boca norte del túnel de Vielha. Una maravilla. Lástima el viento y la lluvia.
La opción fácil es tomar el Cami Riau hasta Vielha, unos 12 km llaneando por un sendero fluvial la mar de aburrido acondicionado.

Aburrida, miro por la ventana: -¿lloverá?. La mujer me mira: -no lo sé, ¿lloverá?- pregunta a un hombre que arruga la nariz escondido tras una pantalla y unas gafas más grandes que ésta. -Veamos, se acerca un frente muy activo que ya nos está dejando lluvias en Euskadi, lo estamos esperando para el mediodía. Pero también vamos a sentir la influencia de una borrasca atlántica procedente de.... [...].
Madre mía, este bar es de Paco Montesdeoca.
-Espera, que estamos siguiendo la situación en el Hierro.
¿estamos?
-Eco charlie 3....- y sigue hablando tras un cristal. -Uy...pues yo conozco a ...Echo Alfa 5 Delta Foxtrot ...
Y así comenzó una animada conversación en la que descubrí la utilidad de llevar una emisora por la montaña y además a utilizar la que hay en muchos refugios, guardados o no.
Y salí de allí con mi nuevo plan.
Bajo una fina lluvia tomé el camin Reiau y no lo abandoné hasta dos horas más tarde, cuando después de 11 km y 6 pueblos estaba de nuevo en el lugar del que había partido un par (o tres)de días antes
Conduje hasta Salardú y de allí me informó mi nuevo amigo de la trayectoria de los frentes amenazantes, y con esa información fui conduciendo hasta Banhos de tredòs, lugar al que hacía unos días había subido en bicicleta el señor Echo Alfa cinco todolodemás.
Aparqué donde me dejaron los caballos y comencé un precioso paseo bajo un lluvia fina y fría que poco a poco iba embarrando cada camino.


Estaba entrando en la zona periférica del Parque Nacional de Aigüestortes y estany de Sant Maurici, un paraíso lleno de lagos, más de ochenta, y de altas cimas que esa tarde apenas se veían, de cubiertas de niebla y nubes.
Mi sendero era puro barro, húmedo, a ratos encharcado, pero en muchos tramos los peores pasos se salvaban con puentes o caminos de troncos. Hacía muchísimo viento cuando llegué a Colomers, el lago estaba agitado y las cumbres tenían -más bien- mala pinta. Comenzó a nevar -aguanieve, a 2300m- y decidí que era momento de bajar.

Lástima los 79 lagos que me dejé allí. Volveremos a visitarlos.
25,700 km. Cinco tranquilas horas de paz bajo la lluvia.