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5 de septiembre de 2013

Tantos meses

No nos quedamos perdidos durante 10 meses Villafranca. Volvimos de allí y seguimos andando por todos los sitios que nos dejaron. En Gran Canaria vimos la isla como nunca, de agua y de verde, completamente diferente al Septiembre pasado, cuando el marrón sólo terminaba donde empezaba el mar, o el cielo. Esta vez era verde, húmeda.


Desde Gran Canaria y su primavera, eterna como siempre,  volamos hasta Castellón (no literalmente, como es evidente dadas las circunstancias)  y de allí saltamos hasta Javalambre, donde pasamos nuestro primer final de Año. Hacía frío. Para ser exactos, hacía frío polar y había nieve para alicatar, por si es que a alguien se le fuera a ocurrir alicatar con nieve.


Tuvimos que volver, por eso de que el gato andaba solo en casa y por aquello de que el deber nos llamaba. Y los meses que siguieron hasta que llegaron las siguientes vacaciones estuvieron llenos de salidas en bicicleta y excursiones que fuimos preparando día a día en cada rato libre. Y llegaron las bicis de ciclocross y ya estábamos todos en casa.

Llegó la Semana Santa y como no somos muy de procesiones, decidimos salir hacia el norte, a ver el lugar donde los Pirineos se deshacen en el Mediterráneo. Y por allí anduvimos unos cuantos días, donde descubrimos tantos lugares hermosos que no pudimos dejar de pensar en todos los que nos quedaban por ver.
Cap de Creus


La Garrotxa


La Vall de Nùria


Andorra



La Ribagorza


La Vall de Boí.


 La Vall de Arán.


 Pinceladas de un cuadro enorme, infinito.

Pudimos volver al Norte unos cuantos ciclos más tarde, los tres como el año pasado, a otra marcha, como el año pasado. La Ribagorza. Y salió bien, pero no tan bien como para que me quieran llevar de nuevo. Tengo un año para hacerle cambiar de opinión.
Aprovechamos el viaje para visitar  a las amigas y batir un record mundial de pinchazos en un día.
Y nuevamente tuvimos que volver a volver,  con nuestro gato, a nuestra casa.

Por fin llegaba Junio, y nuestras siguientes vacaciones. Pirineos, Pirineos, Pirineos... No sé si alguna vez he contado por qué siempre Pirineos. No sé si lo he pensado. 

Empezamos en Vielha. Hicimos la primera etapa de Eth Setau Sageth, el séptimo cielo y caímos en el Refugio de la Honeria. El río Garona bajaba casi desbordándose, fuerte, rápido y con mucho lodo. A su paso por Bossost impresionaba lo cerca que estaba de alguna ventana en la que algún incauto osó tender unas sábanas. Dónde estarán ahora esas sábanas. Quizá llegaron a Les, aguas abajo, donde quedamos atrapados un día  y medio. Por lo menos estábamos bien, y al día siguiente también comprobamos que la furgo, Furgui, estaba aparcada exactamente en el mismo sitio donde la habíamos dejado, seca y a salvo de la riada que había arrasado el parquing de abajo, allá en Vielha. El Séptimo cielo se desplomaba a ratos, y la nieve se deshacía rápidamente allá arriba. Agua. Y más agua. 


Salimos de La Vall de Aran y seguimos recorriendo. 

Ordesa 


Andorra 


Y el Cadí - Moixeró. Cavalls de Vent. Que aún haciéndola en el mismo sentido contrario que hace tres años, me pareció diferente, donde lo más duro esta vez no lo era tanto y donde pasos olvidados se volvieron casi impracticables.


Y cuando acabó Junio comenzaron los meses más largos del año. Y aprovechamos para subir a la Penya Saganta, y al Garbí, y al Penyagolosa.
Y unas cuantas carreras más tarde, cuando empezamos a ser corredores, acabaron. 
Y empezó Septiembre, y en ello estamos.

18 de febrero de 2013

Primera persona del plural

...del presente de indicativo. Sin condicionales. Sin subjuntivos.

La primera vez, subimos a Penyagolosa por la Cambreta buscando la canal entre la niebla. Y en el barranco de la Pegunta encontramos una fuente, y un lugar lleno de hojas amarillas del que ya no nos separamos.


 Luego subimos a Villafranca en un fin de semana en el que anunciaban lluvia y tormentas y no sé cuántas cosas más. Allí encontramos una ventana. O dos. Una,  de buen tiempo. Y una rambla llena, y una tierra húmeda. Y el Tamborero.


Llegó Noviembre.
Y una ruta a pie por Morella, hasta Xiva, recorriendo lugares  preciosos, bosques inesperados, amplitud, sendas, cuevas...
Y los dos días siguientes fueron de bici, donde hubo de todo: subidas, bajadas, carreteras que desaparecían, noches que llegaban. Pueblos a los que volvimos y en los que nos recordaban.



Pueblos rebautizados (lo siento por los habitantes de Cuevas de Cañart). Y pueblos a los que una sube pensando ¿quién rayos ha montado esto aquí?.


Cuando me falla la memoria no consigo hacer frases. Sólo puedo enumerar, porque en la cabeza sólo tengo imágenes y sensaciones que ya no sé describir. Quedan las fotos, las rutas grabadas. Algún dolor de espalda, o de rodilla. Algún arañazo. Quedas tú.

La ruta desde Jérica fue preciosa. Pero ¿dónde están las fotos? Novaliches, el Toro, Torás, Bejís...Y una carreterita que fue la sorpresa del día, hasta Pina de Montalgrao. Al día siguiente corrimos juntos en Castellnovo. La primera de muchas.

El Lunes siguiente Vicente se vistió de excursionista para evitar que Oscar G hiciera de las suyas. Xodos, Penyagolosa, Xodos. Nuestra salida anual de buscar la Banyadera. Andando, que es gerundio.





26 de diciembre de 2012

Fredes, Paüls. Mont Caro.

La vuelta a casa fue curiosa,  Ryan Air volvió a dejarme respirar.
Los dias pasaron, seguramente,  a la misma velocidad de siempre, sin embargo, a mi me parecía que cada día era casi un año, o casi una vida. Hubo subidas en grupo a Eslida, Bartolos, Martes, Jueves...días sin ton ni son.

Programamos la siguiente ruta pensando que en Diciembre se acabará en mundo. Y si no se acaba, como si se acabara.
Él y yo nos adelantamos un día, y llegamos a Fredes en furgo, con las bicis , y la ropa, y las ganas. Y cierto malestar mío, por las curvas,  que se pasó al poco de poner pie a tierra.
Salimos de la colonia Europa bastante tranquilos, con esa tranquilidad que da pensar que a una le quedan tres días perfectos por delante, de esos que empiezan tempranito y se acaban tarde, dejando charlas, vistas y experiencias en la bolsa. Boixar. Tras el Boixar, llegaba la subida a Coratxà, que en algún momento se hacía algo más difícil por la gravilla, pero que hicimos, para variar, sin parar de charlar. Y entre tanta charla salió aquello de que estaría bien sacarse una foto en cada cartel de cada pueblo de la provincia. Y quien dice pueblo, dice aldea, o pedanía. Y que quizá podíamos hacer una carrera. A ver quién pasa antes por todos los pueblos de la provincia.
Y nació la idea igual de fácil que nace cada plan que hacemos.
En Coratxà hacía fresco a la sombra. Pero incluso con el fresco disfrutamos con la ensalada templada y el plato de embutido. Y al rato, del sol de la plaza. Sol de mediodía de otoño.
En Fredes se celebraba algo, un cumpleaños, unas fiestas patronales, una excursión popular o quizá todo a la vez. Pero el pueblo estaba cortado y superpoblado de gente excesivamente abrigada. Nosotros, en nuestro escalón, casi nos dormimos al sol. Casi.

Y en la Colonia Europa nos enseñaron dónde dormiríamos. Al rato fueron llegando los demás, unos antes, otros más tarde. Otros más tarde aún. Estupenda cena, y a dormir, que mañana nos espera un camino largo, largo.


5 de noviembre de 2012

Tres días tres.


Tres días no son demasiados, pero sí suficientes para recargarse una de buen rollo, armonía y rollo zen. Será esto del zen porque nos conocimos y trabajamos en una empresa japonesa, y todo se pega. Digo.
Salimos el miércoles de Cantavieja,  ellos tres y nosotras dos. Ellos con sus bicis de montaña, nosotras con las de carretera, para no quedarnos atrás. Equipos definidos: el ciclista, su hija y yo, equipo azul (por ejemplo). Los dos Oscars (o se dice óscares) equipo ...¿blanco?. Pues blanco.Cuarto Pelao. Decía el ciclista que nos costaría una vida, y en cuarenta minutos ya lo habíamos subido y bajado. La maravilla de estos puertos está en sus pendientes prolongadas pero no excesivas, aéreos, abiertos, donde una se llena de luz y de altitud. Noelia subía genial, con el fugado, que está vez volvió a no fugarse sino a hacer equipo y preocuparse de que todos llegáramos a destino. A su marcha, Oscar iba coronando, y yo, a la mía, me sentía cada vez más y más feliz. Olvidándome de cualquier cosa q no fueran el paisaje, los compañeros, o la bicicleta. Quizá los Degollados es uno de los sitios con más carácter a los q he llegado en bicicleta. Tras este alto, Ejulve.  Y en Ejulve nuestra casa rural, a la que volví tras dos meses que parecieron dos años.



Pasadas la cena y la charla y el momento en el que se nos ocurrió una ruta entre Fredes y Paüls y el Caro en bicicleta...pasada la vista por la sima de San Pedro, nos fuimos a dormir. Y amanecimos bien, preparados para el segundo día.

Majalinos era el primer puerto del día, y de él nos habían contado terroríficas historias de ciclistas engullidos por siniestras rampas o devorados por espeluznantes curvas. Pero lo cierto es que nos lo tomamos con calma y en un rato estábamos arriba, entre los restos quemados de un pinar, admirando un paisaje duro, solitario.

En Miravete de la Sierra nunca pasa nada. Sin embargo, el día que a aquel hombre se le ocurrió poner mortero a la fuente de la plaza, pasaron cinco ciclistas sedientos, que, sin más miramientos, abrieron grifos y llaves, apoyaron manos y cascos y mojaron cabezas y pelos sobre aquel mortero nuevo, marrón oscuro. Precisamente ese día.

Y terminó la etapa en Alcalá de la Selva, buscando unos donuts para las chicas, que fueron imposibles de encontrar. Los Donuts vienen los Jueves. Pues vaya. 

Toda la noche se escuchaba soplar el viento. Me bajo al bar, quiero un café. Y comprobar si todo eso es viento. Malas noticias: no había café, y el viento era real. 
De todas maneras, había que salir. 
Valdelinares. Poco que decir. Si hubiera ido sola me hubiera pedido un taxi. Pero con ellos, y ella, todo es más fácil. Subíamos los dos. Él miraba de reojo, charlaba, sacaba fotos, me tapaba el viento, se esperaba o se adelantaba. Y yo iba simplemente subiendo. Y cuando ya no quedaba más que alguna curva y alguna rampa, él bajó a prestar ayuda más atrás y yo coroné el puerto helada de frío y pensando en cuanto iba  a disfrutar en la bajada: si poco, o si nada.
El ciclista dice que hay que ir despacito y por el centro, por si las rachas... Y así vamos bajando. El ciclista agarra a Noelia para que no salga volando y yo pienso que si a Él no lo tira el viento, que pesa menos que yo, yo no debería tener grandes problemas. Pero los tenía. Menos mal que la compañía siempre fue grata. Y que el maldito puerto se terminó y ya estábamos en un lugar mucho menos expuesto.


Aún así, desde nuestra mesa en el bar de Mosqueruela, no se veían sino ramas moviéndose como el pelo de Raffaella Carrá.
Salimos, buscamos el camino y reaparece el viento, y con él, mi momento de crisis. Hay un Oscar que no se encuentra bien. Y Noelia no sabe, no contesta. 
Ni quiero seguir hacia adelante, ni me apetece volver. Por mi me quedo en esa piedra..y si amaina... Noelia está de acuerdo. Así que, subdivididos en tres grupos, unos siguen raudos hacia Cantavieja, otro se vuelve con su malestar al bar, y nosotras nos sentamos en nuestro camino, charla que te charla, encontrando un refugio de pastores, esperando que el viento nos de un rato de tregua.
Y cuando nos la dio la aprovechamos, y, animadas, charlando tranquilas fuimos haciendo camino hacia Cantavieja, curva a curva y rampa a rampa. Porque se hace camino al andar. 
Genial fue el momento de encontrarnos con el feliz y orgulloso papá y con él, que sonreía sin parar. 
Nos podríamos haber subido al coche, pero nos propusieron terminar la ruta hasta Cantavieja y aceptamos. Era genial ir con Noelia, con un coche delante y otro detrás, a nuestro ritmo y sabiendo que íbamos a cumplir el plan propuesto.
Y llegamos. Todos. Y se terminaron los tres días encontrando por fin unos donuts. Y quién sabe cuántas cosas más encontré esos días.


5 de septiembre de 2012

De batallas



Pasaron un Tour y diecisiete etapas de la Vuelta. Y, justo después de la etapa 17, después de verla en diferido, porque, perdónenme los fieles, la hora del ciclismo es una hora muy mala, de mucho sueño y más calor, lo que hace que, en ocasiones, sea -casi- tan difícil verla como disputarla, justo después, me doy cuenta de que se acaba el verano, de que la luz de las tardes es azul y muy clara. De que el desierto está dibujado perfecto en el horizonte, contorneado con lápiz negro.
Es Septiembre.

Y yo con estos pelos, apenas he hecho nada de lo que pensaba hacer, si bien es cierto que realmente no había pensado hacer nada. Me quedé empachada con la 115 y empachada con la Quebrantahuesos. Así que decidí hacer no más de lo que me apeteciera. Y no más he hecho.

A finales de Junio me di un salto hasta Vielha con idea de hacer una travesía medio desconocida llamada Passaran, de la que ya casi no tengo recuerdos ni constancia porque las fotos se quedaron para siempre en un tarjeta micro-sd perdida en algún rincón del mundo. Recuerdo el refugio de Estany Llong, el port de Vielha. Port de Ratera, Saboredo. Caballos, vacas. Recuerdo la tormenta, Sant Maurici, Boi. El autobús, el coche. Saint-Lary. El pueblo del precioso lago. Los días en Vielha que no tendrían que haber terminado.
Me acuerdo, y no me acuerdo. Quizá no pasaron.
Los lagos de Colomers, el circo y el refugio del mismo nombre.
Quizá España ganó una Eurocopa, otra.

El regreso fue duro.

Y me dediqué a correr. A correr por sentirme corredora de verano, que ya es sentirse algo. Pero no me duró demasiado la emoción.
Y entonces volví a la bicicleta, y hubo días para todo.
Y volví a las salidas de martes y jueves, que no decepcionan.
Y pensé que debía volver a las carreras de verano, y lo hice.

Pero en cuanto pude salir a escape, lo hice, y estuvimos perdidas en la Font Calda, entre cabras y flautas. Y la bici, y la Patry, que siempre son buenas compañeras. Y nuestros teléfonos, hipercomunicadas, descansando cuando por fin no había cobertura. Ni 3G. Que tontas somos, con lo fácil que es apagar, bloquear, e incluso mandar a tomar Fanta. 66 kilómetros de túneles y cervezas. Olvidemos los túneles, y tomémonos otra cerveza. Vayan las claras por lo oscuro.

En Xodos hicimos un alto, y corrimos. Y estaban Jesús, y Miguel, y sus esposas. Y Silvia, y Tere, y la otra Silvia. Y corrí lo más rápido que pude, pero no fue suficiente.

Cuando volví fuimos a subir el Bartolo. Otro espejismo.

Y tras carreras rápidas y cortas, agónicas, ocurrió un día de largo por donde siempre, de cuando siempre era cada día. Y en la Font de Roc sigue lavando la ropa la misma señora de hace siete años. Y seguramente de hace veinte. Porque hay cosas que no cambian en veinte años, y otras que tardan veinte años en cambiar. Y otras, que de cambiadas, ni siquiera se parecen.

Y el siguiente descanso era fin de semana. Pirineos. Esperando un -merecido- homenaje de Repsol, Campsa o Petronor, conduzco hasta Sabiñánigo. Y de ahí nos vamos hacia Formigal.

Anduvimos tranquilas hasta Respomuso (o Respumoso) y nos dormimos temprano, otra vez sin móvil ni cobertura, ni 3G.


Intentamos la Gran Faxa, que además de grande fue ventosa. Llegamos hasta donde quisimos, y volvimos a echarnos una siesta en un prado cualquiera, frente a un lago cualquiera. Bajo un cielo que a medida que avanzaba la tarde era más y más azul.

Sin querer terminó el fin de semana, y sin querer comenzó otra semana.

Y Purito perdió el rojo, como casi todos esperaban desde hace días, pero cuando ya casi nadie lo esperaba. Y en este punto me pregunto cuándo está la batalla perdida.



25 de junio de 2012

Quebrantahuesos

Después de la 115 empezaba la cuenta atrás para el segundo objetivo del año: La quebrantahuesos, que se llama así por el pajarillo pirenáico que tiene por costumbre llevar huesos y carcasas hasta allá arriba en los cielos, para luego dejarlos caer y poder comerlos partiditos sin necesidad de cubiertos , y no porque sean 205 kilometrillos con tres puertos -puertazos- a los que pretenderemos sobrevivir sin demasiado quebranto.
Así que ese mes y medios sólo tenía salir en bicicleta. Tuviera o no tuviera ganas, y ciertamente no las tenía. A pesar de haberlas encontrado en Francia a principios de Junio, subiendo a mi ritmo Tourmalet y Luz Ardiden, las volvía a perder en cuanto volvía a asumir que había rampas imposibles para mi. La marcha de Gúdar sirvió para comprender que debía cambiar de desarrollo y pedir a Oscar T su bici con triple plato con carácter de urgencia. 50/39/30. Fue la mejor idea que he tenido en mucho tiempo. Gracias compi.

Allí estábamos los tres el día D. El dorsal fucsia del Fugado cantaba a kilómetros de distancia entre tanto primerizo. Parecía que se había perdido. Al Ciclista se le veía preocupado y me daba las últimas indicaciones. Y yo parecía que le hacía caso. Pero en realidad estaba preguntándome qué iba a salir de semejante empastre.
El día anterior había conocido a un chaval que salía en una ambulancia, y mi categoría extrañamente no estaba entre la A (damas 18-24) y la B (damas 35-44), sino que era la L. Y se me antojó que era la categoría L de lenta. Tonterías varias.
Por allí andaban los de Rodamón, unos de Carcaixent y otros cuantos de por aquí cerca.
Y suena el cohete, allá a lo lejos. Y poco a poco empieza a moverse el pelotón de 9000. 9000 bicicletas son muchas bicicletas. Muchísimas. Demasiadas para una a la que pone nerviosa llevar desconocidos demasiado cerca.

Pero no fue tan malo como se preveía. Salimos de Sabiñánigo y volvimos a entrar muy arropados por el público. Fue una sensación muy parecida a la de la salida del UTMB, sólo faltaba la musiquita característica.

Teníamos la autovía para nosotros, y la idea era no encantarnos al principio no fuera a ser que fuéramos a quedar en la cola de forma irrecuperable, así que rodando marchábamos. Rápido, muy rápido o menos rápido. Esquivando (huyendo) al de verde que hacía extraños, y mirando de reojo a las víctimas de los pinchazos por aquí y por allá. Hubo también caídas tempranas: Cataclon Clinc Clanc Clonc ¡la puta del que fue!.... se escuchó.
De esa escapamos locos: unos metros más a la derecha y hubiéramos terminado por los suelos. Menos mal que no habíamos seguido aquel plan de hacernos a la derecha todo el tiempo.

A la derecha me encuentro encerrada, y eso no me gusta..... Alegorías de la vida.

Pasamos Jaca, Castiello, Villanúa. Recuerdos del Camino de Santiago, en aquel 2008 durante la ola de frío siberiano...

Empieza el puerto, subiremos a Candanchú. Vamos frescos, recién empezamos y cogiendo altura el paisaje es cada vez más bonito, aunque parece que hay algo de niebla por allá arriba.
Paramos en el control de Candanchú, vamos bien y no parece que haya rastro de escobas ni ambulancias persecutorias ni cosas raras, sólo hay ciclistas por todas partes, bastante público y unos cuantos kilómetros por delante. Un par de kilómetros más y coronamos Somport.
¡Qué bonito!.... el mar de nubes.
¡Qué bonita!... la niebla.

Uy...pero si parece que la carretera baja hacia....
Uy...qué frío....

Y qué sueño. Y tiritando y bostezando llego abajo. Pequeño bajón, quizá por el frío repentino y quizá por algún efecto rebote.
km 93. Dentro de 10 estaremos en el alto del Marie Blanque... Ay Ay Ay....
Comienza el puerto, con su cartelito de puerto, y sus vaticinios de pendientes para el próximo kilómetro...
Uno, dos, tres. ¡Cuánta alegría! ¡Cuánta felicidad!....efímera.
Los últimos kilómetros son ...indescriptibles. No hay triple plato que valga, ni 30 dientes ni 25, ni nada. Yo eso no lo subo. Cada vez voy más y más lenta. Mas, de pronto, ¡uy! qué rápido voy, parece que el gel me ha hecho efecto... ah, no,... que es Oscar.... Más efectivo que ninguna otra cosa, subimos ante la mirada envidiosilla de más de uno. ¡¡eh, préstame a tu amigo!!

De todas maneras necesito, parar, andar, respirar... Andar mucho no, o se me subirá un gemelo en cualquier momento. Mira, otro tipo andando. Vamos chica, que ya queda poco. Vamos vamos guapa!. Ánimo preciosa. Pues subir, no podía, pero la moral te la sube esta gente, sí o sí. ¡¡Aúpa Neska!!!. Casi arriba del todo, recién recuperadas la bici y la dignidad, aquella chica pelirroja le hace caso al ciclista y se me coloca detrás y me empuja fuerte, fuerte, dejándome casi a punto de coronar el Marie Blanche. Gracias, gracias, preciosa.
Bueno, pues ya tenemos el segundo, y aquí estamos. Aquí seguimos. 4:32 de carrera, o de marcha. Lo que sea.
El siguiente será el Portalet, que me da mejores vibraciones que ésto que acabamos de subir, por mucho que sean 25km de puerto. Porque los diez primeros son suaves. Hasta kilómetros al 1% tiene.
Se me hace divertido pasar por los carteles de kilómetro. Cada vez que Oscar tapa uno, me echo a temblar: este debe ser bueno.
Descubro también el lado psicológico de los carteles durante un supuesto kilómetro al 1% que se me estaba haciendo duro...durísimo. De hecho no paré, ni me bajé, simplemente porque había leído que era al 1%. Pero realmente era al 11%. Si hubiera leído eso, probablemente hubiera puesto pie en tierra durante, al menos, unos segundos.
Casi era nuestro, cuando en un punto algo duro, menos que otros, a lo lejos, vemos a las Patris. Que alegría por favor. Paramos, hablamos, Patry corre delante mío sacando fotos: gracias cariño, muchas gracias por venir. Sigo muy contenta y llego arriba: BIENVENIDOS A ESPAÑA. Y siento como si llevara años de destierro, y unas ganas casi irrefrenables de besar al guardia civil que había junto al cartel. Esta marcha, definitivamente, tiene algo especial. Nunca había sentido deseos de besar a la Guardia Civil.
En el control llevamos 8 horas desde que empezamos, y quedan 50 kilómetros. Le pregunto a Oscar ¿2 horas?..."menos", dice él. Venga, vamos a por las 10 horas.

Y en unos instantes se lia parda: estrategia de equipo, que no cumpliremos, por lo menos yo no, no porque no quiera, sino simplemente porque no sé ir a rueda, no bajo bien y mucho menos subo siquiera dignamente. No obstante, toca darlo todo. Y allá voy.
Leo fugazmente la descripción de Hoz de Jaca. El puerto con el que no contaba... Dos kilómetros dos. 9,2% y 7,6%. ¿Qué es eso comparado con la inmensidad del océano? Eso es algo que se convierte en un infierno imposible de subir, por muchas manos -gracias, Ciclista- , brazos, gritos y empujones -gracias, hombre de la curva- que voy recibiendo. Fueron ellos los que subieron, yo simplemente llegué.

Y tras una bajada que me pareció peligrosísima, llegó el momento en que sólo había que terminar. Y siguiendo a unos y otros, preguntándome por qué rayos íbamos tan rápido, pero terriblemente contenta, llegamos los tres a Sabiñánigo, a una meta que seguramente ha sido la más emocionante de las que he cruzado, porque sola no sé si hubiera podido y eso le da aún más valor.

Gracias chicos.


9:35 . Habíamos calculado sobre 10. El año que viene, más y mejor. ¿verdad nena?


14 de mayo de 2012

Tres ...dos ...uno.... ¡doscientos!

Para variar no sé cómo empezar con ésto. Y no quiero obviar el mes de Marzo, cuando volvimos, mis compis y yo, a cruzar la provincia de Puerto a Puerto, este año sin trotar ni un kilómetro pero llegando los cuatro que salimos a nuestro objetivo. Asunto novedoso, por otra parte. Estos compis están muy fuertes y a mi se me atragantó más de un asunto. Santa paciencia. Por lo menos había nieve y estaba todo muy bonito. Santa perspectiva.

También me estrené en un asunto llamado... brevets. Aunque fue una brevet pequeñita, de 200 km sin demasiado desnivel en la que, apretando los dientes algunas veces y con unas misteriosas ráfagas de viento con nombres y apellidos otras, conseguí no despegarme demasiado de un pelotoncillo de unos tipos bastante más curtidos que yo. No despegarme hasta cierto momento. A partir del puertecito que llevaba a Gátova (¿algún día llegaré a ese pueblo usando un método de locomoción convencional? ) ...O por lo menos con motor...
A lo que iba, a partir del puertecito que llevaba a Gátova, si volví a ver a cualquier otro participante, a parte de a mis santos-santísimos acompañantes, fue en contra sentido cuando ya volvían de Pedralba. O por allí. Y JR de coche fúnebre. Mola. Al final llegamos la mar de contentos a Massamagrell pensando que nos quedaban fuerzas para volver a Castellón en bici. Pero nos dejamos de tonterías y decidimos comernos un estupendo plato de paella, mientras llegaba algún que otro participante. Porque, inexplicablemente ¡¡no entramos los últimos!!. Casi ocho horas de bicicleta de carretera. Dos meses para el suicidio deportivo de la temporada.

Y entonces empezó Abril, que era el mes de los meses. El primero antes de... los otros dos.

Y en Abril corrí un poco más, fui en bici un poco menos, y me hice una prueba de esfuerzo en la que me recomendaron hacer más fondo y menos series anaeróbicas. Y Cabanes, y la carrera de Puertomingalvo...

¡empieza lo bueno!

25 de marzo de 2012

Febrero

Febrero, aunque bisiesto, fue corto.
Hubo una salida con Rubens y su compañero, en la que estuvimos un rato atrapados en un recinto electrificado y en las que al final nos llovía y nos anochecía. Dora exploradora deseaba meterse a azafata o peluquera.
Tuvimos la salida pagadora de almuerzos, que hicimos a pie por Eslida, porque coincidió con días de frío y viento y más vale cobarde vivo y almorzado que valiente muerto en ayunas. Así que salimos los cuatro de Eslida y recuperamos la Volta a peu per les fonts de Eslida, que, esta vez sí, pude descubrir despacio, o no tanto, pero admirando sendas, caminos y fuentes como si fuera la primera vez que los veía. Porque en realidad lo había recorrido, pero no los había visto nunca. Que se llame de "las fuentes" , tiene su razón de ser, y aquí lo podemos escuchar.
Tras martes y jueves de rodadas y proyectos, llegó el día en que se organizaba un 10k en la ciudad, y formamos un equipo de empresa llamado UBE group team, que quedó primero en número de participantes y que además ganó una paletilla para celebrarlo. Espero que la celebración haya sido concurrida, porque ni unas, ni otros, supimos nada de aquello. Y sin embargo lo recuerdo con cierta alegría, porque fueron 48 minutos y medio. Y qué más da, me digo recordando cuánto deseaba poder bajar de 50 minutos. Qué importa 50 ó 45.

Tras algún martes, y algún jueves, algunos desiertos y algunas rutinas, pudimos quedar los 5 para unir ciertos caminos entre Borriol y Sant Joan de Moró. Y hasta Sant Joan llegaron ellos, y nosotros atajamos un rato más tarde, porque a veces pasa que me canso. Y las cosas pierden el sentido. Y al murciélago del track volvió a faltarle un ala.


Ese día me hubiera comido una docena de huevos fritos. Menos mal que me dio vergüenza pedirlos.

Quién sabe por qué me apunté a la media maratón de Benicassim. Me apunté por inercia, por ganas de correr, porque me gusta la playa, me gusta el ambiente. Me gusta usar así mis domingos por la mañana. Ojalá fueran todos así. A pesar de que fue nefasta. Salí rápido quizá, y a punto estuve de terminar más rápido aún, escabulléndome cobarde por algún callejón. Pero intenté buscar motivos y valores al sufrimiento, y, aunque no encontré ni una cosa ni la otra, llegué a meta en plena meditación: y entonces llegó la conclusión. Hay sufrimientos que son absolutamente inútiles. 1:54
Y, como siempre, todo se arregla saliendo en bicicleta.
El día 26 fue el Maratón de Espadán. Mi sexto Espadán. El mejor de los seis en tiempo. El mejor en sensaciones. Qué lejos quedan los otros. 2005, mi primera. 2006, la peor de todas. 2007. 2008. 2009. Quizá debería hacer una crónica para no olvidar caras, ni momentos. Este año será sólo un número: 6:33.
Y acabó el mes con otro martes de bicicleta compartido con esa rodada de cada martes.
Fue un mes corto, pese a ser más largo. Un mes si fotos.

27 de febrero de 2012

Enero

Volvieron a pasar dos meses. Dos meses con un febrero bisiesto de año olímpico. Meses de mudanza, como tantos Eneros, de cajas, como tantos Febreros.

Enero lo comencé encima de la bicicleta, subiendo al desierto en una marcha popular, muy popular, que organiza ciclos Domingo desde tiempo inmemoriales. Llegué tarde y desde atrás fui tranquila, a mi ritmo, saludando y pas(e)ando entre ciclistas y ciclistas. Arriba mistela y Pallares. Anna y dos premios: maillot y lucecita. Quizá tres premios: estar allá arriba una mañana de enero, con todo ese sol que me hace sentir en casa.

Acababa (por fin) la blanca Navidad y los Reyes Magos me trajeron excursiones por el desierto. Con ellos, con él y con quien quiso venir.
Seguía haciendo tanto sol que no parecía Enero, y se animó a salir -conmigo- en bicicleta, pese a que no le gusta. 100 km, subir a Eslida.

Rodadas de Martes, rodadas de Jueves. Cafés de Martes, cafés de Jueves.

De repente.... llegó el invierno, y empezó hacer demasiado frío incluso para ser invierno. Decidí comprar un radiador y estrenar los botines (¿se llaman botines?) para ir en bicicleta.
Y hubo también unos días en que decidí acompañar a Pistacho.


Pero el día marcado, a pesar del frío siberiano, cumplimos lo nuestro, y nos fuimos los inconscientes de siempre de excursión a Atzeneta. De Atzeneta a Xodos, pasando por Culla y Vistabella.
Por el camino (qué bonito, qué bonito) almorzamos, anduvimos, subimos, bajamos. Atravesamos la rambla una, dos, tres veces. Subimos de nuevo y encontramos el Plá de Vistabella más bello que nunca. Por lo menos más bello que mi nunca, porque nunca lo había visto así.


Había vuelto la primavera por unos días, y estaba todo tan claro, tan luminoso, que una no tenía ganas más que de andar y andar para seguir viendo y descubriendo.
Ni siquiera nos importaba que para fotografiar una puesta de sol debíamos dejar que se nos hiciera de noche.

Después llegaron días y días de soles y bicis. De playas y playas. De días tan claros y con tanta luz que seguía sin parecer invierno. Un día llegamos un poco más allá que de costumbre, y nos encontramos con un camino, un faro y una cala. Y una foto.
Ese día salieron 109 kilómetros, cuatro horas y media y un pequeño dolor de espalda. Qué más da el dolor de espalda...si nos ha tocado ir a la Quebrantahuesos este verano.

No acabó Enero sin que llegara, de nuevo, el frío que correspondía. Y llegó un año más la carrera de la Vilavella, y en la plaza del pueblo, junto a la Silvi, y al Xispes, y a Rubens, y a la Patry, me di cuenta de que han pasado 4 años desde la vez que estuvimos juntos en esa plaza y esa salida. Y por un momento me pareció que el tiempo había pasado injustamente rápido. Y terminé la carrera en 2:24, que es un buen rato menos de lo que me costó la última vez. Cosas inexplicables que pasan con el paso de los años. Con el paso de los Eneros.

24 de enero de 2012

La tranquilidad de los días distintos

Estos dos meses (noviembre y diciembre) pasaron deprisa, con la calma de conocido, que no es monotonía sino tranquilidad. Continuaron las salidas de una hora los Martes, o los Jueves. Y las salidas en bicicleta por la costa, por caminos que poco a poco se van haciendo más familiares, como lo fueron siendo los caminos de Borriol, o los que conducen a la Magdalena: Enriera, Travesera, Caminás, Cami Vell de Barcelona...Ahora son el camino de la carretera vieja, con sus ardillas y el camino de la Tall. Y ese que indica "El Bolseral" y nos ahorra un trozo de carretera de Nacional y un dolor de espalda. Hubo días de paciencia, de "ya voy" y de "no me gusta andar". Hubo días en Las Palmas, de verano de diciembre que no acabó cuando regresé.


De Vanessa en la Caldera de los Marteles sobre el mar de nubes, de rodadas bajo el sol, por la carretera del Norte, o la autopista del sur.


Salieron kilómetros que no me sirvieron para ganar un almuerzo en ninguna apuesta, pero sí para ganar pagar un almuerzo, que ya es, porque cuando se almuerza siempre sale una ganando.
Hubo dos subidas a Penyagolosa, una en una salida no muy corta en la que no llegamos, por cosas del directo, a donde teníamos pensado. O quizá si llegamos, pero no desde donde debíamos llegar. La segunda subida en realidad fueron dos, primero por la Cambreta, y su fuente, y su masía, bajando por la pedrera y luego por la canal. Qué preciosa. Subía teniendo cuidado de no tirarle piedras a Oscar, y Roma subía como cabra ante mi mirada preocupada.


Pasaba diciembre y el mar seguía brillando más que en verano, y los días eran más y más claros, más fríos, más cortos. En Diciembre cada día de sol es una fiesta, y este diciembre hubo fiesta completa.

Fue el primer mes, desde que empecé a rodar en bici, en que llegué y pasé los 500 km. Que no es mucho. O sí. Depende.


Y al final, llegó el final. E hice la San Silvestre a su ritmo, con carrito, con amigos, con disfraz. Echándote de menos. Brindando por el fin del año como quien brinda el final de un secuestro.

Bienvenido 2012

29 de diciembre de 2011

El sitio de mi recreo

Y se anda acabando el año, lentamente, en unos claros días de viento que bien podría empujar un poco más rápido las horas. Para terminar antes. Que estos días ya huelen a usado.

Volví del Valle de Arán con una postal y un tarro de miel de castaño que no aún no he abierto. Las castañas me traen recuerdos borrosos que pinchan los dedos y más cosas. Como las castañas.

Hubo un par de salidas rodadoras, de montaña, por los sitios de siempre que no me cansan porque cada día son un poco diferentes. La pista de Les Santes la han arreglado. O no. Cuestión de gustos, lo cierto es que la han hormigonado.

Un lunes hicimos una preciosa salida en bicicleta, Oscar B, el Fugado, el Ciclista y yo misma. Xert, Canet, Rosell, Vallibona. Vallibana y el tramo de carretera nacional armando un bonito desfile de camiones. A estas alturas de año ya no recuerdo grandes cosas, más que la visita a una ermita con un perro extremadamente antipático y cobarde y unas pequeñas carreteras por la que disfruté muchísimo. Un etapa preciosa y tan dura como una quiera, o pueda. Fueron un poco más de 85 km.


Y se acabó Octubre. Y lo bueno fue que comenzó Noviembre.
Otra salida en bicicleta y de pronto era domingo y estaba apuntada a la Media Maratón de Castellón.
Como ya no sé si corro o no corro, pero a la vez cuando corro, si corro, siento que corro más, no sé exactamente qué debía hacer allí. Llevaba algunas semanas sin rodar mucho más de una hora y exactamente un mes sin hacerlo por asfalto. De todas maneras, tenía especial ilusión en participar. Y lo hice y me salió la mejor media maratón que he hecho nunca, a pesar de sentir que no podía más desde el kilómetro 18, donde me recogió un compañero que me llevó hasta meta, amable. Apenas había bajado el ritmo, pero a mi me parecía que llevaba un trote más que lastimero. 1:51 para una media con medio kilómetro de más. A la pequeña contrariedad inicial le siguió una alegría grande, no hay motivo para no estar contenta, a pesar de la desagradable cojera que apareció cuando me enfrié del todo. MMP. ¿Qué más quieres, nena?

La semana siguiente fue una típica de semanas, de desiertos y Oropesas en bicicleta, de rodada de Martes, o de Jueves. De mañanas, noches y tardes.


19 de noviembre de 2011

Contentilla

El diezmil de Almazora me dejo la moral por las nubes, aquí la menda se sentía como el Hussain Bolt ese, pero versión bajita. Y la moral suele hacer que me meta en asuntos poco comprensibles. Como el martes que me dio por pillar la bicicleta y subir el desierto, y de ahí subir a Oropesa, y de ahí subir a Cabanes desde la Ribera, y de ahí bajar (por fin) hasta el camino Miravet, y de ahí subir (otra vez) hasta el desierto. Y allí pensé subir (grrr) hasta el monasterio nuevo, pero el sentido común me hizo bajar (bien) para coger la pista de los toros y subirla (¿qué si no?). 76 km, a menos de 20km/h.
Luego fue Jueves, y ese Jueves la Kiya estaba disponible, así que estuvimos los tres dando una vuelta a pie por el desierto, contando batallitas varias y explicando las diferencias entre una caña y un sorbete.
Y el sábado andaba por Vielha, preparadísima para empezar a andar la Setau Sageth.
Estaba en el séptimo cielo.



14 de noviembre de 2011

Rápido. Como el tiempo.

Al diezmil de Onda fui entre motivada y confusa: no se puede pedir peras al olmo.

Sin embargo, me encontraba tan bien que pensé que de ese mes de Octubre no podía pasar aquel (casi)olvidado asunto de bajar de cincuenta minutos en un diezmil. Y salí con tanta cabeza que hasta a mi me extrañó, y regulando regulando llegué a meta con 50 minutos, 4 segundos para los 10.090 metros que me indicó el forerunner.
Eso quiere decir que, quizá, arriesgando un poco más, pueda, verdaderamente, rebasar la barrera psicológica (y física, y física) de los dichosos cincuenta minutos.

Pasé la semana sin pensar demasiado en ello: una excursión en compañía hasta el vértice de Raca; una mañana de bici fácil con el Ciclista; una rodada multitudinaria para celebrar el día de la Hispanidad donde estábamos casi todos; una rodada sola, la primera, por Borriol, en la que descubrí una mina y un camino que siempre estuvieron allí pero que nunca llegué a ver porque el entretenimiento entonces era charlar y charlar sin parar. Una tarde de nostalgia. Otra mañana de bicicleta, con el Ciclista y Karmelilla, en la que subimos, tentando a la lluvia, Eslida por Eslida y bajamos por Chóvar.
Y entonces llegó el día del diezmil de Almazora.
Y celebré su llegada con una excursión con la familia Xispas por el desierto de Las Palmas, cuál si no. Haciendo esa ruta preciosa que me enseñaron una mañana que ahora recuerdo en blanco y negro: Font de Sant Josep, Plà de Muletes. Alt de Colomer, bajar hacia Les Santes. Desvio en esa senda preciosa sin nombre, subida al Bartolo por la Balaguera y bajar por la carretera, como para volver uno en sí. Casi cuatro horas con almuerzo y paradas a fotografiar las mil arañas que cubrían los matorrales.


Por la tarde me acompañó Jr por las calles de su pueblo, y allí saludé a todo lo saludable, siendo saludable aquello a lo que es posible saludar: Junglys, Guelos, Joses... Y para variar no me coloqué detrás del todo. Salimos y tampoco quise hacer la tontería de darlo todo en un kilómetro absurdo y lleno de gente de todos los niveles. Así que puse mi ritmo ligeramente, sólo ligeramente por debajo de cinco, y esperé acontecimientos.
Lo primero que me pasó fue ver que iba más rápido de lo que debía, y aunque me encontraba estupendamente, me pareció que debía echar un poco el freno, porque todo el mundo sabe lo que pasa si uno se pasa. Qué pasa si sosa pasa, recitaba mi abuelo. Y no viene a cuento en absoluto, pero me acabo de acordar.
4:40, 4:39, 4:39, 4:47, 4:48, 4:53, 4:50, 4:55, 5:00, 4:52. Es lo más uniforme de lo que he hecho nunca: hay que tener en cuenta que los res primeros pican hacia abajo lo mismo que los tres últimos pican hacia arriba. Aún así: moraleja: no tengo ni idea de mantener el ritmo. Y a pesar de todo terminé en 48':28" para los -otra vez-10.090 metros, y con la mayor sonrisa de los últimos tiempos.

8 de octubre de 2011

puertos y portazos.

La semana siguiente fue transcurriendo lentamente, qué ganas tenía de que llegara el viernes para irnos a Viella. Vielha e Mijaran, Viella i Mitjaran, Viella Mitg Arán.

El lunes kiyo-salida borriolenca por la Coma y alrededores. Mientras él hace cuestas, nosotras rodamos arriba y abajo. 9 kilómetros, una hora.
El martes me decidí tarde a salir, pero salí. Me lié con el desierto y la Font tallá, Oropesa y el espíritu Santo y me olvidé de que ya no es agosto y anochece temprano. Y de que desde Marina d'horror d'or a mi casa hay algo más que un momentito. Total que para evitar la noche pedaleé como nunca. 3 horitas, 68 kilómetros. Y a Rubens que siguen sin gustarle mis caminos.


Y luego, por fin: ¡¡tres días y medio libres!!. Así que salimos el viernes, y el sábado, tras algunos trámites sin importancia, salimos de Luchon con ánimo (él) y miedo (yo) de subir el Peyresourde.
60 veces de 98 ediciones se ha subido el puertecito en el Tour.
Pero se supone que no es de los difíciles. Pero lo fácil y lo difícil es relativo, depende mucho de las ganas, de las fuerzas y de lo idiota que esté una.
Total, que de repente estábamos en el kilómetro uno. Sin rodar y sin nada. Hasta sin aire, ya.
Pues sí que estamos bien.

Lo duro es al principio, blabla, bleble...

¿Dónde me he metido? Oye, que yo paso... que me doy la vuelta

Que no, que tal, que cual, que Pascual...

Y para arriba. 10. 9. 8. 7... Parece que el fore está haciendo una cuenta atrás para lanzar un cohete, pero no: es mi velocidad en regresión constante.

En las curvitas se suaviza.

En las curvitas en las curvitas... ¿dónde están las curvitas? Sigue tú...y ya veremos...

Y los cartelitos: altitude: no sé cuantos, sommet à: super lejos. Moyenne de la pente: 6,1%

En fin, nueva paradita, porque no puedo con mi alma. Tengo ganas de llorar.

Se va mi compi. Sigo. Y sigo. Y empiezan las curvitas. Parece que ahí arriba se acaba ésto... pues si he llegado hasta aquí...

Me paro de nuevo, me asomo. Pues que bonito ésto ¿no?, me digo. Bajan ciclistas. allez allez...

Sigo, me cruzo con el compi. ¿sigues? Hombre...ya que estoy aquí arriba... El espíritu de forrest Gump, versión ciclista.

Y se dio la vuelta para seguir conmigo, y llegué arriba con un enorme interrogante en la cara. ¿y ahora qué? Ahora para abajo que hace viento.

Y lo que me costó una eternidad subir... lo bajamos sin enterarnos, y al cabo de un rato todo había sido como un sueño confuso, del que guardo tres fotos.


Superbagneres lo subí en coche, que es una forma muy relajada de subir puertos.
Él lo subió en bici. Y todos contentos.

El domingo pasé olímpicamente de la bici y me fui a hacer una rodadita solitaria y tranquila por los alrededores del Saut deth Pish. Siete kilometrillos para que no se diga que una es una perezosa.


26 de septiembre de 2011

Cicloturista (gastronómica) de Cantavieja


Terminé muy cansada de la carrera de Soneja. Me encontraba absolutamente vacía y con las pulsaciones algo altas. Pero si se iba a salir en bicicleta, se sale. Total que salimos los tres, cada uno de su casa y nos encontramos en el Grao, y ponen ellos la directa rumbo a Oropesa, por las cuestas como no. Y de allí entramos a la Nacional, y veo como el ciclista y el otro ciclista se alejan más y más rápido y no puedo hacer nada para remediarlo, porque no llevo, arco, ni flechas, ni sogas ni nada.
Como son buena gente, cuando se dan cuenta de que mis camiones y yo andamos algunos (cientos de) metros más allá, me esperan.

Sigamos.

Ribera de Cabanes. Bueno, pues ni tanto era. Y almuerzo en Cabanes, como los profesionales. Y fue durante ese almuerzo que a no quién, a alguna inconsciente, se le ocurrió que era una buena idea bajar por la Cabanes - Oropesa antigua hasta el camino de la Font Tallá, y por allí llegar a la carretera del desierto, que podíamos subir o bajar según fuerzas y destino.
Pues oiga, que casi no llego, que aquella cuesta del final era para mi como una pirámide diabólica y que no tuve más remedio que pararme a respirar.

Menudos augurios para el Domingo y nuestra marcha cicloturista. Por eso, esos día opté por quedarme todo lo quieta que pude, descansando. Que una ya tiene una edad.

Nos quedamos a dormir en la Hospedería de La Iglesuela., por cosas fortuítas de Trivago. El sitio me rece una visita, aunque a mi tanto cuadro de santo en éxtasis y tanto rey mirándola a una comer, me incomoda ligeramente. Menos mal que en la habitación no había cuadro alguno. Menos mal.

La marcha salía de Cantavieja y yo nunca sé cuál de estos pueblos me gusta más.
UbeAdventure éramos 6: 5 de la empresa, supercorporativos de la muerte, y una invitada especial. Y esta pinta teníamos:

Monísimos oiga.

La marcha es eso, una marcha, así que no es competitiva más que en un trocito pequeño y opcional. Además tiene la particularidad de que se va parando en cada pueblo, y que hasta que no ha terminado todo el mundo de comer, porque a eso se para, no se mueve nadie de allí.

Cantavieja-La Iglesuela. Primer puertecito y tan bien que nos lo pasamos.
La Iglesuela- Portell
Portell-Cinctorres
Cinctorres-Forcall.
Forcall-La Mata
La Mata- Mirambel.

Había habido de todo y creo que estábamos todos bastante entretenidos: Oscar B y yo contentos porque seguíamos vivos y además no nos habíamos cargado a nadie. Y esquivé una caída y todo. Quizá me conformo con poca cosa, pero con eso me sobraba para andar con mi sonrisa de aquí para allá.

Entonces ocurrió: comenzó la parte competitiva. Y Alfonso y yo allá atrás en el quinto pino, por eso de que no me fio de ir en medio de mucha gente. Se da la salida y vemos en cabeza a dos de los nuestros. Ube abriendo y cerrando el pelotón, que así, poco a poco, podremos dominar el mundo.

Demasiado complicado para mi adelantar a nadie, aunque no tenía más que seguir la rueda de Alfonso, no estuve nada habilidosa. Cosa que es normal, porque si no soy habilidosa normalmente, no hay ninguna razón por la cual fuera a serlo ese día.
La cosa es que pensé que iba a poder subir el puerto infernal, que encima no tendrá ni nombre, que es la entrada a Cantavieja y después, de postre y por hacer la gracia, subir al Cuarto Pelao. Pero no. Alcanzamos a Oscar B y fuimos avanzando lentamente los tres, y me hundo cuando me pasa la chica que llevaba detrás. En realidad no es que llevara tampoco a muchas delante...
Total que le digo a Alfonso que sí, que no paramos en Cantavieja, que seguimos hacia arriba y que sea lo que Dios quiera.
Pero se ve que no quiso (Dios), porque antes de llegar a la ITV ya me estaba yo preguntando que si aquello era preciso, con lo que había disfrutado hasta ese momento.
Y no, no era preciso.
A sí que dimos media vuelta y nos volvimos a Cantavieja. Fin de los 76 kilómetros. Qué buena marcha y qué buena compañía.
Carmen también terminó en Cantavieja y nuestros cabeza de cartel quedaron 9º y 19º.

Alegría para hoy.


18 de septiembre de 2011

El alto Palancia y mis 32


A la semana siguiente ya estaba yo bastante ansiosa por seguir aprovechando el buen tiempo.
Vueltas al Sitjar un día. El color de ese embalse es un azul profundo que hipnotiza.


Otro día salida con Carmen desde Betxí.
Betxí-Artana- Eslida-Alcudia de Veo-Tales-Onda y vuelta a Betxí por no sé qué camino que nunca sabré encontrar de nuevo. Y el Bar Paquita cerrado.

Y eso fueron las últimas dos cosas que hice con 31 años, porque el sábado cumplí los 32 y pasé a ser un poco mayor.
Para celebrarlo, me había apuntado al gran fondo de Soneja, que es una carrera a pie de esas que tanto me gustan: cuestas y asfalto. 15 kilómetros.
Qué bien me encontraba, oiga. Qué bien. Rubens no se escapaba y miraba el reloj y era consciente de que quizá había salido demasiado rápido, y seguía demasiado rápido. Pero quise arriesgar y averiguar hasta dónde podía llegar de esa manera.
Desde luego no fue a meta: los kilómetros de vuelta, que tendían hacia abajo, me salían tan rápidos, o tan lentos, como los que acababa de hacer cuesta arriba. Los siete males. Me estaban empezando a entrar los siete males cuando por fin acabó la carrera. Qué suplicio. Hora 22. 15 km. A 5'33" el mil.

1 de septiembre de 2011

Pasa agosto

Pasó Agosto, gracias a Dios.

Y pasó con el día en que descubrí que no me apetecía salir con la bici de montaña, y con el día de las fiestas en Villafranca, cuando al final salimos Meditante y yo juntos, después de haber meditado lo inmeditable y alcanzado soluciones no viables para problemas no existentes. Y pese a todo nos salieron 61 kilómetros con un poco de todo. Lo más duro, seguro, la subida a Sant Pere de Castellfort. Pero qué chulo me parece todo.

Al día siguiente le dimos dos vueltas y un pico al pantano del Sitjar. Como se pican, como se despistan ¡cómo se lo pasan!. Es cómodo, me gusta la vuelta.

Después empezó a hacer un calor que no había hecho en todo el verano, y me pasó el fin de semana con dos tristes salidas a pie por la playa a la que casi no sobrevivo. A quién se le ocurre.

Y después llegó una semana llena de turnos extraños y noches sin dormir, en la que, intentando salvarla, casi me ahogo en una nefasta subida al desierto por Benicassim. A pesar de ir de rosa chicle, el día salió más bien negro oscuro.

Y el mes lo quise acabar dignamente, subiendo desde Burriana a Eslida por Chóvar. Y me encantó, me encantó el puerto por ese lado. Quizá por el otro me resulte más difícil, pero ya lo intentaré. Ahora sólo quedaba prepararse una para la salidita del Año. Nos vamos de vacaciones. En la selva, en la playa o la ciudad, la tres me gustan igual.



16 de agosto de 2011

el Doble doblete

El martes siguiente me vi poseída por no sé qué clase de espíritu, ser, cuerpo o ultracuerpo, y se me ocurrió que era una buena idea hacer un doble desierto: subir por Castellón, bajar por Benicassim, y, de ahí, en vez de irme a mi casa como las personas normales que no son ciclistas de esos que van en bicicleta, volver a subir por Benicassim para bajar por Castellón.
Y eso hice, y oiga, para ser la primera vez ni se me dio tan mal, pero ha de tener en cuenta usted, para entenderlo correctamente, mi autocondescendencia, autocomplacencia y algunos otros autos similares que me impiden reconocer que tampoco me fue lo que se dice bien-bien.
En todo caso, disfrutar, disfruté, y además pude, mientras hacía la segunda subida, saludar con la cabeza a algunas personas a las que había adelantado en la primera. Y eso levanta la moral, a costa de la de otros, eso sí. Ya vendrá el de siempre a ponerme en mi sitio.

Como eso de la vigorexia agostina no es cosa de un día, además había quedado ese día para una rodadita suave por la vía verde con los tres magníficos, aunque esta vez sólo había dos de ellos. Y lo vi claro antes de llegar al túnel: Bueno chicos, yo me doy la vuelta. Ocho kilómetros, cuarenta y cuatro minutos.

El miércoles iba de noche, pero no pude resistirme a subir un desierto por Castellón a última hora. Qué obsesión con el desierto, por favor, que alguien me saque de este bucle...

Jueves lalala y viernes a la pisci. Bonito kilómetro para cubrir el expediente.

El sábado, carrerita de Agosto. Eslida. Sierra de Espadán. Cortita como debe ser en esta época del año. Y antes de salir ya había perdido el ipod.
Me dice Alex que mejor salir rapidito para evitar el tapón que presumiblemente se formará pocos kilómetros más adelante, así que eso hago: salir como si nos fuera la vida en ello.
Al llegar al tapón me coloco de manera legal, mientras aquella chica que conozco de oídas me adelanta de la misma manera que en el mundo real. Como en la vida, ya no me importa. Y hago camino, como el caminante.
Se me hizo corta, muy corta, a pesar de que no fui capaz de bajar a un ritmo ni parecido a decente: torpe, rígida, pesada... Aún así llegué a meta contenta, por llegar antes de lo previsto. 1:54.

El domingo era la Volta al Clot, en un lugar llamado Clot de la Mare de Deu. En Burriana. Sería mi tercera Volta al Clot: 2007, 2008 y ahora 2011. Por cosas del destino ( y del apellido) llevo el dorsal 1. Que presión, qué presión. Una vez vistas las demás corredoras, la presión desaparece: no hay nada que hacer.
Primera vuelta, primeros 3000 metros, 14 minutos 17 segundos. Me encuentro bien, tranquila pero sin despistarme demasiado, que llevo a cuarta chica ahí delante, cerquita. Sobre el kilómetro 4 un hombre se me coloca al lado, se me ve el plumero a kilómetros: estoy intentando leerle la matrícula a la cuarta chica. Ven conmigo. Y yo con él.
Ponte detrás. Y yo detrás.
Aguanta. Y yo aguantando.
Adelántala cuando queden 150 metros. Y yo...la adelanté sin querer y perdí la referencia.ç
¡¡¡CORRE!! (desde atrás) y yo, que miro a la derecha y la veo venir, me pongo a correr como las locas para al final llegar justo justo, detrás de ella.
Y la bronca que me echó aquel hombre ¡mare de deu del lledó! De todas maneras, de ser quinta a ser cuarta... no sé, no sé...tampoco es para tanto. Porque ¿qué voy a decir yo?
6100 metros, 28':58".
Doblete de carreras de fin de semana. Como antes.

8 de agosto de 2011

Lugares de agua


Pues comenzó agosto, y yo, agostizada, que para mi es igual que hiperactiva, cojo el cochecillo y aparco un rato tarde en el Voramar. Y de allí salimos los cuatro disparados vía verde arriba. Y yo, sin control de velocidad porque el Forerunner definitivamente ha pasado a mejor vida, me pregunto si no vamos muy rápido. Aunque Teo, delicado, pregunta cómo voy y Miguel baja un poco el ritmo a trozos y Ximo se frena alegando estar aún cansado del maratón del Aneto. Menos mal que la vía verde no es la Vía augusta. Pronto termina y estamos ante unas formidables jarras de cerveze a la vora de la mar....Oncemil setecientos ochenta metros, hora ocho.
Al día siguiente, miércoles, ciclaba un desierto por Castellón para preparar la salida del día siguiente, jueves.

Y ese Jueves salimos el Meditante y yo de Catí, mosqueados para variar. Y cuando empezábamos, conseguíamos hablar con el Ciclista que ya había pinchado a aquellas alturas. La etapa de ellos era la anual Castellón-Villafranca. La nuestra eran cosas varias por carreteras más o menos transitadas.
Catí-Benassal. No sé que me había hecho pensar a mi que no era muy dura la subida, pero lo cierto es que no me sentía nada bien. Vaya usted a saber si era la tos, el calor o que ir con este hombre me hace tener que esforzarme más, para nada, pero llegué a Font d'En Segures con bastante mala pinta. "Parece que hubieras subido un puertaco..."
Me lo cargo.
Pero allá arriba se está bien, el agua de la fuente está fresca, el lugar es pintoresco y lo que viene ahora es hacia abajo. Felicidad completa.

Bajada hasta Culla, pasando por el Rivet, donde antes acampábamos alegremente.
De Culla a Torre d'Embessora, pasando por su carrasca. O su encina, que resulta que es lo mismo. 25 metros de altura y 7 de perímetro.
De la Torre hasta Vilar de Canes, y de ahí vuelta a Catí por esa tediosa carretera recta rectísima, donde desaparecen las curvas cuando vas llegando a ellas. Menos mal que Ripo nos aconsejó un buen sitio para comer, y eso hicimos en cuanto llegaron los tres intrépidos que buscaban Villafranca desde Castellón.
Para bajar la comida, subida a l'Avellà por su puertecito y su túnel. Allí de nuevo hay agua fresca, su agua también es conocida y también, como en Font d'en segures, hay un balneario.
Ellos siguen, nosotros nos volvemos.
Y, de nuevo en Catí, el Meditante sigue su ruta en bicicleta, que era mía. Y sube Ares, y a la Mare de Deu de la Font y a Sant Pere de Castellfort y, abriéndome paso entre rebaños de ovejas, unas horas más tarde ya hemos llegado todos a Villafranca. Incluso los intrépidos, que se han perdido sólo lo justo.

El sábado era la Media maratón de Navajas, en el Alto Palancia. De nuevo agua, y ahora también, aceite y miel.
Qué bien me habían hablado de esta carrera, con sus cuestas y sus piedras. Tan dura, tan de agosto.
El speaker habla con las niñas: "¿tú quieres ser corredora" "NO". "¿Y tú, niña?" "YO sí!!" "Pues vas a tener que adelgazar porque estás un poco gorda"
Toma ya.
Por allá anda Groucho, el práctico de las dos horas con su cartel. Pues bien, ya no tengo que pensar nada más, con él me voy.
Y con él estuve hasta el kilómetro 6 ó 7, cuando los pequeños repechos del principio se transforman en una subida larga y considerable. Se va, se va, se va....
Perdida la esperanza de las dos horas, mantengo mi ritmo toda la subida. Y de pronto acaba el asfalto y entramos en una pista algo rota que pica hacia arriba o hacia abajo según le de. Y más tarde pasamos por un puente del pantano del Regajo, en cuya superficie se reflejan unos rayos de sol cada vez más tenues. Por un rato me siento corredora. Hacía tiempo que no me pasaba.
Quedan pocos kilómetros y estamos en la vía verde Ojos negros (de Ojos negros a Torres Torres). El fore prestado me marca 18,8 kilómetros, y unos metros más adelante el punto kilométrico indica km18. Pardiez ¡un kilómetro de más!. Llegando a Navajas me encuentro con Groucho. Al final podré entrar con él en meta, aunque no era la idea entrar a esas horas.
Entro en meta con dos horas trece, que aunque a priori pueda parecer un tiempo desastroso para una media maratón, no lo es tanto, ya que era dura, dura. Y terminé fuerte y contenta, pensando que el año que viene vuelvo, seguro.