7 de mayo de 2011

Dos meses más tarde...

¡Hola! ¿Hay alguien? Por si acaso, yo sigo...

Han pasado dos meses dos. Sólo dos. Y yo de ferretera, quitándome las ganas de contar cosas a fuerza de hacer otras y haciendo desaparecer ciertos dolores introduciendo otros nuevos.

De Puerto a Puerto no pude ir, porque la bronquitis de cada año se dejó caer por casa durante esos días, y me conformé con acompañar a mis compañeros, valga la redundancia, desde Sant Miquel hasta el mismo Puertomingalvo, durante unas cuantas horas en las que me esmeraba en seguir a Oscar G y Miguelón, que para llevar 40 km más que yo tenían también una poca más de energía. Tanta que se empeñaron en ir a buscar la Sierra de la Batalla, que resultó ser la de la Batalla Perdida, porque nunca la llegamos a encontrar. Y eso que estaba allí al lado.
A los de las bicis, que la mitad tenían Óscar por nombre -curioso asunto a estudiar- les fue medio bien, porque el viento se encargó en fastidiarles la marcha y los ánimos. Aún así hasta Xodos llegaron, que ya está bastante lejos, dadas las circunstancias.

Como ando algo desubicada con esto de carecer del todo de objetivos algo motivadores, una tardecita de esas soleadas de primavera me dio por desempolvar la bici, la flaca, la de corredor. Esa cuyos suspiros de soledad se escuchan por toda la manzana. Y lo de desempolvarla fue literal, porque menuda capa de tierra le dejaron los individuos que, como topos, abrieron un enorme boquete en el suelo de mi trastero. La cuestión es que la primera en la frente: salgo camuflada por el carril bici y me cruzo con Óscar M, y yo, sin poder ocultar mi inestabilidad, pedaleo lo más dignamente que puedo.
Los días siguientes la cosa fue mejorando, y una playa se convirtió en dos playas, y luego en playa y carril, y luego en una vuelta al Sitjar, y más tarde en dejar de preocuparme de la bici para sólo pensar en pedalear y avanzar. De todas maneras me parece que no llegaré demasiado habilidosa al Triatlón de Castellón, que teniendo dos giros de 180º en diez kilómetros pueden dejarme la moral y el cuerpo por los suelos.

Y además de bicicletas también ha habido montañas. Más pequeñas que grandes, pero montañas. Bartolos andando sola y en compañía, mostrando que las carreteras no son para caminar, que existen mil caminos para llegar al mismo lugar y que sólo es necesario buscar un poco. Aunque una a veces se pierda y termine trepando bancales o esquivando coscojas. Al final una siempre llega a alguna parte. Y en todas las partes a las que una llega, una es capaz de aprender algo.

Subidas corriendo sin parar hasta las antenas, bajadas a trompicones por la senda de siempre.

Y un maratón. El de Valencia, en el que corrí todo lo que pude, y en el que pude hacerme una foto para la posteridad con la Veloz, aprovechando que ellos, ambos veloces, salían ese día de campo y playa, a sacarse fotos ante cascadas para que yo, por lo menos a posteriori, disfrutara del paisaje. Correr y más correr, y en el kilómetro treinta y seis, la figura del cortafuegos delante de mi cara me dejó un segundo sin respiración, pero no fue mucho más que eso, que una se pone y enseguida le vuelan los kilómetros y las piedras bajo las suelas. Porque el tiempo es relativo. En realidad casi todo lo es. Cinco horas cincuenta y un minutos.

Mientras todo eso va ocurriendo, mis inquilinos del cajón de la persiana evolucionan conmigo. Prrrri prrrri, cantan cuando tienen hambre, o frío o le pica que se yo qué. Y escucho como aletean dentro de mi pared, y veo como salen ramas y más ramas por el pequeño hueco que hay entre la puerta y el cajón. El pájaro negro y sus escandalosos - ¡dichosos!- pollos me están dando las mañanas.

A pesar de ello, no pierdo el sentido del humor. Sería gracioso sacar de ahí el nido y colocárselo, por ejemplo, al vecino.

Me apunté a la carrera de Los Molinos de Lucena del Cid por nostalgia de la antigua prueba y porque tenía el sábado libre. Así que allí me presenté, y cuando dieron la salida me puse a correr entre la multitud, y no paré hasta dos horas más tarde, después de haber hecho un circuito de 19 kilómetros digno de un gran fondo al más puro estilo Siete Aguas o de una media maratón de asfalto tipo Ribarroja. Qué bonito, y qué duro.

Lo de la escalada lo llevo mal. No por nada, porque yo querer, querer, quisiera llevarlo bien. Pero no doy. No doy a basto. Y quiero correr, y andar, y salir con la bici. E ir a almorzar y tener tiempo para quién me lo reclama. Pero no llego a todo, y hay cosas que una se deja sin querer. Y no siempre es lo que menos le llena a una. Depende de las circunstancias. Porque, al fin y al cabo, Yo soy yo y mi circunstancia, y si no la salvo a ella no me salvo yo.


A pesar de ello, lo sigo intentando, Y el Rubio, que cada vez escala más y mejor, sigue teniendo paciencia conmigo cuando protesto o tardo demasiado en encadenar esas vías tan fáciles en las que me meto. Porque no tengo ganas de sufrir. La vida no es un valle de lágrimas.

Lo de la carrera de la Iglesuela, lo cuento más adelante, para cuando se me hayan pasado los calambres de la planta del pie.

Encantada de hablaros. Lo echaba de menos.

10 comentarios:

Genín dijo...

Hola guapa!
Que bien verte por aquí de nuevo!
Por lo que cuentas has estado bastante activa, al menos si lo comparamos con mi propia actividad...jajaja
Cuidate mucho.
Besitos y salud

Vicente dijo...

¡Me alegra mucho leerte de nuevo, Nere!

Un fuerte abrazo

Miguel dijo...

Pues aqui uno que tambien esta encantado.....encantado de leerte.

Ya espero con ganas tus sensaciones de La Iglesuela :)

Un abrazo

Pd. si lo piensas bien, creo que en el fondo es muy bueno eso de tener tantas aficiones y ganas de hacer cosas, lo malo sería tener todo el tiempo del mundo y no saber que hacer con el.
.....no pares

Armando dijo...

Hola,llevaba un montón de tiempo sin pasar por tu blog, y esta tarde, pensando en la carrera del bartolo, me he pasado a echar un vistazo.
y leyéndote he visto la palabra que me ha tenido alejado de tu blog y del foro de montaña sin darme cuenta: triatlon.
Osti tú, coincide con el bartolo....ummmm, dilema.
No, no hay dilema, este año me hago el olímpico en vez el bartolo.
Un saludo, y encantado de volver a leerte

Sylvie dijo...

y yo encantada de volver a leerte!!...vaya "guirigay" de cosas, no sé ni qué comentarte...pero sea por ejemplo que espero que aunque le vayas a dar al tri y no tengas tiempo para todo, la montaña te siga tirando tal como a las cabras y nos veamos en alguna pronto.

Besitos, guapa.

Pd: te busqué en Azuébar, por si acaso...¡lástima!

miguelflor dijo...

...nosotros también nos alegramos de que hayas "vuelto", y aunque han pasado "solo" dos meses no has perdido tu gracia. Me alegro de que te tomes las cosas con filosofia y dando tiempo al tiempo y sobre todo que sigas corriendo o en bici disfrutando de la montaña.!!!

ojse dijo...

Ya puedes hacer tramos de escalada complicados, bajar por sendas con un desnivel de "yestopordóndesebaja"...pero es que lo de las curvas de 180º con una bicicleta que no, que eso no hay forma de trazarlo. Y, por supuesto, lo digo por experiencia propia que veo reflejada, así, de buen rollo y tal.

Ah, y hola ;p

Un abrazo

Alfonso dijo...

Hola, hola , hola...has vuelto y no has perdido un ápice de esa chispa que tienes para contar las cosas. Me alegro y lo de los 180º en bici como mejor sale es sin pensarlo...

MANOLI CXM dijo...

Encantada de leerte.
La vida a veces sí que es una montaña de lágrimas, aunque para poder vivirla hay que tragárselas y seguir hacia adelante. Un beso, Nere y mucha fuerza para recordar y sentir que ha sido algo maravilloso y bonito y que hemos tenido una suerte enorme de cruzarnos en el camino de Irene, personas por las que vale la pena vivir.

Miguel , la salida de Zegama solo fue un gesto, la llegada del vencedor otro. La vida es para vivirla intentasamente como lo habéis hecho hasta ahora.
La mochila se va llenando de piedras y esta es enorme para arrastrarla. Mucha fuerza y valor para seguir adelante,
Un fuerte abrazo

depiedraenpiedra dijo...

Un beso a todos, gracias por continuar conmigo.